Son las 3 de la mañana, ¿Romney contestó el teléfono?

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Columna de opinión

Por Carlos Rajo

La muerte del embajador estadounidense en Libia a manos de fundamentalistas islámicos
es un trágico recordatorio de que más de una década después de los ataques terroristas de 9/11, hay gente en el mundo musulmán que sigue viendo a Estados Unidos como el enemigo a causarle daño.

La muerte del diplomático, además, ha introducido el tema de la política exterior a la campaña presidencial. El candidato republicano Mitt Romney acusó al Presidente Obama de la falta de una condena enérgica a los ataques contra Estados Unidos. De que el país no debe pedir disculpas por supuestas ofensas a los musulmanes, sino ejercer su poderío y liderazgo internacional.

De entrada hay que decir lo obvio: la muerte del embajador es condenable e inaceptable bajo cualquier punto de vista. Aun en el caso de que los musulmanes estén ofendidos por los cortos que han circulado en internet de una película supuestamente hecha en Estados Unidos en la cual se hace burla del profeta Mahoma, no hay nada que justifique la reacción violenta. Antes del ataque al consulado estadounidense en la ciudad libia de Bengazhi, donde murió el embajador, turbas de musulmanes también habían atacado la sede de la embajada de Estados Unidos en El Cairo, la capital egipcia.

Es claro que el gobierno de Estados Unidos no tiene nada que ver con la película y que el film tampoco representa las ideas de la gran mayoría de la sociedad estadounidense. Más allá de los prejuicios que hay en el país contra musulmanes y otras minorías, o incluso de lo que alguien pudiera decir son acciones de Estados Unidos contra los musulmanes con las guerras en Irak e Aganistán, lo cierto es que no hay una política oficial contra el islam. Al contrario, la Administración Obama en particular, ha hecho mucho por acercarse al mundo musulmán e incluso apoyar los movimientos de democratización -la llamada ‘Primavera Arabe’-.

En el caso del embajador muerto, Christopher Stevens, es todavía más sin sentido lo sucedido. El diplomático era precisamente alguien que tenía un gran respeto por la cultura árabe y el mundo musulmán. Desde joven había estado involucrado con el Medio Oriente, hablaba árabe y con Libia en particular, tenía una relación especial. El año pasado cuando se dio la revolución que derrocó a Mohamar Kadafi, Stevens estuvo con los rebeldes precisamente ahí en Bengazhi ganándose el afecto de mucho del pueblo libio.

Lo que es cierto es que aun en ausencia de justificaciones o con estos sin sentidos, hay gente en el mundo musulmán que cuando haya oportunidad intentará causar daño a los intereses de Estados Unidos. Es importante que tanto Washington como los gobiernos árabes respondan de la manera apropiada a estos ataques. Estados Unidos, continuando con su apoyo a los movimientos de democratización en el mundo árabe. Los gobiernos musulmanes, marcando claramente sus diferencias con los extremistas que causaron la muerte del embajador. En Libia, el liderazgo político ha condenado lo sucedido en Bengazhi. Falta por ver que líderes como el presidente de Egipto digan algo.

En términos de política estadounidense, lo sucedido en Libia decíamos, mete el tema de política exterior en la campaña presidencial. Hasta ahora es muy poco lo que se había dicho de política exterior, en parte porque Obama en general ha actuado relativamente bien en la arena internaicional y en parte porque Romney mismo no se siente cómodo en el tema -además porque tampoco tiene mucha experiencia en asuntos de política internacional. Ahora por supuesto, todo ha cambiado.

Romney fue quien disparó la primera salva en esta batalla de política exterior. El martes en la noche el candidato hizo público un mensaje en el cual atacaba a la Administración Obama por su supuesta debilidad en su respuesta ante los ataques al consulado en El Cairo. Según Romney, Estados Unidos nunca debe pedir disculpas. Debe de actuar con la fuerza de su poderío en el mundo. Después vendría la noticia de la muerte del embajador y condenas contra Romney por haber introducido “ataques políticos” enmedio de una crisis de política exterior.

Lo de las supuestas “disculpas” que pidió Estados Unidos es realmente un sin sentido. Lo que paso fue que ante los ataques al consulado en El Cairo, alguien del consulado envió un mensaje de twiter en el cual señalaba que “ante los continuos esfuerzos de individuos malintencionados por herir los sentimientos religiosos de musulmanes -condenamos los esfuerzos para ofender a los creyentes de todas las religiones”.

Lo que al parecer molestó a Romney y otros republicanos fue esa frase de que se aceptaba de que se habían herido los sentimientos religiosos de los musulmanes, lo cual para ellos era una disculpa innecesaria ya que Estados Unidos era el blanco de los ataques. El miércoles, y no obstante las críticas y ya sabiendo lo de la muerte del embajador, Romney confirmó sus cuestionamientos hacia Obama.

La razon de las críticas contra Romney tiene que ver conque la tradición política de Estados Unidos señala que cuando hay una crisis o evento puntual de política exterior como un ataque a los intereses del país, no se ve bien introducir el tema de la política partidaria. Que lo que tiene que hacerse es cerrar filas en torno a la nación y dejar en segundo plano los ataques políticos y/o de campaña presidencial. Lo de Romney cae bien entre la base republicana la que siempre ha acusado a Obama de “pedir disculpas” a los musulmanes y al mundo en general por las acciones de Estados Unidos.

Obama no dejo pasar la oportunidad para responder a las críticas de Romney. “Aquí hay una lección más grande de aprender”, dijo el presidente en una entrevista con la cadena de televisión CBS, “el gobernador Romney parece tener una tendencia a disparar primero y luego a apuntar”.

Ante la pregunta sobre si consideraba que lo dicho por Romney era irresponsable, Obama fue más diplomático. “Dejo que sea el pueblo estadounidense el que juzgue eso”, respondió.

Es claro que aun cuando el tema de política exterior está ahora en la mesa de discusión de los grandes temas de la campaña presidencial, el asunto sigue siendo relativamente marginal para la mayoría de electores. La gente votará basándose en la cuestión económica, de cómo se sienten en su situación personal y de si lo hecho por Obama en la recuperación de la crisis ha sido lo mejor que pudo haberse hecho.

Con todo, lo de Libia y la tragedia con el embajador ha servido para que la gente vea como actúa cada líder ante una crisis internacional. Como decía aquel anuncio de Hillary Clinton en la primaria de 2008, en donde aparecían unos niños durmiendo en una recámara y un teléfono que sonaba en la Casa Blanca porque algo pasaba en el mundo. “Son las 3 de la mañana y sus niños están durmiendo profundamente, ¿quién quiere usted que conteste el teléfono”?, preguntaba la voz en un tono de urgencia.