Las presiones de Trump dañan a las autoridades sanitarias y pueden poner en peligro la confianza en la futura vacuna

Científicos cuestionan las decisiones precipitadas que tomó esta semana la FDA y los CDC para alinearse con los objetivos electorales del presidente. Así se desencadenó esta crisis.

La credibilidad de la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés), uno de los principales organismos de salud pública del país, fue puesta en entredicho esta semana tras una serie de controvertidas decisiones que, según expertos, son resultado de la presión política del presidente, Donald Trump, en su intento por ser reelegido.

Su director, Stephen Hahn, corrigió el martes sus afirmaciones sobre el poder del plasma convaleciente (que se toma de pacientes que se han recuperado del coronavirus y es rico en anticuerpos) para tratar a pacientes con COVID-19. Y el viernes destituyó a la portavoz de la agencia, Emily Miller, que llevana menos de dos semanas en el cargo. 

Miller trabajó previamente como reportera del canal de extrema derecha One America News Network, y formó parte de la campaña de reelección del senador republicano Ted Cruz. En cualquier caso, sigue trabajando en la agencia.

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El nombramiento de Miller fue inusual, ya que el puesto es típicamente ocupado por funcionarios de la FDA, no por personas nombradas políticamente. Además, sus anteriores trabajos periodísticos se habían centrado principalmente en temas de defensa de las armas, no en la salud o la medicina.

También el viernes, Wayne Pines, un consultor de comunicaciones con varios años en la agencia, confirmó que su contrato para asesorar a Hahn en la estrategia de comunicaciones había sido terminado, según reportó el diario The Washington Post.

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En opinión de Daniel Carpenter, profesor de gobierno de la Universidad de Harvard, Hahn "perjudicó su propia credibilidad, perjudicó la de su agencia y probablemente perjudicó la credibilidad de la futura vacuna".

"Se me ha criticado por declaraciones que hice el domingo por la noche sobre los beneficios del plasma convaleciente. La crítica es totalmente justificada. Debería haber dicho que los datos revelan una reducción relativa del riesgo, no una reducción absoluta del riesgo", afirmó entonces Hahn.

Hahn se hizo eco de Trump y del secretario de Salud, Alex Azar, al afirmar que 35 personas más de cada 100 sobrevivirían al coronavirus si fueran tratadas con plasma.

Pero los científicos y los expertos médicos han rechazado las afirmaciones sobre el tratamiento y el propio memorándum científico de la FDA dejó claro que se necesita más investigación para probar si funciona.

Tanto el doctor Jesse Goodman, ex jefe científico de la FDA, como otros ex empleados, aseguraron que no estaban de acuerdo con la decisión de la agencia y que les preocupaba que siguiera la presión de Trump.

"Creo que la FDA tomó esta decisión por sí misma, sin embargo ese tipo de presión es muy tóxica y erosionará la confianza en las decisiones de la FDA en el futuro", declaró Goodman, ahora profesor de la Universidad de Georgetown.

El personal de la FDA apoyó en general la decisión sobre el plasma, según una persona familiarizada con las deliberaciones, que habló con la agencia de noticias The Associated Press bajo la condición de mantener el anonimato.

Pero varios de los principales científicos de los institutos nacionales de salud aún no estaban convencidos de su eficacia.

Por otra parte, las decisiones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) también han sido objeto de polémica.

Los CDC dieron marcha atrás en relación a su última recomendación respecto a quién debe hacerse la prueba del COVID-19. De acuerdo con esta no es necesario que se hagan la prueba las personas que han estado en contacto cercano con personas infectadas, a menos que tengan síntomas.

Esta decisión fue criticada por expertos aseguraron que esto va en contra del consenso científico de que se necesitan pruebas a gran escala para erradicar nuevas infecciones.


"Me preocupa la credibilidad de la FDA y los CDC, especialmente en un momento en el que la capacidad del Gobierno federal para promover la salud pública debería ser una prioridad para todos los responsables de formular políticas", aseguró Daniel Levinson, ex inspector general del Departamento de Salud y Servicios Humanos, que supervisa tanto a la FDA como a los CDC.

Con información de The Associated Press y de The Washington Post.