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Un Brasil cojo pasa la primera prueba

Brasil gana 3-1 a Croacia en el inicio del mundial

Por Carlos Rajo

Al final, o al menos por el momento, se impuso el fútbol. Brasil, la potencia futbolera de siempre, abrió la Copa del Mundo con una victoria de 3 a 1 sobre Croacia. Atrás quedaron las dudas sobre la organización del Mundial, sobre los aeropuertos y estadios no terminados y sobre si las protestas opacarían el evento más grande e importante del fútbol internacional.

Nunca antes en la historia moderna del fútbol se había llegado a una Copa del Mundo en donde las expectativas sobre todo lo que pudiera ir mal, estaban en igual nivel con la atención sobre los resultados futbolísticos.

Era no sólo que se dudaba -o se sigue dudando- de la capacidad de organización de Brasil, sino que además, una buena parte de su población misma pensaba o sigue pensando que las carretadas de dinero que se han gastado en el Mundial (cerca de 12 mil millones de dólares) han sido un sinsentido en un país que tiene serias carencias en educación, salud y otras áreas del desarrollo económico y social.

El partido inaugural entonces sirvió un tanto como válvula de escape para un Brasil que como ningún otro está enamorado del fútbol y es fanático, hasta el último suspiro, de su selección nacional. Un Brasil que quizá acepte echar bajo la alfombra los problemas que han originado las manifestaciones y rechazo al Mundial siempre y cuando su querida selección verde-amarilla gane el campeonato.

Por lo mostrado en el partido ante Croacia, sin embargo, Brasil está muy lejos de ser considerado uno de los favoritos para ser campeón. No sólo porque no mostró mucho fútbol, sino porque el segundo gol fue un penalti que nunca debió haber sido marcado. Fue un centro desde la derecha en el minuto 68 que llega al delantero Fred quien literalmente se deja caer ante la presión -roce apenas- del central croata. El penal lo convirtió Neymar aunque casi se lo quita el arquero croata.

El primer gol también fue de Neymar, la estrella del Barcelona quien claramente está en otro nivel del resto del equipo brasileño. Corría el minuto 28 y Oscar roba una pelota en el medio campo y se la da luego a Neymar quien avanza unos metros y desde fuera del área tira el zurdazo abajo a la esquina izquierda del portero croata. Hasta ese momento Croacia ganaba gracias a un autogol de Marcelo, el defensa izquierdo brasileño quien juega en el Real Madrid español.

De Croacia no hay mucho que decir. Es un equipo sólido que se para bien, que tiene en Modric, el volante del Real Madrid, a su principal estrella pero que no muestra mayor imaginación en el ataque o alguien que desequilibre. Ciertamente hasta el minuto 90 merecían el empate, que es cuando se da el tercer gol de Brasil que cierra el partido.

Gol de Oscar, jugador del Chelsea inglés y el que de puntilla la pone en el ángulo derecho abajo del arquero croata. Sólo en este momento quedó claro que Brasil era el justo ganador. Aunque no con la contundencia para despejar las dudas sobre un equipo que depende básicamente de un par de individualidades como Neymar y Oscar.

Da una cierta pena o tristeza ver a este equipo brasileño. Nada que ver con aquellos grandes equipo del famoso “juego bonito” no sólo de grandes individualidades sino también de funcionamiento colectivo. Este Brasil pareciera que no tiene delanteros. Que los únicos que pueden generar peligro y concretizar jugadas de gol son Neymar y Oscar, quienes en el papel son únicamente volantes ofensivos.

Será que es una cuestión generacional o es que el técnico brasileño el que ha cambiado el espíritu o la manera de jugar de Brasil, pero lo cierto es que es un equipo aburrido y sin mayor imaginación que sólo en el ultimo minuto del tiempo reglamentario hizo lo justo para que no se le cuestione la victoria.

O quizá todo tenga que ver con esas dudas que se han esparcido por todo Brasil. Dudas sobre la organización del Mundial y en este caso dudas sobre la grandeza de su selección nacional. Por hoy, sin embargo, el balance es positivo. Se inauguró el Mundial, no hubo grandes problemas -más allá de relativamente pequeñas protestas cerca del estadio- y el equipo ganó. Aunque con ayuda del árbitro, pero victoria al final. Lo mismo que los estadios, quizá no terminados del todo, pero lo suficiente para que se juegue el Mundial. Al final, por televisión nadie ve lo que hizo falta por terminar.

Quien debería estar contento es el equipo mexicano. Ni Brasil ni Croacia están por hoy en otro gran nivel de fútbol. El Tri pudiera clasificar de segundo sin problemas en este grupo. Mañana en el juego ante Camerún comenzará a despejarse la incógnita sobre si el equipo mexicano es el peor que ha venido a una Copa del Mundo o, al contrario, confirma lo que es ya una tradición de al menos clasificar a la segunda ronda.