La historia detrás de 'División Palermo', la comedia policial que se burla de todos, desde políticos a minorías, y es un éxito

Un judío, una chica en silla de ruedas y un inmigrante son algunos de los personajes de esta serie que se ríe de la falsas políticas de “inclusión”. Santiago Korovsky, su creador, y Valeria Licciardi, actriz del elenco, cuentan cómo conquistó al público.

BUENOS AIRES.– División Palermo, una de las comedias latinas más exitosas de Netflix en 2023, es una apuesta audaz: retrata las desventuras de una guardia urbana “inclusiva”, riéndose de la corrección política con chistes sobre judíos, policías, inmigrantes, personas trans, y más. Pero en lugar de escandalizar, ha sido aclamada por los críticos y, lo más importante, por fans de esas mismas minorías y personas con discapacidades que retrata.

¿Cómo hizo la serie para no desatar un alboroto mediático y un centenar de denuncias? Para averiguarlo, Noticias Telemundo acudió a donde se gestó, a Buenos Aires, Argentina, y entrevistó a Santiago Korovsky, guionista, protagonista y director, y a Valeria Licciardi, actriz trans del elenco.

“Nos reímos de todos, pero los primeros que somos objeto de burla somos nosotros mismos, nuestras propias torpezas e incapacidad para pararnos ante lo diferente”, dice Korovsky desde su departamento, a pocas calles del barrio porteño de Palermo, donde se desarrolla la comedia.

Es en ese sector coqueto de clase media, la ministra de seguridad de turno, en una burda estrategia de marketing político, forma una fuerza de seguridad civil con personas de minorías, con discapacidades y marginadas, que se verán envueltas sin querer con una peligrosa banda criminal en medio de situaciones cotidianas y desopilantes. “La intención es burlarse de la hipocresía, de cuando la política y las instituciones–la policía, los medios–utilizan palabras como la inclusión o la diversidad para salir bien parados haciendo cambios de forma, pero no de fondo”, señala Korovsky.

Los personajes de la guardia urbana "diversa", sin armas ni poderes reales que altera el tedio de la comisaría local en la comedia División Palermo, de Netflix.
Los personajes de la guardia urbana "diversa" en la serie de Netflix, sin armas ni poderes reales, que altera el tedio de la comisaría local. Cortesía Santiago Korovsky

El protagonista es él mismo como Felipe, un judío tímido que se anota en esta guardia urbana por error y se enamora de una chica en silla de ruedas. El grupo lo completan otros que están allí en gran parte por el empleo en blanco con beneficios y alguna otra curiosidad como una escritora trans de novelas policiales, personificada por Licciardi, un boliviano que quiere hacer stand up y un hombre de baja estatura (enanismo) obsesionado con las armas. Actúan liderados por un policía psicólogo con un brazo ortopédico y en contrapunto con dos policías de barrio.

“Es una comedia que vino a romper todo”, define Licciardi divertida mientras nos muestra calles colmadas de grafitis de Palermo donde se grabó el primer episodio. “Aunque sí, un poco sí”, dice después, ya que “habla y hace chistes de temas que muchos evitan, que en general no se tocan”.

Personas de los diversos grupos de los que se habla colaboraron con el guion e interpretaron parte del elenco. “Fueron ellos quienes nos impulsaron a hacer los chistes, a avanzar más al límite”, dice Korovsky, “porque también hay una cierta necesidad de correrlos de un lugar de víctimas, de seres de luz, de ejemplos de vida y mostrar sus complejidades”.

El resultado es un policial con un humor mordaz, que muestra que la buena televisión no sólo puede entretenernos, sino también traer nuevas perspectivas.

El público lo agradece: División Palermo fue estrenada en Netflix el 16 de febrero (como Community Squad, en Estados Unidos). Menos de un mes después, ya era tendencia en la plataforma y se había traducido al inglés, al portugués y hasta al polaco. Además, ya se confirmó que viene una segunda temporada. A Korovsky le inundan los mensajes de apoyo, y ha llegado a tener incluso un juguete de su personaje.

Una de las claves del éxito “un tanto inesperado”, como dice él, fue la participación de estos grupos diversos, pero hay más.

Empecemos por el principio: hace cinco años, cuando Korovsky era un productor y actor porteño “de nicho” viviendo en un único ambiente. 

1. Cinco años en el making

Soñaba entonces con hacer una comedia policial para el gran público, y empezó a deshilar una idea, como muchos, en charlas con la familia y amigos. “Me imaginé algo en Buenos Aires, una ciudad en la cual un judío temeroso de clase media no suele ser parte de la fuerza de seguridad, por lo que podía ser una situación que se prestaba para el absurdo”, cuenta. La comisaría debía ser una mezcla de empleados municipales con policías, en la que “nadie está ahí del todo por una vocación, pero quieren agradar a toda costa”, con el tedio cotidiano que se presta al ridículo y al humor ácido, al estilo The Office. Sufrían además el bullying de policías: no tenían armas y apenas si podían marcar infracciones a vecinos; pero por accidente, se veían envueltos en una trama de espionaje.

Korovsky estudió Comunicación Social, pero también hizo cursos de teatro y guión de cine, y trabajó como operador de radio, actor y hasta payamédico, además de producir minificciones. En su familia, hay dramaturgos y guionistas. Con todo este bagaje, logró ganar hace cuatro años un concurso en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina para producir un teaser de su idea. 

"Soñaba con una serie para el gran público, pero no me lo imaginaba así: lo que está pasando en la calle es muy sorprendente", dice Korovsky, en una entrevista en su casa en Buenos Aires.
"Soñaba con una serie para el gran público, pero no me lo imaginaba así: lo que está pasando en la calle es muy sorprendente", dice Korovsky, en una entrevista en su casa en Buenos Aires. Pamela Subizar
Hernan Cuevas, Julio Marticorena, Nilda Sindaco, Daniel Hendler, Renato Condori, Facundo Bogarin, Valeria Licciardi observan una escena tierna entre Santiago Korovsky y Pilar Gamboa en División Palermo.
Algunos personajes conocen a Korovsky desde hace tiempo, como Nilda Sindaco (al centro), como Betty, la señora recepcionista, quien hizo un documental con él hace 10 años. Courtesy of Netflix

Pasaría el siguiente año “mostrándolo en todos lados”, productoras y plataformas de streaming, con la idea de hacer algo estilo cinematográfico, con explosiones y efectos especiales. Hasta que K&S FILMS, una de las productoras más grandes de América Latina, le ofreció desarrollarla.

Trabajarían un año más juntos en el guion, y recién luego llegaría Netflix, y otros seis meses de reescritura. Se iría afinando entremedio la idea de que sea una campaña de “lavado de cara” político con los estandartes de inclusión y diversidad.

“Pasó otro año más, entre el rodaje y la postproducción”, con más ajustes y muchos guionistas, “y así llegamos hasta acá”. Así resume lo que fue un trabajo exhaustivo, en el que llegó a filmar incluso con 39 grados de fiebre y gripe, con escenas de alto voltaje reales, como la explosión de un auto y un choque, pero en un proceso que para todos fue transformador.

Netflix la lanzó el 17 de febrero. "Se estrena en unas horas la serie que hace cuatro años es mi único tema de conversación con todos los que me conocen", dijo ese día Korovsky.

2. Ni seres de luz, ni de oscuridad

Mientras se gestaba la idea de División Palermo, Valeria Licciardi era una periodista que había saltado a la fama en el Gran Hermano argentino –cuestionando el estereotipo de ser una chica transgénero– y se afirmaba en el teatro y televisión nacional y como activista de los derechos trans. Ella fue una de las muchas personas de minorías que Korovsky y su equipo llamaron. “Nos acercamos a quienes pasan por estas cuestiones y fuimos entendiendo cada vez más cómo lo sufren y lo viven en su día a día”, dice el director.

El resultado son personajes que van más allá de su condición, dice, “y están atravesados por el drama de la serie y un montón de situaciones personales”. Esto incluye desde problemas para llegar a fin de mes, hasta miedo a tener citas.

Licciardi terminó interpretando a Vivianne, la escritora de novelas policíacas. “Es maravillosa, cuando la leí me encantó porque es una mujer trans no estereotipada. No le interesa caerle bien a nadie y fundamentalmente su tema en la serie no gira en torno a ser trans”, señala la actriz.

Licciardi nos muestra las calles del barrio de Palermo, donde se filmó la comedia.
Licciardi nos muestra las calles del barrio de Palermo, donde se filmó la comedia. Pamela Subizar
Pilar Gamboa, al centro, interpreta a una chica en silla de ruedas. Valeria Licciardi, a la derecha, a una escritora trans.
Pilar Gamboa como Sofía (al centro) y Valeria Licciardi como Vivianne (a la derecha) en una pausa en la producción.Cortesía Netflix

Facundo Bogarín, un actor ciego, y Hernán Cuevas, otro de talla baja, también forman el elenco. Los que no pertenecían al grupo que retrataban fueron asesorados por quienes sí, como una de las actrices principales: Pilar Gamboa. Ella interpretó a Sofía, la chica en silla de ruedas, con la guía de la escritora Lucrecia Gómez, con tips que iban desde cómo es el sexo siendo “inválida” a cómo andar por la comisaría en dos ruedas.

Nos agradecen por haber puesto sobre la luz temáticas que no suelen visibilizarse en estas ficciones"

Santiago Korovsky Creador, actor, comediante

Korovsky cuenta también que durante la producción recorrió las calles de Palermo en silla de ruedas con su amiga Brenda Sardon, que es una remera paralímpica, y no sólo experimentó cómo la ciudad no es tan accesible como debería: “La gente me miraba de otra forma, como que todo el tiempo te ofrece ayuda”.

La serie busca desterrar esta lástima disfrazada de empatía, con el trato de “son ejemplos de vida, luchadores” que eclipsa su complejidad y desafíos. Sofía se enoja, por ejemplo, cuando la tratan con preferencia por su condición y tendrá una obsesión con el “yo puedo sola”.

Korovsky dice que personas con discapacidades de distintos lugares lo celebran: “Nos agradecen por haber puesto sobre la luz temáticas que no suelen visibilizarse en estas ficciones”.  La serie fue incluso nombrada en una presentación en la ONU recientemente para hablar de las iniciativas de falsa inclusión o inclusión forzada. 

“Lo logramos con mucho trabajo y teniendo personajes complejos, no generando buenos y malos, seres de luz y seres de la oscuridad, sino personajes con sus contradicciones y realidades”, señala. 

3. Esto me suena: partir de la realidad

No es casual que la historia de División Palermo resuene: se ha experimentado con guardias urbanas o fuerzas de seguridad civiles en muchos países, y la propia ciudad de Buenos Aires tuvo la suya en 2004. Korovsky las tuvo en cuenta, dice, al igual que esas iniciativas bajo un falso estandarte de la diversidad. La propuesta de la serie trasciende así las fronteras argentinas, siendo muy bien recibida en México, Chile, España. 

En el primer episodio, se le pregunta por ejemplo a los integrantes de División Palermo por qué están ahí. Sofía dirá que le gusta la adrenalina para luego reconocer que le viene bien el seguro médico. Johnny en realidad quería entrar al ejército y no pudo por su baja estatura. “Estoy acá por la plata”, rematará el joven ciego, Edgardo, ante la frustración del psicólogo del grupo, Miguel, interpretado por Daniel Hendler.

Los personajes se burlan así de un sistema que intenta aprovecharse de ellos, de sus condiciones, y al mismo tiempo, son sinceros con respecto a sus realidades. 

La sátira no sólo alcanza a los políticos, sino también a periodistas amarillistas, policías corruptos y hasta promotores de discursos de autosuperación tan de época. Una joven en silla de ruedas, interpretada por la misma Lucrecia Gómez, da charlas Potex (un nombre con un guiño evidente) que se llaman “Los escalones están en tu mente”. Lleva el ridículo del discurso sobre el mérito personal, que olvida el impacto de las condiciones reales, a su máxima expresión. Mientras tanto, en la comisaría, Sofía no puede ir al baño: necesita una rampa.

División Palermo cuestiona los estereotipos y discursos “progresistas” vacíos de contenido con esa crudeza y honestidad brutal, que sumado a tener personajes complejos, se gana al público, y también cierta impunidad. “Incluso de policías que nos pedían sacarse fotos con ellos”; cuenta el director, “ha sido una respuesta positiva transversal a todo el espectro político y tipos de medios”.  

4. Reírse mucho, de todos y de uno mismo

División Palermo es una serie distinta”, resume Korovsky, “en la que nos reímos un poco de nosotros mismos y del mundo que nos rodea”. Como Felipe, su personaje: “Es una parodia de mí mismo, de mi torpeza, de mis miserias, mis egoísmos, mis miedos, de alguien que es muy inseguro, pero aún así intenta avanzar”.

La serie refleja así las “metidas de pata” que cometen incluso las personas con las mejores intenciones, que intentan estar siempre del lado correcto. En un video de promoción ya queda claro esta impronta, con el director presentando a todos con torpeza: se agacha para hablar con Hernán Cuevas, de talla baja, y este lo cuestiona; llama “persona no vidente” a Bogarín, que le responde “es ciego, boludo”, y se muestra incómodo al tener que decir que Licciardi es “trans”, algo que ella marca como sinsentido.

La producción y el rodaje, dice el director, fue un aprendizaje continuo: “Incluimos a las minorías y a las personas con discapacidad, nos permitió pensar por dónde ir con el humor, de qué cuestiones nos reíamos y cómo sacar a la luz un montón de cosas que sentimos que no suelen decirse en ese tipo de ficciones”.

Los actores suelen contar la anécdota de Cuevas haciendo una escena graciosa que tenía que ver con su baja estatura, sin que nadie reaccionaba. Preguntó entonces si lo estaba haciendo mal: no, respondieron, es que les daba pudor reírse. “No se trata de ser solemne, ni de victimizarse, sino de poder mostrar en cámara que también con diferentes cuerpos y fisonomías podemos hacer humor”, explica Cuevas en una entrevista con Netflix.

5. Una neurosis que arrasa con los clichés

Los fans de la serie han hecho memes, piden autógrafos y fotos y están ansiosos por la segunda temporada. “Lo que yo siento en la calle es mucha alegría, mucho agradecimiento porque son temas que quizás no se estaban tocando, y a modo de comedia también es un poco difícil hacerlo”, dice Licciardi, pero el equipo lo logró a partir de aprender de lo que no sabían, rodearse de las personas retratadas, lo cual llevó muchísimo tiempo.

“Pero este es el resultado de eso, de un cuidado sobre un producto, de un guión bastante trabajado y de actores, por supuesto, maravillosos, como yo”, cierra bromeando.

Hernán Cuevas, como Johnny (un joven de talla baja) enfrenta una singular operativo al estilo misión imposible que no saldrá según los planes.
Hernán Cuevas, como Johnny, realiza una misión secreta con final inesperado. División Palermo / Cortesía Santiago Korovsky
Julio Marticorena, Facundo Bogarin y Renato Condori en una escena de División Palermo.
El actor Facundo Bogarin (al centro), quien perdió la vista a los 15 años; y Renato Condori (a la izquierda), quien hizo su casting por Zoom y viajó especialmente desde Bolivia para hacer la serie.Cortesía Netflix

Otros actores han coincidido en esto del trabajo obsesivo, cuidado del producto. “Santiago Korovsky es una persona que le cuesta tomar decisiones, bastante. Tiene una neurosis muy particular que una toma no se hace una o dos veces, sino que se hace 160 y con distintas versiones”, dice entre risas la actriz Pilar Gamboa, Sofía en la serie, en una entrevista de todo el elenco de Netflix.

“Yo creo que Santi quiere llevarte de alguna manera a cruzar un umbral de resistencia. Fue un ejercicio muy interesante al que me sometió: contento, triste, enojado. Eso genera un estado de alteración, donde todos los clichés que uno arrastra se borran”, agrega Daniel Hendler, quien interpreta al psicólogo policía, Miguel.

“La verdad es que yo te lo quería agradecer”, remata ante la risa de todos.