¿El coronavirus se propaga más fácilmente en temperaturas frías? Esto es lo que sabemos

La pandemia de coronavirus está rebrotando en muchos países en pleno otoño, después de haber impuesto estrictos confinamientos que terminaron en verano. ¿Puede influir la caída de la temperatura? Aquí ofrecemos algunas respuestas.

Por Sarah Pitt - The Conversation

¿Por qué está aumentando el número de casos de COVID-19 en Europa? Muchos países pusieron fin al confinamiento de la población al comienzo del verano, pero no fue hasta este otoño cuando la mayoría comenzaron a sufrir un aumento significativo de contagios. La reapertura de escuelas y universidades condujo a que muchas personas de diferentes hogares se juntaran, pero ¿podría también influir la caída de la temperatura?

Sabemos que más personas se resfrían y enferman de gripe en invierno (los resfriados pueden ser causados ​​por otras cepas de coronavirus), pero existen varios motivos por los que esto ocurre. A menudo se atribuye al hecho de que las personas pasan más tiempo en interiores cuando hace más frío, tosiendo, estornudando y respirando entre sí.

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Es más probable que elija la opción de viajar en un autobús o tren lleno de gente que caminar o pedalear con su bicicleta al trabajo cuando el clima es frío y húmedo. Otra teoría es que las personas producen menos vitamina D cuando hay menos luz solar y, por lo que tienen un sistema inmunológico más débil.

Sin embargo, los estudios han demostrado que el aumento anual de resfriados y gripe coincide particularmente cuando la temperatura exterior y la humedad relativa en el interior son más bajas.

Los virus de la gripe sobreviven y se transmiten más fácilmente en aire frío y seco. Por lo tanto, es razonable pensar que lo mismo puede suceder con el coronavirus, que posee un tamaño y estructura similares.

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Los experimentos de laboratorio con coronavirus y virus similares han demostrado que no sobreviven bien en superficies cuando la temperatura y la humedad relativa son altas, pero una temperatura ambiente agradable podría ser un entorno ideal para que sobrevivan varios días. Y a temperaturas de refrigeración (39.2 °F/ 4℃) y baja humedad relativa, podrían durar un mes o más.

Da la casualidad de que ha habido repetidos informes de brotes de COVID-19 entre los trabajadores de fábricas de envasado de carne, que operan en este tipo de condiciones ambientales. Sin embargo, estos edificios también albergan a un gran número de personas que trabajan juntas y gritan para ser escuchadas por encima del ruido de la maquinaria, por lo que es más factible que el virus se propague, según la evidencia. Sus condiciones de vida compartidas también pueden fomentar la transmisión.

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Las lecciones de los otros coronavirus que han aparecido durante el siglo XXI (SARS-CoV y MERS-CoV) también cuentan una historia ligeramente diferente. Un estudio de seguimiento del clima durante la epidemia de  2003 del SARS SARS (Síndrome agudo respiratorio severo) en China sugirió que el pico de las infecciones se produjo durante las condiciones climáticas primaverales. Aunque no hubo forma de confirmar esto a través de estudios de seguimiento ya que el virus se extinguió más tarde.

Los brotes regulares del Síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por su sigla en inglés) también suceden durante la primavera (de marzo a mayo) en el Medio Oriente.

Sin embargo, esto puede tener menos que ver con el clima y estar más relacionado con la biología del camello, animal del que se infectó y propagó el virus. Los camellos jóvenes son una fuente importante de infección y nacen cada marzo.

Hemisferio sur

También podemos observar lo que sucedió en el hemisferio sur durante el invierno. Sudáfrica ha reportado más de 700,000 casos y experimentó un gran pico en julio, pero Nueva Zelanda controló muy bien la pandemia y sufrió menos de 2,000 contagios de COVID-19.

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Estos dos países son muy diferentes en muchos aspectos, por lo que no es tan útil compararlos directamente. Pero parece que el clima más frío durante julio y agosto probablemente no fue el factor principal sobre sus tasas de infección.

Nueva Zelanda parece haber mantenido a raya la propagación del coronavirus debido a la geografía, la calidad del sistema de salud y la efectividad del sistema de salud pública. Podría haberlo hecho sin importar el clima.

Los primeros datos de Australia sugieren que la baja humedad sería un factor a tener en cuenta y era una mejor guía para el riesgo de aumentos de COVID-19 que la temperatura. Sin embargo, en Melbourne, hubo un gran brote en julio coincidiendo con una racha de frío. Esto llevó a un confinamiento estricto de la ciudad que se prolongó durante 112 días.

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En términos generale, parece una buena idea estar preparado para sufrir más casos de COVID-19 durante los meses más fríos. Pero lo único que hemos aprendido con certeza de esta pandemia es que los nuevos virus pueden sorprendernos.

También sabemos que entrar en contacto cercano con otras personas brinda una oportunidad para que el virus se propague, independientemente del clima. Por lo tanto, debemos mantener la distancia física entre las personas que no viven en el mismo hogar y continuar usando mascarillas en espacios cerrados siempre que sea posible.

Desafortunadamente, solo aprenderemos exactamente cómo los cambios en el clima afectan la pandemia si la vivimos.