Precandidatos apoyarán a Trump aunque no les guste

Tras último debate, senadores Rubio y Cruz no lograron doblegar al empresario que siguió en sus trece en sus políticas, sobre todo en referencia al famoso muro

Los precandidatos republicanos Marco Rubio y Ted Cruz atacaron sin piedad a su adversario Donald Trump. Sin embargo, dejaron claro que lo apoyarían en caso de que resultara el nominado de su partido para aspirar a la Casa Blanca.

Los rivales de Trump cuestionaron sus propuestas y lo intentaron acorralar de nuevo acusándolo de no decir la verdad, en un debate que pudiera haber sido una de las últimas oportunidades para los contrarios del magnate para impedir su racha de victorias hacia la candidatura republicana.

No ha sido extraño el que se den estas intensas batallas verbales en los debates republicanos. En el de la noche del jueves, sin embargo, hubo mucha mayor intensidad y pasión. O veneno, diría alguien.

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Rubio en particular no dio tregua a Trump. A menudo, incluso, no fue posible escuchar claramente lo que decían los dos candidatos debido a que hablaban -o gritaban- al mismo tiempo.

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La discusión se inicio con un tema que parecería broma considerando lo que está en juego en la elección, pero que es real en esta pelea republicana. Salió a cuento el tema del tamaño pequeño de las manos de Trump, algo que Rubio había comentado hace unos días. Trump tendría la última palabra al señalar que no había problema con sus manos y que tampoco había problema “con algo más” -la referencia se entendió como a sus genitales.

Fue común que Trump se refiriera a Rubio como “el tipo pequeño” -el ‘little guy’ en inglés-  Y aún peor, el “tipo pequeño” que nunca ha creado un trabajo. Rubio respondió con un sentido de sarcasmo llamando a Trump “el gran Don, el gran Donald” que contrata trabajadores extranjeros en uno de sus hoteles en la Florida y que es acusado de haber defraudado a los estudiantes de la llamada Universidad Trump.

¿Dará resultado la fuerte ofrensiva contra Trump?

En esta pelea entre Rubio y Trump cuesta pensar que hubo un ganador. Quizá Cruz, que en la mayoría de veces optó por no meterse al pleito entre el senador y el empresario.

Lo que sí es claro, es que Rubio con sus ataques le movió el piso una vez más a Trump. Hasta el momento estos ataques y la reacción a la defensiva de Trump no han surtido efectos entre los votantes, quienes siguen con el empresario, ya que al menos el 30 o 40% lo apoya. Por eso lo decisivo de este debate: si lo de Rubio no funcionó, nunca nada funcionará contra Trump.

Trump se vio mal también en el tema de cuáles son sus principios, sobre qué es en lo que verdaderamente cree. La presentadora Megyn Kelly pasó una serie de videos en los cuales se ve a Trump cambiando de opinión. Y antes había sido cuestionado en inmigración y otros temas. La respuesta de Trump es que él es un tipo “flexible”. Que es más, que no es posible tener éxito en la vida si uno no es flexible.

De nuevo, serán los votantes republicanos los que juzgarán si esta flexibilidad de que habla Trump es algo práctico e inteligente, particularmente para alguien que como él recuerda, ha sido siempre un hombre de negocios y no un político. O es que todo lo de Trump es una mentira o “una fantasía” como sugirió la moderadora.

El tema de inmigración, el cual ha sido uno de los más controversiales para Trump y el cual supuestamente lo ha hecho popular con las bases republicanas, fue objeto de discusión debido a una entrevista que Trump dio al periódico The New York Times.

Trump habló en parte de esa entrevista no para publicación -‘off the record’ es el término en inglés- y supuestamente habría dicho al periódico que será flexible en lo de inmigración.

Rubio, y particularmente Cruz, atacaron a Trump sobre esta grabación, sugiriendo que el empresario habla del famoso “muro” que construirá en la frontera y de deportar a los indocumentados sólo para quedar bien con esas bases republicanas. Que en privado, es otra cosa la que piensa.

Trump se negó a pedirle al The New York Times que haga pública la grabación. La idea que quedó en el aire es que ciertamente lo que dice Trump hay que tomarlo no como su última o definitiva posición, sino como él mismo empresario lo sugiere: “el principio de la negociación”.

En una de las cosas en las que Trump no dejó espacio para negociación es en el trato de los prisioneros de Estados Unidos -supuestamente acusados de terroristas-. Se le preguntó a Trump si aplicaría el método de tortura conocido en inglés como “waterbording”, que es básicamente pretender que se afixia al detenido poniéndole agua sobre una toalla que cubre su rostro. Esta práctica es ilegal en Estados Unidos y es penalizada también por el derecho internacional. Trump repitió lo que había dicho en otro debate de que la aplicaría.

El debate siguió en este punto con más preguntas a Trump sobre cómo haría para que los militares le hagan caso cuando serían ordenes que claramente van contra el derecho o las mismas regulaciones militares.

Trump insistió en que como líder haría que los militares le obedecieran. Un dato para poner en contexto esto del “waterbording”: la práctica le trajo toda clase de problemas al presidente George W. Bush y aun ahora hay gente que pide que se juzgue y lleve a la cárcel a los agentes de la CIA que la pusieron en práctica. Una vez más, el mismo sambenito: o se está con Trump o simplemente se le rechaza por proponer algo claramente ilegal.

En el debate también participó el gobernador de Ohio, John Kasich, un moderado relativamente hablando en el mundo republicano y quien evita a toda costa meterse a las discusiones o los ataques contra Trump. Kasich tiene en el papel pocas posibilidades de ganar la nominación. Su esperanza es ganar la primaria en su natal Ohio y de ahí ganar en otros estados del resto del país donde hay gente que aunque republicana menos dura que los republicanos del Sur.

Fue un día ciertamente intenso para Trump. En la mañana lo atacó el ex candidato presidencial Mitt Romney y en la noche sus colegas aspirantes a la presidencia. En cualquier otra circunstancia o campaña, todos estos ataques serian mortales políticamente para cualquier candidato. En este caso con Trump nada parece afectarle.

Más allá de que diga la verdad a medias o de que cambie de opinión o de que proponga cosas que nadie cree que se puedan llevar a la práctica, Trump sigue vendiéndose bajo un principio central: que dice las cosas como son y que está en contra de los políticos profesionales. Habrá que esperar a las próximas votaciones para ver si la avalancha de ataques han surtido efecto. La imagen que deja el partido entretanto, es la de un partido seriamente dividido. Peleado consigo mismo y con sus candidatos rompiendo todos los puentes entre ellos que luego necesitarán para dar la batalla a los demócratas.

Quizá el único momento de civilidad fue al final cuando todos los candidatos se comprometieron a respetar y aceptar al que sea el ganador -un respiro para Trump si es que sigue ganando y llega a convertirse en el candidato. Al menos hoy en público tanto Rubio como Cruz y Kasich dieron su palabra de que no boicotearan a Trump si este gana los 1.237 delegados que se necesita para ser el candidato presidencial.