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Una mujer pasó sola la cuarentena en el Ártico y así sobrevivió

Para Valentina Miozzo la pandemia representó una oportunidad para disfrutar de su soledad y así ha sido su vida desde que se mudó al extremo norte de Noruega.
Mujer en su moto de nieve en Kongsfjord, Noruega
Getty Images

Para muchos, la pandemia ha sido una oportunidad para disfrutar de la soledad, pero Valentina Miozzo dio un paso más: se mudó al extremo norte de Noruega, dentro del Círculo Polar Ártico, a la mitad de la crisis sanitaria.

Valentina se desarrollaba como una guía de naturaleza y caminatas, que acompañaba a italianos en viajes al extranjero, además de que escribía en su blog sobre viajes sostenibles en Italia, y dirigió el popular blog Viaggiare Libera. Hasta que llegó la pandemia y, como muchos otros en la industria de viajes, su vida se detuvo repentinamente. 

Sin poder trabajar, continuó escribiendo en blogs y haciendo promoción en línea. Pero, después de que Italia atravesó uno de las cuarentenas más duras del mundo. Fue entonces cuando fue contactada a través de Instagram en septiembre de 2020, con una oferta para ir al Círculo Polar Ártico para administrar una casa de huéspedes.

"Lo vi como una hermosa oportunidad para visitar lugares que nunca hubiera elegido por mi cuenta", contó a CNN en Español

Y agregó: "Como ya no podía hacer mi trabajo de viajes, esta era una forma de viajar y vivir otra realidad, de una manera más estática, por supuesto, pero en una parte del mundo que no conocía y me fascinaba".

En dos días, había aceptado la propuesta. Un mes después, llegó a Kongsfjord, a unas 2,399 millas al norte de su antigua casa cerca de Módena en Italia.

"No tenía ninguna expectativa, no las creé a propósito, ya que tenía curiosidad por descubrir. Sin embargo, sí tenía una idea de lo que me esperaba. Sabía que me dirigía a un lugar muy, muy aislado, me habían advertido. Sabía que era extremo y sabía que estaba en la tundra ártica, pero nunca había estado en Noruega", narró.

Poco después de su llegada, llegaron las noches polares. "No hay puesta de sol durante dos meses y el cuerpo no acepta que es de noche cuando sale el sol, por lo que es más difícil dormir […] Pero, aparte de eso, no es molesto. De hecho, es una hermosa forma de vida", dice.

De hecho, dice que el clima extremo le enseñó una lección muy importante. "Cuando te encuentras en un lugar como este, completamente aislado, lo que aprendes a hacer es encontrar energía en ti mismo. Y es un descubrimiento asombroso, especialmente cuando no hay luz durante dos meses y necesitas despertarte", platicó.

Durante su estadía en Kongsfjord con una población de 28 habitantes, con formada por alemanes, italianos y tailandeses que viven juntos con los lugareños y se comunican en inglés, "todos fueron muy acogedores y encantadores conmigo", contó.

Incluso se vinculó especialmente con otra mujer italiana que trabaja en el B&B (hospedaje con desayuno), Eugenia, y dijo que, a pesar de la población cosmopolita de Kongsfjord, algunas cosas no cambiaron.

"Tal vez sea un estereotipo que los italianos tendemos a ser mucho más ruidosos y gesticulamos cuando hablamos, y ellos no. Definitivamente noté [una diferencia en] nuestro estilo de comunicación", admitió.

Aunque no es la primera vez que Miozzo pasa periodos prolongados en el extranjero, ella dice que es imposible comparar el Ártico con cualquier otro lugar, porque simplemente no es como en ningún otro. De hecho, cuenta que el norte de Noruega es un mundo diferente al sur del país.

"El clima, la luz, la oscuridad, todo es diferente. Aquí, es una tundra real. Los árboles no crecen, es un país realmente salvaje. Tenemos zorros rojos y árticos, y renos por todas partes", afirmó.

La tundra estaba libre de coronavirus. De hecho, no ha habido un solo caso de COVID-19 en Kongsfjord y, aunque las ciudades de Noruega estaban sometidas a restricciones, el confinamiento en la aldea significaba que la vida podía continuar con normalidad. "No usé un cubrebocas durante siete meses", señaló.

Pero, la apertura de los viajes a medida que la pandemia está bajo control preocupa a Valentina.

"Antes de la pandemia, necesitabas demostrar que estás en el extranjero, así que te harías una selfie con un tigre o un indígena. Viajar estaba perdiendo su significado como instrumento de crecimiento y autodescubrimiento", indicó.

"Definitivamente cambiará nuestra forma de viajar, pero tendremos que ver exactamente cómo", añadió.

Su estancia oficial de Miozzo en la casa de huéspedes terminó hace dos meses, pero quedó tan encantada con el Ártico que se quedó en Kongsfjord alquilando una casa en su lugar.

También compró un automóvil junto con Eugenia, y se dirigen al norte hacia el ultra remoto archipiélago de Svalbard, el asentamiento habitado más septentrional del plante durante todo el año. Y después de un año, se dirigirán hacia el sur, hacia las islas Lofoten, donde trabajarán en otra casa de huéspedes.

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