Por qué importa tanto que la jueza Ruth Bader Ginsburg tenga cáncer pese a seguir en la Corte Suprema "a toda máquina"

Explicamos las razones por las que el anuncio de la magistrada ha hecho temblar al país entero y por qué sus derechos más fundamentales pueden resultar impactados por cualquier posible cambio en el máximo tribunal.
/ Source: Telemundo

La magistrada progresista de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg, de 87 años, informó este viernes que vuelve a sufrir cáncer de hígado, y está siendo tratada con quimioterapia.

“Puedo mantener una rutina activa diaria”, aseguró días después de haber sido dada de alta de un hospital, donde fue internada por una infección. “A menudo he dicho que seguiría siendo miembro de la Corte mientras pueda hacer el trabajo a toda máquina; sigo siendo totalmente capaz de hacerlo”.

¿Por qué preocupa tanto entonces la salud de la juez (y de sus compañeros de tribunal)? Este viernes se ha convertido en tema de conversación en la red social Twitter (con las etiquetas #RBGForever y #NotoriousRBG). Algunos expertos legales y comentaristas políticos lamentaron que “la república entera dependa de su supervivencia”, mientras otros la elogiaban por “defender la democracia” básicamente con su propia vida.

Estamos rezando por RBG”, dijo Lincoln Project, un grupo de republicanos contrario al presidente Donald Trump.

¿Por qué importa tanto y a tantos? La clave está en el poder que tiene la Corte Suprema, en el profundo impacto que tiene sobre la sociedad estadounidense, y en la manera en que se eligen sus magistrados.

Nombrados de por vida

La Corte Suprema está compuesta por nueve jueces, de los que cinco son considerados conservadores y cuatro progresistas: John G. Roberts, Jr., que preside el tribunal; Brett Kavanaugh, Neil Gorsuch, Clarence Thomas y Samuel Alito, frente a Stephen Breyer, Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ginsburg.

Eso no quiere decir que todos voten siempre de la misma manera o que siempre voten según esa ideología que se les ha asignado, ni que las decisiones de la Corte estén divididas siempre por líneas políticas. De hecho, muchas decisiones son casi unánimes, y todas deben responder a los argumentos legales de las partes involucradas.

El cargo de los jueces es vitalicio (es decir, de por vida), un sistema pensado justamente para evitar influencias políticas: los nombra un presidente, demócrata o republicano, pero aunque éste no puede ejercer más de ocho años de mandato, el juez sí puede ejercer durante décadas.

Algunos magistrados son relativamente jóvenes, como Kavanaugh (55 años) y Gorsuch (52). Otros, no tanto: Roberts (65), Sotomayor (66) y Kagan (60). Los mayores son Breyer (81), Alito (70), Thomas (72) y Ginsburg (87).

Cualquier cambio influye en el equilibrio ideológico de la Corte Suprema y, por ende, en toda la sociedad, puesto que sus decisiones fijan si el aborto o la pena de muerte son constitucionales; si los hombres gays, las mujeres lesbianas y otras personas LGBT se pueden casar, hasta qué punto está permitido llevar armas de fuego o cuáles son los límites de la libertad de expresión.

El dictamen Brown v. Board of Education (1954) decidió que la segregación de estudiantes negros y blancos es inconstitucional; Roe v. Wade (1973) estableció el aborto como un derecho para las mujeres; Citizens United v. FEC (2010) otorgó libertad de expresión a las corporaciones y estableció que el dinero equivale a discurso político, con lo que la manera en que funciona la política en Estados Unidos cambió radicalmente.

Qué ocurre cuando se abre una vacante

Los jueces pueden retirarse, quedar inhabilitados por enfermedad o morir.

El conservador Anthony Kennedy se jubiló a los 82 años en julio de 2018, permitiendo que el presidente Trump eligiera a su sustituto. El Senado, que debe confirmar la elección, estaba entonces en manos republicanas, de manera que un juez conservador pudo ser sustituido por otro conservador (Kavanaugh).

Llenar una posición en el Tribunal Supremo es uno de los poderes con mayor impacto que tiene un presidente; Trump ha tenido la suerte de nombrar dos. En esa suerte tuvo que ver mucho el Senado, y el hecho de que estuviera controlado por los republicanos.

Trump ya había tenido la posibilidad de nombrar antes a Gorsuch, tras la muerte en febrero de 2016 de uno de los jueces más conservadores de los últimos tiempos, Antonin Scalia. En ese entonces era presidente Barack Obama, que nominó a un juez progresista, Merrick Garland, como le correspondía.

Pero el Senado, bajo control republicano, bloqueó el nombramiento, argumentando que quedaban apenas nueve meses para las elecciones. Así, Trump, tras ganar la presidencia, pudo nominar a su candidato, un conservador.

El equilibro de ideologías en la Corte

Aquella maniobra cobra ahora un significado especial: ¿en caso de que Ginsburg falleciera o quedara inhabilitada antes de las elecciones de noviembre sucedería lo mismo? ¿O se apresurarían Trump y el Senado en sustituirla por un candidato conservador antes de noviembre, reforzando aún más la mayoría de este bloque?

De ahí el temor por la salud de Ginsburg por parte de los progresistas, y la importancia de las elecciones presidenciales y legislativas de otoño: en caso de ganar el demócrata Joe Biden, la magistrada podría retirarse y dejar su puesto a un candidato o candidata progresista elegido por éste. 

La jueza Ruth Bader Ginsburg presenta el Premio de la mujer de liderazgo inaugural Ruth Bader Ginsburg en la Biblioteca del Congreso, febrero 2020, Washington, DC.Shannon Finney/Getty Images

Y aunque es impensable que el Senado, en manos republicanas, pudiera bloquear el nombramiento por cuatro años, sí sería más sencilla la elección para Biden en caso de que los demócratas lograran recuperar el control de esta cámara.

Por qué Ginsburg es tan importante en particular

Aunque se supone que los jueces son imparciales, es innegable que sus decisiones se ven influidas por su ideología, además de por su conocimiento jurídico.

Kavanaugh, por ejemplo, había escrito opiniones y disertaciones atacando el aborto o resaltando el poder del presidente sobre el Congreso o la justicia, lo que pudo llamar la atención de Trump y su equipo a la hora de elegirlo para la Corte Suprema.

Así suele ocurrir en el proceso de nominación con cada presidente: cuando Obama nominó a Sonia Sotomayor, la primera latina a la Corte, ella dejó claro en sus audiencias de confirmación que su experiencia como mujer y como minoría influiría en sus opiniones, de la misma manera en que lo ha hecho en todos los hombres blancos que han sido miembros de la Corte, dijo.

Ginsburg argumentó exitosamente frente a la Corte en seis decisiones históricas sobre discriminación sexual antes de ser elegida como magistrada por el demócrata Bill Clinton en 1993.

Se ha convertido así no sólo en un referente jurídico sino también en una figura popular, con libros sobre su vida (Notorious R.B.G., que la equipara con un rapero famoso), un blog viral, un documental (RBG, 2018) y una película dramatizada (On the Basis of Sex, o Por razones de género, 2018). Su nombre aparece en camisetas y tazas de café.

Como jueza, disintió en la decisión que le dio la presidencia a George W. Bush en Bush v. Gore (2000). Además, ha votado en contra de leyes que limitan el aborto y a favor de restituir el salario injustamente negado a una mujer sólo por el hecho de serlo. Ese caso, Ledbetter v. Goodyear Tire (2007), condujo a una legislación de equidad salarial aprobada por el Congreso, la Ley de Pago Justo de Lilly Ledbetter de 2009.  

Por eso importa tanto su salud. Y los sustos que ha dado en ese sentido.

En noviembre de 2018, por ejemplo, se rompió tres costillas, y un mes después le removieron tumores de los pulmones. Hace tres días, fue ingresada al hospital por una infección y cálculos biliales. En 1999, le diagnosticaron cáncer de colón. Y en 2009, cáncer de páncreas. Hoy, es un cáncer de hígado que ha resurgido, y que mantiene a todo el país en vilo.

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