¿Pagará consecuencias Trump por no participar en debate?

La decisión del magnate podría ser un arma de doble filo: o sigue líder o le cuesta la candidatura, según opina Carlos Rajo

La decisión de Donald Trump de no asistir al debate republicano de este jueves en Iowa es no solo inusual en la política estadounidense sino que además impredecible en sus consecuencias: o bien puede ser otra genialidad del magnate y confirme su posición de líder en la contienda republicana o puede ser un serio error que le cueste la candidatura.

El argumento de Trump es que la presentadora de Fox Megyn Kelly no es justa con él, que le hace preguntas más duras que al resto de los candidatos y que por ello no acepta que ella sea uno de los tres presentadores que harán las preguntas en el debate. 

Y que como Fox rechazó la exigencia de Trump, el candidato decidió no estar en el debate. 

Inusual lo de Trump ya que es una tradición en la política estadounidense que los candidatos no deciden quiénes harán las preguntas en los debates. Extraño aun más, considerando que la cadena Fox muestra siempre simpatía por el partido republicano. De las cadenas de television que han transmitido los debates republicanos no hay ninguna que esté más cerca -o exponga los puntos de vista- de los republicanos que Fox.

La decisión de Trump puede ser positiva para su campaña en el sentido de que al no estar en el debate evita los ataques y posibles errores que pudiera cometer en las dos horas de televisión en vivo. Además, Trump gana enorme publicidad ya que desde el martes en la tarde-noche que se conoció de su decisión la prensa no para de hablar sobre el tema. 

Todo esto en el contexto de que Trump va adelante en las encuestas tanto a nivel nacional como en Iowa. Básicamente lo que Trump conseguiría con su ausencia del debate es congelar la competencia en Iowa y dejar que todo siga como esta: con él adelante en las preferencias de los votantes. 

Pero de nuevo, este el escenario positivo. Lo cual no hay que descartarlo ya que Trump ha dado muestras en los últimos seis meses de que tiene un fino olfato político para hacer lo que es popular con buena parte de las bases republicanas y que por más ridículo, ofensivo y poco práctico que suene lo que dice, al final del día mucha gente está de acuerdo con él.

El escenario negativo tendría que ver conque Trump sea penalizado tanto por las bases republicanas en Iowa como en el resto del país. No es punto menor ese de que Fox refleja los puntos de vista de los republicanos. Su audiencia es básicamente gente republicana. Al desafiar a Fox y a su popular presentadora Kelly, Trump pudiera estar jugando con fuego ya que muchos de estos televidentes juzgarían lo suyo como un desaire a su querida y confiable cadena de televisión. 

Otro punto a considerar es que ahí en Iowa precisamente, aun cuando Trump lleva una ligera ventaja en las encuestas, hay mucha gente indecisa. Votantes que esperan hasta el último momento para decidir por quien dan el voto. Trump necesita de muchos de estos votantes, en especial porque su principal rival en Iowa, Ted Cruz, tiene una sólida organización que garantizará que sus votantes en efecto vayan a votar en el “caucus” (Asamblea partidaria) del próximo lunes. Se supone que los potenciales votantes de Trump no necesariamente saldrán esa noche a votar debido a que muchos de ellos es la primera vez que se involucran en la elección.

El otro riesgo para Trump es que se verá mal el día del debate. De seguro que Fox pondrá un podium vacío donde debió haber estado Trump y que los candidatos hablaran de él, harán  burla o lo atacaran sin que el magnate pueda defenderse.

Tampoco es asunto menor el tema del mensaje o imagen que manda Trump al país entero -comenzando por supuesto por las bases republicanas-. Es un mensaje de que es un individuo que responde un tanto infantil o inmaduro ante una situación compleja (asumiendo que sea cierto lo de que la presentadora Kelly es injusta con él). 

El de Presidente es un cargo que requiere de mucha estabilidad emocional en el cual a menudo se debe lidiar con personajes que son hostiles o rivales de Estados Unidos -si no puede con Kelly qué hará con Vladimir Putin, han dicho varios críticos de Trump. No se puede gobernar de manera exitosa armando un escándalo o no sentándose a la mesa con alguien sólo porque esta persona la tiene contra el mandatario en turno.  

Un detalle interesante de toda esta controversia es el relativo silencio de las elites y dirigentes del partido republicano. El problema es que ninguna salida es atractiva para ellos. Si Trump sale perjudicado con el escándalo el primero que se beneficiará es Cruz quien debería de ganar en Iowa. Y Cruz -como tampoco lo fue Trump durante muchos meses- no es alguien que los líderes republicanos vean como la mejor opción para el partido. 

Y si Trump sale ganado de la controversia también pone al partido contra la pared: el de aceptar lo inevitable de su victoria como el candidato republicano. El único escenario posible que daría gusto a los dirigentes partidarios es que Trump salga perjudicado y que abra un espacio para alguno de los candidatos más aceptable para el “establishment” (Marco Rubio, Jeb Bush, Chris Christie o John Kasich).

Como ha sido la tónica en este primaria republicana, Trump vuelve a poner de cabeza el proceso de elección del candidato presidencial. Con el rechazo a Fox el magnate ha hecho un gambito o tirado una moneda al aire de la cual nadie sabe por hoy cuáles serán las consecuencias.