Los puertorriqueños que huyeron del huracán encuentran un hogar en la comunidad Amish anclada en el pasado

Bachatas y chicharrones se entremezclan con carruajes y costumbres estrictas gracias al respeto compartido por la ética del trabajo. Así lo viven una familia boricua y un empresario Amish.
/ Source: Telemundo

LANCASTER.— Evelyn Colón besa en la sien a su anciana madre, de la que cuida en su pequeño apartamento en Lancaster, Pennsylvania. Llegaron hace tres años huyendo del desastre del huracán María en Puerto Rico y, como miles de boricuas, Colón vive agradecida por el nuevo comienzo pero aguijoneada por el recuerdo de su isla.

“Me dio mucha tristeza tener que dejar Puerto Rico", explica, "sabía que venía a un lugar donde uno puede hacer muchas cosas que tal vez no las podía hacer en Puerto Rico, aparte también por la salud de mis papás, y acá tenía a mis hijos y nietos”.

Colón, madre y abuela de 69 años, se afana en preparar una fiesta para el 91 cumpleaños de su madre este miércoles, con un bizcocho repleto de velitas.

Nacida en Nueva York, Colón se trasladó a Carolina para cuidar de sus padres, y dijo que jamás olvidará la llegada del huracán “María” a su urbanización: vientos que tumbaron sus árboles frutales y destruyeron dos bohíos que construyó su padre de joven; inundaciones, apagones, corte de agua, y escasez de medicinas y alimentos.

“Nos preparamos", explica sobre el huracán, "pero nadie se imaginó que iba a ser como fue. Empecé a orar, pensé 'Dios mío se va a inundar esta casa y no podré salir', mi mamá estaba en cama”.

“Lo más terrible vino después, al ver toda esa destrucción. Echamos todo lo que pudimos en una maletita, dejándolo todo. Duele porque uno no sabe cuándo va a volver; papi no quería dejar su isla”, agregó con lágrimas en los ojos.

La puertorriqueña Evelyn Colón se trasladó a Lancaster (Pennsylvania) para cuidar de sus ancianos padres, tras sufrir los daños del huracán "María" en 2017. Su padre falleció en 2019 sin cumplir su deseo de regresar a la isla. María Peña / Noticias Telemundo

Ya instalada en Lancaster, su madre, que padece Alzheimer, recibe cobertura médica. Su padre murió el año pasado, a los 93 años, por complicaciones de salud. Colón ya no piensa en volver a la isla.

Puerto Rico ya sufría altos niveles de desempleo, y el huracán aceleró el éxodo, principalmente hacia Florida, Pennsylvania y Nueva Jersey.

La devastación expulsó, en tan solo un año, a 125,000 puertorriqueños, dijo Edwin Meléndez, director del Centro para Estudios Puertorriqueños del Hunter College de la City University of New York (CUNY).

Meléndez vaticinó que, aunque muchos regresaron a la isla en 2019, habrá otro éxodo hacia EE.UU. debido a la pandemia del COVID-19.

José Díaz, horticultor jubilado y activista puertorriqueño, dijo que muchos desplazados han tenido éxito, pero no les ha sido fácil: “la ciudadanía (estadounidense) ayuda un poco, pero pasan por las mismas que el resto de los latinos”.

“Han venido a un país que está en crisis", agregó, "son desplazados por el cambio climático, por malas políticas, y muchos tal vez desean regresar a la isla” al no encontrar la ayuda que buscaban.

Imagen de archivo de la comunidad Amish en Nickel Mines, Pennsylvania.Getty Images / Getty Images

Bachatas y chicharrones en el “Amish Country”

Los hispanos suman casi un millón en Pennsylvania, en su mayoría puertorriqueños, mexicanos y dominicanos, según CUNY, y conforman así el 7,3% de la población, siendo el motor de más del 50% del crecimiento demográfico en las últimas dos décadas.

La mayoría se ha establecido en el conocido como Corredor Latino de la Ruta 222, que incluye la región rural de Lancaster, hogar de los Amish, un grupo protestante descendiente de inmigrantes suizos y alemanes que se asentaron en la zona en el siglo XVIII. Los hispanos trabajan con o para ellos.

“Los Amish han logrado preservar su cultura, rechazando la influencia del mundo exterior, y los latinos bailamos nuestra bachata aún en medio de los Pennsylvania Dutch. Si hay alguna similitud es que preservamos quiénes somos y de dónde venimos”, explicó Norman Bristol Colón, fundador y presidente de la Convención Latina de Pennsylvania.

A los Amish “les puede gustar un buen chicharrón, un buen pastelillo o una empanada colombiana, y lo bueno es que nuestra gente también puede influenciar de alguna manera, tal vez no a una cultura completa, pero a uno a la vez”, agregó en tono jocoso.

La población Amish ha aumentado en el estado de 44,620 en 2000 a 81,500 este año, y la mitad vive en el condado de Lancaster, donde conforman el 6% de la población.

Pero allí han florecido también negocios latinos, como restaurantes, pastelerías, talleres de mecánica, y empresas de servicios financieros.

“Sí he visto un inmenso cambio en la comunidad latina acá, muchos negocios. Me da orgullo ver que un latino toma riesgos al abrir un negocio, o para estudiar”, dijo Carlos Manuel Cruz, dueño de un taller de mecánica.

Cruz emigró de Nueva Jersey a Lancaster en 1990 para estar cerca de su familia, y comenzó vendiendo neumáticos usados en 2011, en un edificio que los Amish originalmente usaron para fabricar carruajes.

“He visto personas que pasan necesidades al adaptarse, pero muchas personas que vienen de Puerto Rico rápido están trabajando, estudiando; ahora se está viendo su fuerza económica, política”, agregó Cruz.

Los Amish “son una cultura fuerte y unida, y eso podemos aprender de ellos”, observó Cruz.

“Para mi sorpresa, cuando abrí el negocio vi que la mayoría de los clientes son puertorriqueños, dominicanos, guatemaltecos; me siento como si estuviera en Puerto Rico. Me acostumbré rápido al ambiente, al clima”, dijo, por su parte, José A. Rivera Aguirre, quien regenta la panadería Torres Family Bakery.

Juntos pero no revueltos

También abundan centenares de negocios controlados por los Amish, como las granjas y ganaderías, la manufactura de muebles, tiendas de edredones y artesanías, y servicios turísticos, en los que emplean a familiares y vecinos.

El área de construcción es donde los más jóvenes podrían trabajar con puertorriqueños, pero la relación es meramente laboral, y aunque los Amish son una minoría extensa, “una persona puede vivir y trabajar en partes del Condado Lancaster y no tener mucha interacción con ellos”, explicó Steven Nolt, director interino del Young Center en Elizabethtown College,

“Es un asunto de geografía; los Amish no viven en la ciudad; cuando se habla de todo un grupo, no quiere decir que no habrá alguno con prejuicios, pero, por lo general, son cordiales, viven apartados del resto, y sus relaciones son de negocios”, subrayó.

Jack Meyer, un Amish de ascendencia chilena por parte de su abuelo, explicó que la relación es laboral debido a las diferencias culturales: la vida social de los jóvenes Amish, por ejemplo, se centra en la caza, el deporte, y eventos organizados por sus iglesias.

Meyer es dueño de la empresa Aaron & Jessica Buggies, que ofrece paseos en esos emblemáticos carruajes de caballos que son parte de una cultura centrada en la fe y la familia, y que rechaza los automóviles y demás lujos modernos.

El pueblo Amish está compuesto por descendientes de anabautistas (cristianos rebautizados) y menonitas que huyeron de la persecución en Europa en el siglo XVIII. En el condado de Lancaster, cada grupo observa distintas reglas respecto al uso de vestimenta y tecnología, y la vida familiar.

Los Amish de la “antigua orden” no usan dispositivos electrónicos o electrodomésticos, ni luz eléctrica en sus hogares, y contratan choferes, muchos de ellos latinos, sólo en casos de emergencia.

“Nos ven como personas que nos gusta trabajar, que no nos quejamos por el trabajo… el trato es muy cordial, son muy conscientes del trabajo y si usted es buen trabajador, de esa manera lo retribuyen”, afirmó Mónica Luna Urban, una empresaria colombiana que administra una tienda especializada en un producto derivado de la marihuana.

“Son muy trabajadores”

A media hora de Lancaster, en el poblado de Bird in Hand, sobre la carretera Old Pennsylvania Pike, la empresa de Meyer atendía el sábado pasado a decenas de turistas que, pese al cielo plomizo y una llovizna, pedían un paseo en carruajes por estrechas carreteras, para apreciar el bucólico paisaje.

Luciendo una típica barba, sombrero de paja y sencilla indumentaria, John King nos ofrece un recorrido hasta una granja Amish, para explicar su historia familiar, y la visión Amish de los latinos.

“Mi hijo era albañil y trabajó con hispanos, como choferes o trabajadores, y me decía que trabajan duro… no veo por qué no pueda haber una buena relación. Pienso que viven más como nosotros que otros vecinos que no son Amish, porque algunos crecieron en el campo”, dijo King, cuyos ancestros suizos se asentaron en Pennsylvania a mediados de la década de 1700.

Los latinos “ven que llevamos una vida sencilla, aunque algunos piensan que sacrificamos algo con eso, pero no lo sentimos así", agregó, "sentimos que es un privilegio”.