Opinión: En los debates a Romney le urge un nocaut

Opinión: En los debates a Romney le urge un nocaut

Por Carlos Rajo

El primer debate presidencial de hoy en la noche presenta desafíos para ambos candidatos, pero es el republicano Mitt Romney, quien va atrás en las encuestas, el que está obligado a ganar de manera decisiva. De no hacerlo, corre el riesgo de que se consolide entre los votantes y la opinión pública la idea de la inevitabilidad del triunfo del Presidente Obama.

Aun cuando en el debate se hablará de serios asuntos sobre la economía y otros problemas domésticos, como muestra la historia, no es extraño que sea un detalle personal el que decide, o al menos influya, en sobre quién es el triunfador y el perdedor del debate. En 1960 fue el sudor de Richard Nixon ante John Kennedy, en 1982 un George Bush padre viendo impaciente su reloj cuando hablaba Bill Clinton, o en 1980 un Ronald Reagan con una frase memorable que hizo ver pequeño a Jimmy Carter.

El ejemplo más reciente es el debate del 2000, entre el entonces Vice Presidente Al Gore y el candidato republicano George W. Bush, donde Gore perdió por lucir impaciente y decir un par de cosas que no eran literalmente ciertas (sobre cual funcionario lo había acompañado en un viaje a inspeccionar un desastre en Texas, por ejemplo). Después de ese debate Bush acortó los cinco o seis puntos que llevaba de desventaja para luego en noviembre ganar la controvertida elección (al menos a nivel de Colegio Electoral ya que en voto popular ganó Gore).

Bien sea con asuntos de contenido o con algún detalle personal, Romney confía en ganar el debate, o al menos así lo aseguran sus aliados. “La noche del miércoles es el nuevo comienzo de esta campaña, y creo que van a ver que los números comienzan a moverse directamente en la otra dirección”, señaló Chris Christie, gobernador de New Jersey y uno de los políticos más cercanos a Romney. Lo de Christie puede ser simple táctica para poner a la defensiva al rival, pero lo cierto es que la campaña de Romney necesita en serio que se cumpla el pronóstico del gobernador.

Sucede que tanto en las encuestas nacionales como en las hechas en los nueve o diez estados donde no queda claro quién ganará y por ello se les considera los estados donde se decidirá la presidencia, Obama va adelante de Romney.  A casi un mes de la elección entonces, el debate es una oportunidad única para que el candidato republicano cambie lo que hasta hoy ha sido la narrativa de la campaña: dudas sobre Obama pero no lo suficiente para no reelegirlo.

Y lo más importante desde el punto de vista de Romney, un candidato que no termina de conectarse con la gente y quien tampoco ha dado suficientes razones para que los votantes indecisos den el salto y voten por él.

Para Obama el principal riesgo es que sea percibido como alguien arrogante, lejano y/o que menosprecia a Romney. El desafío del presidente es mantener el debate en un plano neutral, que no pase nada extraordinario en el sentido de no dar pie a que Romney se luzca y tampoco que él mismo cometa un error grave. La ventaja que lleva en las encuestas es un colchón que le permitirá ir a la segura. A diferencia de Romney, Obama no necesita del nocaut.

El Obama presidente que no ha sido contradicho en público en los últimos años y quien es además el Obama ex profesor universitario de sólidas credenciales académicas, puede fácilmente aparecer como impaciente y/o arrogante ante un Romney exitoso ejecutivo y hombre de negocios, pero más práctico y menos intelectual.

Romney tiene desafíos de forma y de contenido en el debate. De forma, porque sigue siendo visto como alguien distante, como un individuo de mucho dinero sí, pero que -o quizá precisamente por eso- le cuesta hacer una conexión directa con el público. Esa conexión visceral, o ganar su confianza, que se necesita para que alguien le de el voto a un candidato a presidente. De contenido, porque su relativo éxito en las encuestas -aun con todos sus errores sigue de cerca a Obama- ha estado basado en la crítica al mal manejo económico del presidente. A que este no ha podido crear los millones de trabajos que el país demanda. A Romney le ha faltado sin embargo, dar una razón convincente por la cual hay que votar por él.

En una frase, Romney no ha dicho cómo conseguirá eso de lo que tanto critica a Obama, los trabajos para los más de 20 millones de individuos desempleados o trabajadores de medio tiempo. Esto no es fácil hacerlo en una breve respuesta a una pregunta del moderador, pero esa es precisamente la magia y lo particular de los debates.

No es que la gente espera -o haya oportunidad- de una exposición larga y detallada sobre lo que será su política de empleo. Es simplemente que en dos minutos o menos tiene que decir lo suficiente y con un lenguaje corporal que de seguridad y confianza para convencer a millones de televidentes. Será una buena oportunidad por cierto, para que Romney elabore además sobre cómo empatará lo de los recortes de impuestos que propone con el déficit estatal que él mismo critica se ha proundizado con las politicas del presidente.

Romney tuvo un buen entrenamiento en debates con lo que en su momento parecieron los interminables debates de la primaria republicana. La diferencia sin embargo, es que en casi todos esos encuentros era el de un Romney que iba adelante en las encuestas. Llegó ahí a defenderse de rivales que por cierto ninguno tenía la capacidad oratoria y/o experiencia de Obama. Hoy Rommney llega al podium como el que necesita lanzarse al ataque y ante un rival que hace cuatro años mostró en sus debates, primero con Hillary Clinton y luego con John McCain, que algo o mucho conoce del asunto.

Cualquier resultado que no sea un triunfo claro será perjudicial para Romney. Semana tras semana las encuestas se han ido consolidando en favor de Obama, en especial en esos estados como Ohio, Florida, Iowa y otros que inclinarán la balanza de la elección para uno u otro lado. Romney está urgido de un cuadrangular, de algo que haga temblar la campaña presidencial, de lo contrario corre el riesgo que como en la elección de 1996 (Bill Clinton contra Bob Dole) y en cierta medida en la de 2008 entre Obama y McCain, se forme en la opinión pública la idea de que lo del triunfo de Obama es inevitable.

El debate de hoy miércoles y los dos que vendrán luego serán vistos por millones de televidentes. Cada votante por supuesto, sacará sus conclusiones de lo que observe. Con todo, la historia muestra que mucho de la narrativa sobre el quién ganó y quién perdió se forma con las opiniones de la prensa, expertos, analistas, comentaristas y demás personajes que hablan y opinan la noche del debate y en los días siguientes.

Más allá de quien sea el ganador o el perdedor, de si Romney consigue el nocaut y le da vuelta a la contienda, o de si el Obama-no-drama mantiene las aguas tranquilas para que todo siga igual en las encuestas, lo cierto es que este primer debate marca el inicio de la recta final en la elección presidencial.