Mujeres con faldas tradicionales desafían la montaña en Bolivia

El ascenso se inicia después de la medianoche para aprovechar la dureza de la nieve y alcanzar la cima cuando el alba despunta.

No parecen montañistas, salvo por el casco, los lentes polarizados y los zapatos de grampones. Sin embargo, este grupo de mujeres aymaras escalan la montaña vestidas con sus largas faldas tradicionales de varias capas, mantas de flecos y un atado multicolor al hombro como si fueran de compras.

Preparan la comida para los turistas escaladores y varias de ellas acompañan a sus esposos, que son guías de montaña en el ascenso al nevado Huayna Potosí, a 6.088 metros de altura, cerca de la ciudad de La Paz. Un día de diciembre, 11 de estas mujeres, entre 20 y 50 años, emprendieron el ascenso acompañadas por The Associated Press.

Fotografía de archivo del 16 de diciembre de 2015, de varias mujeres indígenas aymara mirando la montaña Huayna Potosí antes de subir el pico en las afueras de El Alto, Bolivia. A primera vista, las mujeres conocidas como "cholitas" no parecen escaladoras de montaña _con sus coloridas faldas largas de varias capas y chales con flecos_ pero han estado subiendo la montaña desde hace 15 años, cocinando y cargando comida para los turistas que suben el pico. (Foto AP/Juan Karita)AP / AP

Con sus dos picos casi perfectos, el nevado es el preferido de los andinistas por su dificultad. Desde su altura, la ciudad de La Paz se acurruca en el fondo de una hoyada, el lago Titicaca a las espaldas junto a la cadena de nevados andinos.

La vista sobrecoge, el viento filoso raspa la cara y falta oxígeno para respirar. Ellas cargan comestibles y los equipajes de los escaladores hasta el campamento base a 5.130 metros de altura. Desde hace un tiempo van hasta la cima.

Fotografía de archivo del 16 de diciembre de 2015, de las mujeres indígenas aymara (de derecha a izquierda) Pacesa Alana Llusco, Dora Magueno Machaca y Bertha Vetia preparando sus mochilas antes de subir a la montaña Huayna Potosí en las afueras de El Alto, Bolivia. Sin dejar de usar sus largas faldas tradicionales de varias capas, recurrieron a equipos de montaña para subir una de las montañas más altas del país. (Foto AP/Juan Karita)AP / AP

"Primero fui porteadora (cargadora), después cocinera pero los turistas me preguntaban cómo era el Huayna Potosí y tuve que subir para conocer y contarles", dice Domitila Alaña, de 41 años.

Hace 15 años que Alaña trepa los nevados y quisiera ser guía pero carece de dinero para comprar un equipo propio. "Mi pie es pequeño, no hay botas para mí pero nada me detiene y he coronado cima en tres montañas", entre ellos el Illimani, dice. "Subir con pollera no es fácil", dice en referencia a su falta tradicional.

"Puedes pisar la punta de la pollera y caer, pero estoy acostumbrada". Debajo de las polleras las once mujeres que llevan buzos térmicos. Sólo en el último tramo para coronar la cima se quitan sus polleras para evitar accidentes.

Fotografía de archivo del 16 de diciembre de 2015, de la indígena aymara Cecilia Llusco Alana (derecha), mientras sigue a su guía en un ascenso por la montaña Huayna Potosí en las afueras de El Alto, Bolivia. Varias de las mujeres comenzaron la última etapa de su ascenso después de la medianoche para tomar ventaja de la dureza de la nieve, con la esperanza de llegar a la cima al amanecer. (Foto AP/Juan Karita)AP / AP

Caminan como cabras de montaña, por la cornisa, pero siempre siguen al guía más experimentado Eulalio Gonzales, 54 años, guía desde sus 26. Todos trabajan para agencias de turismo.

El ascenso dura dos días. En el trayecto hasta el campamento base, el grupo pasa por una antigua pista para esquiar, que ha perdido su capa de hielo presuntamente debido al cambio climático.

El ascenso se inicia después de la medianoche para aprovechar la dureza de la nieve y alcanzar la cima cuando el alba despunta. "El sol agrieta la nieve y es peligroso el ascenso en pleno día", dice Gonzáles.

Fotografía de archivo del 17 de diciembre de 2015, de varias mujeres indígenas aymara descendiendo la montaña Huayna Potosí con sus maridos, que trabajan como guías profesionales, en las afueras de El Alto, Bolivia. Once mujeres, de entre 20 y 50 años de edad, tomaron dos días para subir la montaña. Todas las mujeres trabajan como cargadoras y cocineras en el campamento base, pero a seis de las más jóvenes les gustaría unirse finalmente a las filas de los hombres y guiar a los turistas a la cima. (Foto AP/Juan Karita)AP / AP

"Me gusta trabajar en la montaña y algún día me gustaría escalar el Aconcagua", dice Llusco. Seis de estas mujeres, las más jóvenes, sueñan con coronar un día los 6.960 metros de altitud de éste, el nevado más alto del continente americano.