Las familias de trabajadores muertos por el coronavirus luchan por una compensación de las empacadoras de carne

“Le gustaba su trabajo. Era muy responsable. Ni una falta, ni una llegada tarde, ni por enfermedad en los 30 años que trabajó ahí”, explica su esposa, que se enfrenta ahora a una última prueba muy difícil para cobrar lo que merece.

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Por Belisa Morillo y Damià Bonmatí

Carolina Sánchez esperaba con ansia el día en que su esposo se jubilara. Dice que Saúl siempre encontraba una manera de seguir postergando esa fecha. “Le gustaba su trabajo. Era muy responsable. Ni una falta, ni una llegada tarde, ni por enfermedad en los 30 años que trabajó ahí”, dice en su casa rodeada de hijos, nietos y el peso de la ausencia.

Saúl Sánchez falleció el 7 de abril a los 78 años. Fue el primer trabajador de la empacadora de carne JBS en Greeley, Colorado, que murió por COVID-19. La planta ha sido un epicentro de los brotes de coronavirus en la industria que procesa y empaca el pollo y la carne que abastece Estados Unidos.

Al menos 174 trabajadores de plantas de carne y pollo murieron de COVID-19 desde el inicio de la pandemia, según The Food & Environment Reporting Network (FERN), un organismo independiente que recopila los datos. También calcula que más de 38,600 empleados fueron infectados. No hay una estadística oficial ni completa al respecto.

Los grandes actores de la industria lideran los contagios en números absolutos: Tyson suma unos 10,100 casos positivos. Le siguen JBS (2,660), Smithfield (2,024) y Cargill (1,014), según ese mismo organismo. 

Más allá del dolor de esta epidemia que se ha cobrado más de 150,000 vidas en Estados Unidos, las muertes en las plantas de carne y pollo son el comienzo de una nueva lucha para algunas familias de los trabajadores fallecidos: demostrar que sus seres queridos se contagiaron haciendo su trabajo y pedir, en consecuencia, una compensación económica por esa pérdida.

Las compañías prevén compensaciones en casos de accidente, enfermedad o muerte vinculada al trabajo. Pero con la llegada del coronavirus, que se propaga rápidamente y del que aún no se sabe todo, ni los cargos políticos, ni las compañías, ni las autoridades sanitarias y laborales se lo están poniendo fácil a las familias consultadas por Noticias Telemundo Investiga. 

Noticias Telemundo Investiga habló con una veintena de trabajadores de la industria del pollo y familiares directos. En las entrevistas, alertaron que las medidas contra la epidemia se implementaron de manera tardía e insuficiente en algunas de las fábricas.

Y pese a que la autoridad federal en materia de sanidad y laboral admite que estos empleados “pueden estar sustancialmente más expuestos” al virus debido a su trabajo, la mayoría de guías de seguridad para las compañías son solo recomendaciones, no obligaciones, lo que puede dejar más desamparados a los trabajadores en caso de litigio. La propia administración Trump ha escrito que no perseguirá a las empresas, incluso se ha ofrecido a defenderlas si la demanda de un trabajador llega a los tribunales. 

Los CDC y OSHA publicaron un documento conjunto en el que dicen que los trabajadores de esta industria están considerablemente más expuestos y detallan recomendaciones.Noticias Telemundo Investiga

A casi cuatro meses de la muerte de Saúl, Carolina Sánchez no llega a acostumbrarse a la ausencia de quien fue su compañero de vida por más de 53 años. Algunos días le parece que, como siempre, a las tres de la tarde va a llegar de la matanza, pero no llega. La muerte de su esposo es insalvable, pero lo que más le duele, dice, es la supuesta indiferencia de la compañía. “Son 30 años en los que lo ha dado todo”, lamenta la viuda de Saúl.

Autoridades y sindicatos han puesto la mirada en esta planta de carne, enorme, ruidosa y con una chimenea que suelta humo, con al menos seis trabajadores fallecidos: JBS es el ejemplo de cómo la pandemia se ha convertido en uno de los mayores retos que la industria de la carne y el pollo ha tenido en mucho tiempo.

Demasiado tarde

Beatriz Rangel, hija mayor de los Sánchez, ha tomado las riendas de la lucha por la compensación por la muerte de su padre. Recuerda que comenzó a tener síntomas el 19 de marzo, se hizo la prueba el 24 y al día siguiente le dieron el resultado: Saúl tenía COVID-19.

Ya convaleciente y en cama en el hospital, dijo inmediatamente a sus hijos que avisaran al trabajo para que tomaran medidas. Beatriz dice que insistió marcando por teléfono al departamento de Recursos Humanos pero no le contestaban. 

“Mi padre me dijo ‘no quiero que nadie más se enferme”, recuerda ahora la hija. Al final logró hablarles. “Dije a la compañía ‘mi papá está en el hospital, está grave y tiene miedo de que sus compañeros se contagien’. ¿Alguien me habla para atrás? De allí ya no volvimos a escuchar de JBS hasta que mi papá…”

Beatriz, emocionada, no logra decir la palabra: murió. Varios hechos sugieren que la empacadora reaccionó tarde a la pandemia

JBS dijo a Noticias Telemundo Investiga que su primer caso de coronavirus se registró el 23 de marzo, se enteraron días después y tomaron medidas en consecuencia. Pero el Departamento de Salud de Colorado nos indicó algo diferente: el primer caso del que tienen constancia se reportó once días antes.

Hay once días de diferencia entre el primer caso de COVID-19 en la planta según el estado de Colorado y según la compañía.Noticias Telemundo Investiga

Kim Cordova, presidenta en Colorado del Sindicato Internacional de Trabajadores de la Industria de Alimentos y Comercio (UFCW, en inglés), el mayor en la industria alimentaria, asegura que el 10 de marzo varios trabajadores de la planta de Greeley presentaban síntomas. Pidió entonces por escrito a la compañía aislar a los trabajadores mayores de 60 años, casi dos semanas antes de que Saúl Sánchez saliera positivo.

“Creo que fue después de la quinta muerte, cuando finalmente sacaron a los trabajadores en riesgo”, dice Cordova. “Esos seis trabajadores (fallecidos) todavía estarían aquí hoy porque pertenecen a ese grupo”.

El 10 de abril, tres días después de la muerte de Saúl, un segundo trabajador de la misma planta murió por COVID-19, Eduardo Conchas de la Cruz, de 60 años.

Una crisis federal

Ese mismo día, el presidente, Donald Trump, y el vicepresidente, Mike Pence, hablaron sobre la situación en esa planta, sin nombrar a la compañía directamente. Pence prometió que en los días siguientes llegarían recursos para pruebas y apoyo. 

En un correo electrónico, JBS dijo a Noticias Telemundo Investiga que su compañía ha otorgado, en tres ocasiones, oportunidades para que se hagan pruebas del COVID-19 voluntarias, libres de costo, a sus empleados y a la comunidad en Greeley en general.

Saúl Sánchez, nacido en Zacatecas, México, murió en Greeley, Corolado, falleció el 7 de abril a los 78 años.Moisés Olmos

Silvia Martínez, líder de Latinos Unidos, una organización pro comunidad hispana en Greeley, dice que las pruebas prometidas por Pence nunca llegaron, “hicieron pruebas aquí en un parque cercano”. Pero, asegura, no todos tuvieron acceso a esas pruebas.

Entre ellos está José de los Santos, un trabajador de 52 años, que comenzó a sentirse mal y fue a una clínica el 24 de marzo. José asegura que no le hicieron ninguna prueba. Ni cuando comenzaron las molestias ni cuando regresó a trabajar tres meses después. Su historial médico indica que presentaba varios síntomas de COVID-19 y por eso su doctora lo diagnosticó con el virus.

Unos correos electrónicos obtenidos por Noticias Telemundo Investiga fechados el 11 de abril muestran cómo oficiales del estado de Colorado consideraron la posibilidad de mandar de vuelta a la planta a empleados asintomáticos pero que estuvieron expuestos al virus en plena pandemia. Dicen que JBS habló con el “vicepresidente” –no mencionan el nombre, pero ese mismo día Mike Pence habló en público sobre el brote en Colorado. Basándose en esa comunicación, justifican la propuesta de hacer regresar a los empleados amparándose en que las empacadoras de carne como JBS son una “infraestructura crítica” para el país.

En el intercambio de mensajes, Jill Hunsaken Ryan, directora ejecutiva del Departamento de Salud de Colorado (CDPHE) escribe a Mark Wallace, el en ese entonces director del Departamento de Salud del Condado Weld, donde se encuentra JBS: “¿Estás de acuerdo con eso? Yo estoy si tú lo estás”. Wallace contestó que estaba de acuerdo.  

“¿Estás de acuerdo con eso? Yo estoy si tú lo estás”. Estaban de acuerdo.  Noticias Telemundo Investiga

Desde el sindicato, Cordova escribió ese mismo día al gobernador para decirle que ya había unos 50 empleados en la planta de JBS que habían dado positivo a COVID-19 y cinco de ellos estaban hospitalizados. Los empleados pedían el cierre de la planta porque temían que muchos trabajadores no se hubieran hecho la prueba porque no se les ofreció o porque temían perder días de pago.

El vocero de JBS, Cameron Bruett, dijo a Noticias Telemundo Investiga que el 11 de abril cerraron la planta por voluntad propia durante unos días, tras consultas con los departamentos de Salud para permitir una cuarentena extendida y tomar más medidas de prevención en la planta. 

Añadió que la planta solo reabrió tras varias visitas de Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) y los departamentos de Salud del condado de Weld y el Estado de Colorado.

Según Bruett, tras la visita de CDPHE a sus instalaciones en Greeley, los funcionarios no pidieron que se tomaran medidas adicionales contra el COVID-19. Eso les hizo confiar en que estaban haciendo las cosas correctamente para proteger a sus empleados durante la pandemia.

Al menos 287 empleados de la planta de JBS en Greeley salieron positivos de COVID-19, seis de ellos murieron, según el Departamento de Salud de Colorado.

¿Pero dónde se infectaron?

Esa es la pregunta del millón. 

Cuando Noticias Telemundo Investiga visitó una de las grandes plantas de Tyson en Arkansas, su vicepresidente de Recursos Humanos, Hector González, contestó: “Es una pregunta muy difícil de la que ocuparse. Los miembros de nuestro equipo pasan cerca de ocho horas y media del día en el trabajo. El resto lo pasan en otros lugares”.

En esas ocho horas y media –continuó González– Tyson los recibe con medidas de seguridad y les provee información. “Las prácticas que tenemos instauradas son prácticas que, con suerte, ellos también aplican cuando se van a sus casas”. 

Desde la entrada, en la planta de Springdale, Arkansas, vimos desinfectante de manos, mascarillas quirúrgicas para los empleados, una cámara que detecta la temperatura de los trabajadores y pantallas de información en varios idiomas. Los operarios en las líneas de producción trabajan separados por pantallas de plástico. 

Los empleados de esta planta de pollo en Arkansas llevaban mascarillas y estaban separados por plásticos durante la visita de Noticias Telemundo Investiga.Mark Whaley

Ya en sus casas, algunos trabajadores se quejaron a Noticias Telemundo de la tardanza de la compañía en adoptar medidas de seguridad. Tyson dijo que empezó a chequear la temperatura de sus empleados en marzo y requirió que llevaran protección facial en abril.

En esa planta, con más de 1,100 empleados, al menos 333 salieron positivos de COVID-19, según el Departamento de Salud de Arkansas. Ni Tyson ni el Departamento de Salud dieron la cifra de empleados fallecidos, pero Noticias Telemundo Investiga pudo confirmar la muerte de al menos un empleado.

Preguntado por la cifra de muertos entre la fuerza laboral de toda compañía, el vicepresidente de Recursos Humanos dijo desconocer el número.

Una empleada de Tyson procesa pechugas de pollo en Springdale, Arkansas.Mark Whaley

Durante semanas, líderes políticos y empresariales han repetido que los trabajadores se infectan fuera de las plantas. 

A escala federal, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, apuntó en abril que los contagios de los trabajadores se debían más a aspectos de la vida doméstica que a las condiciones de las plantas, según relataron al website Politico congresistas presentes en una llamada sobre el tema.  

Estados con una importante presencia de esta industria también dieron eco a la idea. La gobernadora de Dakota del Sur, Kristi Noem, dijo en Fox News: “Creemos que el 99% de lo que está ocurriendo no pasó dentro de la planta”, en referencia a un brote en una planta de carne de cerdo de Smithfield. “Mucha de esta gente que trabaja en la planta vive en la misma comunidad, en el mismo edificio, a veces en el mismo apartamento”.

El gobernador de Arkansas, Asa Hutchinson, dijo ante la prensa que “quien trabaja en una planta, vuelve a casa, va a la comunidad, juega a pelota, quizás no ahora, pero tienen actividades, van al daycare”. En este estado sureño ha habido al menos 3,855 infectados de la industria del pollo y 20 muertes de trabajadores por COVID-19, según datos del estado de Arkansas facilitados a Noticias Telemundo Investiga. El 54% de los infectados son hispanos.

Para activistas como Magaly Licolli, “se está creando una cultura de culpar al trabajador de enfermarse fuera de las plantas”. Esta inmigrante mexicana ayuda a empleados de la industria del pollo en Arkansas a organizarse, comunicarse y también alzar la voz. Hicieron llegar recientemente una carta al gobernador pidiendo más atención a los empleados de este sector.

Licolli dice que “ahora la batalla de los trabajadores es probar que se enfermaron en la planta”. Aunque lo ve manejable con un buen abogado: “Hay mucha evidencia de que los trabajadores enfermaron en la planta”

Demostrar que se infectaron trabajando

Abogados laboralistas consultados por Noticias Telemundo dicen que, en caso de litigio o de búsqueda de una compensación, los trabajadores afectados y sus familias deberán demostrar si se infectaron durante su actividad laboral. 

Contactamos a departamentos de salud, encargados de la reacción ante la pandemia en estados clave, y sostienen que es complicado saber dónde se infectó un trabajador.

“No siempre es posible saber dónde se infectó. Nunca sabemos con total certeza dónde fue expuesto el individuo”, aseguró Rachel Herlihy, epidemióloga Departamento de Salud de Colorado. Dijo que es más fácil demostrarlo si el operario tuvo contacto directo con un caso positivo en el trabajo y, en cambio, no estuvo expuesto en su hogar.

“Es muy difícil determinar si la infección ocurrió en el trabajo o en la comunidad”, respondió el doctor José Romero. Cuando lo entrevistamos era jefe médico del Departamento de Salud de Arkansas y actualmente es el secretario interino, reportando sobre la epidemia directamente al gobernador. “Los trabajadores se juntan antes de entrar a la planta. Pueden irse muchas o varias personas en el mismo carro o en un bus. Comen juntas”.

Un acelerador del virus

Un equipo de los CDC viajó en junio al noroeste de Arkansas, epicentro de la producción nacional del pollo, para analizar cómo se producían los contagios. El reporte final, al que tuvo acceso Noticias Telemundo Investiga, pone a las procesadoras de pollo en el radar.

Los expertos concluyeron que los primeros contagios de coronavirus surgieron de la comunidad, pero que luego fueron seguidos de un “rápido incremento” entre operarios de plantas de pollos. Eso dibujó una cadena de contagio en Arkansas en la que se superponen relaciones laborales, domésticas y en la comunidad, siendo las polleras un foco llamativo en esos mapas de infecciones.

Este reporte de los CDC, basado en siete semanas, muestra en naranja los casos positivos que trabajan en plantas de pollo y en morado los infectados que viven con empleados de esta industria en el noroeste de Arkansas. En verde, la minoría, otros miembros de la comunidad.Noticias Telemundo Investiga

Los CDC dicen que el 40% de los contagiados adultos hispanos trabajan en plantas de pollos del área. De hecho, desde que se aceleró la propagación a mediados de mayo, la vasta mayoría de nuevos casos eran de empleados de la industria pollera o de otras personas que vivían con trabajadores.

En la propagación, los expertos sanitarios lamentaron los pocos investigadores estatales que hablaran las lenguas más comunes entre los trabajadores de esta industria, el español y el marshalés. Según el reporte, en las investigaciones de rastreo y testeo de COVID-19, tan solo un investigador del Departamento de Salud de Arkansas hablaba español. También animó a la industria a aplicar todas las recomendaciones del gobierno para mitigar la pandemia en esa zona del estado.

Los reportes periódicos del Departamento de Salud citan los casos activos y las recuperaciones de COVID-19 en las polleras, pero no incluyen las cifras de fallecidos. El estado de Arkansas dijo a Noticias Telemundo Investiga que 20 trabajadores de la industria del pollo murieron de COVID-19, pese a que inicialmente reportaron cifras mayores que después dijeron ser de hospitalizados.

 Una muerte laboral o no

Guillermo Castillo cree que su papá, Bernardino de Jesús, se contagió en la planta de pollo de Rogers, Arkansas, donde trabajaba de limpiador. Chus, como era conocido este salvadoreño, salió positivo de COVID-19, fue hospitalizado e intubado días después, y murió el 17 de junio por complicaciones de la enfermedad.

Castillo dice que su padre, que tenía 72 años, “prácticamente todo el tiempo lo pasaba ahí en el trabajo”. Vivía solo y su único contacto, con precauciones, fue con la familia entre la que no hubo infectados.

Castillo, sacerdote, ofició el funeral de su papá. Fue una ceremonia íntima por mandato de la pandemia: solo asistieron familiares directos, cubiertos con máscaras y separados por bancas vacías. En primera línea había una tableta que transmitía en Facebook el adiós colectivo a los amigos y conocidos en Estados Unidos y El Salvador, y daban su pésame en vivo en los comentarios. 

Durante el funeral, el hijo citó el virus que lo había dejado huérfano antes de tiempo y también se acordó de su tío. El hermano de su papá, a miles de millas de distancia y sin haber tenido contacto con Chus, también murió de COVID-19 con pocos días de diferencia.

“La compañía no dice que se contagió aquí”, dice el hijo. “Sencillamente lo que dicen es que se murió, pero no dicen que murió por el COVID aquí y se contagió aquí”. 

Guillermo Castillo muestra el certificado de fallecimiento de su papá: el COVID-19 aparece como causa de la muerte, sumado a neumonía, síndrome respiratorio agudo y fallo respiratorio agudo.Mark Whaley

Castillo trabajaba en la planta Ozark Mountain Poultry, propiedad de la compañía George’s, que no quiso comentar sobre el caso y nos remitió a su página web. En ella se puede leer que tomaron medidas de seguridad para sus empleados y que ofrecen días de licencia médica por coronavirus, pero no hay ninguna referencia a las muertes por COVID-19. Al menos 278 trabajadores se infectaron en esa planta, según datos del Departamento de Salud de Arkansas.

La incógnita de la compensación

– ¿Considera Tyson el fallecimiento de un empleado por COVID-19 como una muerte vinculada al trabajo? – preguntamos al vicepresidente de Recursos Humanos de Tyson, Hector Gonzalez.

– No creo que uno pudiera caracterizar una pérdida de esa manera. 

Tyson Foods fue la única compañía de las tres consultadas que accedió a una entrevista. Dijo que la compañía ofrece seguros médicos y de vida a todos sus empleados. 

Pero la compensación es algo más que el seguro de vida. Puede tratarse de una ayuda de cientos de miles de dólares, siempre que se trate de una muerte vinculada al trabajo.

La cantidad de dinero prevista en una compensación varía mucho de caso a caso, y de estado a estado, según expertos consultados por Noticias Telemundo Investiga. Pero, en esencia, sirve para cubrir gastos colaterales por la enfermedad o muerte vinculada al trabajo: facturas médicas, costos del funeral, y también ayudas económicas para parejas o hijos de los fallecidos dependientes de los ingresos laborales del fallecido. 

El funcionamiento de esas ayudas varía en cada estado. En Arkansas, los trabajadores o familiares que quieren una compensación por una enfermedad laboral tienen que presentar una queja y luchar por ello, explicó una abogada experta en el área, Evelyn Brooks. Y, en este caso del COVID-19, deben demostrar que el contagio fue debido a su trabajo procesando carne. Si hay consenso, trabajadores y compañías pueden acordar una cifra.

En JBS de Greeley, con seis muertes entre los trabajadores de la planta y uno más en las oficinas corporativas, las familias están batallando por ese derecho. “La mayoría de trabajadores ha buscado abogados para, por lo menos, presentar sus reclamaciones ante las autoridades, incluso aquellos que se encuentran conectados a respiradores porque sus facturas médicas ya están llegando”, dijo Kim Cordova, del sindicato que representa gran parte de la plantilla.  

La familia Sánchez –padres, hijos y nietos– se reunía todos los fines de semana. Ahora, los domingos, lo hacen alrededor de la tumba del patriarca fallecido.Moisés Olmos

Según el Departamento de Trabajo de Colorado, hasta el 25 de julio, el Estado ha recibido un total de 2,025 reclamos de compensación por COVID-19 de parte de trabajadores, ya sea por enfermedad o muerte. Más del 60% fueron denegados y el 31% admitidos.

Por ahora, la familia de Saúl Sánchez recibió un documento en el que la compañía les niega la solicitud de una compensación económica: consideran la enfermedad de COVID-19 que acabó con su vida como “no vinculada al trabajo”. Su hija Beatriz quiere lograr que compensen a su mamá.

JBS, una empacadora de carne, negó por ahora una compensación a la familia de Saúl Sánchez, un trabajador que murió de COVID-19 en Greeley, Colorado.Noticias Telemundo Investiga

La familia Sánchez calcula que sus gastos suman cerca de 30,000 dólares entre el funeral y las facturas de hospital y dice que la compañía tardó en comunicarse con ellos. Les dieron 75,000 dólares en becas para los estudios de 13 nietos de Saúl, pero creen que no es suficiente.

– ¿Usted cree que él se contagió allí? –preguntamos a la hija mayor.

– Yo sé que él se contagió allí.

– ¿Con qué razón la empresa niega la compensación?

– Dicen ‘no podemos comprobar que la agarró la enfermedad en JBS. Sólo le pagarían compensación si demuestran que el COVID lo agarró en el trabajo.

– ¿Y no hay prueba de ello?

–  En eso estamos trabajando.

En casa de los Sánchez, esta es su nueva lucha. 

Si conocen casos de trabajadores de la industria del pollo y la carne afectados por la crisis del coronavirus, pueden contactar a los autores de este reportaje a través del email ntinvestiga@nbcuni.com