Los pueblos originarios de México otorgan el máximo honor a AMLO en una ceremonia inédita

“Yo ya no me pertenezco, soy del pueblo de México. Sin ustedes los conservadores me avasallarían, pero con ustedes me van a hacer lo que el viento a Juárez”, dijo AMLO este sábado en el Zócalo de la ciudad.

El discurso del nuevo presidente de México en el Zócalo de la Ciudad de México estuvo precedido por un rito nunca antes visto en una toma de protesta de un presidente de México.

En esta ceremonia, el incienso del copal aromatizó el templete donde se encontraba el presidente, las conchas de caracol encendieron el misticismo con un sonido a pasado y los vivos colores rosa y violeta adornaron la plaza más importante del país.

“Vientos del norte, casa de la memoria, lugar de los ancestros, con amor te saludamos e invocamos tu divina presencia, que podamos amar y comprender nuestros orígenes, que el sentido de hermandad reine en todo México, Ometeotl, que así sea”, dijo el maestro de la ceremonia.

 Un conmocionado López Obrador se hincó para recibir la bendición de los ancestros y en su severo rostro se adivinó el dolor más antiguo de los primeros pueblos.

“Aquí está el bastón de mando, aquí está el símbolo con el que usted guiará al pueblo, siempre y cuando sepa escuchar”, dijo una mujer indígena, maestra de la ceremonia.

“Aquí en el zócalo de la ciudad de México. Principal plaza pública del país, luego de recibir el bastón de mando de los pueblos originarios de nuestra gran nación, reafirmo el compromiso de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo de México”, dijo al iniciar su histórico discurso Andrés Manuel.

Horas antes AMLO había pronunciado otro discurso en el Palacio Legislativo de San Lázaro, durante casi dos horas el nuevo presidente habló sobre el estado del país y anunció muchas de las promesas que ya había hecho durante la campaña.

A medida que el humo del copal se disipaba, inspirado por el rito del bastón de mando, AMLO dijo que resumiría con una frase en ese mismo tenor lo que buscaba: “La purificación de la vida pública de México”, dijo.

Es una vergüenza, dijo, que los pueblos originarios vivan con el racismo, la marginación y la pobreza a cuesta. Y se comprometió a que todos los programas de gobierno tuvieran como población preferente a los pueblos indígenas del país.

A continuación, AMLO comenzó a enlistar los cambios que haría su gobierno para traer la modernidad del país, “desde abajo”.

Habló de mantener instancias infantiles públicas para las y los trabajadores. Una beca de 800 pesos para todos los estudiantes de educación media superior. También, anunció que 300.000 jóvenes en condiciones de pobreza que estudien en la universidad tendrán derecho a una beca mensual. Y para el 2019 se comprometió a que estuvieran en funcionamiento 100 universidades públicas.

Ante el vitoreo de miles anunció el corte de salarios de altos funcionarios y la cancelación de las prestaciones de servicios privados de salud y seguridad para los mismos.

Ante otro gran aplauso dijo que la “mal llamada reforma educativa” sería cancelada. Y añadió que el artículo tercero constitucional sería modificado para establecer el derecho a la educación gratuita en todos los niveles de escolaridad.

López Obrador continuó enlistando las promesas de campaña –su sometimiento al revocación de mandato, planes para construir caminos en el sureste y remozar barrios olvidados en el norte— en una noche colmada con la esperanza de decenas de miles de personas en la plancha del Zócalo capitalino.

A su espalda el copal continuaba ardiendo y los miembros de los pueblos indígenas que habían entregado su sagrado bastón de mando escuchaban con paciencia y atención cada una de las promesas que el nuevo presidente pronunciaba: castigo a los culpables de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, el derecho a disentir y a la libertad de expresión, sólo de vez en cuando interrumpido por una ronda de aplausos.

Uno por uno, AMLO hizo referencia a los 100 compromisos que guiarán a su presidencia y se obligó a revisar cada uno de los puntos cada año en la misma plaza mítica que lo vio hacerse como político y donde pasó sus pruebas más difíciles como el desafuero en 2005 o la toma de la avenida Reforma después del triunfo de Calderón en 2006.

“Yo ya no me pertenezco, soy del pueblo de México. Sin ustedes los conservadores me avasallarían, pero con ustedes me van a hacer lo que el viento a Juárez”, dijo AMLO a un Zócalo repleto que una vez más le escuchó hasta el último momento.