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La inequidad y la injusticia, dos razones por las que el COVID-19 no ha logrado frenarse en América Latina y el Caribe

Así lo considera Gerry Eijkemans, experta en salud pública de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con quien Noticias Telemundo conversó sobre los efectos de la pandemia en América Latina y el Caribe, donde ya se registran más de un millón de fallecimientos por coronavirus.
/ Source: Telemundo

La pandemia de coronavirus ha sometido a los sistemas sanitarios del mundo a las pruebas más duras de las últimas décadas. Regiones como América Latina ya tenían problemas de inversión y desarrollo en sus centros de salud, pero el COVID-19 vino a evidenciar todas las fallas de infraestructura y personal que existían.

De alguna manera, la intensa propagación del SARS-CoV-2 es un síntoma de otra enfermedad, un padecimiento social que le obsesiona a Gerry Eijkemans, jefa de la Unidad de Promoción de Salud y Determinantes Sociales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “Hay que atacar la inequidad para poder controlar el COVID-19. Es importante comprender eso e incluirlo en los planes de los gobiernos”, asevera la experta.

Según cifras recientes de la OPS, América Latina ya superó el millón de fallecimientos por COVID-19 y aunque más de 153.5 millones de personas han sido vacunadas en las Américas, sólo el 21.6% están en América Latina y el Caribe.

Gerry Eijkemans, jefa de la Unidad de Promoción de Salud y Determinantes Sociales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).Noticias Telemundo

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Con más de 25 años de experiencia en temas de salud pública, Eijkemans se ha centrado en estudiar los efectos de las políticas gubernamentales en el acceso de la población a los centros hospitalarios y las consecuencias de la profunda desigualdad que asola a la región. “La injusticia se ha convertido en otro virus que impide el desarrollo de muchos países y eso está muy presente en Latinoamérica”, asevera.

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—La semana pasada, usted participó en la 17° Conferencia de Salud Urbana, ¿qué conclusiones se generaron sobre los efectos que la pandemia ha tenido en las ciudades de la región?

—En general, hay que trabajar por una mejor gobernanza que sea más inclusiva, más participativa y con mucho trabajo intersectorial. Cuando hablamos de salud en las ciudades, se trata de un tema relacionado con muchos sectores como la vivienda, el transporte, la planificación urbana y el medioambiente, y eso está muy importante porque el 80% de las personas de las Américas viven en ciudades.

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—¿Los centros urbanos estaban preparados para enfrentar una contingencia de la magnitud del COVID-19?

—La verdad es que ninguna ciudad podía estar preparada para eso. Además, esta es la región más desigual del mundo y eso afectó muchísimo la respuesta de las ciudades a la pandemia porque el crecimiento económico no estaba fuerte y el ente biológico que es el COVID no solo afectó la salud, sino que se convirtió en una crisis social, económica e incluso política en algunos países.

—¿Cuáles fueron los efectos de esas crisis sucesivas en urbes tan frágiles como las de América Latina, con poblaciones signadas por bajos índices de educación y altas tasas de pobreza y marginación?

—No contamos con sistemas robustos de salud pública, así que no se pudo frenar el virus. Tuvimos que implementar muy pronto las medidas más drásticas de salud pública como los cierres, el uso de cubrebocas y el distanciamiento físico pero todo eso tuvo un efecto muy grande en la gente que perdió sus trabajos y sus ingresos. Esto ha creado una situación en que las poblaciones son conscientes de la enorme inequidad que las afecta porque solo el 25% se pudo quedar en casa trabajando, el resto no pudo parar y, al salir a trabajar, muchos se enfermaron. Todo eso empeora la crisis de salud pública, todavía tenemos que aprender muchas lecciones.

—¿Cómo se evidenció esa desigualdad en países más prósperos como Estados Unidos?

—Las personas de las comunidades hispanas y los migrantes han sufrido mucho. Esa gente mantuvo en funcionamiento las fábricas, los campos de cultivo y las industrias vitales como la producción de carne, pero han tenido brotes importantes del coronavirus. Además, han visto afectados sus medios de vida y como muchos ya estaban en condiciones precarias antes de la pandemia, ahora viven peor. Es un problema que el Gobierno estadounidense debe seguir atendiendo.

Niños de los pueblos indígenas de Colombia que participaron en jornadas sanitarias de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).OPS

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—¿Cree que esta coyuntura podría lograr que las ciudades latinoamericanas sean más resilientes ante las emergencias sanitarias?

—Totalmente, pero hay que entender que la resiliencia no se limita a la infraestructura. Muchas veces eso se reduce a la capacidad de un gobierno para superar un terremoto o una tormenta, pero también hay que fomentar la resiliencia social, económica y política. Se deben implementar procesos de planificación profunda donde se replantee la gobernanza de la ciudad para poner a la salud en el medio de las políticas públicas, ese es uno de los caminos que se deben explorar a corto plazo.

—¿Qué les aconsejaría a los gobernantes de la región para poder superar y prevenir este tipo de crisis en el futuro?

—La inversión en salud pública no fue suficiente. En nuestros países existen sistemas sanitarios muy fragmentados donde el acceso a la atención médica depende del lugar donde trabajas. Todo eso tiene que cambiar, los gobiernos de las Américas tienen que invertir más en salud. Además, no se dieron abasto con el COVID, pero tampoco pudieron atender a todas las enfermedades crónicas, y esa será la próxima ola.