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“Mi abuelo decía que cuando esto se pierda, ya no hay más”: Leydy Pech, ganadora del Premio Goldman de medioambiente

“Empezamos a notar que se morían nuestras abejas”, explica, “los bosques y los animales comenzaron a acabarse, empezaron a quitarlo todo”. Así fue como esta “pequeña mujer” derrotó a una poderosa multinacional pese al racismo contra el pueblo maya y la discriminación de género.
/ Source: Telemundo

Cuando Leydy Pech Martín tenía 5 años solía acompañar a su abuelo a la milpa, la parcela donde su familia cosechaba maíz, calabaza, sandía, camote o yuca, dependiendo de la temporada. Solía ver a sus mayores como gigantes mayas que le hablaban en una lengua ancestral para contarle la historia de su pueblo pero, sobre todo, de la naturaleza que la rodeaba.

“Primero aprendí a hablar mi lengua materna, y luego el español. Mi abuelo decía que cuando esto se pierda, ya no hay más”, cuenta Pech Martín, de 55 años, y al decir “esto” se refiere a la Península de Yucatán entera y sus extensos bosques húmedos.

Conforman una ecorregión de casi 27,000 millas cuadradas caracterizada por su enorme riqueza en biodiversidad, y se extienden por las tierras bajas tropicales de México, Guatemala y Belice. Es el antiguo reino de los mayas y otros pueblos originarios.

Leydy Pech Martín, ganadora del Premio Goldman 2020.Fundación Goldman

“Una historia está viva cuando la mantenemos viva. Cuando tienes el conocimiento no debes decir que eres pobre porque, al conocer, puedes trabajar y producir todos tus alimentos”, explica esta activista mexicana que recientemente fue galardonada con el Premio Goldman, considerado como la máxima distinción para los defensores del medioambiente en el mundo.

Pech Martín vive en Campeche, en el municipio de Hopelchén, pero cuando habla de su tierra no se atiene a las divisiones modernas que partieron la península de Yucatán en los estados mexicanos de Quintana Roo, Yucatán y Campeche. Para ella se trata del mismo territorio que fue habitado por los mayas desde el año 8,000 a.C. y que tiene en las majestuosas pirámides de Chichen Itzá un testimonio eterno de la gloria de las civilizaciones indígenas.

Los pueblos originarios siempre hemos sido los guardianes de estos territorios, pero hay que entender que la lucha por el ambiente es de todas las personas del planeta”, explica sobre su trayectoria como activista que se remonta a dos décadas.

Yucatán ha sido una tierra signada por los cataclismos, y prueba de ello es el cráter de Chicxulub, vestigio del momento en que —hace unos 66 millones de años— impactó un asteroide de casi seis millas de diámetro que acabó con los dinosaurios y, de paso, con tres cuartas partes de las especies que poblaban la Tierra.

Deforestación en Hopelchén, Yucatán.Fundación Goldman

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“Este año nos tocaron dos tormentas, más la pandemia, pero logramos demostrar que el pueblo maya tiene capacidad y conocimiento para superar todo eso. Nuestras tradiciones no tienen precio, son invaluables porque se transmiten de generación en generación”, dice Pech Martín

La activista se hizo famosa por liderar una lucha judicial contra el gigante agroquímico Monsanto que culminó en 2015 con un fallo histórico de la Suprema Corte de Justicia de México que canceló los permisos de la empresa para sembrar soya transgénica en Campeche y Yucatán.

Pech Martín recuerda, con orgullo, que luego de su victoria en los tribunales un abogado de Monsanto comentó que no podía creer que “esa pequeña mujer” los hubiera derrotado.

Leydy Pech Martín junto a otras mujeres mayas que colaboran en iniciativas medioambientales.Fundación Goldman

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El reto de ser una mujer maya

Al ser mujer y pertenecer al pueblo maya, la activista ha sufrido la discriminación de género y el racismo en México. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2015 casi 25,7 millones de personas se identificaban como indígenas mexicanos. Dos años después, la Encuesta Nacional sobre Discriminación concluyó que un 40% de la población indígena del país se sentía discriminada.

“En general, para las mujeres indígenas es un poco más complicado romper estos roles establecidos en nuestras culturas por toda la desigualdad”, explica.

“En México, muchas de las comunidades tienen tierras con la figura de ejidos que están en manos de los hombres, y esa desigualdad ha marcado la toma de decisiones importantes sobre nuestros medios de vida porque no están incorporando a las mujeres”, añade.

En 2017, el trabajo de Pech Martín con las comunidades indígenas logró que las autoridades mexicanas prohibieran el cultivo de soya genéticamente modificada en siete estados del país.  

Contaminación con glifosato y otros herbicidas en el municipio de Hopelchén, Campeche.Fundación Goldman

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De alguna manera, toda su lucha también responde a un cataclismo que, aunque no fue generado por un asteroide del espacio exterior, sí amenazaba con acabar con su mundo: “Empezamos a notar que se morían nuestras abejas porque aumentó el uso de plaguicidas, (…) y nos dimos cuenta de que los bosques y los animales comenzaron a acabarse, empezaron a quitarlo todo, drenaron las lagunas y las aguadas, todo lo rellenaron y ahora está sembrado con soya, sorgo y hasta arroz”.

Unas abejas que los mayas llaman Xunáan Kab, “la dama de la miel”, están en el epicentro del trabajo de Pech Martín. México es considerado como el sexto productor de miel más grande del mundo, y un 40% de la producción nacional proviene de la península. Se calcula que solo en Campeche, unas 25,000 familias dependen de la producción de miel y esos insectos están muy ligados a la cosmogonía maya.

“Cumplen una función muy importante porque polinizan los bosques y las selvas. La miel sirve en momentos muy importantes, por ejemplo, cuando vamos a hacer un agradecimiento de la milpa todo lo que se prepara es endulzado con la miel, también tiene propiedades medicinales y muchas familias viven de venderla. No podemos permitir que se mueran”, afirma.

Pregunta: ¿La victoria judicial contra Monsanto cambió las cosas en su región?

Respuesta: Todo continúa. Se siguió sembrando la soya, la están cosechando, comercializando, fumigando con avionetas con productos altamente tóxicos. Se está contaminando el agua, han modificado nuestros suelos y se está perdiendo la biodiversidad, además tenemos problemas de salud pública porque se han incrementado enfermedades por esta exposición permanente a los plaguicidas.

P: ¿Qué enfermedades han detectado donde se cultiva la soya?

R: Se hicieron análisis de orina en los pueblos cercanos a estas zonas agrícolas y, tanto hombres como mujeres, salimos positivos por residuos de glifosato. Tenemos más problemas renales y enfrentamos un aumento del cáncer y todo eso está asociado a la soya.

P: ¿Cómo ha reaccionado el Gobierno después de los fallos?

R: Los gobiernos no están mirando, no están haciendo nada porque no hay normas, no hay reglas, nadie regula las fumigaciones aéreas, los vuelos de las avionetas, las pistas clandestinas. Se han perforado los pozos de absorción, y se están filtrando los residuos de esos productos tóxicos que van directo a los mantos freáticos del agua de los mayas. Nuestras aguas sagradas se guardan en los cenotes subterráneos, no tenemos ríos superficiales.

P: ¿Antes de involucrarse en esta lucha sabía de cultivos transgénicos?

R: Para ser honesta, yo no sabía ni había escuchado la palabra transgénico. No la conocíamos, no sabíamos porque en mi lengua materna nunca pudimos traducir esa palabra. Lo que sí logramos es entender cuáles son los impactos de la semilla transgénica porque los estamos viviendo y así nos dimos cuenta.

P: ¿Qué papel han jugado las mujeres en la defensa del medio ambiente?

R: Nosotras íbamos a explicarles a los jueces lo que estaba pasando, les decíamos por qué esa semilla nativa o una planta medicinal es tan importante. A mí me marcó mucho todo esto porque las mujeres somos madres y sabemos lo importante que es tener salud, comer sano. Tenemos derecho a curarnos con nuestras plantas, y a vivir por nuestros medios tradicionales como la miel de las abejas.

P: En 2019 asesinaron a 23 defensores de tierras y derechos humanos en México lo cual, según un análisis de Front Line Defenders, lo convierte en el cuarto país más peligroso para esos activistas. ¿Siente miedo?

R: El Premio Goldman reconoce a un defensor pero, en realidad, somos muchos líderes indígenas que a veces no se conocen pero estamos luchando. Creo que defender nuestro territorio y alzar la voz no debería verse como una agresión sino más bien creo que es un bien de la humanidad porque el aire, el agua y la selva maya son de todos.