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Opinión: La Reforma Migratoria y la batalla que está por llegar

Opinión: La Reforma Migratoria y la batalla que está por llegar

Por Carlos Rajo/Columna de Opinión

La primera audiencia en la Cámara Baja sobre la búsqueda a una solución al problema migratorio en los Estados Unidos confirmó las profundas divisiones que existen entre los congresistas y lo difícil que será encontrar puntos de acuerdo para aprobar una reforma migratoria integral.

“El debate está cargado emocionalmente”, reconoció el congresista Robert W. Goodlatte, republicano de Virginia y presidente del Comité Judicial. “Y esto es así debido a que no es (un debate) abstracto sobre estadísticas y conceptos, sino sobre gente verdadera con problemas verdaderos tratando de llevar el sustento a sus familias. Esto es algo que tiene que ver con los ciudadanos estadounidenses, con los residentes legales y con aquellos residiendo en Estados Unidos fuera de la ley”.

Aun antes de comenzar, la audiencia estuvo sujeta a controversia por detalles sobre a quién se invitaba a dar testimonio. Debido a que los republicanos controlan la Cámara -y en consecuencia la presidencia de los respectivos comités- son estos los que deciden a quien se invita. Los grupos pro inmigrantes quedaron fuera.

Si la semana pasada fue algo así como la cresta de la ola positiva en el debate sobre inmigración -primero con el anuncio de que ocho senadores habían logrado un acuerdo bipartidario sobre los grandes marcos de la reforma migratoria y luego con el discurso del Presidente Obama en Las Vegas- lo del Congreso fue como un cachetazo para volver a la realidad legislativa.

El congresista Goodlatte literalmente se estrenó en el cargo tratando de la manera más diplomática de transitar las aguas del complicado debate. “Debemos movernos hacia adelante metódicamente y evaluar este tema en partes, teniendo cuidado de estudiar los pro y los contras de cada pieza”, añadió.

Esto de ver el tema de inmigración “en partes”, es visto como una señal de la manera como los republicanos quieren que se aborde el tema: en partes precisamente. Una de estas partes sería darle prioridad a los jóvenes “soñadores” o a la inmigración de expertos en computación y otras ciencias. Y quizá sólo después lo que tendría que ver con los once millones de indocumentados.

No fue fortuito entonces que entre los cuatro invitados para la audiencia de la mañana, dos representaban este terreno de la computación y similares. Para ellos, el problema menos difícil de resolver es cómo facilitar la emigración a Estados Unidos -o la regularización de los que ya están aquí- de científicos y personal con altas calificaciones técnicas.

Desde el inicio quedó claro que los demócratas -tanto los congresistas que preguntaban como el testigo que invitaron, el alcalde de San Antonio, Texas, Julián Castro,- no aceptan una reforma migratoria por partes. Tampoco están cómodos con la idea de darle prioridad a la gente técnica. Para ellos no puede haber debate ni posibles soluciones al problema de inmigración sino se considera a los once millones de indocumentados.

Para Castro, por ejemplo, la reforma migratoria integral tiene que abordar al mismo tiempo tres áreas: a) seguir con lo de la seguridad en la frontera; b) facilitar la entrada de gente técnica; c) establecer un camino a la ciudadanía para los once millones de indocumentados.

Lo del “camino a la ciudadanía” no es la opción extrema, respondió Castro ante el dicho de un congresista republicano que había preguntado si había una opción intermedia entre deportación y ciudadanía. “Es la mejor opción”, añadió el joven alcalde quien básicamente fue el único de los testigos de la mañana que defendió a capa y espada esta idea de una completa legalización para los indocumentados (el cuarto testigo no tocó el tema).

La audiencia ante el Comité Judicial dejó claro que entre los republicanos ha cambiado la manera de como hablan del tema de inmigración y en particular de los indocumentados. Nadie habla ahora de una oposición abierta y brutal a la reforma migratoria y/o los indocumentados -como sucedió durante la primaria presidencial republicana-. Hoy el lenguaje es más de buscar un “balance” -así le llamaron varios congresistas- entre la tradición inmigrante de Estados Unidos y el hecho de que estos indocumentados han violado la ley.

Cuando la ley se aplica de manera selectiva “se golpea la fundación de este país”, señaló para el caso el congresista Trey Gowdy, otro republicano influyente que preside el Subcomité de Inmigración y donde también deberá discutirse cualquier ley de reforma.

Según Gowdy, quien tiene una reputación de oposición a la reforma migratoria, cuando se dio la “amnistía” con Ronald Reagan en 1986, se le dijo al país que esa sería la última vez que esto sucedería. Hoy veinte y tantos años después, se pide otra vez algo similar. ¿Cómo nos garantizan “que esta es la última vez que hacemos esto?”, se preguntó el congresista. 

Esta preocupación se escuchó de voz de varios congresistas republicanos. Es claro por lo que se observó en la audiencia que será casi imposible conseguir votos republicanos para una reforma migratoria sino se garantiza en la ley de reforma que habrá un mecanismo para asegurarse -al menos en el papel- que en el futuro no se dará trabajo a indocumentados y que en un par de décadas o más no habrá otros tantos millones pidiendo la legalización.

Los demócratas no insistieron mucho en este punto de cómo se aplicará la ley en el futuro. Básicamente su preocupación es de que la nueva ley incluya un camino de legalización -posibilidad de ciudadanía incluida- y que todo lo demás son asuntos técnicos o de detalles que pueden negociarse.

De seguro que mucho del debate en la Cámara Baja será en este punto de si hay o no camino a la ciudadanía en la ley de reforma. Raúl Labrador, por ejemplo, congresista de origen latino de Idaho y quien en parte por el apoyo que recibe del Tea Party se ha convertido en una  figura importante en el debate migratorio, dejó entrever que apoyaría una reforma si se encuentra un punto intermedio que no sea la ciudadanía (o la posibilidad de obtenerla).

“Su solución no es pragmática”, señaló Labrador al alcalde Castro en referencia a la posición de este en el sentido de que en cualquier proyecto de ley tiene que haber un camino a la ciudadanía. ¿Qué es lo que usted (o ustedes, en referencia a todos los demócratas) quiere(n)?, siguió Labrador, “¿una solución política o una solución pragmática?”.

“Es la mejor solución para el país”, repitió Castro una vez más.

La audiencia ha sido algo así como el primer round o el round de calentamiento en lo que será una intensa batalla en la Cámara de Representantes. Mucho de lo que se dice en la opinión pública se reflejó en la audiencia del Comité Judicial: hay acuerdo en que el actual sistema de inmigración es disfuncional y que necesita reformarse, pero no es fácil encontrar los puntos en común sobre tal reforma.

A diferencia del Senado o la Casa Blanca, donde son los demócratas los que tienen la sartén por el mango y la idea de una reforma migratoria integral es más fácil de aceptar, en la Cámara Baja son los republicanos los que mandan y no está claro que estén convencidos de su necesidad o de hasta dónde debe llegar. Si alguien creyó la semana pasada que esto sería algo fácil -habrá reforma en unos meses, aseguró un entusiasta Obama en la entrevista con Telemundo- lo del Comité Judicial fue un recordatorio sobre el estado de cosas en ese otro centro de poder en Washington.