IE 11 is not supported. For an optimal experience visit our site on another browser.

¿Le tembló el pulso a Obama?

le temlo el pulso a obama

Por Carlos Rajo

Las cañoneras de Estados Unidos estaban listas para  lanzar los misiles Tomahawk contra Siria. El mundo entero estaba a la expectativa de cuándo sería el ataque, casi con toda seguridad se decía, en algún momento del fin de semana. De pronto, el Presidente Obama metió el freno.

Antes de atacar, dice el mandatario, consultará al Congreso.

¿Qué paso, se pregunta el mundo, será que le tembló la mano al presidente?

¿Será que Obama parpadeó ante la duda no sólo en la comunidad internacional -Gran Bretaña, tradicionalmente el principal aliado de Estados Unidos en sus aventuras militares, se echó atrás hace un par de días- sino también en mucho del público y líderes políticos estadounidenses?

Vaya situación complicada en la que se ha puesto el presidente, literalmente en una esquina por eventos que no controla y por lo que él considera una obligación moral de responder ante el uso de armas químicas.

Sorprendiendo a muchos -los que esperaban el ataque el fin de semana no entendían por qué el presidente se dirigiría a la nación antes del mismo- el presidente habló temprano en la tarde del sábado desde uno de los jardines de la Casa Blanca. Aunque dejó claro que como mandatario ya ha decido que “los Estados Unidos deben tomar acción militar” contra el régimen sirio por el uso de armas químicas, no dará la orden para tal acción sino hasta que se consulte con el Congreso.

“En los últimos días hemos escuchado de varios miembros del Congreso quienes quieren que se escuchen sus voces”, señaló Obama en su mejor estilo de una mezcla de profesor de derecho Constitucional y astuto político leedor de los vientos en la opinión pública. “Y yo estoy totalmente de acuerdo”, añadió (según la historia del país, a veces los presidentes han pedido del Congreso lo que se llama ‘autorización militar’ para usar la fuerza, otras veces no).

En términos prácticos esta “consulta” con el Congreso no se dará hasta después del 9 de septiembre que es cuando los congresistas y senadores regresan de sus vacaciones del verano. Asumiendo que el presidente consigue mayorías en ambas Cámaras -lo cual no es del todo seguro- el ataque contra Siria pudiera darse en cualquier momento después del voto.

Pero no hay que ir tan lejos. O mejor dicho, hay que tocar antes un par de puntos centrales en toda esta discusión sobre Siria. El primero: más allá de que el ataque haya sido este fin de semana o que sea hasta en diez, quince o quién sabe cuántos días o semanas más, sigue vigente la pregunta de los 64 mil dólares, ¿qué pretende Estados Unidos con el ataque? O aun peor, ¿hay acaso claridad sobre las posibles consecuencias del ataque?

Antes de abordar estos puntos que según los expertos son el nudo “estratégico” del problema que Obama tiene frente así, hay que hablar de lo más obvio, más inmediato y lo que más preocupa, molesta y enoja a propios y extraños en los cuatro puntos del planeta: ¿por qué Estados Unidos quiere bombardear Siria?

Aquí por supuesto hay toda clase de respuestas. Las izquierdas del mundo -particularmente en Latinoamérica- ven todo esto como otra maniobra del “imperio”, de otro ejemplo del Estados Unidos en su rol de “policía del mundo” y toda una serie de sambenitos que se escuchan cada vez que Estados Unidos hace algo en la arena internacional.

Otros, simplemente tienen sinceras reservas sobre por qué bombardear a un país soberano cuando no hay autorización de las Naciones Unidas. Y algunos otros, porque temen que en efecto “se incendie” el Medio Oriente si Estados Unidos ataca a Siria.

La respuesta de Obama es simple: con el uso de armas químicas el régimen sirio ha roto un principio del derecho internacional -o de los usos y costumbres de la comunidad internacional- que señala que no se pueden usar tales armas. Y que por supuesto, quien las use deberá pagar por lo hecho. Es simplemente intolerable para la comunidad internacional, sigue el argumento, que alguien use armas de destrucción masiva (en este caso, armas químicas) y que no le pase nada.

“Este ataque es un asalto en la dignidad humana”, señaló Obama en su discurso del sábado. “Y presenta también un serio peligro a nuestra seguridad nacional”.

Alguien podrá discutir si hay pruebas suficientes de que fue el gobierno sirio el que lanzó el ataque con armas químicas, de si realmente hay una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, de si es por Estados Unidos mismo o por Israel -el principal aliado de USA en el Medio Oriente- que Obama quiere responder militarmente, en fin, cualquiera sea la verdadera razón, el punto es que el presidente de Estados Unidos ha comprometido su palabra y es por eso que es difícil que haya marcha atrás.

Todo esto puede resumirse en una frase: está en juego la “credibilidad” de Estados Unidos. Guste o no guste, sea esto frase de una potencia imperial o lo que sea, el punto es que cuando el presidente de Estados Unidos dice que se ha “cruzado una línea roja” y que habrán consecuencias, deben de haber consecuencias. De lo contrario, en el futuro los amigos y enemigos de Estados Unidos no sabrán cómo actuar y a qué atenerse, lo cual por supuesto es grave para los intereses globales de Washington (Irán, entre otros adversarios de USA, toma nota de la reacción de Washington).

Y que conste, no pretendemos ponernos aquí el saco de Washington, es simplemente la descripción de una realidad política de la primera potencia militar del planeta. Esto no es de que uno esté de acuerdo o no con Estados Unidos, es asunto de cómo es la lógica del poder cuando de actuar en la arena internacional se trata.

Ahora, el problema por supuesto es conseguir la autorización del Congreso para que el presidente ordene el ataque militar. Ya habrá tiempo para analizar si Obama tendrá los votos, baste decir que muchos legisladores están en conflicto en este momento. Por un lado, les satisface que el presidente no se haya ido por la libre y ordenado el ataque sin consultarles.

Por cierto, la razón principal por la que Obama decidió consultar al Congreso es porque al no tener apoyo internacional hubiese sido muy riesgoso lanzarse a la aventura militar también sin apoyo local (según las encuestas una mayoría del público se opone al uso de la fuerza).

Muchos congresistas además, -sino es que todos- entienden esta lógica de que la primera potencia militar del planeta no puede darse el lujo de no hacer ciertas sus advertencias y de seguro estarán dispuestos a darle el beneficio de la duda al mandatario y dejarlo que actué como mejor le parezca, incluyendo por supuesto la posibilidad del uso de la fuerza.

El problema es que muchos de estos legisladores tienen las dudas que mucha otra gente tiene respecto de Siria y un eventual ataque militar: ¿cuál es el objetivo estratégico del ataque? ¿Que se conseguirá?, ¿qué viene el día siguiente de que hayan caído la media docena de misiles en Damasco?

Simple y sencillamente no se sabe. Nadie sabe qué viene el día después.

Es posible para el caso, que Siria responda y haga ciertas sus amenazas de que convertirá esa región del Medio Oriente en “un infierno”. Siria podría atacar a cualquiera de sus vecinos, en particular a Israel o Turquía, ambos aliados de Estados Unidos. Lo cual por supuesto, sería grave y en efecto se armaría una guerra mayor. Un dato: Israel no se quedará de brazos cruzados. El estado judío tiene la capacidad de golpear con dureza al régimen sirio.

Pero es posible también que nada pase, que es la opción preferida de la Administración Obama. De que Siria “aprenda la lección” de que no se pueden utilizar armas químicas sin pagar las consecuencias y que simplemente siga la guerra civil que ya lleva más de dos años y medio.

Como es muy poco lo que sabe de cómo piensa el gobierno sirio nadie puede garantizar de que esto es lo que sucederá. De nuevo, un sólo dato: Siria no está sola en esta empresa. Tanto Irán como el grupo armado Hezbollah (que opera desde el vecino Líbano y ya pelea en Siria defendiendo al régimen de Bashir Assad) tienen enormes intereses en Siria y es posible que ante un ataque de USA decidan que hay que responder.

El presidente Obama ha asegurado que el eventual ataque no tiene el objetivo de derrocar al presidente Assad o de involucrar directamente a Estados Unidos en el conflicto sirio -con tropas en el terreno-. Esto suena bien, el problema es que la realidad muchas veces resulta diferente a los buenos deseos.

Es posible que por el ataque de EEUU caiga Assad. Escenario este que no le agrada mucho a Estados Unidos debido a que no está seguro quién llegará al poder. La oposición siria es una ensalada de grupos armados, algunos de ellos fundamentalistas islámicos -es decir, enemigos de USA-.

Es posible también que por el ataque haya un caos en el régimen sirio y aun sin caer pudiera perder el control de las armas químicas. Un escenario de pesadilla si estas armas químicas llegan a manos de la oposición -de gente de Al-Qaeda o simpatizante de Al-Qaeda que opera en Siria-.

O es posible incluso, que ante el ataque el gobierno sirio de la batalla -como ya se dijo que convierta ‘en un infierno’ la zona- y que obligue a que Estados Unidos se involucre más directamente en términos militares. O que no haga mucho inmediatamente después del ataque pero que eventualmente vuelve a utilizar armas químicas. La idea aquí es que se llegue a la otra pesadilla de Obama: que lo obliguen a enviar tropas a Siria, asunto crítico considerando que no hay en Estados Unidos ningún apetito por parte del público para “poner botas en el terreno”.

Como decíamos, el presidente Obama se ha puesto -o la realidad lo ha puesto- en una situación imposible. Por lo que ha sucedido, por los intereses a largo plazo de Estados Unidos y por sus propias palabras de advertencia a Siria, está obligado a hacer algo en términos militares. Por hoy sin embargo, ha decidido meter el freno y dejar que el Congreso debata y vote sobre el asunto. Al final del día sin embargo, nada habrá cambiado en términos del qué se busca y del cómo terminará lo que se haga en Siria.

Entretanto, las cañoneras de Estados Unidos siguen rondando el Mediterráneo. Listos sus comandantes para apretar el gatillo pero sujetos a la intensa discusión política que se dará en Washington y en el resto de la nación.

Y para el record, para no olvidar quien está en el centro de todo este debate: los civiles en Siria y la brutalidad que han padecido en la guerra civil. Más de 100 mil muertos y varios millones de desplazados. Para recordar que para muchos sirios, lo de las armas químicas, lo del posible ataque de Estados Unidos, lo de las consecuencias del día después y demás considerandos de estrategas militares, políticos y analistas de café, son en cierto sentido algo accesorio ante su realidad diaria. Es que ya viven en “un infierno”.