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El escalofriante relato de una sobreviviente: Los Zetas desmembraron y disolvieron en ácido a sus familiares. Así escapó ella

“Me estaba muriendo de miedo antes de que me mataran, te quedas sin aliento, sientes un frío intenso", explica, "en el primer hachazo que le dieron a mi tío, me quedé sorda".
/ Source: Telemundo

Ciudad Mante, México.- Cuando Perla Moreno fue encañonada con una metralleta, golpeada y obligada a subir a una camioneta imaginó que, en cuestión de horas, sería asesinada por los Zetas, sus captores. 

Aquel 22 mayo de 2012, al menos 30 familiares se habían reunido para almorzar, como tantas otras veces, en la casa de los abuelos, una propiedad de la familia en Ciudad Mante, Tamaulipas.

El ambiente era tenso porque, cuatro días antes, un grupo armado había secuestrado a siete familiares y aún estaban reuniendo el dinero del rescate.

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Ya habían servido arroz con mole cuando cuatro camionetas irrumpieron en la casa. De ellas bajaron cuatro hombres encapuchados, vestidos con chalecos antibalas y fuertemente armados.

Me estaba muriendo de miedo antes de que me mataran. Te quedas sin aliento, sientes un frío intenso de la cabeza a los pies e imaginas que ya todo se acabó”, recuerda Moreno. 

Se escucharon llantos, gritos y balazos. Algunos se brincaron la barda, otros se escondieron en casas, baños o donde podían. El grupo armado logró capturar y subir a las camionetas a siete miembros más de la familia: Bellanira, Enedina, Juan, Nayeli, Imelda, Angélica y Perla. 

Los delincuentes también capturaron a dos sobrinos de Moreno de 5 y 9 años, pero decidieron soltarlos y quedaron solos en la calle cuando todos los adultos huyeron. Unos vecinos recogieron a los niños y los ocultaron. 

A Perla Moreno y a su tía Enedina las subieron a una camioneta Explorer azul. Los dos hombres armados que las custodiaban las llevaron a las inmediaciones de un motel de carretera, el Diamant. Las bajaron a patadas y las hincaron en la tierra. 

Perla Moreno, de 37 años, aún mantiene un proceso abierto contra sus secuestradores a 9 años de su cautiverio. Noticias Telemundo Investiga

Allí estaban, también de rodillas y encañonados por los sicarios, otros cinco de sus familiares secuestrados ese mismo día. Con un celular, los criminales grabaron el interrogatorio a sus víctimas: les pidieron datos personales, relaciones y negocios. 

Cuando quedaron satisfechos con las respuestas, se quitaron los pasamontañas para comer. “Esas caras, esos rostros nunca se me van a olvidar. Eran el mismo diablo”, dice.

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Ese error de los delincuentes sería determinante para identificarlos después, cuando fueron detenidos. 

Era el mismo grupo que, el 18 de mayo, había secuestrado de la misma forma a los otros familiares de Perla Moreno, entre ellos, César y Antonio, sus hermanos. Ya eran 14 personas secuestradas de la misma familia.

César Moreno, hermano de Perla, se encuentra desaparecido desde 2012 tras ser secuestrado por los Zetas.Noticias Telemundo Investiga

“En pedacitos te los vamos a entregar”

Los hermanos Moreno se dedicaban a la compra y venta de automóviles en Ciudad Mante y les iba bien. Cuando los secuestraron en su establecimiento, los delincuentes se llevaron las llaves de más de 40 vehículos y la caja fuerte. Los golpearon y los subieron a una camioneta blanca tipo Lobo, una de las preferidas por los narcotraficantes de la década pasada. 

“En pedacitos te los vamos a entregar”, fue la advertencia que los secuestradores hicieron a la familia vía telefónica horas después, si no pagaban los 250,000 dólares que les pedían como rescate.

“Antes de que nos pasara esto, ya había situaciones aquí en Ciudad Mante, donde había gente descuartizada, cabezas colgadas en la plaza, aventadas en los libramientos, ya pasaba ese tipo de cosas”, recuerda Moreno.

En la década pasada, Los Zetas eran considerados el cártel más violento de México. Traficaban con drogas, extorsionaban y secuestraban en 16 de los 32 estados del país y su guerra contra el Cártel del Golfo provocó miles de muertes entre 2010 y 2015 en Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y Veracruz.

Así luce actualmente el negocio de compra y venta de autos de César y Antonio, hermanos de Perla, también secuestrados por los Zetas.Noticias Telemundo Investiga

Siete días de terror en la sierra

La familia de Perla Moreno pudo reunir 50,000 dólares, pero no fue suficiente. Los delincuentes se llevaron a los 14 secuestrados a un lugar oculto en la Sierra ubicado en el municipio de Llera, a 50 minutos de Ciudad Mante. 

“Ninguno de nosotros imaginaba que ese sería el camino al verdadero infierno. Yo solo veía cómo nos íbamos alejando de la ciudad y pensaba que nunca más iba a volver”, recuerda.

Uno de los delincuentes, Pedro N alias El Dandy, les anticipó que nada bueno les iba a pasar: “El Dandy nos dijo que ya había valido madre; que, hasta ese momento, ellos no nos habían tratado tan mal, pero que ahora todo cambiaría”.

Pedro "N" alias "El Dandy" se encuentra preso en el Cefereso de Chiapas y aún sigue un proceso abierto por delincuencia organizada.Noticias Telemundo Investiga

Al comenzar a bajarlos de las camionetas, Moreno pudo ver que sus siete familiares secuestrados el 18 de mayo estaban tirados en la tierra, a la intemperie, con las manos amarradas y bolsas de plástico en la cabeza. Uno de los hombres les puso cinta adhesiva alrededor de los ojos y les ató las manos. 

“Solo escuchábamos las voces burlándose de nosotros y sus pasos cuando se acercaban a nosotros para golpearnos, incluso escuchábamos cuando hacían llamadas a sus familias y solo les decían que estaban trabajando”, cuenta.

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Durante los siete días siguientes no pudieron ver nada; solo supieron cuando era de día por el calor del sol y de noche por el frío de la sierra. Cada noche, llegaban los sicarios en sus camionetas y comenzaban a golpear a los hombres y a violar a las mujeres cuando pedían levantarse para ir al baño. 

La tortura más habitual era calentar un bate de béisbol y golpearles en las piernas y la espalda: “Sentíamos un dolor horrible no solo por el golpe, sino por lo caliente. Ellos lo disfrutaban, era como un gozo”. Otras veces, los quemaban con cigarros prendidos, caminaban sobre ellos o colgaban a los hombres de los árboles, boca abajo.

Perla recorre el lugar donde estuvo secuestrada por siete días junto con 13 familiares más en la Sierra de LLera, Tamaulipas.Noticias Telemundo Investiga

“Querían que todos vieran cómo lo iban a matar”

En el séptimo día de cautiverio, los sicarios subieron a la sierra antes del anochecer, enfurecidos porque ya no quedaba nadie en Ciudad Mante a quién pedirle rescate. El resto de la familia de los 14 secuestrados había huido de la ciudad. El jefe de plaza, El Ricky, les increpó, amenazador:

“Salieron bien jotos, todos salieron huyendo. Para que vean que ya no los quieren, ya los abandonaron. Nadie va a pagar por ustedes”, recuerda Moreno que les dijo El Ricky.

El delincuente resolvió quedarse con sus propiedades. Les preguntó dónde encontrar escrituras y facturas de sus autos y casas y les prometió liberarlos si los encontraba.

“Todos teníamos confianza en que, cuando volvieran, nos iban a dejar ir, pues les habíamos dicho exactamente dónde encontrar cada uno de los documentos. Les íbamos a dar carros, casas, terrenos, dinero, absolutamente todo”, relata Moreno.

Pero no fue así. Por la noche llegaron en las camionetas y comenzaron a bajar machetes, hachas y tambos de diesel y ácido. Les quitaron la cinta adhesiva de los ojos y les dijeron: “Mírame bien, perra, ve bien mis ojos y no los olvides nunca”. 

Los Zetas utilizaban este tipo de tambos de 200 litros para meter los cuerpos desmembrados y prenderles fuego con diesel. Noticias Telemundo Investiga.

Todos los secuestrados lloraban. Uno de los hombres del cártel levantó del suelo a Dionicio, de 57 años, uno de los tíos de Perla. Lo acercaron a un gran tronco de madera y encendieron un reflector para alumbrarlo. 

“Querían que todos vieran cómo lo iban a matar. Para ellos era como un espectáculo”, dice Moreno, “veía cómo lo iban cortando, mi cuerpo se puso caliente de pies a cabeza, me quedé sorda, no escuchaba nada, no podía hablar, mi lengua se puso dura, tenía mucho miedo porque yo estaba viendo cómo mataban a mi tío”. 

Se abrazó a su hermano César y le dijo que no quería morir. Vio que solo uno de los hombres del grupo estaba con ellos. El resto seguía en el lugar donde habían matado a su tío, así que decidió que debían huir. “Yo prefiero que me maten a balazos cuando vaya corriendo a que me hagan lo que le están haciendo a mi tío”, le dijo a su hermano. 

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Perla Moreno se levantó y con una piedra golpeó al hombre que los cuidaba. Los demás familiares subieron en una de las camionetas y lograron arrancarla, pero ella se quedó paralizada viendo cómo se alejaban. Cuando reaccionó, solo pudo correr y aventarse en caída libre por un barranco. 
 

Escondida entre los árboles

Sobrevivió a la caída, pero no se podía mover. Solo escuchaba balazos. Imaginó que habían capturado a sus familiares y los habían matado. Después de descansar unas horas, pudo incorporarse y comenzar a caminar buscando ayuda. La encontró dos días más tarde, en una casa de madera, la única que vio en esa parte de la sierra. 

El hombre que la recibió, un carpintero de 56 años, la escondió entre los árboles. Pensó que no podía tenerla en su casa porque la encontrarían, recordó el hombre nueve años después cuando un equipo de Noticias Telemundo Investiga le entrevistó.

“A mí me dio mucho miedo que la fueran encontrar conmigo los malandros, porque no se tientan el corazón para matar", explicó, "yo veía cómo todos los días subían gente en sus camionetas y bajaban vacías”.

Todavía hoy, no quiere revelar su identidad por miedo a represalias. 

Gracias a este carpintero, Perla logró esconderse de los Zetas para no ser asesinada. Es la única casa de la Sierra de Llera, Tamaulipas.Aldo Meza, Noticias Telemundo Investiga.

Moreno comió el pan, los huevos a la mexicana y las galletas que le llevó el carpintero. Horas más tarde, encontraron la camioneta en la que huyeron sus familiares, pero junto a ella solo quedaba uno de sus primos. Les contó que, tras huir a toda velocidad, chocaron en una curva y no pudieron seguir.

Golpeados y heridos por el impacto, todos comenzaron a caminar en direcciones diferentes para evitar ser capturados.

También les dijo que acababa de llamar a la base militar de Ciudad Mante para denunciar al Ejército lo que les había sucedido en la sierra. Unos 45 minutos más tarde, llegaron los militares y comenzó la búsqueda del resto de los familiares. Encontraron a Antonio, hermano de Perla, pero faltaban cinco. 

“Son engendros del diablo”

Perla Moreno y sus familiares estuvieron algunos días escondidos en Tampico, Tamaulipas, y allí recibieron la noticia: los militares habían encontrado el campamento donde estuvieron secuestrados. Los marines les mostraron fotos: cuatro cráneos, huesos deshechos en los tambos y el cuerpo completo de Bellanira, una de sus tías, con el rostro desfigurado.

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En su denuncia ante el Ministerio Público, Moreno identificó a Ricardo N, alias El Ricky,  Pedro N., alias El Dandy y Luis N, alias El Chino.

El Ricky era el jefe de plaza de Los Zetas en Tamaulipas. En aquellos años, era uno de los hombres más buscados por el Gobierno de Enrique Peña Nieto. Fue detenido a los pocos días y sentenciado a 23 años de cárcel por delincuencia organizada. 

Ricardo "N" alias "El Ricky", líder de los Zetas en Tamaulipas, podría alcanzar 80 años de prisión en caso de ser encontrado culpable por este caso. Noticias Telemundo Investiga

El Dandy y El Chino fueron detenidos por el Ejército mexicano en junio de 2015 y están presos en el Centro Federal de Readaptación Social de Chiapas por pertenencer al crimen organizado. 

Ninguno de ellos ha sido aún juzgado y sentenciado por el secuestro de Moreno y sus familiares. El proceso sigue abierto y la mujer pide justicia: “Ese tipo de personas son engendros vivientes del diablo, pero no me voy a cansar hasta que estén sentenciados por esto que hicieron. Su peor error fue dejarme viva”. 

Si son encontrados culpables, podrían afrontar una pena de 80 años de prisión.