Miles de niños inmigrantes pasarán las Navidades en tiendas en el desierto: “Allí no se permiten abrazos”

El centro de detención de Tornillo no deja de crecer. Más de 2.000 niños siguen encerrados en tiendas de campaña para huracanes: "¿Qué ocurre ahí dentro? Nadie lo sabe"

El Gobierno que preside Donald Trump anunció en junio la apertura de un refugio temporal para un máximo de 360 inmigrantes indocumentados menores de edad en Tornillo, un pueblito en el desierto de Texas próximo a El Paso y Ciudad Juarez. Casi medio año después, este centro de detención alberga ya a más de dos millares de adolescentes, y muestra signos de haberse convertido en permanente, según una investigación de la agencia de noticias The Associated Press.

Entre campos de algodón y carreteras polvorientas, muy cerca de la frontera mexicana, este centro de detención, fuertemente custodiado, alberga a 2.349 jóvenes, en su mayoría centroamericanos, de entre 13 y 17 años, y llegados sin padres ni tutores, que ahora duermen en literas instaladas en tiendas de campaña pensadas originalmente para albergar a los damnificados por el huracán Harvey (que arrasó Houston en agosto de 2017).

Vestidos con camisetas y pantalones proveídos por el Gobierno, y con el mismo corte de pelo, se puede ver a los jóvenes marchar en fila de tienda en tienda, flanqueados por oficiales por delante y por detrás. Este centro de detención está más poblado que la mayoría de prisiones federales, y aún no ha dejado de crecer: el Gobierno podría trasladar allí a los adolescentes que soliciten asilo tras llegar a Tijuana en la última caravana de centroamericanos.

El rápido crecimiento de este campo de detención ha disparado los costes para los contribuyentes, que podrían exceder ya los 430 millones de dólares. Y eso pese a ser gestionado por organizaciones sin ánimo de lucro, una decisión que permite al Gobierno, entre otras cosas, saltarse requisitos legales en materia de salud.

Las autoridades federales prometieron cerrar el campo antes de final de año, pero será prácticamente imposible, según The Associated Press, porque el resto de instalaciones para menores inmigrantes carece de capacidad para albergar a los 2.300 que ahora viven en Tornillo. En total, el Gobierno tiene en custodia más de 14.000 menores indocumentados en todo el país, a los que ha sido incapaz o no ha querido encontrar aún una familia de acogida para que vivan mientras se resuelve su petición de asilo.

“Las pocas veces que me dejaron llamar a mi madre, le habría dicho que un día sería libre, pero de verdad sentía que iba a pasar allí el resto de mi vida”, explica un adolescente hondureño de 17 años que fue encerrado en Tornillo a principios de año. “Me siento mal por los niños que siguen allí, ¿y si tienen que pasar las Navidades allí? Necesitan un abrazo, y allí no se permiten abrazos”, añade.

Él acaba de ser liberado, pero asegura que aún sufre pesadillas en las que sigue encerrado allí.  “¿Qué ocurre ahí dentro?”, se pregunta Rubén García, un activista de El Paso que trabaja con inmigrantes. “Nadie lo sabe”, responde, “llevo haciendo este trabajo 20 años y nunca he visto nada parecido”.

La mayoría de inmigrantes encerrados en Tornillo no han cometido nunca ningún delito. Deberían estar en un refugio del Gobierno a la espera de una familia de acogida. Pero siguen en medio del desierto, en tiendas. Según Camilo Pérez Bustillo, que ejerció de intérprete de español a principios de este mes en el centro (para aquellos que no hablan este idioma, no hay traductor), la mayoría de los niños con los que tuvo contacto mostraban signos de depresión y ansiedad. “Todos están contando los días como lo hacen los prisioneros”, afirma Pérez Bustillo.

“Intento tener fe en que seré liberada pronto”, dijo una hondureña de 16 años cautiva en Tornillo durante un traslado a la corte, “me estoy cansando de esperar”.