Obama y Egipto: ¿Aliados o no?

Obama y Egipto: ¿Aliados o no?

Por Carlos Rajo/Opinión


Vaya lío el que se ha armado por la respuesta del presidente Obama sobre Egipto en la entrevista con Telemundo, en donde el mandatario dijo que Estados Unidos no considera a Egipto un aliado, aunque tampoco lo considera un enemigo.

“Son un gobierno nuevo que está tratando de encontrar su camino. Han sido electos democráticamente (y) pienso que tendremos que ver cómo responden a este incidente”, dijo Obama en respuesta a una pregunta del presentador José Díaz-Balart.

El “incidente” a que se refiere Obama son las manifestaciones y otras acciones de protesta que se han dado frente a la embajada de Estados Unidos en la capital egipcia, El Cairo. Protestas que antecedieron a las que se dieron en Libia que dejaron la muerte de cuatro estadounidenses, entre ellos el embajador de Estados Unidos ante el gobierno libio.

Una vez que se conoció lo de la entrevista con Telemundo, hubo reacción en los círculos de política exterior y en general entre todos aquellos que siguen los asuntos internacionales. Era literalmente una bomba diplomática que el propio presidente dijera en público que Egipto no es un aliado de Estados Unidos.

La pregunta obvia es ¿por qué el escándalo? ¿Qué tiene Egipto de especial que importe tanto que el presidente diga que el país árabe y musulmán no es un aliado de Washington? O aún más, ¿por qué se le da tanta atención a Egipto -no obstante que es cierto, ahí han habido manifestaciones contra Estados Unidos- cuando es en Libia donde han sucedido cosas más graves como la muerte del embajador estadounidense?

Egipto es importante debido a su peso como nación tanto en el Medio Oriente como en el mundo árabe y musulmán. Egipto es no sólo el centro cultural de ese mundo árabe (no necesariamente de todo el universo musulmán ya que hay países musulmanes como Irán que no son árabes) sino que también debido a su ubicación estratégica -por ejemplo, hace frontera con Israel- ejerce cierta influencia en los grandes asuntos de la región.

No por casualidad Egipto recibe un poco más de Mil Quinientos millones de dólares anuales en ayuda de Estados Unidos -$1.3 miles de millones en ayuda militar-, el segundo recipiente en el mundo de ayuda estadounidense después de Israel.

Lo dicho por Obama entonces sorprende debido, entre otras razones, a que es la primera ocasión que el gobierno de Estados Unidos expresa en público como considera al nuevo gobierno egipcio. Por décadas, y hasta el derrocamiento en enero del 2011 del régimen de Hosni Mubarak, el gobierno egipcio fue aliado de Estados Unidos. Hoy hay un nuevo gobierno presidido por un líder que proviene de uno de los partidos religiosos (musulmán) que por supuesto tiene entre sus bases a gente que ve a Estados Unidos, sino como un enemigo, al menos como un país que manipula e interviene en los asuntos egipcios.

Los eventos de los últimos dos o tres días han venido a ponerle urgencia a la definición de esta relación entre Estados Unidos y Egipto. Si ya había reservas de parte de Estados Unidos en el sentido de no quedarle del todo claro qué posiciones tomaría el gobierno del presidente Mohammed Morsi en temas como el Tratado de Paz con Israel -mencionado también en la entrevista con Telemundo-, ahora se está a la espera, con cierta dosis de impaciencia, que deje clara su postura sobre la violencia en torno a las embajadas de Estados Unidos.

Las primeras respuestas del presidente Morsi no han sido alentadoras.

El líder egipcio ha reaccionado lento y sin mucha convicción. Su primera intervención el miércoles fue más para condenar la película que ha dado origen a las protestas -surgido en Estados Unidos sí, pero sin relación con el gobierno de Obama- y sólo un día después señalando que no es correcto “asaltar la propiedad privada o pública, (y) las misiones diplomáticas y embajadas”. Morsi, además, habló con Obama en privado y le expresó sus condolencias por la muerte del embajador en Libia.

La reacción de Morsi ha decepcionado al menos en Estados Unidos -y también en círculos de opinión del mundo árabe y musulmán que se oponen al extremismo islámico- ya que se esperaba que el mandatario egipcio se distanciara claramente de las protestas, tanto de las que pasan en su capital como las de Libia. Lo decíamos, Egipto pesa en el mundo árabe y musulmán y lo que diga su presidente tiene fuerza en la llamada “calle árabe” (en la opinión pública).

Es en estas líneas que se ha interpretado lo dicho por el presidente Obama sobre Egipto. El país será considerado un aliado -y con ello seguirá el flujo de ayuda militar y económica, la cual por cierto se ha detenido en el último año debido ‘a trabas burocráticas’- en tanto muestre que está comprometido con los valores democráticos, la libertad religiosa y el cumplimiento de sus obligaciones internacionales (nunca hay que olvidar a Israel en todo esto).

Pero igual de importante, y esto es lo puntual, que Egipto se pronuncie claramente en contra de las acciones de los grupos extremistas que hoy atentan contra los intereses de Estados Unidos. Vale notar que el gobierno libio ha condenado lo sucedido en su país en los más duros términos, lo cual es bueno pero de alguna manera no tan importante como lo que pudiera decir el gobierno egipcio. Es un poco como que la palabra de Egipto pesa más entre iguales. Todo tiene que ver con que Egipto es estratégico tanto para Estados Unidos mismo como para el mundo árabe y musulmán.

Se entiende, porque el presidente egipcio actúa con tanta cautela. El mandatario está “entre una piedra y una roca”. Tiene por un lado las presiones de Estados Unidos y de la comunidad internacional para que condene el extremismo. Por otro lado, tiene a buena parte del público egipcio que no sólo ve con simpatía lo que hacen los grupos musulmanes que protestan contra Estados Unidos (se siente de veras ofendido por la película donde se ridiculiza al profeta Mahoma) sino que además considera que el gobierno es un vendido o manipulado por Washington.

Y ni hablar de que Morsi mismo proviene precisamente del grupo de “los Hermanos Musulmanes”,  entidad política-religiosa-social que siempre se ha opuesto a Estados Unidos. Esta es la gente que lo llevó al poder y condenar abiertamente las manifestaciones contra Estados Unidos sería ponerse del otro lado de la barrera.

Más allá de lo dicho por Obama en la entrevista con Telemundo, lo cierto es que de alguna manera Estados Unidos necesita de Egipto. Quizá no lo llamará aliado oficialmente -sigue siendo nuestro ‘socio’, aclaró la Casa Blanca ante el revuelo que causo lo dicho por el presidente- pero no le queda de otra mas que continuar la relación bilateral. Muchos de los problemas del Medio Oriente pasan por El Cairo y es literalmente imposible ignorar al gobierno -y los militares- egipcios.

Pero Egipto también necesita de Estados Unidos.