Más de 12.7 millones de niños solo en Estados Unidos han dado positivo por COVID-19 desde que comenzó la pandemia, según la Academia Estadounidense de Pediatría, y aunque en general, el virus no los afecta con tanta severidad como a los adultos, se han dado consecuencias inusuales para los más pequeños, alterando su infancia.
Algunos niños sufren síntomas inexplicables mucho después de que el virus desaparece, lo que a menudo se denomina COVID prolongado, mientras otros vuelven a infectarse, según indican expertos.
Hay quienes logran recuperarse bien, pero luego sufren una condición misteriosa que causa una inflamación severa de los órganos, señala un informe de The Associated Press.
Brooklynn Chiles, de 8 años, es uno de los pequeños afectados: ha tenido el coronavirus tres veces, y nadie puede entender por qué. Cada vez que ha dado positivo, no ha sufrido síntomas evidentes. Pero su padre, Rodney, contrajo el virus, posiblemente de ella, cuando dio positivo en septiembre, y murió a causa de ello.
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Su madre, Danielle, teme que ella vuelva enfermarse y tenga síntomas graves. “Cada vez, pienso: ¿Voy a pasar por esto con ella también?”, dijo a The Associated Press. “¿Es este el momento en el que pierdo a todos?”, agregó.
Brooklynn está en Children’s National Hospital, uno de muchos hospitales que están estudiando con el aporte de fondos federales los efectos a largo plazo del COVID-19 en los niños. El objetivo final es evaluar el impacto en la salud y el desarrollo general de los niños, tanto física como mentalmente, y descubrir cómo sus sistemas inmunológicos aún en desarrollo responden al virus para saber por qué a algunos les va bien y a otros no.
Alrededor de 200 niños de hasta 21 años están inscritos en el estudio en el hospital, algunos que tuvieron coronavirus y otros que no, con casos de leves a graves.
Alyssa Carpenter, de 3 años, también forma parte del estudio. Ha tenido COVID-19 dos veces y tiene fiebres extrañas que estallan inesperadamente y otros síntomas inusuales. Sus pies a veces se vuelven de color rojo brillante y pican de dolor.
Sus padres, Tara y Tyson Carpenter, tienen otras dos hijas, Audrey, de 5 años, y Hailey, de 9 años, que está en el espectro del autismo.
Como para muchos padres, la pandemia ha sido una pesadilla de faltas a la escuela, trabajo improductivo, restricciones y confusión. Pero además de toda la ansiedad que sienten muchos padres, se encuentra la preocupación por su hijo pequeño. No saben cómo ayudarla.
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“Fue súper frustrante”, dice Tara Carpenter, quien se apresura a agregar que nadie tiene la culpa. “Estábamos tratando de encontrar respuestas para nuestra hija y nadie pudo darnos ninguna. Y fue realmente frustrante”, indicó.
En sus visitas, los niños reciben chequeos médicos completos, y también una evaluación psicológica dirigida por la doctora Linda Herbert.
Herbert pregunta a los niños sobre la fatiga, el sueño, el dolor, la ansiedad, la depresión y las relaciones con los compañeros. ¿Tienen problemas de memoria? ¿Están teniendo dificultades para mantener las cosas en sus cerebros?
“Existe una constelación de síntomas”, contó Herbert a AP. “Algunos niños tienen una ansiedad increíble ante la posibilidad de volver a contraer COVID-19”, señaló.
La especialista dijo que los síntomas psicológicos se encuentran entre los más comunes, y no son solo los niños con COVID-19, también son sus hermanos y padres.
Múltiples pérdidas para los niños
Danielle Chiles siente el estrés. Es una madre soltera que trabaja a tiempo completo, sufre la pérdida de su pareja y trata de no parecer demasiado deprimida frente a su hija. La decisión de inscribir a su hija Brooklynn en el estudio fue motivada por querer llamar la atención sobre la necesidad de vacunas, particularmente en la comunidad negra.
“Mi bebé se sigue contagiando”, dijo Chiles y pidió a la comunidad que se vacune para proteger a todos.

El esposo de la mujer y padre de la pequeña, Rodney Chiles, no estaba vacunado. Tenía dudas, como muchos, sobre la vacuna y prefirió esperar para recibirla. Pero poco después de que Brooklynn diera positivo durante el pico de la variante delta, comenzó a sentirse mal y fue cuesta abajo rápidamente. El hombre, de 42 años, tenía condiciones preexistentes que aceleraron su muerte.
“Y luego nos llamó un domingo. Él estaba como, ‘Están a punto de entubarme porque no puedo mantener mi oxígeno’. Y los amo a todos y a Brooklynn, perdónenme‘”, contó la mujer. Fue la última vez que habló con ellos antes de morir.
“Aunque los niños no están tan enfermos, están perdiendo”, dijo Chiles. “Están perdiendo padres, vidas sociales, años enteros. Sí, los niños son resistentes, pero no pueden seguir así. Nadie es tan resistente”, indicó.
