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Vanessa Guillén, un asesinato que levantó la alfombra de miedos e irregularidades en el Ejército. Esto se descubrió en Fort Hood

La muerte de la soldado latina en la base militar de Texas ha dado voz a cientos de víctimas de acoso y abuso sexual en el Ejército. Repasamos lo que se ha descubierto este año.
/ Source: Telemundo

HOUSTON, Texas.– Parece un domingo cualquiera en la casa de los Guillén: sólo se oye la consola del hijo pequeño, el masticar de los adultos que almuerzan tacos comprados y las sandalias del papá cuando va a buscar más soda a la nevera.

Pero, cuando realmente había domingos en esta casa, la mamá, Gloria, tenía fuerza para cocinar platos mexicanos por la mañana, no cabían todos en la mesa, los reporteros sólo estaban en la televisión y la hija mayor, Vanessa, se preparaba para volver a la base militar de Fort Hood como cada semana.

Ahora ella está en cada rincón, pero no está. Las paredes están repletas de retratos de Vanessa pintados por artistas de todo el país, la entrada es un altar repleto de fotos para rezarle cada día, y hay un auto blanco que no encienden desde hace meses. 

La familia Guillén ha sufrido una de las historias más terribles de 2020 en Estados Unidos, la desaparición y el asesinato de la soldado latina de 20 años en la base militar de Fort Hood, Texas. También ha protagonizado uno de los grandes movimientos civiles del año, #IAmVanessaGuillen, que ha destapado los altos niveles de criminalidad de la instalación militar y ha puesto al descubierto décadas de silencios sobre acoso y abuso sexual en el seno de las Fuerzas Armadas.

La base de Fort Hood registró más de 400 delitos violentos en los últimos tres años, incluidos 11 homicidios, 48 violaciones, 243 agresiones sexuales, según datos de una investigación independiente encargada por el Ejército y revisada por Noticias Telemundo. También hubo al menos 39 suicidios.

Es la instalación militar más violenta entre las grandes bases. Y hay un 43% más de crímenes sexuales reportados que en el promedio del Ejército.

Gloria Guillén contempla un mural en homenaje a su hija asesinada, Vanessa, tras ser pintado en noviembre de 2020 en el sureste de Houston, donde reside la familia.Damià Bonmatí

Una desaparición ruidosa

La pesadilla que ya nunca acabará para los Guillén empezó el 22 de abril de 2020, en plena pandemia. Ni el novio ni la hermana de la soldado lograban contactarla:

– Mami, Vanessa no contesta a los mensajes. ¿Cómo que no? ¡Habla a la base! Algo siento que no está bien. Ya mi hija me había platicado que no estaba a gusto y que estaba siendo molestada. ¡Habla a la base! – recuerda Gloria Guillén, la mamá.

Las comunicaciones con la base de Fort Hood estuvieron llenas de baches desde el primer minuto, según la familia. Sin noticias durante horas, esa noche manejaron las 200 millas desde Houston. Pero, al llegar, no lograron entrar a la instalación militar, ni aclarar dónde estaba Vanessa.

Con el nuevo día, emprendieron, junto a tres compañeras de la base, una búsqueda silenciosa, a ciegas y sin pistas, por la zona.

El Ejército, sin embargo, dice que se puso en contacto con la familia el mismo 22 de abril, que la investigación oficial empezó el 23 y el primer comunicado de la desaparición se difundió el 25. Guillén había salido de la armería donde trabajaba para ir a entregar unos números de series de armas y había dejado atrás su ID, su tarjeta de crédito y sus llaves.

La madre, Gloria Guillén, una inmigrante mexicana, temía ingresar a la base militar por su estatus migratorio. Se instaló en los alrededores, en la ciudad de Killeen, con el convencimiento de no irse de allí hasta que encontrara a su hija. Todavía desconocía que decenas de familias también habían dejado de saber de sus soldados en Fort Hood en los últimos años.

Unas 72 horas después, las dos hermanas de Vanessa, tomaron la decisión que marcaría un antes y después en esa larga lista de desapariciones. “Dudé mucho entre compartir y no compartir porque era algo tan personal”, recuerda Mayra Guillén. Tuiteó la foto de su hermana desaparecida. “No todo se hace viral, pero tuve suerte y la comenzaron a compartir bastante. Y desde ahí mi hermana Lupe empezó con la idea de que creemos una página sólo para eso”.

Un emblema para las soldados

La madre también contó abiertamente que su hija mayor le había dicho, semanas antes, que estaba siendo víctima de acoso en Fort Hood por parte de otro militar. La mujer que volvía los fines de semana a Houston se había vuelto más callada y esquiva, sus ojos se habían entristecido y se encerraba en su habitación. La soldado no quería reportarlo. Le dijo a su madre que otras chicas habían puesto quejas en vano y que alzar la voz empeoraría su rutina en la base.

El Ejército dijo inicialmente que no encontraba indicios de que ese acoso se hubiera producido.

El tuit y la denuncia encendieron la mecha del movimiento #IAmVanessaGuillen que ha ido sumando consecuencias durante todo 2020.

El rostro de la joven latina, de ojos casi negros, tez castaña y sonrisa tímida, levantó la empatía en las redes, copó la atención de los medios en español, y generó un alud de comentarios virtuales de mujeres.

Se solía repetir el patrón: servían o habían servido en el Ejército, sufrieron abuso o acoso sexual y, en su mayoría, decidieron callar por miedo a truncar su carrera militar. 

Objetos en memoria de Vanessa Guillén a las puertas de Fort Hood.Damià Bonmatí

Entre las decenas de mujeres, la latina Yarimar Lewis contó a Noticias Telemundo que fue víctima de acoso sexual por parte de un superior en Fort Hood. “Eran comentarios, fotos inapropiadas, me hacía preguntas sexuales. Una vez me estaba enseñando fotos de sus hijos en su celular y siguió pasando y me mostró fotos de su pene”. No lo reportó en su momento.

Algunas soldados latinas sintieron su propio sufrimiento en la historia de Vanessa Guillén, vieron a su propia mamá en la perseverancia de Gloria, y recordaron sus raíces en ese barrio del este de Houston donde familias trabajadoras latinas como los Guillén buscan un futuro mejor en el Ejército.

[Decenas de jóvenes exmilitares denuncian acoso sexual en el Ejército]

Con las semanas, las protestas en internet se hicieron reales en las puertas de Fort Hood. Docenas de personas pidieron justicia para Vanessa Guillén, hicieron vigilias y colgaron pósteres de otros soldados desaparecidos. La congresista Sylvia Garcia tomó cartas en el asunto y visitó la base militar.

Y, más de dos meses después de la desaparición, el entonces general a cargo de Fort Hood, Scott Effland, grabó un video pidiendo públicamente ayuda en la búsqueda de la soldado.

Pero era demasiado tarde. La investigación, que se mantenía en secreto, tenía un sospechoso: el soldado Aaron David Robinson, quien trabajaba con Guillén en el mismo regimiento. Dos testigos vieron al militar arrastrando “una caja de herramientas” en un estacionamiento el mismo día de la desaparición. Por semanas, el soldado de 20 años siguió con su rutina en Fort Hood, aunque la base lo puso bajo observación, según confirmó la instalación militar a Noticias Telemundo.

Pero no fue hasta el 21 de junio cuando datos del celular de Robinson llevaron a los investigadores hasta la cuenca del Río León. Robinson había estado allí la noche de la desaparición de Vanessa Guillén, mientras la hermana, Mayra Guillén, manejaba contra la fuerte niebla dirección a Fort Hood para encontrarla.

Es un lugar escondido, a más de media hora de Fort Hood, de difícil acceso y vegetación abundante, con una ruidosa autopista de un lado y con almacenes de productos de la construcción en el otro.

El Río Leon, cerca de Temple, Texas, a la altura de donde se encontraron los restos enterrados de Vanessa Guillén.Damià Bonmatí

El día 30 de junio, unos contratistas encontraron restos humanos cerca del río. Se confirmaría después que pertenecían a Vanessa Guillén.

[Se suspende la búsqueda de Vanessa Guillén tras el hallazgo de restos]

Ese mismo día, Robinson huyó de Fort Hood en su auto. La salida de la base no tiene checkpoints ni agentes que inspeccionen los autos. A unas millas de la base, entre iglesias, moteles y almacenes, el principal sospechoso se suicidó al verse rodeado por la policía.

Según la declaración jurada de un agente del FBI, publicada en julio, Robinson habría matado a Vanessa Guillén golpeándola en la cabeza con un martillo en la armería y habría desplazado el cuerpo en una caja hasta su auto. Habría recogido a su pareja, Cecily Aguilar, a la salida del trabajo. Manejaron hasta el río, trocearon el cuerpo e intentaron quemar las partes. De noche, ambos enterraron los restos de la joven soldado.

Pero todo eso es un relato basado en el testimonio de Aguilar al FBI; todavía falta conocer qué descubrieron los investigadores de la agencia federal, del Pentágono y de la fiscalía texana.

El mayor general John Richardson dijo a Noticias Telemundo que la armería no tiene cámaras de videovigilancia.

Aguilar fue detenida por conspirar y ser cómplice del asesinato.

Rogelio Guillén ayuda a bajar unas escaleras subterráneas en el Capitolio a su esposa, Gloria. Se conocieron en Zacatecas más de dos décadas atrás. Desde el asesinato de su hija, Gloria teme las escaleras mecánicas y los ascensores más que nunca.Damià Bonmatí

Mamá Guillén grita en la capital

Temprano en la mañana, en un suburbio de Washington DC, la misión más complicada de Gloria Guillén fue lograr que su hijo más pequeño, de 4 años, prestara atención a la tableta. La escuela virtual había empezado, pero el más pequeño de la casa es puro nervio, y más entre viajes, familiares, visitas y una tragedia familiar que quizás no sabe pero sí siente. La familia cargó maletas, cajas de comida y camisetas con la cara de Vanessa para manejar casi 24 horas hasta la capital. Rentaron un airbnb como base para sus esfuerzos en Washington DC.

Mayra les avisa a sus papás que es hora de irse. Gloria, la mamá, se ajusta el cinturón y respira hondo. Rogerio Guillén, el papá, deja su taza de café americano sobre la mesa y comprueba su camisa en un espejo. En el uber, son una familia de visita en Washington DC, miran la arquitectura de la capital por la ventana, y el papá platica con el conductor.

Pero, para Gloria, lo que ve por la ventana es un decorado de esta pesadilla. Cada vez teme más los ascensores y los aviones. Fue en Washington, en un hotel alto y con ascensor, donde la madre se enteró de qué hicieron con su hija mayor. Miró Facebook cuando no tocaba verlo. También Washington es donde viajaron varias veces este año para buscar justicia.

Una abogada mediática, Natalie Khawam, se convirtió en su portavoz y representante en la capital. Los Guillén fueron invitados a la Casa Blanca, donde el presidente, Donald Trump, escuchó y dio el pésame a la familia. También se reunieron con Nancy Pelosi, la líder demócrata de la Cámara de Representantes, y con múltiples congresistas de ambos partidos. En los pasillos y despachos, se refieren a ella a menudo como "mamá Guillén".

Fue en junio, en la capital, cuando una de las hermanas, Lupe Guillén, hizo un discurso en inglés que se viralizó en redes sociales:

– Mi hermana Vanessa Guillén fue acosada sexualmente en base, mientras estaba trabajando. En dos meses no conseguimos respuestas. ¡Dos meses! ¡Dos meses! Nos han mentido una y otra vez. Tomaron a mi hermana como si fuera una broma. Mi hermana no es un chiste. ¡Mi hermana es un ser humano!

De izquierda a derecha, la congresista Sylvia Garcia; la abogada Natalie Khawam; Lupe Guillén y su madre Gloria Guillén, hablan delante del Capitolio, en Washington DC.Damià Bonmatí

Gran parte del esfuerzo de la familia en la capital busca algo: la aprobación del proyecto de ley #IAmVanessaGuillen. El texto pide la creación de un organismo independiente donde los militares puedan reportar casos de acoso y abuso sexual, sin que el Ejército sepa o interfiera.

Pero ha sido un año frenético, con una pandemia y una elección. Pese los apoyos logrados verbalmente en la Cámara de Representantes, el proyecto nunca llegó a votarse en el pleno. El Senado parecía un escollo todavía más complicado, según varios legisladores. Ni una cámara ni la otra. El proyecto de ley deberá presentarse de nuevo ante las dos nuevas cámaras conformadas en enero tras los resultados de las elecciones de noviembre.

Arriba, el matrimonio Guillén corre por los pasillos del Capitolio para no llegar tarde a una cita con un congresista. Abajo, Gloria rompe a llorar al mostrarle fotos de Vanessa al legislador republicano Markwayne Mullin.Damià Bonmatí

Un pequeño terremoto en el Ejército

La abogada Khawam y la hermana mediana de la familia Guillén, Mayra, hablan a menudo y coordinan prioridades. No en vano, mes a mes, los Guillén han ido introduciendo más peticiones ante la opinión pública: que cierren Fort Hood, que el FBI sea la única agencia que investigue, que los latinos no se enrolen al Ejército hasta que haya cambios, que la propuesta de ley se apruebe, que dimita toda la plana mayor de la base, que no recluten jóvenes soldados en escuelas secundarias…

La lucha alivió un poco a otras familias de soldados desaparecidos, quienes se sintieron escuchados más que nunca. La búsqueda activa de Vanessa Guillén llevó a encontrar restos mortales de otro soldado desaparecido un año atrás, Gregory Wedel Morales. La familia denunció que, en su día, la base lo dio por desertor y no lo buscó.

Un amigo de Gregory Wedel Morales contempla el pequeño memorial en el lugar donde se encontraron los restos del soldado en Killeen, Texas.Damià Bonmatí

Tras la presión social y mediática por el caso Guillén, el Ejército reaccionó. En agosto, el secretario de la Armada, Ryan McCarty, admitió ante los medios que Fort Hood tiene “el mayor número de casos de acoso sexual, abuso sexual y asesinatos de toda la formación del Ejército”. Encargó a un comité independiente, formado por cuatro veteranos y un ex agente del FBI, que investigue el porqué de la criminalidad en Fort Hood y sus alrededores.

Mientras esperaban las conclusiones, se introdujeron algunos cambios en la base texana. A cargo estaba el mayor general John Richardson, que llegó en septiembre a la instalación militar y se reivindicó como un liderazgo renovado y alejado de las miserias que sacó a la luz el asesinato de Vanessa Guillén.

“Los soldados no se sentían cómodos dirigiéndose a sus superiores para reportar un acoso o abuso sexual, porque no confiaban en que sus superiores fueran a tomar alguna medida o responsabilizar a otros líderes”, dijo Richardson en una entrevista con Noticias Telemundo Investiga. También admitió que los protocolos ante las desapariciones de soldados tenían que cambiar urgentemente.

En algunos casos los soldados eran declarados como desertores y el Ejército prescindía de una búsqueda activa de esos militares. Desde mediados de octubre, en la base ya “no se asumirá que el soldado se fue intencionalmente sino que, hasta que se demuestre lo contrario, están desaparecidos de manera no intencionada y los buscaremos”, dijo el alto rango.

Depuración en Fort Hood

El 8 de diciembre se conocieron las conclusiones de la investigación independiente. Entre otras, el comité dijo que en Fort Hood había un “entorno permisivo ante el abuso y acoso sexual”. Un McCarty de actitud grave y voz compungida dijo ante los periodistas:

– Los problemas en Fort Hood tienen que ver con falta de liderazgo. Estoy profundamente decepcionado por esa falta de liderazgo, no actuaron cuando se denunciaron acusaciones de asalto y abuso sexual – lamentó el secretario del Ejército.

Anunció que 14 oficiales de Fort Hood iban a ser despedidos o suspendidos de sus funciones.

[El Pentágono castiga a 14 mandos de Fort Hood por la muerte de Vanessa Guillén y otros soldados]

Horas después, los Guillén salieron ante la prensa. “Para mí esto que se acaba de hacer ahorita es un paso –dijo la mamá, Gloria Guillén– pero faltan varios. Está muy bien, bajaron y quitaron a unos, pero no, yo quiero cárcel y que se descubra qué es lo que pasó con mi hija. Fort Hood es corrupto y Fort Hood es de lo peor”.

La investigación interna sobre el asesinato, realizada por parte de un alto rango del Pentágono, todavía no ha sido publicada. Tampoco Cecily Aguilar, la única arrestada en conexión al caso, ha ido a juicio todavía.

La entrada de casa de los Guillén convertida en un altar para Vanessa. La madre, Gloria, se sienta al menos una vez al día a rezarle con un rosario.Damià Bonmatí

A Gloria Guillén le piden fotos cada vez que aparece en un memorial por su hija. Ellos sonríen a cámara, ella no. Le ofrecen ser portavoz de organizaciones civiles contra el abuso sexual. Ellos creen que podría llevar la lucha a otro nivel, ella siente que nomás es una madre que ha perdido “lo más querido”. Porque, cuando no da discursos empoderados y se reúne con líderes, el ánimo le pesa. Se ha enfermado, ha estado días sin salir de la cama, ha sufrido insomnio y pesadillas macabras que le devuelven a Vanessa pero también se la arrebatan de muchas maneras violentas.

Ella querría dejar de ser Gloria Guillén. Volver a ser solamente Gloria o ma. Cuando su gran misión era criar a sus seis hijos y cuando aprendió a leer y a escribir ayudando a hacer las tareas escolares a Vanessa. Su hija mayor, que ahora está en todas partes, pero en ninguna.

Puede compartir su experiencia en el Ejército contactando de manera confidencial con el autor de este reportaje a través del email damia.bonmati@nbcuni.com