La historia del verdadero ‘Hannibal Lecter’: un doctor mexicano asesino que ayudaba a los pobres

Se llamaba Alfredo Ballí Treviño, pero lo conocían como 'El hombre lobo de Nuevo León' o 'El vampiro'. Era un joven médico condenado a muerte por un crimen atroz. Su increíble historia inspiró uno de los personajes más siniestros: el caníbal Lecter.
Alfredo Ballí Treviño (der.) y el actor Anthony Hopkins (izq.) en su papel como Hannibal Lecter
Collage con las fotografías de Alfredo Ballí Treviño (der.) y el actor Anthony Hopkins (izq.) en su papel como el médico caníbal Hannibal Lecter, en 'El Silencio de los Inocentes'. Reuters/ Ilustración por Edda León

En 1963 el periodista estadounidense Thomas Harris acudió al penal de Topo Chico en Monterrey para entrevistar a su compatriota Dykes Askew Simmons, condenado a muerte por triple homicidio, pero al llegar allí se encontró con otra persona cuya manera de ser elegante e inquisitiva le causó una profunda impresión.

Simmons, un hombre con labio leporino y pequeñas cicatrices en la cabeza, había escapado de un asilo mental en Estados Unidos. Buscó refugió en México, pero terminó encerrado de nuevo tras asesinar a tres hermanos. Trató de repetir la hazaña de la fuga en Topo Chico, pero los guardias de seguridad le dispararon. De no ser por la intervención de un joven médico preso en el mismo penal hubiera muerto

Harris preparaba un reportaje sobre Simmons para la revista Argos y quiso entrevistar al doctor que le había salvado la vida. Ignoraba entonces que Alfredo Ballí Treviño, a quien registró en sus apuntes bajo el pseudónimo de Dr. Salazar, había sido condenado por un homicidio que colmó las páginas de los principales diarios del país.

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La tarde del 8 de octubre de 1959 Ballí Treviño, entonces de 27 años, salió de su consultorio en la colonia Talleres de la ciudad de Monterrey. Llevaba una caja de cartón en brazos con los restos de su amante descuartizado.

El estudiante de medicina Jesús Castillo Rangel, de 20 años, había visitado a Treviño en su consultorio esa tarde. Tuvieron un desencuentro y la situación se tornó violenta. Treviño lo sometió. Le aplicó una inyección de pentonal sódico y lo degolló con un bisturí hasta desangrarlo. Luego, con trazos precisos del mismo instrumento, separó los pedazos de carne sin cortar un solo hueso. Colocó el cuerpo desmembrado en una caja que metió a la cajuela de su auto y manejó hasta un rancho a las afueras de la ciudad.

Allí enterró la caja con los huesos de su amante. Al propietario,  el tío de un conocido suyo, le aseguró que se trataba sólo de desechos médicos.

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Al día siguiente, un pastor encontró la tumba poco profunda donde estaban sepultados los restos, según algunas versiones en medios hizo el hallazgo gracias a "una vaca pinta" que se paró sobre el montículo para olisquear lo que yacía bajo la superficie.

“La seguí para atajarla y vi un montón de piedras al pie de un arbusto de esos llamados tenazas”, dijo el pastor al diario El Norte.

Alfredo Ballí Treviño durante una entrevista con el diario Milenio en 2008.Cortesía Milenio

La policía no tardó en localizar a Ballí Treviño y cuando el fiscal Alejandro Garza Delgado lo interrogó, él no calló el secreto. Confesó con minucia la secuencia de eventos atroces, como asistido por la calma que confiere los años de estudio e incluso se vanaglorío de su habilidad para demembrar el cuerpo, según el relato de las autoridades.

En mayo de 1961, un juez lo declaró culpable de homicidio, inhumación clandestina y usurpación de profesión. Fue condenado a muerte y se convirtió en el último mexicano que recibió la pena capital.

La inteligencia fría de Ballí Treviño capturó la imaginación de Harris durante su entrevista en Topo Chico, y años después inspiró la creación del emblemático personaje del psiquiatra y caníbal Hannibal Lecter, según relató el autor en el prólogo a la edición del 25 aniversario de su novela El silencio de los inocentes.

El thriller de cuatro partes también incluye los libros de El dragón rojo, Hannibal y Hannibal, el origen del mal, que fueron llevados al cine.

“Había cierta elegancia en su persona”, escribió Harris al recordar el encuentro en la prisión.

El doctor Salazar, seudónimo que empleó el escritor para no revelar la identidad del recluso, era “un hombre pequeño y ágil de espeso cabello rojo oscuro”. Con una seña, el médico lo invitó a tomar asiento.

El actor Anthony Hopkins como Hannibal Lecter, en una escena de la película de 1991 El silencio de los inocentes.AP

Los papeles se invirtieron. Fue el reo condenado a muerte quien llevó la conversación con el periodista a base de preguntas oscuras en un diálogo infame que Harris recuperó en El silencio de los inocentes y que fue interpretado en el cine por las actores Anthony Hopkins como Hannibal Lecter y Jodie Foster como Clarice Starling.

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Señor Harris, ¿cómo se sintió cuando miró a Simmons?

¿Lleva usted lentes de sol consigo, señor Harris?

Sí.

Porque él podría ver su reflejo en los suyos... Pero dígame, ¿piensa usted que Simmons era maltratado por otros niños durante los recreos debido a que es un hombre con un defecto físico?

Probablemente, eso es común.

Sí, es común. ¿Vio usted fotos de las víctimas: las dos jovencitas y su hermanito?

Sí.

¿Diría usted que eran chicos atractivos?

Lo eran: jóvenes bien parecidos provenientes de una buena familia... con una buena educación, me lo han dicho. Pero... no está usted insinuando que ellos lo provocaron, ¿o sí?

No, por supuesto. Pero las aflicciones infantiles hacen que las aflicciones posteriores sean fácilmente recreadas.

Los actores Anthony Hopkins como el Dr. Hannibal Lecter y Julianne Moore como la agente del FBI Clarice Starling en el thriller Hannibal.Getty Images

Sólo después de la entrevista Harris supo que su interlocutor no era el médico de la prisión sino un cirujano condenado a muerte por un escalofriante homicidio.

“El doctor es un asesino”, le explicó el guardia de prisión a Harris cuando este le preguntó cuánto tiempo llevaba trabajando allí.

“Como cirujano fue capaz de empaquetar a su víctima en una caja sorprendentemente pequeña", añadió, "nunca dejará este lugar, está loco”.

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El propio Harris no recordaba el nombre del médico y tuvo que pedirle ayuda al periodista mexicano Diego Enrique Osorno para localizarlo, proveyendo solo algunas pistas.  

"Necesito información sobre un médico conocido en la prensa como El hombre lobo de Nuevo León, quien estaba preso en la prisión estatal de Nuevo León a finales de los años 1950 y 1960. No sé su nombre”, le escribió en una carta Harris a Osorno, quien relató a la revista Vice cómo su novia descubrió la identidad del homicida.

En 1970, dos años después de la abolición de la pena de muerte en Nuevo León, un juez conmutó la condena de Ballí Treviño a 27 años de prisión y obtuvo la libertad en 1978, tras purgar su condena.

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El médico pasó sus últimos años atendiendo a la gente pobre en un modesto consultorio de Monterrey.

En una entrevista en 2008 con el diario Milenio, la última que concedió, Ballí Treviño declinó hablar sobre su crimen. “No quiero revivir mi oscuro pasado. No quiero despertar mis fantasmas, es muy difícil. El pasado es muy pesado y la verdad es que esta angustia que cargo es insoportable”, dijo.

Ballí Treviño murió al año siguiente, con 81 años. La gente del barrio donde tenía su consultorio aún lo recuerda: “Era una buena persona”, dijo un vecino entrevistado por el diario británico The Times.

Con información de The Times, Vice, ATI, Infobae, Milenio y El Norte.