El Senado confirma a Amy Coney Barrett a la Corte Suprema en una de las votaciones más divisivas de la historia

La jueza nominada por el presidente, Donald Trump, fue avalada por la mayoría republicana en el Senado, con la excepción de la senadora por Maine Susan Collins, quien consideró “injusto” tomar esa decisión a días de las elecciones presidenciales. Ningún senador demócrata estuvo a favor.

Por Francesco Rodella y Luis Antonio Hernandez Ojesto 

El Senado confirmó este lunes a Amy Coney Barrett como nueva jueza de la Corte Suprema. La candidata propuesta por el presidente, Donald Trump, fue validada por la mayoría republicana, reforzando así el sesgo conservador del máximo tribunal (con seis magistrados de esta ideología frente a tres progresistas) en una decisión inédita por su cercanía a las elecciones, y que marcará el rumbo del país durante décadas. 

La confirmación de la magistrada de 48 años, con 52 votos a favor y 48 en contra en el Senado, fue la más próxima a una elección presidencial y la primera en tiempos modernos que no tuvo ningún apoyo del partido minoritario.

Se trata de una victoria política para el presidente, a ocho días de las elecciones generales. 

Después de que el senador Chuck Grassley, republicano por Iowa y quien presidió la sesión, dio por concluida la votación, estalló una ronda de aplausos en la cámara mientras los senadores republicanos chocaban los puños para celebrar.

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Solo la senadora republicana Susan Collins, representante de Maine, se había expresado en contra de confirmar a Barrett por considerarlo injusto a tan poco tiempo de la elección presidencial, y este lunes manifestó su desacuerdo emitiendo el único voto negativo de su partido.

La sesión no estuvo presidida por el vicepresidente, Mike Pence, a quien según la Constitución le corresponde desempeñar el papel de presidente del Senado. Los demócratas se opusieron a su presencia en la Cámara Alta, después de que cinco de sus colaboradores dieran positivo por coronavirus y no creyeran que fuese imprescindible. Pence ha dado negativo este lunes a la prueba del coronavirus.

El presidente, Donald Trump, observa mientras el juez de la Corte Suprema Clarence Thomas administra el juramento constitucional a Amy Coney Barrett en el jardín sur de la Casa Blanca en Washington, el lunes 26 de octubre de 2020, después de que Barrett fuera confirmada como jueza de la Corte Suprema por el Senado esa misma noche en otro evento.msn, Trump, Barrett,

El presidente, Donald Trump, y los republicanos celebraron la confirmación de Barrett -quien se convirtió en la tercer nominada por esta Administración que fue aprobada a la Corte Suprema- con una ceremonia de juramentación en la Casa Blanca el lunes por la noche.

"Este es un día trascendental para Estados Unidos", dijo Trump en el evento de juramentación en el jardín sur de la Casa Blanca.

El magistrado Clarence Thomas, el más conservador de la corte, impartió el juramento constitucional a Barrett.

Mientras que el juramento judicial de la nueva magistrada del supremo será impartido en una ceremonia privada el martes por el presidente del máximo tribunal, John Roberts. Después de eso, Barrett podrá iniciar sus labores en esa institución mañana mismo.

La jueza Amy Coney Barrett y el presidente Donald Trump durante la ceremonio de juramentación de Barrett para ocupar el cargo vacante en la Corte Suprema; en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca el 26 de octubre de 2020. AP

Ante las personas reunidas, Barrett dijo que su "rigurosa confirmación" le había enseñado que "el trabajo de un juez es resistirse a sus preferencias políticas". Y dijo bajo juramento: "Haré mi trabajo sin ningún temor o favor a nadie".

Esta vez, a los asistentes a la Rosaleda de la Casa Blanca se les requirió portar mascarillas para evitar la propagación del coronavirus, a diferencia del primer evento de la jueza Barrett en la residencia oficial del presidente. Según expertos médicos, esa reunión se convirtió en un acontecimiento de híperpropagacion del COVID-19, que probablemente estuvo detrás de una ola de contagios en la Casa Blanca que incluyó al presidente y a la primera dama Melania Trump.

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La nominación de Barrett fue propuesta por Trump tras la muerte en septiembre de la jueza progresista Ruth Bader Ginsburg.

El nombramiento de la persona que la sustituirá es considerado como una cuestión trascendental porque la Corte Suprema toma decisiones sobre asuntos de gran calado para la sociedad estadounidense y, al tratarse de un cargo vitalicio, un nuevo juez conservador (como es Barrett) alterará el equilibrio ideológico de la corte durante décadas.

Se trata además de la primera vez que un nuevo miembro de la Corte Suprema es confirmado tan cerca de unas elecciones generales

Los plazos impulsados por el presidente para sustituir a Ginsburg han sido objeto de críticas por parte de sus adversarios demócratas, quienes han sostenido que los republicanos deben apegarse al principio que establecieron cuando se negaron a confirmar la nominación del juez Merrick Garland a la Corte Suprema en 2016 por parte del entonces presidente Barack Obama, bajo el argumento de que las elecciones presidenciales estaban demasiado próximas.

Ahora, los demócratas recalcan que millones de estadounidenses ya han votado por adelantado para las próximas elecciones y que se debe esperar a que el candidato ganador nomine al reemplazo de Ginsburg. 

Pero el mandatario y sus aliados han seguido adelante con su plan, convencidos de que designar a Barrett ahora sería una gran victoria en vista de las elecciones y porque el tribunal se pronunciará posteriormente sobre temas como el serguro médico Obamacare.

El líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, habla antes del voto de confirmación de la jueza Barrett en el Senado; el 26 de octubre de 2020.via REUTERS

Durante una audiencia ante la Comisión Judicial del Senado, donde fue sometida a las preguntas de republicanos y demócratas acerca de sus opiniones sobre temas claves y de sus planes como jueza, Barrett esquivó en gran medida las preguntas sobre cómo sus filosofías personales y judiciales afectarían sus decisiones en esos temas

La hoja de ruta de Trump ha generado perplejidad en algunos miembros de su propio partido, en particular entre quienes están ocupados en duras batallas de campaña electoral para lograr la reelección en el Senado el 3 de noviembre (junto al voto para elegir al nuevo presidente, los estadounidenses también están llamados a expresar su preferencia para renovar a un tercio de esa cámara). 

Susan Collins, por ejemplo, enfrenta una reñida pelea para volver a obtener su escaño de los electores de Maine, el estado al que representa. Eso parece haber influido en su decisión de votar en contra de la confirmación final de Barrett. “Mi voto no refleja ninguna conclusión a la que haya llegado sobre las calificaciones de la jueza Barrett para servir", dijo Collins, “no creo que sea justo ni consistente tener una votación de confirmación del Senado antes de las elecciones". 

Con información de NBC News y AP.