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Opinión: "Un respiro para Obama"

El desempleo a la baja, un respiro para Obama

Por Carlos Rajo

A casi exactamente un mes de la elección presidencial, el dato de que la tasa de desempleo bajó a un 7.8%, la más baja en tres años, es sin duda una buena noticia para la campaña del presidente Obama. Hoy, el mandatario puede centrar la atención en la economía y tratar de cambiar la conversación sobre lo negativo de su desempeño en el debate del miércoles.

Aunque en septiembre sólo se crearon 104.000 trabajos, lo que no es suficiente para tener un crecimiento robusto de la economía en donde no haya tantos millones de trabajadores desempleados, la cifra no es negativa. Muestra que tanto el sector privado como el gobierno siguen en general contratando gente en lugar de despedir.

Los latinos igualmente se beneficiaron de esta creación de trabajos. La tasa de desempleo para los hispanos bajó a un 9.8% -de un 10.2% en agosto-, siendo la primera vez en casi cuatro años que es menos del diez por ciento.

Más allá de los porcentajes, la realidad es brutal, tanto para la población total como para los latinos en específico. Aun con ese 7.8% de desempleo que hoy existe -era de 8.1% el mes pasado-, hay más de 12 millones de desempleados (sin contar los que trabajan a medio tiempo y los que han dejado de buscar trabajo, los que si se cuentan elevan la cifra a alrededor de 25 millones de desempleados, o sub empleados, o gente que no tiene todo el trabajo que desearía, según se les quiera llamar). El 9.8% de los latinos significa alrededor de 2.4 millones de hispanos sin trabajo.

Pero decíamos, la cifra del desempleo cae como una reconfortante noticia para su campaña después del primer debate contra Romney que no lo favoreció. Su récord en la creación de trabajos es uno de los temas preferidos de los ataques republicanos, por eso hoy al menos el presidente y sus asesores no tienen que estar a la defensiva. Los números no son para saltar de alegría pero tampoco para no querer hablar de ellos.

Alguien se preguntará por qué esta obsesión con los números y porcentajes del desempleo. La verdad es que tanto al que trabaja como al que no tiene empleo estos números no le dicen mucho. Al que tiene trabajo no lo van despedir o mantener en el puesto por lo que diga la tasa de desocupados. Igual con el que no tiene trabajo, no le darán empleo simplemente porque bajo la tasa. Pero lo que sí es cierto es que la tasa de desempleo sirve como indicador de cómo va la economía en general y juega un papel clave en la percepción -en esa especie de imaginario colectivo- que los votantes tienen de lo bueno o malo de las políticas gubernamentales.

Que la cifra del desempleo que hoy conocimos sea menor al 8% es importante para la campaña de Obama no sólo por lo obvio de que el número bajó con respecto al mes anterior, sino porque según la historia no ha habido presidente que sea reelecto con una tasa de desempleo mayor al 8% (a excepción de los años 30\'s cuando se estaba en medio de la gran recesión). Tan importante es este número, que hasta ahora la campaña había funcionado bajo la premisa de que sí se podía reelegir a un presidente -en este caso Obama- aun con la tasa de desempleo arriba del 8%.

La reacción de Obama, de sus asesores y la campaña en general, ha sido mesurada. Saben bien que ante los millones que todavía siguen desempleados no pueden aparecer triunfalistas diciendo que todo marcha viento en popa. Hablan de que la cifra es alentadora pero no lo suficiente y que el presidente trabaja duro para ayudar a la clase media a que salga “del hoyo profundo causado por la severa recesión que comenzó en diciembre de 2007”, según lo dicho por Alan Krueger, jefe del Concejo de Asesores Económicos del presidente.

No es casualidad que se mencione lo del hoyo económico creado desde 2007. La idea es recordarle al público que el presidente heredó la mala economía y que todo lo que ha hecho -aunque se acepta que sea insuficiente- es para salir de una crisis que fue creada antes de su llegada a la Casa Blanca.

No es extraño, tampoco, que la campaña de Romney diga que los números del desempleo son “débiles” y que esto no es lo que debería mostrar “una verdadera recuperación económica”. La decisión es clara, sigue el mensaje de Romney, “bajo el presidente Obama vamos a tener otros cuatro años como los últimos cuatro años. Si soy electo, tendremos una recuperación verdadera con políticas de crecimiento que crearán 12 millones de nuevos empleos e ingresos más altos para todos”.

Lo de Romney no es nuevo. Esta línea de ataque ha sido la principal arma contra Obama y, como los números conocidos el viernes no son absolutos, en uno u otro sentido, el debate en la campaña continuará en estos mismos términos. Obama seguirá señalando que ha hecho lo posible para salir de un hoyo negro que le dejaron los republicanos y Romney asegurando que la recuperación bajo Obama ha sido pobre. Y que por supuesto, con él en el poder todo cambiará.

Cada votante que decida a quién le cree. Pero lo que también es cierto, y de alguna manera debería de ser parte del debate en torno a la elección presidencial, es que se viven tiempos distintos. Más allá de si fue culpa de George W. Bush que el país cayera en ese hoyo profundo del que habla la gente de Obama, o de si las políticas del actual mandatario han sido equivocadas, y por eso la recuperación ha sido anémica, el punto es que la economía de Estados Unidos y la economía internacional han sido modificadas de tal manera (cambios tecnológicos, financieros, etc.) y pasan por tal crisis (deuda pública, déficits, etc.) que es muy difícil, sino imposible, volver a los niveles de empleo que había hace una década o menos.

Un sólo ejemplo, que afecta a los latinos en particular: lo que sucede en la industria de la construcción. No es posible volver a los niveles de actividad que existían en esta industria antes de que estallara la crisis de 2007, 2008 y demás. Y no es posible debido a que no se pueden construir tantas casas como se hizo antes ya que no habrá suficientes compradores. Y no los habrá tanto porque los bancos no darán crédito fácil, como porque mucha de esa gente que compró, la verdad, no podía pagar, y ellos u otros en situación similar seguirán sin poder pagar. Y por supuesto, al no haber construcción masiva, no habrá empleo para muchos trabajadores latinos.

En fin, más allá de los porcentajes mensuales del desempleo y la retórica de las campañas, hay realidades que no pueden ignorarse. Desafortunadamente, no parece haber espacio para una conversación sobre estos temas. Por ahora nos tenemos que quedar con la superficialidad de las cifras. Por un par de días la campaña de Romney ganó la narrativa diaria con lo bien que salió su candidato en el debate. A partir de ahora -y quien sabe por cuantos días o quizá sólo horas si hay algo que distraiga la atención- es la campaña de Obama la que consigue que se cambie la línea narrativa, hoy de todo lo que se habla es que bajo la tasa del desempleo al 7.8%.