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"Somos invisibles": la discriminación y los riesgos se multiplican para los indígenas LGBTQ+

Diversas organizaciones señalan que en los últimos cinco años se han producido unas 459 muertes violentas de personas LGBTQ+ en México. Solo en 2020, asesinaron a 79 personas, es decir, unas 6.5 por mes.
Una mujer que participó en una marcha por el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y la Bifobia en Ciudad de México, en 2018.
Una mujer que participó en una marcha por el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y la Bifobia en Ciudad de México, en 2018.AP
/ Source: Telemundo

Wilter Gómez tenía 12 años cuando su padrastro lo llevó a la selva. Caminaron durante horas por senderos alejados en la reserva del Río Plátano, donde el verdor es muy oscuro y el fango cansa las piernas. Cuando ya estaban muy lejos del mar, el hombre comenzó a golpearlo de manera repetida. El castigo era tan brutal que se caía y no podía levantarse, pero la lluvia de puñetazos seguía.

“Él me quería desaparecer”, recuerda con amargura. Cuando ya no reaccionaba, lo tiró a una zanja llena de agua. Los dolores intensos de la golpiza hicieron que se despertara, y eso lo salvó de ahogarse. Deambuló durante dos días por la jungla de La Mosquitia, Honduras, sin comer nada hasta que consiguió un refugio. Nunca más volvió a su casa en Gracias a Dios, el departamento donde está su pueblo.

Mi único pecado era ser como soy, una persona gay. Mi pueblo es muy discriminado porque no hablamos bien el español, y solo vivimos del mar y la montaña. Pero adentro, entre los indígenas, hay mucho machismo. Es como vivir una maldición porque nos cortan, nos golpean, por eso me tuve que ir”, cuenta Gómez, de 22 años, desde el refugio Casa de Luz en Tijuana, México.

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Vivió en las calles de Tegucigalpa durante varios años, hasta que en 2019 entraron a la casa que compartía con unos amigos y mataron a una persona. Dice que ese fue el detonante para salir caminando de su país y atravesar las fronteras hasta llegar a México donde, en sus palabras, no ha tenido mucha suerte. Lo han engañado en diversos trabajos con sueldos miserables, y muchas veces no le pagaban. Incluso llegaron a drogarlo y abusaron de él, al punto de que se sumió en una depresión que lo llevó a estar internado en un hospital psiquiátrico durante cuatro meses de 2020.

“Cuando me metieron al hospital estaba muriendo por dentro. A veces, este país da mucho miedo”, dice con desaliento.

Las cifras, parecen darle la razón. En 2020, al menos 79 personas LGBTQ+ fueron asesinadas en México, es decir, unas 6.5 por mes, según Letra S: Sida, Cultura y Vida Cotidiana, una organización civil que se dedica a la defensa de las personas LGBTQ+ y que registra estos casos desde 1998.

El más reciente informe de Letra S afirma que en los últimos cinco años se han producido unas 459 muertes violentas de personas de la comunidad LGBTQ+, aunque las cifras de 2020 muestran una reducción del 32% respecto a 2019, cuando se registraron 117.

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“Lo que no lograron los gobiernos estatales, lo logró la pandemia. Pero encerrarnos en nuestras casas y no acudir a lugares de esparcimiento no es de ninguna manera una opción”, asevera Alejandro Brito, director ejecutivo de la organización. Y agrega que “es muy probable que las cifras se disparen en la medida en que se reestablezcan las actividades en el país”.

Las cifras oficiales de delincuencia y violencia no diferencian a las víctimas según características como la orientación sexual e identidad de género, lo que dificulta visibilizar el problema porque las fiscalías no han incorporado esas variables en sus registros y las víctimas LGBTQ+ de la violencia homicida se incorporan en otras categorías como robo, asalto y homicidio simple, entre otras.

De los 32 estados de México, solo 14 contemplan los crímenes de odio por “orientación sexual” como agravante del delito de homicidio calificado, pero el Código Penal Federal mexicano aún no lo incluye, ni menciona el término “identidad de género”.

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Racismo y discriminación

Este 17 de mayo se celebra el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia y la Bifobia, en conmemoración de la fecha en que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades mentales.

“La historia de las personas LGBT, al igual que otras víctimas de discriminación y violencia, ha sido de sufrimiento, resistencia y esperanza, una lucha vital por la libertad y la igualdad frente a una adversidad singular”, dice un comunicado de Naciones Unidas sobre la conmemoración de esta fecha, en medio de la pandemia de COVID-19 que ha producido unas 220,000 muertes y más de 2,564,000 contagios en México.

Para Marven, una mujer trans indígena que es candidata a diputada del Congreso de Ciudad de México, las vulnerabilidades de la comunidad sexodiversa son un tema político fundamental. Desde niña sufrió el maltrato de su padre que la golpeaba incesantemente por su identidad de género y sus primos que se burlaban sin parar.

México tiene que cambiar, no es posible que una se tenga que acostumbrar a vivir con ese odio y maltrato. Yo tengo la piel dura, como de cocodrilo, porque si no te destruyen”, expresa la candidata que ganó gran popularidad en 2019 al salir en un documental de Netflix que la mostró vendiendo sus tacos de canasta en bicicleta, ataviada con sus coloridos vestidos tradicionales y sus tocados de trenzas.

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“En el caso de los indígenas se trata de una minoría que nos excluye a otra minoría que somos las personas LGBT de los pueblos originarios, es una locura porque son sistemas patriarcales. Y acá en la ciudad también pasa, en vez de mandarnos a un hospital general, hacen un centro para LGBT pero eso es apartarnos. No se ve la inclusión. Yo me metí en política para luchar por nuestra salud”, explica Marven, mejor conocida como “Lady tacos de canasta”, quien participará en las elecciones intermedias del próximo 6 de junio.

Marven, mujer trans indígena que es candidata a diputada del Congreso de Ciudad de México.  Marven

Un reciente escándalo ilustra cómo la lucha por los derechos de la diversidad sexual ha entrado en la campaña electoral. Los colectivos LGBTQ+ han denunciado que 18 hombres se inscribieron como mujeres trans en el estado de Tlaxcala con el fin de sortear las condiciones de paridad sexual impuestas por la ley de candidaturas, a pesar de lo burdo de la maniobra no es la primera vez que sucede.

En 2018, 17 hombres se hicieron pasar por mujeres trans para cumplir las cuotas de género en Oaxaca, pero las autoridades electorales lograron suspender esas candidaturas. Aún falta por ver qué decidirá el instituto electoral en el caso de Tlaxcala.

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En México, el racismo y la discriminación han sido ampliamente documentados. La más reciente Encuesta Nacional sobre la Discriminación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), revela que el 40,3% de la población indígena declaró que se le ha discriminado.

Esa encuesta también muestra que la población de 18 años y más está consciente de que los derechos de los grupos discriminados no siempre son respetados en el país. La mayoría, un 71.9%, piensa que se respetan poco o nada los derechos de las personas trans, un 65.6% opina lo mismo sobre las personas gays y lesbianas y un 65.4% cree que eso le sucede a la población indígena.

En medio del mar de datos de esa consulta, destacan varios aspectos terribles: el 26.6% de las personas mencionó haber enfrentado una agresión física por su orientación sexual o su identidad de género en la escuela, además, el 9% expresó haber recibido algún tipo de abuso o violencia sexual por parte de vecinos, 8.7% sufrió esas agresiones en la escuela y 6.6% en la familia.

“Este dato es brutal. Se le preguntó a la población sobre si el ambiente de hostilidad y discriminación que conlleva asumir su orientación sexual e identidad de género les ha provocado ideas suicidas y la respuesta fue positiva en el 73% de los hombres trans, 58% de las mujeres trans, 51% de las mujeres bisexuales, 48% de hombres bisexuales, 43% de hombres gays y 42% de las mujeres lesbianas”, dijo César Flores Mancilla, director general de quejas del Conapred.

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En estas investigaciones suele usarse el término “acumulación de desventajas” para describir la discriminación estructural que las personas sufren debido a sus características, por ejemplo, si eres una mujer indígena experimentas una serie de problemas sociales en aspectos fundamentales como el acceso a la educación, la salud y otros servicios públicos, pero si además perteneces a la comunidad LGBTQ+, esas desventajas se incrementan.

El tema de ser indígenas y ser mujeres nos pone un papel de tutelaje todo el tiempo. Siempre nos han dicho que somos seres incompletos que como indígenas necesitamos la tutela del Estado, que como mujeres necesitamos la tutela de un varón y, en ese sentido, pues somos invisibles. Además, no se cree por ningún lado que una mujer indígena pueda sentir deseo y amor por otra mujer”, explica Yadira López Velasco, poeta y socióloga zapoteca.

López forma parte de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas y otras organizaciones que luchan por los derechos de los pueblos originarios en México, donde 25 millones de personas se identifican como indígenas y más de 7 millones hablan alguna lengua indígena. En su caso, el debate diario por las reivindicaciones está atravesado por la reconquista del lenguaje estético desde su mirada como mujer lesbiana.

“Mi belleza no tiene que ver con la blanquitud impuesta, pero sí tiene que ver con el color de la tierra, del adobe que levanta las paredes de la casa (…) mi belleza no tiene que ver en completarme con un hombre, pero sí, en la belleza de saberme mujer y amar a otra que, como yo, sabe ver florear mi piel morena”, rezan algunos de sus versos que firma como Yadira del Mar.

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Veracruz, la tierra más mortal

Diversos expertos coinciden en que las condiciones de machismo y discriminación de género ya existían en los pueblos originarios, pero se tenía conciencia de la fluidez de género en diversas tradiciones ancestrales. El sistema patriarcal enraizado en muchas comunidades indígenas actuales, que es visto como un factor determinante para el abuso físico y psicológico de las personas LGBTQ+, suele considerarse como una herencia del proceso de colonización.

“Antes de la conquista nosotros teníamos una mayor permisividad para ser y para mostrarnos porque la cosmogonía indígena tenía que ver con esta idea de que lo masculino y lo femenino estaban entrelazados, no había una distinción (…) La conquista vino a imponer una religión y a deslegitimar una serie de cosas que antes eran parte de la cotidianidad”, explica Gloria Careaga Pérez, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México y fundadora del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBT.

Careaga afirma que, según las cifras más recientes del observatorio, entre mayo de 2020 y abril de 2021 se han registrado 87 casos de crímenes de odio, lo cual muestra un incremento en comparación con el periodo comprendido entre mayo de 2019 y abril de 2020 en el que detectaron 77 casos.

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Desde hace varios años, Veracruz es considerada como la entidad más mortífera para las personas LGBTQ+ en México. Letra S registró 27 asesinatos en ese estado durante 2020 y, en lo que va de 2021, el observatorio ya detectó seis asesinatos y una desaparición.

Además, esa entidad se caracteriza por la crueldad de las agresiones contra las personas de la comunidad LGBTQ+: Alaska Contreras Ponce, mujer trans de 25 años y reina de belleza, fue torturada hasta la muerte en 2018; Miguel Ángel Medina, de 21 años, fue apedreado en un panteón en 2019; Jesusa Ventura Reyes, de 35 años, fue decapitada y dejaron su cabeza en una hielera frente al ayuntamiento de Fortín de las Flores, una ciudad veracruzana, en 2019; Getsemaní Santos Luna, una mujer trans, fue abaleada en febrero de este año, entre muchos otros casos.

“Las autoridades siempre dicen que son crímenes pasionales, o que estaban relacionados con el narco pero no investigan, no hacen peritajes”, asevera Jazz Bustamante, mujer trans y candidata en las próximas elecciones intermedias en el estado de Veracruz.

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Bustamante, quien forma parte de la asociación civil Soy Humano, denuncia que más del 40% de las personas LGBTQ+ que son asesinadas en la región terminan en las fosas comunes porque las autoridades solo les entregan los restos a familiares consanguíneos.

“Muchas son de otros estados como Guerrero, Oaxaca, Tabasco y se van de esas regiones por los abusos que sufren. Ejercen el trabajo sexual, porque no nos dejan estudiar ni ejercer profesiones, no les queda otra opción. Entonces ellas cortan los nexos con su familia y no podemos darle sepultura porque nadie viene a reclamarlas. Es insólito que no nos permitan despedirlas”, explica la activista.

Jorge Mercado Mondragón, sociólogo y académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, ha estudiado la migración interna de la población LGBTQ+ en México y explica que en el momento en que una persona joven indígena “se atreve a manifestar su sexualidad diversa” comienza un proceso de agresiones, grandes y pequeñas, que muchas veces marcan a la familia y culminan con la salida de los jóvenes de sus pueblos de origen.

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“El desplazamiento interno forzado no solo sucede por la violencia generalizada, las catástrofes naturales o los conflictos religiosos, también responde a la discriminación por la identidad de género. Hay muchas personas indígenas que salen huyendo de sus comunidades por su orientación sexual”, asevera Mercado Mondragón.   

Es el caso de Sofía Sánchez García, una mujer trans de 25 años, que se tuvo que marchar de Papantla, su pueblo indígena en Veracruz por la violencia extrema contra la comunidad LGBTQ+ y la ausencia de oportunidades laborales y académicas.

“Me tuve que salir de allá porque no hay una rama laboral para una, la gente no entiende que hayas nacido con un nombre y una identidad distinta a como te ves. Por eso tuve que dejar mis estudios, y ahora me dedico al trabajo sexual”, explica Sánchez con un dejo de tristeza.

Aunque afirma no haber sido violentada físicamente, asegura que los maltratos psicológicos sufridos durante toda su vida hacen mella porque le “entran pensamientos raros”. “Te toca luchar contra la depresión porque la mente te traiciona muchas veces”, asevera.

El artista plástico Pedro Miranda.Pedro Miranda

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Un lugar en el mundo

Son siluetas desbordadas, matices de luces y personajes que se desdoblan, las fotografías de Pedro Miranda son sugerentes, no precisas. Parecen salidas de un sueño. En un mundo obsesionado por la nitidez y el brillo, Miranda apuesta por la bruma, por el universo onírico y las texturas que convierten a su obra en una experiencia.

“A veces mis amigos bromean conmigo, porque dicen que formo parte de la minoría, de la minoría, de la minoría”, comenta entre risas, mientras sube la mirada al cielo. Miranda es un artista plástico invidente, también es una persona indígena LGBTQ+, pero dice que nada de eso es su carta de presentación. Apuesta por superar las categorías y la discriminación.

Una obra del artista plástico Pedro Miranda.Pedro Miranda

“Creo que lo más importante es saber cuál es el lugar que ocupas en el mundo. El hecho de ser indígena no me resta, al contrario, me suma porque soy de una región que ha sobrevivido a gran cantidad de cosas terribles”, advierte Miranda, quien dice ser consciente del privilegio que ha tenido al formar parte de la comunidad artística.

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“Supuestamente es un mundo más abierto, y entiendo que sí. Aunque han llegado a acusarme de sobreexplotar mi imagen indígena, ¿puedes creerlo?”, explica riendo.

Miranda suele utilizar algunas de sus condiciones de vida, que otros consideran debilidades, como la fortaleza que impulsa su discurso estético. Este año hizo el Manual del discapacitado perfecto, un proyecto de entrevistas a profundidad con otros creadores que comparten sus experiencias al vivir con diversos tipos de discapacidades.

“No hay que fijarse en tus limitaciones, aunque eso sea difícil. Existen cosas por las que vale la pena morir, por las que vale la pena perder privilegios, y eso es saber quién eres, vivir según tu propia personalidad y eso incluye la orientación sexual. Para eso viniste al mundo”, concluye.

Si usted quiere presentar una queja por discriminación debido a su orientación sexual o identidad de género, en México, puede hacerlo ante el Conapred llamando a estos números telefónicos: 5552621490 y 8005430033. También puede escribir a quejas@conapred.org.mx.

Si usted tiene información sobre casos de discriminación en México o Centroamérica puede escribir a albinson.linares@nbcuni.com.