Biden será el presidente más mayor de la historia de Estados Unidos. Y eso es bueno y malo

Con 78 años recién cumplidos, el presidente electo afronta un reto inédito con ventajas y desventajas, un apoyo fundamental y una habilidad en concreto que puede ser clave.
El presidente electo, Joe Biden, después de una reunión con la Asociación Nacional de Gobernadores el 19 de noviembre en Wilmington, Delaware.
El presidente electo, Joe Biden, después de una reunión con la Asociación Nacional de Gobernadores el 19 de noviembre en Wilmington, Delaware.Joe Raedle / Getty Images
/ Source: Telemundo

Por Sarah Yáñez-Richards

NUEVA YORK. – Joe Biden no solo le quitará el puesto a Donald Trump como presidente, sino también la marca como el presidente de mayor edad que haya tenido Estados Unidos en toda su historia, tras cumplir 78 años este viernes y a la espera de que tome posesión en enero. 

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“Escuchar que Joe Biden está en buena salud para tomar el cargo no es algo sorprendente”, explica el politólogo Luis Alvarado.

“Hay que reconocer que la ciencia nos ha ayudado para que la gente mayor tenga mejor salud y pueda participar en la sociedad de una manera que no se podía hace 100 años”, añadió.

Tener 78 años en el siglo XXI no es lo mismo que tenerlos en el siglo XX

Charlotte Japp, fundadora de la organización intergeneracional CIRKEL, señala que el hecho de que sea ahora cuando se ha elegido al presidente más anciano de la historia del país indica que la “sociedad actual puede estar sana por más tiempo y vivir una vida llena de propósitos hasta más avanzada edad”.

Hasta ahora los presidentes más mayores en llegar a la Oficina Oval eran Donald Trump, quien tomó posesión con 70 años, y Ronald Reagan, que llegó con 69 años y dejó el poder ocho años más tarde, en 1989.

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Otra dinámica que ha variado desde el siglo pasado es la expectativa de mayor transparencia entre el Gobierno y la población.

La activista contra la discriminación por edad Deborah Gale toma como ejemplo el caso de cómo se ocultó el deterioro de la salud de Reagan –quien tras dejar la Casa Blanca fue diagnosticado con Alzheimer–, y  recalca que esto no se podría dar ahora pues existe la expectativa de que los resultados de exámenes médicos sean compartidos y públicos. 

Para ilustrar lo que una Administración podía hacer en el siglo XX, Luis Alvarado señala el caso de Franklin D. Roosevelt (1882-1945), quien fue elegido presidente desde 1933 hasta su muerte.

“Éstaba en silla de ruedas, pero optó por esconder esa información al país porque sabía que eso podría cambiar la imagen de su capacidad para gobernar", explica Alvarado, "hoy en día no se puede esconder nada a la nación” de ese calibre.

Una campaña llena de falsas acusaciones

“Ahora la gente se imagina cosas que tal vez no son realidad y quizá ése sea el nuevo peligro”, sostiene el consultor, “cuando Trump decía que [Biden] era una persona que no tenía fortaleza y que estaba adormilado siempre, quería mandar el mensaje de que no tenía la capacidad física para enfrentar los retos de la presidencia”.

Gale, que también es parte de la organización The age of no retirement (La edad de la no jubilación, en español), destaca que la campaña de Trump incluso usó el hecho de que Biden tiene vestigios de una tartamudez con la que ha luchado desde niño para afirmar falsamente que era un síntoma de vejez.

“Hasta estas elecciones yo no sabía que era tartamudo, él hizo que ser tartamudo sea bien visto”, añadió Gale, “es algo impresionante porque humanizó su impedimento. La gente usaba eso contra él diciendo que no podía hablar o pensar sus frases, pero ese no era el caso”.

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La experta señala que Trump ya usó esta técnica contra la candidata demócrata, Hillary Clinton, en la campaña presidencial de 2016: “Cuando ella tuvo neumonía y se la vio en un vídeo temblando y con dificultades para subir a un vehículo, Trump explotó esas imágenes para atacar la edad y salud de la candidata durante la campaña”.

Contra la biología no se puede luchar

“El mayor inconveniente es que el cerebro de un ser humano empieza a encogerse a los 25 años, eso es un hecho biológico. Con alguien que se acerca a los 80 las probabilidades de que no haya ningún tipo de deterioro cognitivo son muy pocas”, apunta Gale.

Según Alvarado, un presidente septuagenario dependerá más de la figura de su segundo en mando, en este caso Kamala Harris, de 56 años.

“Biden va a tener que acudir a su vicepresidenta al igual que el expresidente Barack Obama acudió a Joe Biden por su experiencia cuando él no la tenía”, opina.

Equipo intergeneracional

Para Japp, el hecho de que Biden haya elegido a Harris es clave: "Probablemente complementará su experiencia, porque ella puede alcanzar a la gente de otra manera, ya que es de la Costa Oeste y una mujer de color, son dos hechos muy importantes”.

“Biden va a tener que confiar en que su equipo de la Casa Blanca pueda tomar las riendas, pues él se convierte básicamente en el jefe de la experiencia que maneja la dirección del tren, pero los conductores, en verdad, van a tener que ser los jóvenes”, añade Alvarado.

La ventaja de ser mayor

La edad presenta ventajas, según Gale, pues las personas más mayores son “más selectivas”. La experta se apoya en la teoría de la selectividad socioemocional para defender esta idea: “Conforme va avanzando la edad uno se concentra en las cosas más importantes”, explica, por eso los mayores “invierten más recursos en metas y actividades relevantes”.

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“La mayoría de años que él tiene los ha tenido en el Senado, donde es muy posible que los republicanos mantengan el control”, apunta Gale, “las relaciones que tiene por haber trabajado ahí tantos años le facultan para negociar directamente sin tener que ponerse en las manos del líder republicano del Senado, Mitch McConnell”.

Una de las claves del triunfo del presidente electo este año fue el respaldo de los votantes más jóvenes. Pero según los expertos consultados esto se debe más por un repudio de la llamada Generación Z (o Gen Z) hacia Trump que a una conexión orgánica con Biden.

“La Gen Z experimentó las elecciones de 2016 cuando eran demasiado jóvenes para votar, pero fue un momento fuerte para ellos. Hablé con una universitaria de 19 años y me dijo que en su grupo de amigos ven a las elecciones de 2016 como los millennials ven a los atentados del 11 de septiembre”, destaca Japp, “para ellos fue una memoria muy importante”.