Rubio "enseña" los dientes a Trump

El senador por la Florida parece despertar de su hibernación para intentar frenar posibilidad de que el magnate se consolide como el candidato republicano. Carlos Rajo analiza

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Marco Rubio sabía que estaba contra la pared, que el tiempo se le acaba para detener a Donald Trump y que el debate en Houston era una oportunidad de oro para intentar desbancar al empresario del primer lugar en las preferencias de los republicanos. Rubio se puso los guantes y se lanzó a la pelea con Trump.

Sólo el tiempo dirá -y hay ya una votación clave el próximo martes que lo mostrará- si Rubio consiguió su objetivo. Pero lo que no queda duda es que lo intentó. El senador de la Florida no perdió oportunidad para atacar a Trump, bien sea en inmigración, en el plan de salud o en el nombramiento de jueces conservadores.

En varias instancias, aun cuando la discusión era entre Trump y algún otro de los candidatos, Rubio metía su cuchara. El debate mostró a un Rubio con una seguridad que no se le había visto antes: un tanto como que se puso la camiseta de ser el candidato del llamado “establishment” del partido. El candidato que favorecen las elites republicanas para dar la batalla contra Trump.

Rubio igualmente, batalló contra Ted Cruz, aunque sorpresivamente con mucha menor intensidad. Por momentos parecía que Rubio había decidido que no tenia sentido entrar a la pelea con el senador por Texas y en cambio enfocar sus baterías hacia Trump.

“Este es un tipo que heredó $200 millones de dólares. Donde creen que estaría si no hubiera heredado esos $200 millones”, preguntó Rubio en uno de los tantos intercambios con Trump, para responderse él mismo: “estaría vendiendo relojes en Manhattan”.

Vaya debate. Quizá uno de los más intensos o que reflejan la definición de un debate, el robusto intercambio de ideas entre los candidatos mismos. Por momentos parecía que se le salía de las manos a los presentadores que hacían las preguntas. Una de las presentadoras por cierto fue María Celeste Arrarás de Telemundo, quien tuvo agudas preguntas tanto para Trump como Rubio y Cruz.

Como ha sido la tónica en todos los debates republicanos, el tema de inmigración fue parte de la discusión, en este caso, siendo el primer tema que se tocó. Nada nuevo en las posiciones de Trump o Cruz: habrá que deportar a los indocumentados y en el caso de Trump levantar el famoso muro que ha sido parte central de las propuestas del empresario -hoy será mucho más alto, aseguró Trump, molesto por lo que había dicho el ex presidente Vicente Fox de que México no pagaría por tal muro (usando Fox una mala palabra para referirse al muro).

La única diferencia en este tema es que Trump habla también de dejar entrar a “los buenos” una vez que han sido deportados. No queda claro cómo los republicanos ganarán votos con los latinos en la elección general con este tipo de lenguaje. El único que acepta la realidad de los indocumentados es el gobernador de Ohio John Kasich, quien recuerda siempre que no será posible deportar a los 11 millones de indocumentados y que eventualmente habrá que establecer un programa de legalización. El problema es que por hoy Kasich va muy atrás en las encuestas.

Cruz añadió algo sin embargo que es posible que tenga cierta resonancia con ciertos latinos -al menos es como lo venden los conservadores-, lo de que la deportación de los indocumentados será bueno para los estadounidenses y los inmigrantes legales ya que así habrán más trabajos disponibles. Según Cruz, esto es lo que sucedió en Arizona luego de que muchos indocumentados salieron del estado debido a las leyes que se pasaron para combatir la inmigración indocumentada.

Este es un tema que habrá que explorarse y que de alguna manera también se tocó en el debate cuando Trump respondió a la presentadora de Telemundo sobre como es que supuestamente había ganado el voto latino en Nevada. El argumento de Trump es que tiene apoyo entre los latinos ya que les da trabajo a muchos y de que con sus políticas crecerá la economía y en consecuencia se generarán más trabajos que beneficiaran también a latinos.

Una de las cosas que sí fue nueva en inmigración fue la pregunta de la presentadora de Telemundo a Rubio sobre si seguía con su posición de que derogaría la acción ejecutiva que permitió que los llamados “soñadores” o “dreamers” por su termino en inglés, no ser deportados -del único país que conocen, agregó Maria Celeste.

Rubio respondió que sí la derogará bajo el argumento que lo que hizo el Presidente Obama con esa acción fue “inconstitucional”.

Rubio añadió que simpatiza con los jóvenes soñadores pero que la orden ejecutiva tiene que ser derogada.

Lenguaje brutal si se quiere del senador, pero al menos directo y claro. Un solo dato: hay cerca de un millón de estos jóvenes “soñadores” que se han beneficiado con la acción ejecutiva de Obama. ¿Qué pasará con estos jóvenes si Rubio llega a ser presidente? ¿Habrá que sacarlos del país? ¿Tendrían que volver a “las sombras” como estaban antes de que Obama pasara el llamado DACA -la abreviatura por el nombre de la acción ejecutiva?

Uno de los momentos más interesantes del debate -al menos para los que siguen el mundo latino- fue cuando la presentadora de Telemundo preguntó sobre cómo empataban los republicanos las cosas duras que dicen sobre inmigración con el reporte que el mismo partido hizo después de la elección de 2012 de que necesitaban acercarse a los latinos. O todavía más, ¿por qué los dos candidatos latinos pelean tanto entre ellos y buscan cada quien aparecer como el más duro en inmigración?

Una de las repuestas fue de que no todos los latinos están interesados únicamente en el tema de inmigración. Otra, en este caso de Cruz, de que él aun con sus posiciones conservadoras ganó el 40% del voto latino en Texas en su elección para senador. Y Rubio agregaría que el hecho de que hayan dos candidatos de origen cubano es prueba de la diversidad del partido. “Nosotros somos el partido de la diversidad”, señaló Rubio, “no el partido demócrata”.

Quizá sea cierto esto, pero lo que también es cierto es que al menos por hoy -y las encuestas lo señalan- los latinos están no sólo atemorizados por lo que escuchan de Trump y demás, sino que en gran medida rechazan mucho de lo que se dice en estos debates republicanos precisamente por el tema de inmigración. El tema de inmigración de alguna manera envenena la visión que los latinos tienen de los candidatos republicanos.

Si hubiera que dar un ganador del debate habría que decir que Rubio ganó por decisión apretada. No dio un golpe para tumbar a Trump pero estuvo siempre al ataque. Digamos que al menos dio la impresión que fue el mejor. Tomo la iniciativa en el primer tercio del evento y luego bajo un tanto el perfil. Lo que sí quedó claro es que a partir de ahora cada momento de su campaña será para ir a la ofensiva contra Trump. Queda por ver si la base partidaria se convence de su mensaje.

Trump dijo lo que ha dicho siempre -hoy quizá más alterado y claramente molesto por las interrupciones de Rubio- y será cuestión de ver si esas bases también que lo apoyan siguen con él o han cambiado de opinión (hasta ahora nunca lo han abandonado, al contrario, como él mismo recordó, ha ido aumentando sus votos).

Kasich y Ben Carson -sí, el retirado medico cirujano todavía sigue en la contienda- parecieron perderse en el ruido del debate. Kasich sin duda tiene las posiciones más centristas de todos los candidatos. No queda claro sin embargo, cual es su camino para la nominación cuando que es Rubio quien por hoy ocupa el lugar de privilegio en la llamada “linea o candidato del establishment”.

Cruz por su lado, no dijo nada memorable que haga pensar que haya golpeado a Trump con quien pelea en este momento por el mismo segmento del electorado -los más conservadores y los evangélicos. No hay que descartarlo sin embargo, ya que el senador dará la gran y quizá última batalla en Texas.