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¿Puede usted recibir el mismo tratamiento experimental que Trump si enferma de coronavirus? Al menos puede preguntar

Esto es lo que debe tener en cuenta si se contagia de COVID-19 y decide que quiere recibir el mismo tratamiento que el presidente dijo que le curó.
El presidente Donald Trump al finalizar su hospitalización en el hospital militar Walter Reed, el 5 de octubre de 2020.
El presidente Donald Trump al finalizar su hospitalización en el hospital militar Walter Reed, el 5 de octubre de 2020.AP / AP

Por JoNel Aleccia – NBC News

Terry Mutter se despertó con dolor de cabeza y músculos doloridos. Como le gusta hacer levantamiento de pesas, lo atribuyó a un entrenamiento duro.

Pero en la noche tenía una fiebre de 101 grados Fahrenheit y estaba claramente enfermo. “Me sentía como si me hubiese atropellado un camión”, recuerda Mutter, quien vive cerca de Seattle, Washington. 

Al día siguiente, jueves, le diagnosticaron COVID-19. El sábado, el hombre de 58 años ya estaba inscrito en un ensayo clínico para recibir el mismo coctel de anticuerpos que el presidente, Donald Trump, dijo que había sido su “cura” del coronavirus.

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“Había escuchado un poco sobre esto en las noticias”, dijo Mutter, quien se unió al estudio del fabricante de medicamentos Regeneron para probar si su combinación de dos anticuerpos artificiales puede neutralizar al virus mortal. “Creo que probablemente lo trataron con todo lo que tenían”, añadió.

Mutter se enteró del estudio por medio de su cuñada, quien trabaja en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, uno de los institutos médicos que hacen ensayos en todo el país. Ahora el hombre está entre los cientos de miles de estadounidenses, incluido el presidente, que se arriesgaron con terapias experimentales para tratar o prevenir el COVID-19.

Pero con casi ocho millones de personas contagiadas y más de 217,000 muertes atribuidas al coronavirus en Estados Unidos, muchos pacientes desconocen estas opciones o no pueden acceder a ellas. Otros desconfían de los tratamientos no probados que incluyen desde medicamentos hasta vacunas.

“Honestamente, no sé si habría recibido una llamada si no hubiera conocido a alguien que me dijera: ‘Oye, aquí está este estudio’”, dijo Mutter, ejecutivo jubilado de la empresa Boeing.

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El sitio web clinicaltrials.gov, que analiza esa investigación, ha reportado más de 3,600 estudios relacionados con COVID-19 o SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad. Más de 430,000 personas se han ofrecido como voluntarias para esos estudios a través de la Red de Prevención COVID-19. Otras miles han recibido terapias, como el medicamento antiviral remdesivir, bajo autorizaciones federales de emergencia.   

Ante un diagnóstico grave de coronavirus, ¿cómo saben los pacientes o sus familias si pueden, o deben, buscar estos tratamientos? Y ¿cómo pueden decidir si deben rechazarlos cuando se los ofrecen?

Estas decisiones médicas nunca son fáciles, y son aún más difíciles durante una pandemia, dijo Annette Totten, profesora en la Universidad de Ciencias y Salud de Oregon.

“El reto es que la evidencia no es buena porque todo lo relacionado con el COVID es nuevo”, dijo Totten, quien se especializa en los procesos de toma de decisiones médicas. “Creo que es difícil ignorar todo el ruido”, añadió. 

Resulta comprensible que los consumidores se vean afectados por las informaciones contradictorias sobre los posibles tratamientos de COVID por parte de líderes políticos, incluido Trump, y la comunidad científica.

El fármaco antipalúdico hidroxicloroquina, promocionado por el presidente, recibió una autorización de emergencia de la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos, pero varias semanas después fue revocada por temor a que pudiera causar daño.

El plasma de convalecencia, que utiliza hemoderivados de personas recuperadas del COVID-19 para tratar a quienes aún están enfermos, se administró a más de 100,000 pacientes en un programa de acceso amplio y se puso a disposición de todos a través de otra autorización de emergencia, aunque los científicos no están seguros de sus beneficios.

Regeneron y la empresa farmacéutica Eli Lilly solicitaron una autorización de uso de emergencia para sus terapias con anticuerpos monoclonales, aunque los científicos dicen que esa aprobación podría poner en peligro la inscripción en los ensayos controlados aleatorios que probarán si funcionan o cuán bien funcionan.

Hasta ahora, unas 2,500 personas se han inscrito en las pruebas de Regeneron, y unas 2,000 de ellas reciben la terapia, dijo un portavoz de la compañía. Otros han recibido el tratamiento a través de los programas de uso compasivo, aunque la empresa no dijo cuántos.

Esta semana, los Institutos Nacionales de Salud detuvieron el ensayo de anticuerpos de Lilly luego de que una junta de monitoreo independiente planteara preocupaciones de seguridad.

“Con toda la información que pulula en los medios es difícil que los pacientes, y los médicos, tomen buenas decisiones”, dijo Benjamin Rome, internista general e investigador de políticas de salud en el programa Portal de la Facultad de Medicina de Harvard. “No se debe pensar que lo que se escucha en las noticias sea el tratamiento adecuado para usted”, añadió.

Pese a esto, las personas que sufren de COVID-19 no deberían tener miedo de cuestionar si tienen opciones de tratamiento disponibles, dijo Rome. “Como médico, no me importa cuando los pacientes preguntan”, dijo.

Los pacientes y las familias deben comprender cuáles podrían ser las implicaciones de esos tratamientos, aconsejó Totten. Los primeros ensayos clínicos de fase 1 se centran en la seguridad, mientras que los ensayos de fase 2 y 3 determinan la eficacia. Cualquier tratamiento experimental plantea la posibilidad de efectos secundarios graves.

En una situación ideal, los proveedores de atención médica proporcionan esa información sobre los riesgos de los tratamientos sin previo aviso. Pero durante una pandemia, especialmente en un entorno de mucho estrés, es posible que eso no suceda, afirmó Totten.

“Es importante ser insistente”, dijo, “si haces una pregunta, tienes que pedir una respuesta. A veces tienes que estar dispuesto a ser un poco agresivo”.

Los pacientes y las familias deben tomar notas o grabar conversaciones que pueden ser analizadas posteriormente. Deberían preguntar sobre la compensación económica por participar. A muchos pacientes de los ensayos de COVID-19 se les paga cantidades modestas por su tiempo y traslados.

Y deberían pensar en cómo encaja cualquier tratamiento en su sistema más amplio de valores y objetivos, dijo Angie Fagerlin, profesora y directora del departamento de ciencias de la salud de la población de la Universidad de Utah.

“¿Cuáles son los pros y los contras?”, dijo Fagerlin, “¿cuál sería su decisión si se arrepienten? ¿No hacer algo y enfermarse más? ¿O hacer algo y tener una reacción realmente negativa?”.

Una consideración puede ser el beneficio para la sociedad en general, no solo para usted, dijo. Para Mutter, ayudar al avance de la ciencia fue una gran razón para aceptar inscribirse en el ensayo de Regeneron.

Investigadoras en un laboratorio de Eli Lilly, en mayo de 2020.AP / AP

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“Lo que más me interesó es que para que la ciencia avance se necesitan personas”, dijo. “En un momento en el que hay tantas cosas que no podemos controlar, esta sería una manera de conseguir algún tipo de solución”.

Esa decisión lo llevó al Centro Fred Hutchinson, que colabora en dos pruebas de Regeneron, una para la prevención del COVID-19 y otra para el tratamiento de la enfermedad.

“Fue una visita de seis horas”, dijo, “son dos horas para recibir la infusión. Es un goteo intravenoso muy lento”.

Mutter fue la segunda persona inscrita en el ensayo, dijo Shelly Karuna, coinvestigadora principal del proyecto. El estudio está probando dosis altas y bajas del cóctel de anticuerpos monoclonales, en comparación con un placebo.

“Me sorprende el profundo altruismo de las personas a las que estamos evaluando”, dijo.

Mutter no está seguro de cómo contrajo el COVID-19. Él y su familia han tenido cuidado con las mascarillas y el distanciamiento social, y han criticado a quienes no han cumplido con las normas.

“Lo irónico es que fuimos nosotros los que nos enfermamos”, dijo Mutter, cuya esposa, Gina Mutter, de 54 años, también está enferma.

Mutter sabe que tiene una probabilidad de 1 en 3 de recibir un placebo en vez de una de las dos dosis de tratamiento activo, pero dijo que estaba dispuesto a correr ese riesgo. Su esposa no se inscribió en la prueba.

“Esto entraña algunos riesgos. Me sacrificaré por el equipo, pero no creo que ambos debamos hacer eso”, dijo.

Hasta ahora, Mutter sufre de tos y una fatiga persistente. No puede decir si su infusión ha sido útil, o si es una cura.

Simplemente no hay manera de saber si tengo los anticuerpos o no”, dijo, “¿los tengo y eso me mantuvo fuera de peligro o me dieron el placebo y mi propio sistema inmunitario hizo su trabajo?”.