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Una antigua sede del KKK aterrorizó a una ciudad durante años. Ahora se convertirá en un centro de diversidad

La Redneck Shop de Laurens, en Carolina del Sur, ha sido eliminada de forma definitiva. Pero las heridas del espacio dirigido por la organización racista Ku Klux Klan aún están abiertas.

Por Char Adams - NBC News

El reverendo David Kennedy recuerda bien cómo era crecer en Laurens, Carolina del Sur, durante la época de las leyes Jim Crow, una serie de normas racistas vigentes entre 1876 y 1965 en muchos estados del sur de los Estados Unidos. Vivía en un apartamento con sus abuelos marcado con la C de color y le obligaban a bajarse de la acera cuando pasaban personas blancas.

Recuerda que un día, cuando era niño, entró en una tienda para comprar un collar para su perro, sólo para que un empleado le preguntara: “¿Necesita uno que se ajuste a su cuello también?”. Cuenta las historias de personas negras asesinadas tras ser acusadas falsamente de haber cometido un delito, incluido su tío abuelo Richard Puckett. 

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“Lo mataron el 11 de agosto de 1913”, recordó Kennedy, detallando lo que ocurrió ese día. Puckett, que no sabía leer ni escribir, estaba entregando una carta de su compañero de piso a una joven que resultó estar casada. El marido de la mujer vio la nota y dirigió su ira contra Puckett, que fue detenido y puesto entre rejas.

“Una turba lo sacó de la cárcel y lo colgaron bajo un caballete”, contó Kennedy. “Le dispararon mucho al cuerpo. Veíamos esa cuerda colgando cada vez que pasábamos por debajo del caballete, porque era la entrada principal a la comunidad negra. Decían que a cualquiera que descolgara esa cuerda le pasaría lo mismo que a Richard Puckett”, recordó.

En las décadas siguientes, los residentes blancos vendían fotos del linchamiento de Puckett en la tienda y se las daban a los residentes negros de Laurens, diciéndoles: “Manteneos en orden si no queréis que os pase esto”, señala Kennedy.

Laurens, una ciudad de 9,300 habitantes con un 56% de blancos y un 38% de negros, tiene una historia llena de racismo y opresión para su población negra. Además de la discriminación diaria a la que se enfrentaban residentes como Kennedy, los asesinatos racistas eran habituales en la zona. Los hombres negros eran linchados y asesinados por falsas acusaciones de violación o por negarse a trabajar en días festivos

Por eso, aunque los residentes estaban indignados, no fue del todo sorprendente que un miembro confeso de la organización racista Ku Klux Klan (KKK), John Howard Jr., abriera en 1996 la Redneck Shop, un museo, tienda y lugar de reunión del KKK, en un antiguo cine segregado de la ciudad. 

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La tienda vendía parafernalia del KKK, de neonazis y de supremacismo blanco, como fotos de linchamientos, antiguas granadas propiedad de los grupos, insignias, camisetas y gorras, una de las cuales decía Original Boys in the Hood (Chicos originales del barrio), según un reportaje de 1996 publicado por el diario The Washington Post.

Los partidarios de la tienda la calificaron de símbolo de la “orgullosa herencia sureña”, y uno de ellos incluso defendió el lugar con una escopeta. Con el paso de los años, el edificio llegó a ser conocido como el “único museo del mundo del Ku Klux Klan”, según la Liga Antidifamación (ADL, por su sigla en inglés).

Varios grupos de supremacía blanca, incluido el Movimiento Nacional Socialista, que en su día fue la mayor organización neonazi del país, celebraron reuniones en el edificio, según la ADL.

En 2006, el grupo neonazi y de supremacía blanca Naciones Arias celebró una estridente reunión en el edificio y, un año más tarde, el Partido Nazi Americano realizó una celebración posterior al acto en el local. Tanto el Klan como el Partido Nazi Americano utilizaban el local para reunirse y captar a nuevos miembros.

El reverendo David Kennedy, a la derecha, mira artículos mientras John Howard lo observa dentro de The Redneck Shop en Laurens, Carolina del Sur, el miércoles 27 de febrero de 2008.
El reverendo David Kennedy, a la derecha, mira artículos mientras John Howard lo observa dentro de The Redneck Shop en Laurens, Carolina del Sur, el miércoles 27 de febrero de 2008.Patrick Collard / AP

La tienda seguiría funcionando, a pesar de las intensas reacciones y críticas de la población negra de la ciudad, durante 16 años antes de que finalmente cerrara en 2012. Ahora, Kennedy, un predicador negro, y Regan Freeman, un blanco que creció en el condado de Laurens, a unos 62 millas (100 kilómetros) al noroeste de Columbia, la capital, han fundado el Proyecto Eco -que lleva el nombre del teatro original- y esperan transformar lo que fue un símbolo de odio en un centro para la diversidad y la reconciliación. 

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“Empezamos a protestar fuertemente, y algunos de los jóvenes querían quemar el local”, afirmó Kennedy sobre los primeros días de la tienda, señalando que dio prioridad a las tácticas no violentas para oponerse a ella. “Así que este nuevo local será un lugar para animar a la población. Queremos crear una atmósfera en la que la gente corriente sienta la libertad de hablar”, explicó.

Kennedy, de 68 años, líder durante mucho tiempo de la Iglesia Bautista Misionera New Beginnings, lideró las protestas y se opuso fervientemente a la tienda durante años, incluso después de que la indignación de la ciudad se convirtiera en una aceptación resentida.

El KKK respondió a Kennedy atacándole. Vendió fotos del linchamiento de su tío abuelo y amenazó constantemente a su iglesia. Arrojó animales muertos en la propiedad, intentó lanzar explosivos artesanales en el edificio y dejó tarjetas que decían: “Esta es una llamada social del Klan, no hagas de esto un negocio”.


Finalmente, Kennedy desarrolló una relación con uno de los propietarios de la tienda, Michael Burden, quien denunció al Klan y le vendió la escritura de la tienda — pero sólo pudo reclamar la propiedad después de la muerte de Howard.

Kennedy se hizo con el control total tras la muerte de Howard en 2017, cinco años después del cierre de la tienda. El largometraje de Andrew Heckler de 2018, Burden, reflejó la relación entre Burden y Kennedy. 

Los antiguos y actuales residentes negros de Laurens conocen bien la historia racista de la ciudad. Robert Fogge, que ahora tiene más de 80 años, era dueño de una barbería detrás de la Redneck Shop y veía con miedo cómo los miembros del Klan entraban y salían del edificio.

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En los años 90, los miembros del Ku Klux Klan se situaban frente al negocio de alfombras de John y Sara Latimore con sus túnicas blancas para intimidar a la pareja. Pero los residentes dijeron que el racismo derivado de la tienda era sólo una extensión de lo que experimentaban en Laurens. 

Stephen Peters, de 63 años, fue superintendente del distrito escolar 55 del condado de Laurens durante unos cuatro años a partir de 2016. Al principio vivía en Laurens, a solo 1.8 millas (3 kilómetros) de la escuela secundaria del distrito de Laurens, pero se mudó a la cercana Columbia debido al racismo “flagrante” y persistente que sufrió.

Recordó un caso en el que el propietario de un negocio local preguntó a un miembro de la junta escolar por qué los miembros contrataban a un hombre negro, utilizando un insulto racial para referirse a él. 

“Seguramente pensé que estábamos más allá de muchas de las cosas que experimenté cuando vivía en el condado de Laurens. Había gente que entraba en mi patio a la 1 de la mañana en camiones haciendo sonar sus motores”, recordó Peters.

The Redneck Shop abrió sus puertas el año en que nació Freeman, cofundador de la nueva empresa con Kennedy. Dice que creció oyendo hablar de este comercio, pero que no se enteró de su importancia hasta 2018, cuando era estudiante de la Universidad de Carolina del Sur.

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Vio un especial de televisión sobre el Monumento Nacional para la Paz y la Justicia en Montgomery, Alabama, un monumento para los miles de negros linchados en el Sur después de la Guerra Civil.

Un marcador para el condado de Laurens contiene 11 nombres, incluido el de Richard Puckett. Esto, según Freeman, le empujó a aprender más sobre la historia de su condado y a hacer todo lo posible para promover la justicia. Así que se reunió con Kennedy y ambos decidieron iniciar el proyecto. 

“Creo que es una locura mirar atrás ahora: la tienda Redneck estaba abierta a 15 millas (24 kilómetros) de mi casa. Creo que mucha gente no entiende la profundidad de lo que estaban haciendo en ese edificio”, declaró Freeman. “Estaban promoviendo organizaciones y materiales antisemitas e increíblemente malvados y racistas a nivel nacional y mundial”, agregó.

Y añadió: “Esta gente era activa. No era sólo un grupo de chiflados locales. Esta gente estaba conectada, estaba promoviendo estas cosas, y estaban reclutando y creciendo — no sólo en Laurens, sino en todo el país".

Howard, que había alcanzado el rango de gran dragón, dijo entonces que la tienda y el museo no pretendían promover el odio; en cambio, dijo, buscaban educar al público sobre el KKK. Sin embargo, la tienda se utilizaba con frecuencia para las reuniones del Klan, y los reclutadores entregaban solicitudes de afiliación al Klan en el edificio, según afirmó entonces Howard al diario The Washington Post. El camino hacia el Proyecto Eco ha sido largo y difícil, y no todo el mundo en la zona apoya la empresa.

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Freeman lo atribuye a que los críticos simplemente no quieren reconocer la historia de Laurens. Kennedy y Freeman afirman que el nuevo centro hará que Laurens reconozca su historia, y se han comprometido a dar prioridad a las historias de los residentes negros que soportaron la discriminación y la violencia, dijo Freeman.

El espacio contará con un museo junto con el centro de diversidad, pero aún queda mucho camino por recorrer. Freeman dijo que todavía hay una gran pintura de una esvástica en una de las paredes del edificio que el grupo debe eliminar.

La pareja pretende abrir oficialmente el centro a finales de 2023, y han recurrido a la ayuda de historiadores como Vernon Burton, profesor de historia de la Universidad de Clemson, para dar sentido a la parafernalia y los documentos que quedaron en la tienda. 

“Lo que esperamos es que esto cambie y se convierta en un lugar que diga que tenemos que estudiar estas cosas, aprender de ellas, deshacernos del odio y enfrentarnos”, dijo Burton. “Para que de alguna manera podamos avanzar juntos como sociedad. Tengo grandes esperanzas en ello. No va a ser algo fácil. Pero lo que hizo el reverendo Kennedy tampoco fue fácil”, detalló.

El alcalde de Laurens, Nathan Senn, explicó que el Proyecto Eco es sólo el último esfuerzo en un largo proceso de progreso de Laurens. Destacó que varias mujeres negras forman parte del Consejo Municipal y que la jefa de policía es una mujer negra.

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“Estos ejemplos de nuestro enfoque intencional en la inclusividad y la diversidad podrían seguir y seguir, pero desafortunadamente, esos hechos no han sido tan ampliamente publicitados como la tienda, que cerró sus puertas hace años”, señaló.

Aun así, dijo que no está seguro de que el edificio renovado sea una “fuente de curación” para la ciudad. 

“El teatro y la tienda que se encontraba allí llevan años cerrados, e incluso cuando la tienda estaba abierta, era algo de lo que la gente no estaba orgullosa y no quería que se asociara con nuestra ciudad”, afirmó Senn.

“Era un lugar que acogía a personas de todo el país que defendían opiniones antiamericanas y odiosas. Así que la publicidad en torno al Proyecto Eco en sí ha reabierto una herida que debe ser curada”, agregó.