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¿Hay relación entre perder el olfato por el COVID-19 y sufrir un deterioro de las capacidades cognitivas?

Un estudio realizado por investigadores argentinos encontró que dos tercios de los pacientes estudiados presentaban algún tipo de empeoramiento. En la mitad, la disfunción era grave. 

Por Kaitlin Sullivan - NBC News

La pérdida del olfato es uno de los síntomas más extraños que puede provocar el COVID-19, pero mucho antes de que estallara la pandemia del coronavirus era considerada como una señal de alarma del Alzheimer. 

La gran pregunta que se hacen ahora los investigadores es si la desaparición de la capacidad por oler debido al COVID-19 podría estar también asociada al deterioro cognitivo. Alrededor del 5% de los pacientes de coronavirus en todo el mundo -unos 27 millones de personas- han manifestado llevar más de seis meses sin olfato.

Los nuevos resultados preliminares presentados el domingo en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer en San Diego, California, sugieren que puede haber una relación, aunque los expertos advierten que se necesitan más datos.

La pérdida de olfato tras contagiarse de COVID-19 podría ser una señal de deterioro cognitivo.
La pérdida de olfato tras contagiarse de COVID-19 podría ser una señal de deterioro cognitivo.The Washington Post vía Getty Images

Investigaciones anteriores han descubierto que algunos pacientes de COVID-19 desarrollan un deterioro cognitivo tras la infección. En el nuevo estudio -que no se ha publicado en una revista revisada por pares-, científicos de Argentina descubrieron que la pérdida de olfato durante el coronavirus puede ser un factor de predicción más fuerte del deterioro cognitivo, independientemente de la gravedad de la enfermedad.

"Nuestros datos sugieren claramente que los adultos mayores de 60 años son más vulnerables al deterioro cognitivo después del COVID-19 si han tenido una disfunción del olfato, independientemente de la gravedad del COVID-19", explicó la coautora del estudio, Gabriela González-Aleman, profesora de la Pontificia Universidad Católica Argentina en Buenos Aires, quien añadió que es demasiado pronto para saber si este deterioro cognitivo es permanente.

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El estudio realizó un seguimiento a 766 adultos de entre 55 y 95 años durante un año tras infectarse. Casi el 90% pasaron al menos una vez la enfermedad y todos completaron pruebas físicas, cognitivas y neuropsiquiátricas periódicas a lo largo de un año.

Dos tercios de los infectados presentaban algún tipo de deterioro cognitivo al final de ese año. En la mitad de los participantes, el deterioro era grave. 

Los investigadores no disponían de datos suficientes sobre el estado de la función cognitiva de los pacientes antes de contraer COVID-19 para poder compararlos con el resultado final, pero preguntaron a sus familias sobre su capacidad cognitiva antes de contagiarse: nadie había dado señales de padecer un deterioro cognitivo claro antes del estudio.

Según Jonas Olofsson, profesor de Psicología de la Universidad de Estocolmo que analiza la relación entre el sentido del olfato y el riesgo de demencia, y que no participó en la nueva investigación, la pérdida de la capacidad para oler es un precursor bien establecido del deterioro cognitivo. También está bien estipulado que el COVID-19 puede llevar a una pérdida duradera del olfato, subrayó. 

"La cuestión es si esas dos líneas de investigación se cruzan", reflexionó Olofsson. "Este estudio es bastante tentador, aunque la información que he visto hasta ahora no permite sacar conclusiones sólidas", aseguró. 

La doctora Claire Sexton, directora senior de programas científicos y de divulgación de la Asociación de Alzheimer, apuntó de su lado que "la pérdida de olfato es una señal de una respuesta inflamatoria en el cerebro".

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"Sabemos que la inflamación forma parte del proceso neurodegenerativo en enfermedades como el Alzheimer. Pero tenemos que profundizar en cómo están conectados exactamente", explicó.

Un estudio independiente no relacionado con el COVID-19 y publicado el pasado jueves en la revista Alzheimer’s & Dementia indaga en esa conexión. Investigadores de la Universidad de Chicago descubrieron que no sólo la disminución del sentido del olfato con el tiempo puede predecir la pérdida de la función cognitiva, sino que la pérdida del sentido del olfato también puede ser una señal de advertencia de cambios estructurales en regiones del cerebro importantes en la enfermedad de Alzheimer y la demencia.

Utilizando datos del Proyecto de Memoria y Envejecimiento de la Universidad Rush, los investigadores hicieron un seguimiento de la pérdida de olfato en 515 adultos mayores durante 22 años. También midieron el volumen de materia gris en las partes del cerebro relacionadas con la demencia y las relacionadas con el olfato. 

Encontraron que las personas cuyo sentido del olfato disminuía más rápidamente con el paso del tiempo tenían una menor cantidad de materia gris en estas dos regiones del cerebro. No ocurría lo mismo con las partes del cerebro relacionadas con la visión, lo que sugiere que el sentido del olfato tiene un vínculo único con la cognición en términos de diferencias estructurales.

"No sólo el cambio en la función olfativa a lo largo del tiempo puede predecir el desarrollo de la demencia, sino que también puede predecir el tamaño de esas regiones cerebrales que son importantes", dijo el líder del estudio, el doctor Jayant Pinto, director de Rinología y Alergia de UChicago Medicine.

El COVID-19 no es el primer virus que causa pérdida de olfato, pero dejar de oler está relacionado con el virus era un hecho poco frecuente antes de la pandemia, dijo Pinto. Esto significa que sólo recientemente los científicos han podido realizar grandes estudios sobre cómo este problema causado por un virus puede afectar a la cognición. 

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"El sentido del olfato es extremadamente crítico para la cognición, especialmente para que el cerebro maneje la información sobre el entorno. Si se cierra ese canal de comunicación con el cerebro, éste se resiente", expuso el doctor Carlos Pardo, profesor de Neurología de la Universidad Johns Hopkins, que no participó en ninguno de los dos estudios. 

Pero aún se desconoce si la pérdida de olfato relacionada con el COVID-19 puede provocar un deterioro cognitivo. 

"Esa es una pregunta abierta: ¿la lesión del sistema olfativo por el SARS-CoV-2 provoca problemas no sólo en el sistema olfativo, sino también en el propio cerebro?", dijo Pinto. 

Según Olofsson, el sistema olfativo -las partes del cerebro relacionadas con el olfato, incluido el bulbo olfativo, la parte del cerebro que procesa el olor- se conecta con partes del cerebro que procesan la memoria. Aunque es posible que el COVID-19 altere el bulbo olfativo y luego el cerebro se deteriore a su alrededor, Olofsson señaló que esto no es probable. 

"Hay muchas otras formas en las que estas dos cosas pueden estar relacionadas. La causa puede ser una patología no relacionada con el efecto del COVID-19", dijo. 

O bien el COVID-19 puede simplemente amplificar la pérdida de olfato o el deterioro cognitivo existentes que pasaban desapercibidos antes de la infección, recalcó Olofsson. Es posible que los pacientes ya estuvieran experimentando cierto tipo de deterioro cognitivo cuando contrajeron el COVID-19, o que ya tuvieran un ligero deterioro del sistema olfativo, lo que les hizo más susceptibles a la pérdida de olfato relacionada con el COVID-19. 

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"Podría ser que la función olfativa se mantuviera a pesar de estar atrofiada, pero cuando llegó el COVID-19, la anuló", dijo.

Si resulta que la pérdida de olfato por COVID-19 puede causar deterioro cognitivo, comprender la conexión podría ayudar a los médicos a intervenir con la pérdida de olfato de forma temprana y, potencialmente, prevenir el deterioro cognitivo en personas de alto riesgo. 

"Nos enfrentaremos a la circulación endémica de un virus que no va a desaparecer", aseguró Pardo. "Si aprendemos más formas de recuperar el olfato rápidamente, podríamos minimizar el daño que la pérdida de olfato puede causar con problemas cognitivos en las personas susceptibles", afirmó.