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"Nos preocupaba todo el tiempo": así manejaba Trump los documentos secretos cuando era presidente

Sus asesores explican el estilo del expresidente, que lo llevó a ser investigado por el FBI por guardar cajas enteras de registros oficiales en su casa de Mar-a-Lago: lo vieron romper registros, tirar otros por ahí y buscar quedarse con algunos de recuerdo.

Por Marc Caputo, Peter Nicholas, Carol E. Lee y Vaughn Hillyard - NBC News

Cuando finalmente Donald Trump se dio cuenta en el ocaso de su presidencia de que no viviría en la Casa Blanca por otros cuatro años, tuvo un problema: apenas había empacado y tuvo que mudarse rápidamente.

Los asistentes y los trabajadores de mudanzas del Gobierno arrojaron frenéticamente documentos y otros artículos en cajas bancarias que fueron enviadas a una sala de almacenamiento en su club Mar-a-Lago en Florida junto con otros registros previamente empacados y reservados por Trump, a veces de manera errática, según dos fuentes con conocimiento del movimiento del expresidente y sus problemas de registros.

Allí, en esa sala de Mar-a-Lago, algunas de las cajas contenían documentos con materiales confidenciales que el Gobierno federal parece considerar tan importantes para la seguridad nacional que los agentes del FBI dieron el lunes la medida sin precedentes de ejecutar una orden de cateo en la casa de un ex presidente para apoderarse de ellos. Los registros comprenden 11 conjuntos de documentos clasificados, incluidos algunos etiquetados como secretos y ultrasecretos.

Las personas que trabajaron para él han indicado que Trump manejaba los documentos de la Casa Blanca con un estilo descuidado, según las circunstancias y sin seguir un plan, lo que contribuye a la debacle que ahora enfrenta. Se sabía que rompía registros que los asistentes tenían que recuperar de los botes de basura o del piso y volver a unirlos con cinta adhesiva, según exasistentes y múltiples informes.

“Generaba preocupación constante”, recordó en una entrevista John Bolton, uno de los exasesores de seguridad nacional de Trump.

El expresidente Donald Trump acumulaba papeles varios en cajas, y llevaba documentos secretos consigo cuando viajaba, dicen sus exayudantes.
El expresidente Donald Trump acumulaba papeles varios en cajas, y llevaba documentos secretos consigo cuando viajaba, dicen sus exayudantes.Gene J. Puskar / AP

“Trump tenía la costumbre de apoderarse de documentos de inteligencia”, dijo Bolton, quien ha sido un fuerte crítico del expresidente. “Dios sabe lo que hizo con ellos”, señaló.

La investigación criminal sobre cómo se trasladaron los registros confidenciales de la Casa Blanca al club frente a la playa de Trump escribe un nuevo capítulo de su biografía política. Es una historia de sus instintos impulsivos y su desprecio por las reglas o normas establecidas que repetidamente le crearon problemas en el cargo y ahora pueden poner en peligro la candidatura a las elecciones de 2024 que podría lanzar en cualquier momento.

Tres investigaciones criminales separadas giran en torno al expresidente: el caso de los documentos secretos, la investigación sobre su papel en el intento de anular la victoria de Joe Biden en las elecciones de 2020 y su esfuerzo por anular la victoria de Biden en Georgia, un estado decisivo crucial.

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En el período previo a la certificación de la victoria de Biden por parte del Congreso el 6 de enero de 2021, Trump actuó como si hubiera ganado las elecciones, no lo había hecho, e hizo poco para garantizar una transición sin problemas, según dijo la fuente familiarizada con Trump que habló bajo condición de anonimato debido a la investigación pendiente de los documentos.

La fuente dijo que sólo después del 6 de enero, dos semanas antes de asunción de Biden, comenzó a hacer preparativos serios para desalojar la Casa Blanca. Y el proceso fue un desastre.

Fue una salida caótica”, dijo. “Todos apilaron todo, el personal, los trabajadores de la Casa Blanca, en los camiones de mudanzas. Cuando llegaron a Mar-a-Lago, amontonaron todo allí en este depósito, excepto cosas como la ropa de la primera dama. Todo lo que estuviera en una caja fue allí”, explicó. 

“A él no le importaba. No le importaban las cajas. Estaba en un lugar oscuro en ese momento, recordemos. Ni siquiera desempacó las cosas”, continuó la fuente. “Con el tiempo, el personal los volvió a mudar. Si lo llevaran a ese almacén y le preguntaran: ‘¿cuáles son sus documentos presidenciales?’, no podría responder”.

Pero Bradley Moss, un abogado que se especializa en leyes de seguridad nacional, dijo que la orden de registro ejecutada por el FBI plantea dudas sobre si Trump sabía que tenía documentos confidenciales y se los ocultaba al Gobierno federal.

Si estaba obstruyendo o si Trump era Trump es la gran incógnita”, dijo Moss.

Según asesores, confidentes y exayudantes, Trump es una “ratita acumuladora” que guarda cosas no necesarias y que tiende a dejar el empaque real a sus subordinados. Al final del día, limpian su escritorio de papeleo (notas, garabatos, recortes de periódicos, correos electrónicos impresos, la nueva alineación de árboles para un campo de golf, una nueva parrilla para Mar-a-Lago) y el contenido es colocado en una caja en el suelo.

Cuando está llena, un ayudante retira la caja y la guarda en otro lugar. Cuando viaja, un ayudante a veces lleva cajas.

No era diferente cuando era presidente: Trump abordaba el Air Force One o su helicóptero Marine One, y su ayudante de cuerpo o ayuda de cámara cargaban cajas llenas de documentos informativos que había arrancado de las carpetas, documentos al azar que alguien podría haberle entregado, recortes de prensa, memorandos de defensa, sesiones informativas diarias de inteligencia u otro material clasificado, según exasesores de la Casa Blanca.

“Cubren toda la gama”, dijo un exasistente de la Casa Blanca que presenció el espectáculo, y se negó a comentar sobre el allanamiento debido a que hay una investigación federal pendiente.

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Otro exasistente de la Casa Blanca dijo que Trump nunca estuvo muy preocupado por la gestión de registros.

“Él no era consciente”, dijo esta persona. “Cuando terminaba con un trozo de papel, lo rompía y lo tiraba al suelo. Esa era su forma de decir que había terminado... [pero] la narración [de que] estaba rompiendo documentos como si fuera su propia máquina trituradora personal no es precisa: los rompería por la mitad, no normalmente en mil pedazos”.

En algún momento del año pasado, los Archivos Nacionales se acercaron y le pidieron a Trump que entregara los documentos a los que se suponía que debía renunciar en virtud de la Ley de Registros Presidenciales, un estatuto destinado a preservar los registros para la posteridad, según las dos fuentes familiarizadas con el caótico traslado a Mar-a -Lago y temas de expedientes. Trump inicialmente dijo que ya había entregado todo, pero luego revisó y encontró algunos registros durante las vacaciones de invierno de 2021 y los envió, dijeron las fuentes.

Pero en enero de 2022, los Archivos Nacionales insistieron en que faltaban más registros y Trump proporcionó 15 cajas. Sin embargo, algunos contenían información clasificada y la agencia luego remitió el asunto al Departamento de Justicia para una mayor investigación, organizando una reunión en junio que resultó en la entrega de más registros al Gobierno.

Los representantes de Trump dijeron que creían que el asunto estaba cerrado y que todos los documentos habían sido entregados. Después de la búsqueda y la entrega de documentos en junio, uno de los abogados de Trump firmó un documento que indicaba que el expresidente no tenía más registros “competentes”, registros que se ajustan al alcance de lo solicitado, según un reporte del periódico The New York Times, que citó cuatro fuentes con conocimiento del documento. NBC News no ha visto ni confirmado el documento de forma independiente.

Pero el FBI recopiló información posterior que indicaba que había documentos más confidenciales, lo que lo llevó a obtener una orden judicial para registrar Mar-a-Lago el lunes.

Al menos dos docenas de agentes del FBI ejecutaron la orden de cateo y se llevaron cajas y registros, según documentos del allanamiento. El Departamento de Justicia y el FBI se negaron a comentar para este artículo. En una declaración pública inusual, el fiscal general, Merrick Garland, pidió el jueves que se diera a conocer la orden de registro y el informe de lo obtenido, Indicó que la ley federal y las normas del departamento le impedían proporcionar más detalles sobre los motivos del allanamiento.

El portavoz de Trump, Taylor Budowich, dijo que el expresidente tenía “gran cuidado” con el manejo de los registros presidenciales y culpó a la Administración de Servicios Generales, que administra y apoya el funcionamiento básico de las agencias federales, de actuar de manera caótica.

“Trump se preocupa mucho por la importancia de los registros presidenciales y el mantenimiento de registros presidenciales, de tal forma que tanto él como sus representantes han pasado casi dos años trabajando arduamente con las entidades apropiadas para garantizar que cualquier artículo que la Administración de Servicios Generales haya movido incorrectamente se devuelva adecuadamente”, dijo Budowich en una declaración escrita.

La GSA dijo en una declaración escrita que “la responsabilidad de tomar decisiones sobre qué materiales se mueven recae completamente en el presidente saliente y su personal de apoyo”.

Budowich señaló que Trump entregó documentos voluntariamente antes y dijo que, en junio, “funcionarios del Departamento de Justicia y del FBI fueron recibidos en Mar-a-Lago, se les proporcionó un recorrido y se les entregaron los documentos adicionales que se habían solicitado”.

De hecho, en una muestra de hospitalidad, Trump ofreció a los funcionarios una Coca-Cola antes de que comenzaran su búsqueda en junio, según una fuente familiarizada con esa reunión.

Cuando Trump asumió el cargo por primera vez, su Administración tenía un sistema flexible para controlar el flujo de documentos hacia y desde el presidente, según exfuncionarios de la Casa Blanca que hablaron bajo condición de anonimato, debido a que está una investigación federal pendiente. Recibía así documentos que no pasaron por el proceso de seguridad nacional ni por ningún otro.

Cuando John Kelly se convirtió en jefe de Gabinete de la Casa Blanca en el verano de 2017, dijo que le recordaría a Trump la importancia de cumplir con la Ley de Registros Presidenciales. Kelly dijo que Trump, como un recién llegado a la oficina pública que estaba acostumbrado a manejar su negocio a su manera, se irritó con el sistema impuesto. 

Kelly es un general de la Infantería de Marina retirado con cuatro estrellas de reconocimiento. “Cuando llegué allí”, contó, la secretaria de personal estaba “sacando cosas de los botes de basura y pegándolas con cinta adhesiva”. Luego agregó: “eso siguió pasando mientras estuve en el cargo”.

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Un exasesor de alto nivel de la Casa Blanca que estaba allí en ese momento le dijo a NBC News que los procedimientos internos se volvieron un poco más firmes, pero invariablemente hubo deslizes.

“Tuvimos algo parecido a un proceso”, dijo esta persona, hablando bajo condición de anonimato debido a la investigación criminal en curso. “Es una ratita acumuladora, que guarda todo tipo de cosas”.

Trump podría ser desdeñoso con el material, arrugando sus papeles o rompiéndolos en pedazos y dejándolos en el suelo, dijo el exasistente.

Pero también tenía artículos a los que les tenía cariño o guardaba con sentimiento, dijeron los asesores. Además, quería quedarse con elementos que eran divertidos de mostrar, ya sea fotos de vigilancia clasificadas o cartas de líderes extranjeros, como Emmanuel Macron de Francia, Justin Trudeau de Canadá y Kim Jong Un de Corea del Norte. 

Trump parecía especialmente aficionado a la correspondencia de Kim. En una entrevista, Bolton mencionó una carta que Trump había recibido del líder norcoreano y dijo que “John Kelly se la quitó y la volvimos a poner en el lugar correcto”. (Kelly confirmó después lo contado). “Le devolvimos a Trump una copia. Tenía la costumbre de tomar cosas y nunca las volverías a ver”. (Algunos de los documentos contenidos en las 15 cajas recuperadas en enero incluían correspondencia de Kim, según dijo The Washington Post, citando a dos personas familiarizadas con el contenido).

En el apogeo de la campaña de 2020, Trump también estaba muy interesado en todos los registros relacionados con la investigación del Gobierno sobre la interferencia de Rusia en las elecciones de 2016. Envió un tweet ordenando que todos esos documentos fueran inmediatamente desclasificados.

Pero cuando las organizaciones de medios intentaron obtener acceso a los documentos, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, argumentó ante el tribunal que los registros no se desclasificaron instantáneamente. Después de dejar el cargo, Trump no sabía que los registros no habían sido desclasificados y maldijo enojado a Meadows, según un asesor de Trump.

¿Qué diablos, Mark?“ Trump gritó por teléfono, según dijo el asesor que escuchó el intercambio.

Al final de su presidencia, Trump había llegado a creer que solo su palabra podía desclasificar cualquier registro de la manera que quisiera y que no necesitaba seguir las reglas estándar para la gestión de documentos oficiales. Muchos académicos y abogados no llegan a un acuerdo en este tema. Pero sí coinciden en un punto: seguir las políticas y los procedimientos es una buena práctica para evitar algunos de los problemas que enfrenta Trump ahora.

“La razón por la que creas un registro en papel es para que la gente pueda regresar y decir: ‘Aquí está el documento, aquí está el memorando del abogado de la Casa Blanca. Desclasifiqué estos documentos, presentados específicamente en este día cuando era presidente”, dijo Charles Stimson, miembro principal de la Fundación Heritage, de línea conservadora, y exfiscal federal.

Se vuelve más turbio cuando un presidente dice: ‘Miré una caja y desclasifiqué todo lo que había en esa caja’. Técnicamente, él puede hacer eso”, dijo Stimson. “Pero el mejor curso de acción es identificar el documento, hacer un memorándum en el momento a través del abogado de la Casa Blanca, el jefe de gabinete o un asistente que tenga autorización para ver esos documentos y tener ese memorándum de desclasificación”.

Trump no hizo nada de eso para muchos de los registros.

Al solicitar la orden de cateo de Mar-a-Lago, el FBI citó tres leyes relativas a los registros federales que no requieren específicamente que los documentos en cuestión sean clasificados, lo que podría dificultar que Trump utilice para su defensa los poderes presidenciales de desclasificación, indicaron Moss y otros abogados.

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El jueves, pocas horas después de que Garland hablara y dijera que había autorizado personalmente la búsqueda en Mar-a-Lago, The Washington Post informó que los agentes del FBI estaban buscando documentos secretos relacionados con armas nucleares, citando a personas familiarizadas con la investigación. NBC News no ha verificado de forma independiente el informe de The Washington Post, y Trump lo negó, aunque el viernes sugirió incorrectamente que no tendría precedentes que un expresidente poseyera documentos relacionados con la energía nuclear.

Aún así, incluso los críticos como Bolton dicen que no están seguros de que Trump haya sido tan descuidado.

“No sabemos qué tiene Trump en Mar-a-Lago y la gente no debería hiperventilarse hasta que sepamos más. El hecho de que un pedazo de papel tenga la palabra ‘nuclear’ en alguna parte no significa que sea apocalíptico si sale”, indicó.