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Senado pudiera aprobar reforma en cuatro días

reforma migratoria para el viernes

Por Carlos Rajo

El voto de 67 senadores en favor de terminar el debate en la enmienda para fortalecer la seguridad en la frontera es una señal clara de que más tarde ésta semana, cuando se vote por el proyecto de ley de reforma migratoria, habrán más que suficientes votos para que sea aprobado.

El proyecto sólo necesita del voto de 60 senadores, sin embargo, es importante que el número en favor sea lo más alto posible para que así se ejerza presión política sobre la Cámara baja donde la mayoría de congresistas republicanos se oponen a la reforma migratoria (para que sea ley debe ser aprobado por ambas Cámaras y luego firmado por el presidente).

En el voto de los 67 senadores en la tarde del jueves hay al menos dos cosas que destacan. Una, el que todos los senadores demócratas e independientes ((son 55, aunque 3 estuvieron ausentes y no votaron) hayan votado en favor del proyecto de ley). Esto significa que hay unión en la bancada demócrata -cosa que no ha sucedido en otras ocasiones como en 2007, cuando se intentó pasar otra ley de reforma migratoria y se cayó en parte por divisiones dentro de los demócratas- y que aun senadores que representan a estados conservadores como Arkansas, Alaska, Montana y otros, están subidos al tren de la reforma. 

Y dos -igual de importante-, el que 15 senadores republicanos hayan votado por terminar el debate sobre la enmienda. Es la primera vez que tantos senadores republicanos dan su apoyo al proyecto de reforma lo cual muestra que la enmienda cumplió con el objetivo que se trazaron sus creadores: convencer a una docena y tantos de senadores republicanos moderados de que apoyaran la reforma.

Los creadores de esta enmienda fueron los senadores republicanos Bob Corker, de Tennessee, y John Hoeven, de Dakota del Norte, ambos sin mayor historial en el tema migratorio, pero que sin embargo por sus credenciales conservadoras estuvieron en una posición ideal para venderles la idea de la enmienda sobre “seguridad en la frontera” a varios de sus colegas de partido. 

La enmienda de Corker y Hoeven tiene al menos cinco componentes, aunque dos son los centrales: a) que aumentará a 40 mil el número de agentes de la “migra” en la frontera con México; b) que asegura que se terminará de construir el muro en un trazo de más de mil kilómetros en la frontera sur. Ambas cosas a un costo de más de $30 mil millones de dólares. El resto de componentes son modificaciones a cosas que ya existían en el proyecto original de reforma (más tecnología para detectar gente que intenta cruzar; implementar el programa E-verify y controlar cuando la gente que entró con visa sale del país).

Debido al énfasis en obtener los votos de los senadores republicanos y en general al interés por pasar la ley de reforma, poco se ha dicho sobre los efectos de ésta enmienda de Corker y Hoeven en el terreno. Básicamente lo que producirá -dicho en palabras de un senador republicano mismo- es la militarización de la frontera con México. Además de que traerá inconvenientes a muchas áreas fronterizas donde la construcción del muro o barda altera la vida diaria de las comunidades.

No es casualidad que algunas organizaciones latinas con sólidas credenciales pro inmigrantes estén en contra de la enmienda de los senadores republicanos. “No podemos apoyar una ley que está garantizada a incrementar la muerte y destrucción de la vida de los inmigrantes a través de la militarización de la frontera”, señaló para el caso la organización Presente.org

“Cuando no ha habido justicia en casos en los que se ha sabido que agentes de la Patrulla Fronteriza han abusado de su autoridad, y aun han matado con impunidad”, sigue la organización en su reclamo, “la S.774 (el número en el senado de la ley) convertirá la frontera sur de los Estados Unidos en una permanente zona de guerra”.

A medida que pasen los días de seguro se intensificará el debate sobre si las concesiones que hicieron los demócratas (la enmienda Coker/Hoeven no podría haber pasado sin la venia del liderazgo demócrata) fueron demasiado lejos. Sobre si fue la táctica correcta el aceptar lo del llamado “border surge” (así le llamaron sus creadores por lo de los nuevos miles de agentes de la ‘migra’) u “oleada en la frontera” en español. 

La respuesta del liderazgo demócrata por supuesto es simple: sólo así nos garantizábamos no sólo los 60 votos mínimos para pasar la enmienda y luego la ley toda, sino también los casi 70 votos que hoy se tienen. Que la política además, es el arte de lo posible, de hacer concesiones al adversario en aras de conseguir el objetivo estratégico o de más largo plazo, en este caso, pasar el proyecto de ley de reforma migratoria en el senado. Aun si al final, es un proyecto desdibujado de su idea original o  que causa malestar a mucha gente.

Asumiendo que estas voces de protesta no se escuchen en los pasillos del Senado y el próximo jueves o viernes se vote por el proyecto de reforma y éste se apruebe, el camino por la reforma migratoria no se habrá terminado. Apenas habrá concluido su primera mitad.

Después vendrá la batalla en la Cámara baja, donde de entrada hay un problema central: a diferencia del senado que es controlado por los demócratas, hay quienes tienen mayoría y manejan las tácticas parlamentarias (cuándo votar, qué presentar a votación, etc.) son los republicanos.

Quizá lo mejor hoy sea disfrutar el momento y celebrar lo sucedido en el Senado y  echar bajo la alfombra o pretender que no se ve lo negativo que hay en el futuro inmediato en torno a la reforma migratoria. Es no sólo que los republicanos en la Cámara baja se oponen a la reforma, sino que aun peor, no hay mucho tiempo (tiempo legislativo) para aprobar la ley.

El senado enviará su ley aprobada a la Cámara baja a principios de julio, la Cámara tendrá todo ese mes para estudiarlo y discutirlo y/o debatir su propio proyecto de reforma. El problema es que hasta hoy no hay tal proyecto (hay uno por ahí pero no se ha hecho público o no se sabe si ya lo terminaron), pero más grave, el presidente del Comité Judicial de la Cámara, a donde a fuerza tiene que discutirse cualquier proyecto de reforma, rechaza el del senado y sólo acepta que se discuta la reforma “en pedazos”  o en varias leyes y no en una sola ley como la del senado.

De no avanzar en julio, las cosas se complican aun más. Agosto es de vacación para los congresistas y de seguro cuando vayan a sus distritos (al menos los conservadores) el público los bombardeará con cuestionamientos hostiles sobre por qué quieren aprobar la reforma migratoria.

Al regresar de la vacación de agosto los congresistas estarán en medio de otra discusión nacional de otro asunto que no tiene nada que ver con inmigración y que literalmente ocupará toda la atención y el aire de Washington: la pelea sobre el límite de la deuda (en otra entrega se explicará esto en detalle, baste decir que la disputa en inmigración es cosa menor en comparación con lo intensa que será ésta pelea).

En este panorama es claro que el mes clave para la reforma en la Cámara baja, sino es que el único donde puede darse, es julio. Cuesta pensar sin embargo, cómo puede pasar la ley si el presidente del Comité Judicial no acepta que se discuta el paquete completo de ley del senado. 

Igual de negativo, el que no haya ya sobre la mesa, en la discusión pública y en la agenda de la Cámara, un proyecto de ley de los congresistas mismos. Y para complicar  las cosas aún más, lo dicho la semana pasada por el líder del Congreso John Boehner, de que no presentará ningún proyecto a votación sino hay antes una mayoría de republicanos que lo apoyan.

Pero bien, dejemos lo agorero, las nubes negras y demás y centrémonos por hoy en lo positivo. Pasó en el senado la enmienda de Corker y Hoeven, la apoyaron más de una docena de republicanos y en un par de días con seguridad habrá ley de reforma migratoria en el Senado. Motivo más que suficiente para celebrar. Ya cuando pase la cruda -‘goma’ para los centroamericanos- habrá tiempo para analizar lo feo del proyecto que se aprobó y lo cuesta arriba que la tendrá en la Cámara baja.