IE 11 is not supported. For an optimal experience visit our site on another browser.

'Obama quiere hacer historia con el tema migratorio y de igualdad social'

Obama dice que luchará por los inmigrantes y la igualdad

Por Carlos Rajo

El presidente Obama parece que se ha tomado en serio eso de que las segundas presidencias son la mejor oportunidad para asegurarse un lugar en los libros de historia: su discurso inaugural ha sido el campanazo de salida de un viaje en el que Obama intenta conseguir varias de las cosas que el país tiene pendientes por resolver, entre ellas, el problema migratorio.

“Nuestro viaje no está(rá) completo hasta que no encontremos una mejor manera de darle la bienvenida a los esforzados, esperanzados inmigrantes, quienes siguen viendo a Estados Unidos como una tierra de oportunidad”, dijo Obama en su discurso luego de juramentar para su segundo gobierno.

El viaje tampoco estará completo, siguió Obama, “hasta que brillantes jóvenes estudiantes e ingenieros sean incorporados a nuestra fuerza de trabajo en lugar de ser expulsados de nuestro país”.

Momentos antes, Obama había hablado de otras cosas que siguen pendientes y que también serán objeto de acción en ese imaginario viaje al que el mandatario anuncia embarcarse en los siguientes cuatro años.

Asuntos como el de la igualdad ante la ley para los “gay” y sus matrimonios, o la igualdad de sueldos laborales para las mujeres, temas por cierto, que normalmente no se tocan en un discurso inaugural. Lo mismo que conseguir que las escuelas sean seguras, para que no se repita una tragedia como la de Newtown donde murieron 20 niños.

Esto del “viaje” de que habló el presidente fue una de las pocas referencias retóricas o poéticas, si se quiere, en el discurso inaugural. Si en algo coinciden críticos y admiradores del presidente, es que fue un discurso más simple, plano y directo, que las típicas piezas de oratoria de Obama. Pero eso sí, un discurso controversial.

Para algunos un discurso ordinario, incompleto y partidista. Un discurso, señalan sus críticos, en el que Obama pareció haberse olvidado que el país sigue dividido y que para cualquier acción, proyecto o iniciativa tiene que tomar en cuenta a sus adversarios políticos. Para otros, para los seguidores del presidente, un discurso progresista. Quizá lo más liberal y/o de centro izquierda que se haya dicho en décadas por un presidente.

Será el tiempo y las circunstancias políticas los que determinarán qué es lo que fue del discurso de Obama. Lo que sí es cierto, es que el presidente no sólo tocó temas que casi nunca se tocan, sino, igual de importante, justificó la urgencia y necesidad de hablar y resolver estos temas utilizando la misma historia del país.

Tal vez cubriéndose las espaldas para que nadie venga con el cuento de que hablar de algunos temas como derechos de las mujeres, de los “gay’, de los inmigrantes o del cambio climático o de la necesidad de proteger programas como el Seguro Social o “Medicare”, o de dar la lucha por mayor control de armas, son cosas todas que no tienen que ver con el Estados Unidos moderno. Y aun peor, con el país que fundaron los “padres de la patria” allá en la segunda mitad de los 1700s.

“Los patriotas de 1776 no lucharon para reemplazar la tiranía de un rey por los privilegios de unos pocos”, explicó Obama en la parte introductoria de su discurso. “Nos dieron una República, un gobierno de, por y para el pueblo, confiando en que cada generación mantendrá seguro nuestro credo fundacional”.

“Y por doscientos años” lo hemos mantenido, aseguró el mandatario.

Con la salvedad por supuesto, que ese “viaje” que se inició hace más de dos siglos, tiene esas cosas pendientes de las que habló Obama.

De seguro que lo dicho por el presidente es visto por sus adversarios políticos como algo extraño, partidista o intransigente, debido no tanto a que lo que se dijo sea algo radical, sino al hecho mismo de que haya sido incluido en un discurso inaugural. Y es que esto es lo que sorprende al que está acostumbrado al lenguaje del poder. Que el presidente trajera a la mesa de discusión a “esos otros” que normalmente no son parte de la pompa y ceremonia de un acto inaugural. De nuevo: los “gay’, los inmigrantes, etc.

O todavía más, los “takers”, por utilizar el término original en inglés que es más sonoro para describir lo que se quiere decir. Este el término que se puso de moda cuando el candidato republicano Mitt Romney lo mencionó en aquel famoso discurso que fue grabado sin que él supiera y en el cual se refiere a los “takers” como a los que “toman” del estado. A los que toman cupones de alimentos, beneficios sociales, desempleo, y en fin, las supuestas tantas cosas que, en la visión republicana, toma la gente que forma el 47% de la población y que según Romney, nunca votarían por él.

El que uno esté a favor de programas como el Seguro Social, Medicaid (el seguro de ayuda médica a los pobres) o el Medicare no nos hace “una nación de ‘takers’”, detalló Obama. Al contrario, es gracias a estos programas que podemos tomar los riesgos que “hacen grande a este país”.

En una frase: una defensa clara y directa de los programas sociales que están en la mira de sus adversarios republicanos. Y justo momentos antes, siempre en esta idea de darle fundamento histórico y doctrinario a lo que dice, Obama se refirió a esa otra idea que también ha repetido últimamente: estamos juntos en esto. Este no es el país del sálvese quien pueda. Es la sociedad del ´todos juntos´ y donde el Estado, aun con sus deficiencias y demás, sigue siendo indispensable.

“Ahora más que nunca, debemos hacer todas estas cosas juntos, como una nación, como un pueblo”, resumió Obama luego de señalar que nadie puede hacer por si solo las tantas cosas que el pais necesita (sea preparar nuevos maestros, construir las carreteras o laboratorios que generaran los nuevos trabajos, etc.).

Por supuesto que esto es partidista, dirá alguien. Y de seguro tendrá razón. Es la “otra” visión del mundo que estuvo en juego en la elección de noviembre. O mejor dicho, la visión que ganó, como diría el mandatario. Se valora la individualidad por supuesto -por fin es Estados Unidos- pero sin olvidar que ese individuo no podría haber construido su éxito, su empresa y su patrimonio, sin el aporte de la sociedad y el estado.

Y a propósito de riqueza, Obama también puso el dedo en el tema de la injusticia social. “Nosotros, la gente, entendemos que nuestro país no puede tener éxito cuando un grupo reducido de unos pocos la pasa muy bien y un creciente número apenas la van pasando. Creemos que la prosperidad de Estados Unidos descansa en los hombros de una próspera clase media”, aseguró el presidente.

En la parte final del discurso Obama hizo un llamado a la acción. Hablo de nuevo de ese sentido de urgencia y de responsabilidad de todos -que no podemos darnos el lujo de esperar-, aunque como en mucho del discurso, no perdió oportunidad para referirse indirectamente a sus adversarios republicanos. Habló de que no hay que confundir “absolutismo con principios” o “substituir el espectáculo por la política”, en referencia a lo que Obama considera ha sido la actitud de los republicanos: un absoluto ´no´ a todo lo que el presidente propone y la falta de voluntad para participar en el juego de la negociación y el llamado ´toma y deja´ de la política.

Nadie sabe por supuesto si en este segundo término el presidente conseguirá o podrá resolver estos asuntos de los que habló en su discurso inaugural. En mucho dependerá, por supuesto, de la actitud que tomen sus rivales republicanos en el Congreso y, en cierta medida, de cómo el gran público tome estas propuestas. Lo que sí es claro es que el mandatario fue al grano. Su viaje o travesía de la que habla se ha iniciado. Hay varias cosas pendientes y por lo que a él respecta, es hora de actuar. Hora de comenzar a navegar, de escribir esa historia que marcará la segunda presidencia Obama.