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Un mediocre Brasil gana en penalties a Chile

Al final ganó quien se suponía que debería de ganar. No quien jugó mejor, no quien merecía ganar, sino el que la suerte, la tradición, el peso de la historia, o quizá el destino de los dioses del fútbol hicieron que se alzara con la victoria

Por Carlos Rajo

Al final ganó quien se suponía que debería de ganar. No quien jugó mejor, no quien merecía ganar, sino el que la suerte, la tradición, el peso de la historia, o quizá el destino de los dioses del fútbol hicieron que se alzara con la victoria. Un Brasil que ofreció poco, con quizá la peor generación en décadas de futbolistas, le ganó en tiros de penalties a un Chile que dejó escapar una oportunidad única de meterse en la historia del fútbol.Los tiros de penalties nunca son justos, casi nunca reflejan lo que sucedió durante el partido. Son básicamente un azar donde la suerte, la sangre fría o en algunos casos el oficio del jugador hace la diferencia. En este caso, fue el portero brasileño Julio César y varios jugadores chilenos los que hicieron la diferencia. El arquero brillante, quitando un par de penalties e incluso tirándose hacia el lado correcto -y con la suerte a su favor- en el quinto penalti que definió el partido el cual dio en el poste. De los chilenos, entre ellos su estrella Alexis Sánchez, tirando horrible su tiro de penalti.

Cuesta creer que este portero Julio César sea la estrella de Brasil y a quien ahora le tendrán que hacer un monumento por haber salvado al equipo anfitrión de una vergonzosa salida del mundial. Un Julio César que vive sus últimos días en el fútbol profesional, quien se tuvo que ir a jugar a un equipo de la MLS -la liga de Estados Unidos- para mantener su forma y quien fue llevado a la selección sin promesas de que jugaría es hoy el héroe de Brasil. Es cierto, muchas veces los que quitan los penalties se convierten en héroes, pero en este caso la diferencia es que en Brasil, a excepción de su gran estrella Neymar nadie más resalta. O aún peor, como equipo deja mucho que desear si pretende ser campeón mundial.

Al menos como espectáculo el partido fue enorme. Un encuentro para reivindicar el fútbol donde ambos equipos trataron de ir siempre al frente, donde no hubo en general juego sucio y en el que se jugó a todo tren hasta el último segundo del tiempo extra. Para alguna gente incluso, el primer tiempo fue la mejor mitad que se ha visto de fútbol en todo el mundial. Y por supuesto, los penalties, esa instancia donde prevalecen las emociones y que al final aunque no sean reflejo de lo que sucedió en el partido, sirven de broche de oro para cerrar el espectáculo. 

Esto no quita, por supuesto, que se califique mal a Brasil. Viéndolos jugar cuesta creer que esta sea una selección brasileña. No hay ideas, no hay juego colectivo e incluso, más allá del genio Neymar, no hay tampoco grandes individualidades. Todo el juego de Brasil la mayor parte del partido consistió en tratar de hacer juego de velocidad para aprovechar la habilidad de Neymar. Nada que ver con el típico juego brasileño de muchos toques, de destellos de brillantez de cualquier jugador y definiciones magistrales de gol. Este Brasil parece un remedo de un equipo europeo. Más esfuerzo físico y velocidad y menos toque e individualismo. Es difícil ver a este Brasil como campeón del mundo, aun incluso como candidato a jugar la final.

Chile fue mejor, y decíamos, que dejó escapar una oportunidad histórica. De seguro que nunca mas tendrá lo que los chilenos consideran su “generación de oro”, un grupo de jugadores con experiencia europea, que han hecho un buen equipo y que con lo hecho en la primera fase del mundial -eliminar a España- sentían que habían tocado el cielo. Y por supuesto, jugando contra un Brasil que poca veces ha sido tan pobre. Chile lo entiendió así y jugó partido de pelota al piso, de control en el medio campo y en ciertos momentos de ataque. Lo que faltó fue apenas un tanto de atrevimiento, de creer en sí mismo. Era como que si los chilenos no estaban del todo convencidos de que tenían contra la pared a Brasil y de que sólo hacia falta un pequeño empujón para que saliera el gol de la victoria. Las pocas veces que lo intentaron en el segundo tiempo y en los tiempos extras casi lo consiguen. Hubo un tiro al arco por ejemplo del delantero Pinilla a segundos de que terminara el segundo tiempo extra que dio en el travesaño. Ese gol hubiese hecho justicia a Chile. 

En el fútbol por supuesto no siempre hay justicia. No siempre gana el que más se lo merece. Muchas veces, y particularmente en este tipo de instantes definitorios, gana el que tiene más oficio, al que le tiemblan menos las piernas al tirar un penalti o el que sabe que la historia esta con él. Un ejemplo, Neymar cerró el partido -era el quinto penalti brasileño- y le dio la victoria a Brasil con un penalti cobrado con toda la seguridad de un grande del fútbol. Sánchez, que en cierto sentido se puede poner como el equivalente de Neymar en Chile, tiró un mal penalti.

Para el récord hay que hablar de los dos goles. El de Brasil surge de un corner de Neymar que va al centro del área donde la cabecea el capitán brasileño Thiago Silva y la pelota se desvía para que un defensa chileno la meta al marco con ayuda del brasileño Luiz que apenas la roza. El de Chile sería de un descuido de la defensa brasileña, una pelota que roba un chileno y que se la pasa de primera intención al delantero Alexis que fusiló a Julio César.

Hoy Brasil celebra, sin embargo, debe de haber preocupación con su selección. Lo mínimo que hace falta es un centro delantero que haga goles y que su defensa no muestre la debilidad que hoy mostró. Pero además, que muestre que puede jugar como equipo, que no sólo depende de lo que haga Neymar. De Chile, es para irse a casa destrozado. Los penalties son una lotería y en este caso no escogieron el número de la suerte. El problema es que la suerte está casi siempre con los grandes, aun si sólo son grandes por historia. Pareciera que los dioses del fútbol no permitirán que ese grande que es Brasil salga tan fácil del mundial.