Se publica la más completa biografía del genio cubano del ajedrez, Capablanca

El libro de Sánchez tiene uno foto de ese niño Capablanca de 4 ó 5 años, con dos soportes en los pies debido a su pequeña estatura, jugando con su padre.

 

 

Después de Fidel Castro, quizá el cubano más conocido en la historia sea José Raúl Capablanca, un genio del ajedrez que ha sido el único Campeón Mundial que ha producido Latinoamérica del llamado “juego ciencia”.

 

A diferencia de Castro, sin embargo, de Capablanca no hay mucho escrito. No sólo porque no puede compararse la vida de un líder político de proporciones históricas -se le admire o se le odie- con la de un jugador de ajedrez, un juego al final de cuentas practicado por relativamente pocos. 

 

(José Raúl Capablanca: A Chess Biography) 

 

También porque Capablanca vivió hace muchos años, o porque no hay una sólida tradición en América Latina de la biografía, o por las razones que sea, pero el punto es que no es fácil encontrar un libro que escarbe en lo profundo de la vida y milagros de un personaje nacido, criado y formado en Latinoamérica. 

 

Miguel Angel Sánchez Martínez presenta su nuevo libro en la librería pública "West New York".

 

En este caso, en el calor tropical de La Habana, y quien ya en la segunda década del siglo XX había conquistado Nueva York con su talento ajedrecístico.

 

Así como hubo un genial Bobby Fischer, el estadounidense que en los años 60s y 70s hizo que mucha gente pusiera interés en el juego, o el campeón soviético Gary Kasparov que en los 80s y 90s también consiguió la atención mundial para el ajedrez, así hubo un Capablanca a principios del siglo XX que hizo que los cubanos, y latinoamericanos, pudieran exclamar orgullosos que tenían un campeón mundial del juego de las torres, alfiles, caballos y demás.

 

José Raúl Capa Blanca cuando era niño.

 

Hay que darle la bienvenida entonces al libro “José Raúl Capablanca: A Chess Biography” (José Raúl Capablanca: Una Biografía de Ajedrez) del escritor cubano Miguel A. Sánchez que salió a la venta desde haces unos meses en su edición original en inglés y el que ha sido considerado por críticos y expertos del juego como la más completa y exhaustiva biografía del genio cubano del ajedrez (se espera en un futuro cercano la edición en español).

 

“Desde joven Capablanca fue muy conocido en Estados Unidos, no sólo en el mundo del ajedrez sino también entre la gente importante”, explicó Sánchez, quien ha dedicado décadas de su vida al estudio e investigación de la vida de Capablanca. Su nuevo libro tiene como base otro que Sánchez escribió en los años 70s sobre el mismo tema titulado“Capablanca: Leyenda y Realidad” y con el cual ganó el Premio Nacional de Literatura en Cuba.

 

“Capablanca fue el primer latinoamericano en ser reconocido en Estados Unidos, no sólo por su talento sino porque tenía un magnetismo personal muy grande”, añadió Sánchez. “Era un genio natural para el ajedrez”.

 

Como muchos otros cubanos, Sánchez salió en algún momento de Cuba por cuestiones políticas. Una vez fuera de la isla tuvo la oportunidad de tener acceso a muchísimo más material en bibliotecas, archivos personales y otros sitios de investigación de EstadosUnidos, Argentina y otros países. De la misma forma, pudo contactarse con familiares de Capablanca.

 

El libro que hoy se publica es algo así como una “nueva y ampliada versión” del texto original de Sánchez. Hay de todo en el libro, según sea el interés del lector. Bien detalles sobre la infancia de Capablanca en La Habana -descendiente de una familia que había emigrado de España-, bien detalles sobre su arribo y conquista de Nueva York o detalles sobre lo que sucedió más tarde ya como gran maestro del ajedrez. 

 

Hay en el libro también todo un capítulo sobre lo que aconteció en 1927 en Buenos Aires, Argentina, donde contra todo pronóstico -‘el maracanazo del ajedrez’, le llama el periodista del diario ABC Jorge Benítez- Capablanca perdió el campeonato mundial ante el soviético Alexander Alekhine. 

 

Capablanca había ganado el Campeonato Mundial de ajedrez en 1921, en La Habana, jugando contra el alemán Emanuel Lasker, evento que igualmente es contado a fondo en uno de los capítulos del libro de Sánchez. Uno de los detalles del libro es que además de los datos biográficos se incluyen muchas de las partidas de Capablanca, comentadas a un nivel que cualquier aficionado del ajedrez las pueda entender y disfrutar.

 

Cuesta pensar hoy, un siglo después de la irrupción de Capablanca en el gran mundo del ajedrez, que cómo es posible que Cuba haya producido un genio de tal calibre. El ajedrez necesita de tradición, de escuela, de maestros, en fin, de todo un historial que permita la formación de un gran jugador. En el ajedrez no es suficiente con ser talentoso, se requiere además del ambiente apropiado para desarrollarse y crecer como maestro del juego. 

 

Uno de los capítulos del libro de Sánchez ayuda a entender la posición de Cuba -un país apenas saliendo del dominio colonial español- como sitio especial en América Latina para el ajedrez: “La Habana: el Dorado del Ajedrez”, le llama el autor. 

 

Sea por la cercanía con Estados Unidos, por estar en ruta hacia Europa o por su apertura en general hacia el mundo y el apoyo al juego de mucha gente con dinero, esa Cuba era a finales del siglo XIX un puerto de parada del ajedrez internacional. Grandes figuras de la época como el estadounidense Paul Morphy o el austríaco Wilhelm Steinitz visitaron y jugaron en La Habana.

 

Y sino una potencia en el juego de las 64 casillas y las 32 piezas, Cuba era al menos un país latinoamericano con tal “escuela” de ajedrez para permitir el florecimiento del niño-genio Capablanca. El libro de Sánchez tiene uno foto de ese niño Capablanca de 4 ó 5 años, con dos soportes en los pies debido a su pequeña estatura, jugando con su padre de quien aprendió. Sánchez dedica un capítulo a explicar el surgimiento de lo que llama “El Niño Prodigio” que fue Capablanca.

 

“Reti (un gran ajedrecista de la época) decía que el ajedrez era el lenguaje materno de Capablanca”, explicó Sánchez. “Y luego, años más tarde, Botvinnik (otro gran maestro soviético también campeón mundial) dijo que era imposible comprender el ajedrez si uno no miraba el juego con los ojos de Capablanca”, añadió Sánchez.

 

Capablanca no tendría nunca la oportunidad de disputar de nuevo el titulo mundial que perdió ante Alekhine. El campeón soviético lo evadió siempre y luego Capablanca moriría en 1942 a los 54 años. 

 

Capablanca murió en Nueva York de una hemorragia cerebral, precisamente cuando estaba por salir del club de ajedrez -el ‘Manhattan Chess Club’, regenteado por cierto por un cubano- adonde décadas antes había arribado como una joven promesa listo para conquistar el mundo del ajedrez. 

 

Como es natural con el paso del tiempo, las grandes figuras deportivas de otras épocas van pasando al olvido. Un par de generaciones después nadie se acuerda más del fulano campeón o ganador de todo. Con Capablanca sucede algo diferente, no obstante que lo suyo fue de hace décadas. 

 

En Cuba, debido en parte a que como explicó Sanchez, “la revolución lo tomó como figura nacional”, el maestro del ajedrez “es una figura muy venerada”. El cubano promedio sabe quien fue Capablanca, añadió Sánchez. 

 

Y en el resto de Latinoamérica, en los círculos ajedrecísticos quizá no se conozcan los detalles biográficos del genio cubano, pero no hay jugador de ajedrez que no tenga en su santoral de grandes jugadores una estampita con el nombre de Capablanca. 

 

“El de Capablanca es un nombre que perdurará siempre”, aseguró Sánchez. 

 

 

El libro del periodista y escritor cubano ciertamente debería de ayudar a preservar la leyenda del gran genio latinoamericano del ajedrez. Aun sino es el cubano más conocido en la historia.