Opinión: Clinton, el orador maestro, hizo el trabajo sucio por Obama

Opinión: Clinton, el orador maestro, hizo el trabajo sucio por Obama

Por Carlos Rajo/Opinión

El ex presidente Bill Clinton salió el miércoles en la noche al rescate de la campaña de reelección de Barack Obama. Mezclando la nostalgia por los buenos tiempos de su presidencia con un ataque a las políticas y acciones de obstrucción de los republicanos,  Clinton hizo lo que quizá hasta hoy ha sido la mejor defensa de un demócrata sobre por qué mantener a Obama en la Casa Blanca.

Clinton es el político con los más altos índices de popularidad en el país. Y aun después de más de una década que dejó el poder, sigue mostrando que conserva a plenitud esa tremenda habilidad de manejar los datos de las diferentes políticas -en salud, en  economía, etc.- y al mismo tiempo de golpear a los rivales republicanos a donde duele. Con elegancia, si se quiere, pero también con conocimiento de la materia, Clinton hizo el trabajo sucio que no puede hacer Obama: atacar, sino es que ridiculizar, lo que dicen los republicanos.

“La narrativa republicana -este universo alternativo-”, le llamó Clinton a toda esa visión de mundo republicana de que cada quien la libra por su cuenta y de que el gobierno no tiene mayor rol que jugar. “Nosotros creemos que lo de que ‘en esto estamos todos juntos’ es mejor filosofía que la de “usted está por sí solo”, dijo el ex presidente en referencia al ideario republicano.

Clinton, además, dio contexto a esa acusación que se hace que Obama no ha levantado la economía lo suficiente, o aun peor, a las críticas de que el presidente es un torpe en cosas de ese mundo económico. De que han sido por sus políticas y su falta de entendimiento de cómo funciona “la real economía”, que el país tiene esos millones de desempleados y demás cifras negativas que todos conocen.

“Escuchen esto”, pidió Clinton con la maestría del curtido orador que utiliza rostro, manos y tono de voz para enfatizar sus puntos, “todo el mundo, todo el mundo olvida que cuando el Presidente Barack Obama llegó al poder, la economía estaba en caída libre. Justo se había contraído en un 9 por ciento del (Producto Interno Bruto). Estábamos perdiendo 750 mil trabajos al mes”.

Ningún presidente, siguió Clinton, “ningún presidente, ni yo, ni ninguno de mis antecesores, nadie, podría haber reparado en cuatro años el daño que él (Obama) encontró”.

Clinton recordó luego de como el plan de recuperación económica de Obama “salvó o creó millones de trabajos y cortó impuestos”.

Déjenme decirles esto otra vez, siguió Clinton, el programa del presidente “cortó impuestos para el 95 por ciento del pueblo estadounidense. Y en los últimos 29 meses, nuestra economía ha producido cerca de 4 millones y medio de trabajos en el sector privado”.

Para muchos, todo esto de Clinton únicamente cae bien con las bases demócratas y no con los independientes o indecisos. Y en cierta medida es cierto. Los altos números de popularidad del ex presidente tienen mucho que ver sobre cómo lo ven las bases del partido, para quienes Clinton es simplemente alguien especial. Pero también no puede ignorarse que muchos de los que votaron por Obama, y que hoy no están seguros de que el presidente merece la reelección, también tienen un buen recuerdo de Clinton. De su buen manejo de la economía y de cómo durante su presidencia el país vivió el período de mayor expansión económica en décadas. Un poco como que no hay nadie mejor que el ex presidente para tratar de “cerrar el trato” entre Obama y estos indecisos.

Y Clinton sabe muy bien cómo llegarle, o responder, a lo que son algunas de las principales dudas de estos indecisos o independientes. El ex presidente habló, por ejemplo, de lo que ha sido la falta de colaboración de los republicanos con la Administración Obama. “Podríamos haber salido mejor, pero el año pasado los republicanos obstruyeron el plan de trabajos del presidente lo que le costó a la economía más de un millón de nuevos trabajos”, aseguró Clinton. “Aquí está entonces otro marcador de trabajos. Presidente Obama: más de 4 millones y medio. Congresistas republicanos: cero”.

Pero lo de Clinton va más allá de los simples números. Cuando habla por ejemplo de esta falta de colaboración de los republicanos, el ex presidente hace como que cuenta una historia, explicando que antes en su tiempo había el tradicional ir y venir con los políticos adversarios. Que él mismo, no obstante que no comulgaba con los republicanos, nunca “aprendió a odiarlos de la manera que la extrema derecha que ahora controla el partido (republicano) parece odiar a nuestro presidente y a muchos otros demócratas”.

Este término “del odio” hacia Obama de que habla Clinton es algo que merecería todo un tratado bien de teoría política o psicología. Desde que Obama llegó al poder siempre hubo algo en ese “universo republicano” que describe Clinton por el cual nunca se aceptó la presencia del mandatario en la Casa Blanca. Un odio o rechazo al primer presidente afro-americano que iba más allá del estudio o análisis racional de sus políticas. Para algunos, una especie de deslegitimación, como que para los republicanos lo de Obama en la presidencia había sido un simple accidente de la historia y no un mandato del electorado estadounidense.

Esto es lo que quiero que la gente en casa piense, siguió Clinton para rematar esta idea de la falta de colaboración entre los adversarios políticos. “Cuando los tiempos son duros y la gente está frustrada y enojada y herida e incierta, las políticas de constante conflicto pudieran ser buenas. Pero lo que es bueno en política no necesariamente funciona en el mundo real. Lo que funciona en el mundo real es la cooperación”.

Más tarde Clinton hablaría de temas como la Ley de Salud o Medicare en los cuales mostró ese conocimiento de los detalles que hacen más sólido el argumento verbal. Con la ley de la salud para el caso, explicó como ya hay millonarios ahorros para las personas y las compañías debido a que las aseguradoras están obligadas a destinar entre 80 y 85 por ciento de las primas al cuidado médico en lugar de a las ganancias o a la publicidad. Y como también en los últimos dos años, por primera vez en más de cuatro décadas han disminuido los gastos de salud.

En Medicare se refirió a lo que dijeron la semana pasada los candidatos republicanos sobre los $717 mil millones que según ellos el presidente Obama habría cortado del programa de seguro médico a la gente mayor. “No es cierto”, dijo Clinton, “no ha habido ningún corte a beneficios”. Lo que se ha hecho, explicó, es rebajarles los subsidios a compañías y otros proveedores de Medicare que no estaban ayudando a que la gente tuviera mejor salud, y es así como se han obtenido ahorros por esa cantidad que mencionan los republicanos.

En este tema de Medicare tiene un lugar relevante el candidato a Vice Presidente de los republicanos, Paul Ryan, quien precisamente habló durante su convención sobre el supuesto recorte de Obama. Clinton no dejó pasar la oportunidad de hablar sobre Ryan, explicando que cuando lo vio en televisión, mirando serio a la cámara y atacando al presidente,  “no sabía si reír o llorar”. Esa cifra, siguió Clinton -los $717 mil millones- es exactamente “la misma cantidad” como ahorro en Medicare que tiene el plan de presupuesto de Ryan. “Hay que ser descarado para atacar a alguien por hacer lo que usted ha hecho”.

La relación entre Clinton y Obama no ha sido siempre la mejor. Los dos políticos se distanciaron durante la primaria demócrata hace cuatro años cuando Hillary Clinton era pre-candidata a la presidencia. No fue sino hasta finales de 2011 que hubo contacto cercano entre ellos. En ese momento la campaña Obama se dio cuenta que necesitaba del apoyo del ex presidente. Apoyo tanto en abrirle la puerta con los donantes millonarios, como en dar estrategia sobre cómo atacar a los republicanos. Fue Clinton, por ejemplo, el que propuso que la mejor línea de ataque contra Mitt Romney era la de mostrarlo como un ideólogo de extrema derecha.

Sólo el tiempo dirá si sirvió lo de llamar a Clinton al esfuerzo de reelección de Obama. Por el discurso, y la reacción de la gente, pareciera que Obama hizo bien al tragarse el sapo del orgullo y pedir la ayuda del ex presidente. Clinton le pavimentó el camino a Obama para que cuando llegue el tiempo de su discurso, el presidente se dedique menos a atacar a sus adversarios y más a mostrar lo que es su visión de país: explicar por qué merece otros cuatro años en la Casa Blanca.