Por Renata Brito y Kerstin Sopke —The Associated Press
Hace más de una década, la muerte de 600 inmigrantes y refugiados en dos naufragios en el Mediterráneo cerca de las costas italianas conmocionó al mundo y llevó a la agencia de migración de la ONU a comenzar a registrar el número de personas que murieron o desaparecieron mientras huían del conflicto, la persecución o la pobreza.
Los Gobiernos de todo el mundo se han comprometido repetidamente a salvar las vidas de los migrantes y luchar contra los traficantes mientras militarizan las fronteras. Sin embargo, diez años después, un informe del Proyecto Migrantes Desaparecidos de la Organización Internacional para las Migraciones publicado el martes muestra que el mundo no es más seguro para las personas en movimiento. Por el contrario, las muertes de inmigrantes se han disparado.
Desde que comenzó el seguimiento en 2014, más de 63,000 personas han muerto o están desaparecidas y se dan por muertas, según el Proyecto Migrantes Desaparecidos, siendo 2023 el año más mortífero hasta el momento.
“Las cifras son bastante alarmantes”, dijo a la agencia de noticias The Associated Press Jorge Galindo, portavoz del Instituto de Datos Globales de la Organización Interlacional de Migraciones, la OIM. "Vemos que 10 años después, la gente sigue perdiendo la vida en busca de una vida mejor".

El informe señala que las muertes son "probablemente sólo una fracción del número real de vidas perdidas en todo el mundo" debido a la dificultad para obtener y verificar información. Por ejemplo, en la ruta del Atlántico desde la costa occidental de África hasta las Islas Canarias de España, se dice que barcos enteros han sido destruidos en lo que se conoce como “naufragios invisibles”. De manera similar, se cree que innumerables muertes en el desierto del Sahara no se reportan.
Muertes anónimas
Incluso cuando se registran muertes, más de dos tercios de las víctimas siguen sin identificarse. Esto puede deberse a la falta de información y recursos, o simplemente a que identificar a los migrantes muertos no se considera una prioridad.
Los expertos han calificado el creciente número de inmigrantes no identificados en todo el mundo como una crisis comparable a las víctimas masivas vistas en tiempos de guerra.
Detrás de cada muerte anónima hay una familia que enfrenta “los impactos psicológicos, sociales, económicos y legales de desapariciones no resueltas”, un doloroso fenómeno conocido como “pérdida ambigua”, según el informe.
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"Los Gobiernos deben trabajar junto con la sociedad civil para garantizar que las familias que quedan atrás, sin saber el paradero de sus seres queridos, puedan tener un mejor acceso a los restos de las personas que han muerto”, señaló Galindo.
De las víctimas cuyas nacionalidades conocía la OIM, una de cada tres murió mientras huía de países en conflicto.
Casi el 60% de las muertes registradas por la OIM en la última década estuvieron relacionadas con ahogamiento. El mar Mediterráneo es la tumba de inmigrantes más grande del mundo, con más de 28.000 muertes registradas en la última década.
También se han registrado miles de ahogamientos en la frontera entre Estados Unidos y México, en el Océano Atlántico, en el Golfo de Adén y cada vez más en la Bahía de Bengala y el Mar de Andamán, donde refugiados rohingya desesperados se embarcan en barcos abarrotados.
“Deben fortalecerse las capacidades de búsqueda y rescate para ayudar a los migrantes en el mar, de conformidad con el derecho internacional y el principio de humanidad”, indica el informe.

Actualmente en el Mediterráneo "la gran mayoría de las tareas de búsqueda y rescate las realizan organizaciones no gubernamentales", afirmó Galindo.
Se agota la solidaridad
Cuando comenzó el Proyecto Migrantes Desaparecidos en 2014, el sentimiento europeo era más comprensivo con la difícil situación de los migrantes y el gobierno italiano había lanzado Mare Nostrum, una importante misión de búsqueda y rescate que salvó miles de vidas.
Pero la solidaridad no duró, y las misiones europeas de búsqueda y rescate se redujeron progresivamente por temor a que alentaran a los contrabandistas a lanzar aún más personas en barcos más baratos y mortíferos. Fue entonces cuando las ONG intervinieron.
Su ayuda no siempre ha sido bien recibida. En Italia y Grecia, se han enfrentado a obstáculos burocráticos y legales cada vez mayores.
Tras la crisis migratoria de 2015-2016, la Unión Europea comenzó a subcontratar el control fronterizo y los rescates marítimos a países del norte de África para “salvar vidas” y al mismo tiempo evitar que los migrantes lleguen a las costas europeas.

Las controvertidas asociaciones han sido criticadas por defensores de los derechos humanos, en particular la de Libia. Los guardacostas libios entrenados y financiados por la Unión Europea han sido vinculados con traficantes de personas que explotan a migrantes que son interceptados y devueltos a miserables centros de detención.
Un grupo de expertos respaldado por la ONU ha descubierto que los abusos cometidos contra los migrantes en el Mediterráneo y en Libia pueden constituir crímenes contra la humanidad.
A pesar del aumento de muros fronterizos y una vigilancia en todo el mundo, los contrabandistas siempre parecen encontrar alternativas lucrativas, lo que lleva a los migrantes y refugiados por rutas más largas y peligrosas.
“Hay una ausencia de opciones de migración segura”, dijo Galindo. “Y esto tiene que cambiar”.
