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La mentira del año 2021: las falsedades sobre el violento asalto al Capitolio y su significado

Los defensores de Trump culparon sin pruebas a Antifa y al FBI. Algunos republicanos lo compararon con una “visita turística” y otros dijeron que los atacantes no iban armados. Pero las imágenes en vivo y las publicaciones de los alborotadores muestran la verdad.

Por Angie Drobnic Holan, Bill McCarthy, Amy Sherman — Politifact

Poco después de las 2 pm del 6 de enero, partidarios del presidente Donald J. Trump irrumpieron en el Capitolio de Estados Unidos, convirtiendo la sede de la democracia estadounidense en el escenario de un crimen que quedará para siempre en la memoria.

En el interior, los legisladores se preparaban para contar los votos del Colegio Electoral que pondría fin a la presidencia de Trump. Afuera, los alborotadores erigían una estructura que simulaba una horca y agitaban banderas con las inscripciones “Trump 2020” y “Blue Lives Matter” y con símbolos de La Confederación. Algunos iban armados.

Después de marchar por la avenida Pennsylvania animados por Trump, los atacantes sobrepasaron a la policía que rodeaba el Capitolio. Empujaron a los oficiales, los despojaron de sus armas, los arrastraron por el suelo, los rociaron con irritantes químicos y los golpearon

En medio de nubes de humo derribaron barricadas, escalaron las paredes y rompieron ventanas. El personal del Congreso se refugió en oficinas y armarios, apilando muebles contra las puertas mientras la multitud serpenteaba por los pasillos históricos del edificio. Los alborotadores entraron a la fuerza en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Entraron en la cámara del Senado y llegaron al estrado, donde el vicepresidente Mike Pence se había sentado momentos antes.

[Asalto al Capitolio: cronología de 4 horas dramáticas en 4 minutos]


Simpatizantes de Donald Trump intentan romper una barrera de la Policía para entrar al Capitolio en Washington D.C. el 6 de enero del 2021. Los manifestantes lograron irrumpir en el edificio, en un intento por revertir el resultado de las elección presidencial del 2020.Julio Cortez / AP

Todo fue transmitido en vivo durante horas por televisión e Internet. A lo largo del país, la gente llamó a sus amigos y familiares mientras veían el ataque avanzar frente a sus ojos, expresando una mezcla de incredulidad, horror y fascinación: "¿Puedes creerlo?" Los miembros del Congreso, evacuados de sus oficinas y protegidos con máscaras de gas, apenas si podían creerlo.

El representante  republicano por Wisconsin, Mike Gallagher, llamó a CNN cuando ocurría el ataque. “No había visto nada como esto desde que estuve en Irak en 2007 y 2008”, dijo. “Quiero decir, esto es Estados Unidos. Y esto es lo que está sucediendo en este momento. El presidente debe detenerlo, detenerlo. Se acabó, la elección se acabó”, agregó.


No había visto nada como esto desde que estuve en Irak en 2007 y 2008"

Mike Gallagher representante republicano

Durante una llamada a Fox News esa tarde, el entonces líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, republicano por California, condenó el ataque como “antiestadounidense” e “inaceptable”. “He estado en este Capitolio por más de 10 años. Nunca había visto nada como esto”, dijo McCarthy.

Cuando los atacantes entraron por la fuerza en el edificio, coreaban: “¡Luchen por Trump!” y “¡Cuelguen a Mike Pence!”.

Pence, como vicepresidente, tenía la responsabilidad constitucional de supervisar la certificación de los resultados de las elecciones estatales por parte del Congreso, algo que usualmente pasa sin contratiempos. Aunque Trump instó a Pence a rechazar los resultados de los estados más reñidos que le dieron a Joe Biden su victoria, el entonces vicepresidente dijo que no intervendría, enfureciendo a la multitud pro-Trump.

A medida que se desarrollaba el caos, los aliados de Trump en los medios de comunicación, se preocuparon e intentaron enviarle mensajes al presidente.


Chansley ha sido llamado "la cara visible" del asalto al Capitolio. Win McNamee / Getty Images

Algunas personalidades de Fox News acudieron al jefe de gabinete, Mark Meadows. “Mark, el presidente necesita decirle a la gente en el Capitolio que se vaya a casa”, escribió Laura Ingraham de Fox News. “Esto nos está lastimando a todos. Está destruyendo su legado”, escribió Ingraham. Sean Hannity y Brian Kilmeade enviaron mensajes similares a Meadows.

McCarthy, el líder republicano de la Cámara, pudo comunicarse directamente con el presidente para pedirle que detuviera lo que estaba sucediendo. McCarthy luego eludió las preguntas sobre esa llamada, pero otros miembros de la Cámara dijeron que Trump le dijo: “Bueno, Kevin, creo que esta gente está más molesta por las elecciones que tú”.

Alrededor de las 4 pm, Trump finalmente pidió a sus seguidores que se fueran a casa. “Esta fue una elección fraudulenta. Pero no podemos hacerle el juego a esta gente. Tenemos que tener paz. Así que váyanse a casa, los queremos. Son muy especiales”, dijo Trump. 

Al final del día, la democracia seguía en pie. Pero ya había comenzado la manipulación sobre lo que ocurrió ese día. En los días siguientes, Trump y algunos de los miembros más influyentes del Partido Republicano, así como personalidades de los medios partidistas ofrecieron una avalancha de justificaciones, excusas y teorías de conspiración para explicar los eventos del 6 de enero como si no fueran gran cosa.

  • Dijeron que el 6 de enero fue instigado por activistas de izquierda encubiertos que eran parte de Antifa. Eso resultó falso.
  • Dijeron que los alborotadores no habían usado la fuerza y ​​un congresista republicano comparó los hechos con “una visita turística normal”. Los videos demostraron que no era cierto.
  • Afirmaron que el ataque al Capitolio no tuvo nada que ver con asuntos raciales, a pesar de que los supremacistas blancos y las milicias de extrema derecha se encontraban entre los participantes más activos, y muchos alborotadores vestían camisetas con mensajes racistas.
  • Sugirieron que todo el asunto fue una puesta en escena gubernamental, una operación encubierta orquestada por el FBI. Otros sugirieron que fue una protesta totalmente pacífica. Eso tampoco era cierto.
  • Dijeron que los atacantes eran presos políticos y no deberían enfrentar cargos graves. Varios jueces y tribunales federales han dicho lo contrario.

El cambio político fue sorprendente. Poco después del ataque McCarthy dijo: “el presidente tiene la responsabilidad” de los disturbios. El líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell, lo calificó como una “insurrección fallida”, dijo que “la mafia fue alimentada con mentiras” y aseguró que Trump era “responsable de provocar los hechos de ese día”.

Pero luego ambos toleraron afirmaciones sin sentido de los legisladores en sus filas, como aquellas que decían que los arrestados por los disturbios fueron tratados peor que los prisioneros en Guantánamo y que agentes federales pueden haber sido los instigadores.

Los dos líderes republicanos menospreciaron los esfuerzos bipartidistas para investigar lo que ocurrió el 6 de enero. “No hay ningún hecho nuevo sobre ese día que necesitemos que la ‘comisión’ externa de los demócratas descubra”, dijo McConnell en un comunicado.

Buscan sembrar dudas y hacernos incapaces de reaccionar de la manera que debemos hacerlo ante lo que en realidad fue una amenaza a la democracia"

Kate Starbird experta en desinformación

Incluso Pence, cuya vida estuvo en peligro, restó importancia al ataque sin precedentes calificándolo como cualquier “día de enero”.

PolitiFact tenía muchas opciones para elegir la 'Mentira del Año', como las afirmaciones de que las elecciones de 2020 fueron robadas o que la vacuna del COVID-19 no funciona, por citar algunas, o las mentiras sobre la insurrección del Capitolio. 

Elegimos esta última por dos razones. Primero, el ataque fue históricamente importante; un juez federal lo llamó “el asalto más significativo al Capitolio desde la Guerra de 1812”. Si bien algunos miembros del Congreso han protestado en otras ocasiones cuando el conteo del Colegio Electoral es muy apretado, como en 2000, o cuando algunos estados tenían márgenes estrechos, como Ohio en 2004, nunca antes ciudadanos estadounidenses habían tomado el Capitolio para retrasar los procedimientos electorales y amenazar a los legisladores. De hecho, “la transferencia pacífica del poder” ha sido durante mucho tiempo una frase distintiva para describir, con orgullo, la experiencia estadounidense.


Una explosión causada por una munición de la policía se ve mientras los partidarios del expresidente Donald Trump se amotinan frente al edificio del Capitolio, el 6 de enero de 2021.Leah Millis / REUTERS

En segundo lugar, los eventos del 6 de enero se difundieron ampliamente ese día y durante semanas, lo que permitió al público ver exactamente lo que sucedió. Las pruebas incluyen video y muchos relatos de testigos presenciales. Así que los esfuerzos por restar importancia y negar lo sucedido son un intento descarado de reformular la realidad. 

“Están destinados a sembrar dudas y hacernos incapaces de reaccionar de la manera que debemos reaccionar ante lo que en realidad es una amenaza para la democracia”, dijo Kate Starbird, profesora asociada y experta en desinformación en la Universidad de Washington.

Por lo tanto, las mentiras sobre el ataque al Capitolio del 6 de enero y su importancia, son la Mentira del Año 2021.

1. El ataque no fue una “visita turística” pacífica

Poco después del 6 de enero, las personas que intentaban restarle importancia al ataque utilizaron imágenes aisladas para retratar a la multitud como personas pacíficas que simplemente caminaban por el Capitolio.

Lou Dobbs, un ex presentador de Fox Business Network, rechazó la idea de que fue un “motín total con saqueadores armados atravesando el edificio”. El mismo día, Dobbs dijo que eso no fue lo que él vio.

[“Saqué el hacha para protegerme”: un congresista nos muestra cómo vivió el asalto en su oficina del Capitolio]


Partidarios del expresidente Donald Trump intentan atravesar una barrera policial, el miércoles 6 de enero durante el asalto al Capitolio en Washington.John Minchillo / AP

Meses después, el representante Andrew Clyde, republicano por Georgia, utilizó un argumento similar.

“Al ver las imágenes de televisión de los que entraron al Capitolio y caminaron por Statuary Hall, se ve a las personas entre los postes y las cuerdas de manera ordenada, tomando videos y fotografías”, dijo Clyde durante una audiencia del comité en mayo. “Si no supieras que las imágenes de televisión son un video del 6 de enero, pensarías que se trata de una visita turística normal”, manifestó.

Las palabras de Clyde contradicen sus propias acciones ese día. Un fotógrafo de Roll Call compartió una imagen de Clyde ayudando a bloquear la puerta de la Cámara mientras los alborotadores irrumpían en el Congreso

Por su parte, el ex residente Trump dijo que los manifestantes eran afectuosos.

“Fue una amenaza cero, desde el principio, fue una amenaza cero”, dijo Trump a Laura Ingraham en marzo. “Mire, entraron, no debieron haberlo hecho. Algunos entraron, y estaban abrazando y besando a la policía y a los guardias”, indicó. 

El sargento de la policía del Capitolio, Aquilino Gonell, no está de acuerdo. Gonell le dijo al Congreso que pensaba que iba a morir mientras buscaba proteger el Capitolio. Gonell narró como los agentes fueron “golpeados, pateados, empujados, rociados con irritantes químicos e incluso cegados con láseres que dañan los ojos por una turba violenta” y en un momento sintió que perdía oxígeno cuando los alborotadores lo aplastaron.

“Todavía me estoy recuperando de esos ‘abrazos y besos’ ese día” dijo Gonell. “Si fueron abrazos y besos, entonces todos deberíamos ir a su casa (de Trump) y hacerle lo mismo. Para mí, es un insulto. Es desmoralizante”, afirmó. 

Estoy preocupado por los relatos de que el asalto fue un día de turistas [...] No sé en qué planeta están estas personas"

Royce Lamberth Juez federal

Los alborotadores causaron 1.5 millones de dólares en pérdidas en daños a la propiedad. Rompieron ventanas de vidrio, paneles de puertas y muebles, arruinaron obras de arte y arrancaron linternas históricas del suelo. Robaron una computadora portátil en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, documentos de la cámara del Senado, capuchas de las bolsas de los policías y un chaleco de la Policía del Capitolio. Algunos alborotadores se llevaron artículos de las oficinas como si fueran recuerdos, incluida una botella de vino y una pelota de fútbol de Fox News.

Un juez federal ridiculizó la caracterización de Clyde durante la sentencia de uno de los acusados en junio. “Estoy especialmente preocupado por los relatos de algunos miembros del Congreso de que el 6 de enero fue solo un día de turistas caminando por el Capitolio”, dijo el juez federal de distrito Royce Lamberth, designado por Reagan. “No sé en qué planeta están estas personas”, manifestó. 

 Algunos aseguraron que no fue gran cosa

A pesar de la evidencia que muestra que decenas de alborotadores tenían armas reales e improvisadas mientras intentaban revertir las elecciones, el discurso de que el 6 de enero “no fue una insurrección” se convirtió en un tema popular de conversación.

En su programa de febrero, Laura Ingraham dijo que los eventos del 6 de enero no son tan fuertes como otras insurrecciones de la historia. En junio, la presentadora de Fox Business Network, Maria Bartiromo, dijo que llamar al 6 de enero una insurrección armada es una de las “mayores mentiras” del país.

Esos presentadores y otros utilizaron a las personas que vestían disfraces en el Capitolio para restarle importancia al ataque.

“Vamos, muchachos. ¿El tipo con cabeza de búfalo estaba listo para apoderarse del Gobierno de Estados Unidos?” dijo Ingraham en julio, refiriéndose a Jacob Anthony Chansley, el llamado QAnon Shaman que llevaba un gorro de piel con cuernos. “¿Me estás tomando el pelo?”, dijo Ingraham.

Algunos comentaristas aseguran que dado que ninguna persona ha sido acusada de insurrección, el motín no puede considerarse como tal. También alegan que la muerte del oficial de policía del Capitolio, Brian Sicknick, ocurrida el día después de la pelea con los alborotadores, se debió a causas naturales después de sufrir dos infartos.

El presentador de Fox News, Tucker Carlson, negó repetidamente que el 6 de enero tuviera algo que ver con asuntos raciales, afirmando falsamente que los supremacistas blancos no eran responsables de lo sucedido.

“Sabes lo que fue, y también sabes lo que no fue”, dijo Carlson en su programa de Fox News en enero. “No fue un acto de racismo. No fue una insurrección”, señaló.

Varias personas vinculadas a grupos de supremacistas blancos participaron en el ataque, incluidos algunos que ahora enfrentan cargos de conspiración. Los símbolos de la supremacía blanca y el antisemitismo se exhibieron de manera prominente: una horca colgante; banderas confederadas; imágenes racistas de Pepe el sapo y hasta una camiseta de Camp Auschwitz.

El senador Ron Johnson, republicano por Wisconsin, minimizó el ataque argumentando en febrero que no podía considerarse una insurrección armada. Politifact demostró que eso es falso.

Los documentos judiciales dejan en claro que muchas de las personas que irrumpieron en el Capitolio ese día estaban armadas. Mientras ocurría el asalto, Ryan Nichols, un ex infante de marina que llevaba una barra de hierro, gritó con un megáfono: “¡Si tienes un arma, necesitas traer tu arma!”. 

Los alborotadores tenían bates, muletas, mástiles, patinetas, palos de hockey, cuchillos, cierres plásticos, aerosoles químicos, un extintor de incendios y otras armas improvisadas, según muestran documentos judiciales. Robaron y empuñaron bastones policiales y escudos antidisturbios. Y varios tenían armas con ellos o las escondieron cerca.

Al menos 190 personas han sido acusadas de agredir, resistir o obstaculizar a agentes de policía, incluidas más de 60 a quienes se les acusa de usar un arma o causar lesiones corporales graves a un agente, informó el Departamento de Justicia en octubre. Más de 65 personas enfrentan cargos por ingresar a un área restringida con un arma peligrosa o mortal.

El Proyecto Golpe de Estado del Centro Cline de Investigación Social Avanzada de la Universidad de Illinois determinó poco después del ataque que el asalto al Capitolio calificaba como un intento de golpe.

Varios de los cargos por armas fueron presentados contra miembros de los Proud Boys, Oath Keepers y otros grupos de milicias de extrema derecha que vestían equipo de combate y usaban tácticas de estilo militar entre la multitud.

Michael Fanone, de 40 años, fue uno de los aproximadamente 140 policías heridos mientras defendían el edificio el 6 de enero. Al testificar en el Congreso en julio junto a otros agentes, describió cómo lo arrastraron entre la multitud, le quitaron la placa, lo golpearon y lo pisotearon y lo amenazaron cantando que lo iban a “matar con su propia pistola”. Dijo que perdió el conocimiento, sufrió un ataque cardíaco y le diagnosticaron una conmoción y lesión cerebral, así como trastorno de estrés postraumático.

Su testimonio hizo poco para contener a los negacionistas del 6 de enero en los medios.

Mientras Fanone hablaba, la comentarista conservadora Julie Kelly lo acusó de ser un “actor de crisis”. El presentador de Newsmax, Greg Kelly, especuló que los manifestantes pueden haber confundido a Fanone con un miembro de Antifa, una coalición poco organizada de activistas antifascistas de izquierda, que ha protestado contra los supremacistas blancos y se ha enfrentado a ellos en los últimos años.

En Fox News, Ingraham se burló de Fanone con un sarcástico premio a la “mejor actuación en un papel de acción”.

Abundantes teorías de conspiración

Muchas de las mismas voces de derecha que hicieron todo lo posible para excusar o minimizar el ataque, también acudieron a teorías de conspiración descabelladas para tratar de reescribir por completo lo sucedido.


Una turba escala las paredes exteriores del Capitolio para impedir que el Congreso confirmara la victoria electoral del presidente Joe Biden el 6 de enero de 2021.Jose Luis Magana / AP

Primero sugirieron que la violencia fue obra de Antifa. Y cuando se demostró que era falso, varios de ellos, encabezados de forma notoria por Tucker Carlson, culparon al FBI.

No hay evidencia documentada de que Antifa haya estado en el Capitolio, ni hay pruebas de que el FBI o cualquier otra agencia gubernamental haya instigado el ataque. Once meses después, con más de 700 personas enfrentando cargos por los eventos de ese día, aún no hay pruebas de esos descabellados argumentos.

Poco después de que los alborotadores se abrieran paso entre las barricadas del Capitolio, publicaciones en grupos de Facebook pro-Trump ya afirmaban que Antifa estaba detrás del ataque. La idea se difundió en Twitter y Parler, una plataforma de redes sociales popular entre los conservadores, y luego en la radio y la televisión de derecha. Varios legisladores la respaldaron.

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“Creo que se trata de agitadores colocados estratégicamente dentro de este grupo -puedes llamarlos Antifa, puedes llamarlos gente pagada por la maquinaria demócrata- para hacer que la campaña de Trump, el movimiento Trump se vea mal, y para que esto parezca un violento desmán”, dijo el representante Madison Cawthorn, republicano por Carolina del Norte, en el programa de radio del fundador de Turning Point USA, Charlie Kirk.

Entre las 5 y las 6 pm del 6 de enero se mencionó a Antifa casi 156,000 veces en las redes sociales, los medios tradicionales, la televisión y los medios en línea, según un análisis de Zignal Labs Inc., una firma de inteligencia de medios.

Es usual que se culpe a Antifa por los disturbios domésticos, dijo Kate Starbird, la experta en desinformación, por lo que la gente “ya estaba preparada para creer que las cosas están siendo causadas por Antifa”.

Pero los alborotadores pro-Trump querían llevarse el crédito. Con orgullo promocionaron su ataque, transmitiendo en vivo desde el Capitolio, posando para fotografías con estatuas, entrevistando a reporteros y alardeando de sus escapes en las redes sociales.

“No fue Antifa en el Capitolio”, tuiteó uno de los atacantes. “Fueron Patriotas amantes de la libertad quienes estaban DESESPERADOS por luchar por la esperanza final de nuestra República”.

La evidencia no parecía importar. En cuestión de meses se desarrolló otra teoría conspirativa, afirmando que el 6 de enero fue un trabajo interno: una operación encubierta orquestada por el FBI.

Esta idea falsa despegó gracias a un sitio web de derecha poco conocido llamado Revolver News, dirigido por Darren Beattie, un exredactor de discursos de Trump en la Casa Blanca que fue despedido en 2018, después de participar en un panel con un nacionalista blanco.

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Una mirada apenas por encima de estas afirmaciones muestra que la teoría del sitio web está plagada de agujeros, inexactitudes y especulaciones circunstanciales. PolitiFact calificó de falsa la afirmación de que los agentes federales incitaron directamente a las personas.

Pero al día siguiente de que apareció el artículo de Revolver News, Tucker Carlson les dijo a sus millones de espectadores que “el FBI estaba organizando los disturbios del 6 de enero”. Beattie fue uno de sus invitados ese día.

En un discurso en la Cámara de Representantes, el representante Louie Gohmert, republicano por Texas, citó el artículo de Revolver News y dijo que vio el segmento de Carlson. “Esto es como el tipo de actividad de Putin”, dijo Gohmert.

Meses después, Carlson presentó a Beattie como protagonista de Patriot Purge, una serie de tres episodios sobre el 6 de enero que impulsó aún más las teorías de conspiración sobre el FBI y Antifa.

Según el documental de Carlson, el FBI tenía como objetivo final hacer una “purga” de los votantes de Trump, una “nueva guerra contra el terror”, que utilizó el aparato de seguridad nacional para despojar a millones de sus derechos.

El programa convirtió a los perpetradores del 6 de enero en víctimas. No estaban atacando la democracia; fueron víctimas del estado.

No quieren que se investigue más

Mientras Carlson y otros impulsaban sus falsas narrativas sobre Antifa y el FBI, los legisladores republicanos respondieron al ataque con otra forma de restarle importancia: el silencio.

Meses después del asedio, incluso quienes inicialmente condenaron el ataque decidieron que ya no valía la pena hablar de lo sucedido. Los estadounidenses ya sabían lo suficiente, dijeron. No habría necesidad de investigar más. La indignación fue innecesaria. Era hora de seguir adelante.

McCarthy y McConnell, quienes al inicio condenaron el ataque, acorralaron a sus colegas republicanos para que rechazaran un proyecto de ley bipartidista que habría formado una comisión independiente, similar a la que investigó los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

“Creo que tenemos una idea bastante clara de lo que sucedió (el 6 de enero); yo estuve aquí”, dijo a fines de mayo el senador John Cornyn, republicano por Texas. “Y en ese sentido, esto es diferente a la Comisión del 11-S”, indicó.

“La comisión del 6 de enero habría sido en última instancia un partido investigando al otro”, dijo en junio el representante Michael Burgess, republicano por Texas. 

El proyecto de ley para crear la comisión fue aprobado por la Cámara en mayo con el apoyo de 35 republicanos, que desafiaron la recomendación de McCarthy de votar en contra. Los 175 republicanos que se opusieron a la comisión incluían a algunos que al principio se pronunciaron en contra de los alborotadores, incluido Gallagher, el representante de Wisconsin que le dijo a Trump en CNN que “cancelara” el ataque. Una semana después, los republicanos del Senado anularon la iniciativa.

“No está diseñado para producir una investigación seria”, tuiteó el senador Marco Rubio, republicano por Florida. “Está diseñado para ser utilizado como (un) arma política partidista”. aseguró.

Nunca he visto una situación en la que las vidas de los funcionarios electos estuvieran en peligro, y minimizaran lo sucedido"

Tom Nichols experto en política partidaria

Cuando la Cámara respondió con una medida para formar su propio comité, todos menos dos republicanos en la Cámara votaron en contra. Pocos se pusieron de pie para defender su voto durante un debate en la sala. Más de dos docenas se saltaron el debate por completo y optaron por pasar el día con Trump en la frontera. “Realizaremos nuestra propia investigación”, prometió McCarthy en julio. Pero nunca lo hicieron. 

“No tengo nada que pueda agregar a ese día”, dijo McCarthy a una estación de televisión local durante una entrevista en septiembre. Presionado por su propia llamada telefónica con Trump el 6 de enero, agregó: “No tengo nada que ocultar, pero no tengo nada que agregar”.

Fue un giro sorprendente para los republicanos que, por lo demás, han dicho que apoyan a la policía y las medidas de orden público.

A pesar de los reclamos de partidismo, el objetivo de los alborotadores del 6 de enero era detener un proceso electoral legítimo por la fuerza, señaló Tom Nichols, un ex republicano que escribe sobre democracia y política.

“Nunca he visto una situación en la que las vidas de los funcionarios electos estuvieran en peligro, y minimizaran lo sucedido”, dijo Nichols. “Esos manifestantes no diferenciaron entre republicanos y demócratas; iban a colgar a Mike Pence”.

La realidad de la democracia estadounidense

Casi un año después, no hay evidencia para decir que el 6 de enero fue una operación Antifa, una visita turística, una operación encubierta o un día sin incidentes para olvidar.

Las falsedades no estuvieron exentas de críticas aisladas dentro de la derecha. El corresponsal de Fox News, Geraldo Rivera, criticó las afirmaciones “escandalosas y no corroboradas” en la serie documental de Carlson. Los dos cofundadores de The Dispatch, ambos colaboradores de Fox News durante años, dimitieron en noviembre de la cadena por la serie. Chris Wallace, el principal periodista de la cadena, abandonó recientemente la empresa; NPR informó que Wallace había expresado su preocupación a los líderes de Fox News sobre el documental de Carlson.

La representante Liz Cheney, republicana por Wyoming, quien rechazó las afirmaciones falsas de fraude electoral de Trump y votó para acusarlo por lo que sucedió el 6 de enero, es una de los dos republicanos que integran el comité de selección de la Cámara de Representantes y usó su posición para criticar a la teoría de la operación encubierta.

No es estadounidense difundir ese tipo de mentiras. Y son mentiras”, dijo Cheney.

Pero la repetición de las falsedades sobre el 6 de enero demuestra que un movimiento político puede unirse en torno a mentiras obvias y que, a pesar de los hechos, puede ser difícil oponerse a ellas. 

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“Este es nuestro nuevo mundo: la negación de lo que sus ojos están viendo realmente”, dijo Laura Thornton, directora y miembro principal de Alliance for Securing Democracy (ASD, en inglés) en el German Marshall Fund de Estados Unidos.

“El esfuerzo por reescribir la historia al servicio de los objetivos del poder político no es inaudito en Estados Unidos ni en ningún otro lugar”, dijo Theda Skocpol, una politóloga de Harvard que ha estudiado el Tea Party y la resistencia anti-Trump. “Lo que es descarado es que la historia que quieren reescribir incluye imágenes de lo que realmente sucedió”, dijo. 

Este es nuestro nuevo mundo: la negación de lo que sus ojos están viendo realmente"

Laura Thornton experta en política de asd

“Debido a que el 6 de enero no tuvo éxito, ahora tienen que reescribir la historia y, en algunos casos, lo estaban haciendo las 24 horas, diciendo que no vieron lo que vieron”, agregó Phillipe Copeland, profesor clínico en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Boston.

Hasta ahora, las consecuencias de lo que sucedió antes, durante y después del 6 de enero se han limitado a alborotadores como QAnon Shaman que fueron acusados ​​o sentenciados por asaltar el Capitolio.

Los líderes políticos y los expertos, por otro lado, están haciendo sus negocios como de costumbre. Trump, absuelto en el Senado por segunda vez, podría postularse nuevamente en 2024. McCarthy busca recuperar el puesto de presidente de la Cámara de Representantes y Carlson sigue siendo uno de los presentadores más populares de la televisión por cable.

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Mientras tanto, Cheney fue expulsada de la corriente principal del Partido Republicano cuando fue destituida de su puesto de liderazgo después de oponerse al expresidente. En todo el país se han producido movimientos similares contra los republicanos que criticaron a Trump.

Es una señal de que las elecciones podrían seguir siendo un espacio controvertido durante los próximos años, ya que las quejas republicanas sobre el resultado de la contienda de 2020 impulsan la reescritura de las leyes electorales en todo el país. Y es una señal de que la negación del 6 de enero podría convertirse en otra prueba de fuego para los republicanos. Las primarias en 2022 se perfilan como contiendas en las que los leales pro-Trump desafían a cualquier disidente.

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“Estamos en un lugar extremadamente peligroso”, dijo Thornton. “Un ataque al Capitolio en el que la gente amenaza con asesinar al vicepresidente es bastante malo, pero cuando tienes un partido político, uno de los dos en nuestro país, que minimiza, desvía o tergiversa, es extremadamente perturbador. Yo no sé cómo podemos salir de eso”, dijo.