La derrota de Donald Trump en Ohio complica su nominación directa

La derrota de Donald Trump en Ohio hace difícil que el empresario consiga los delegados suficientes para ser declarado el candidato presidencial.

La derrota de Donald Trump en Ohio ante el gobernador de ese estado, John Kasich, casi asegura que el empresario no alcanzará el número de delegados necesarios para ser declarado el candidato presidencial republicano antes de la Convención.

Trump ganó por una gran diferencia en Florida y con ello obtuvo los 99 delegados que da el estado al ganador, sin embargo, al perder en Ohio no consiguió los 66 delegados que le corresponden al triunfador. 

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Trump lleva más de 200 delegados de ventaja sobre su más cercano perseguidor, el senador de Texas, Ted Cruz. Sin embargo, es muy difícil que en las primarias y “caucus” (asambleas partidarias) que faltan, pueda llegar a los 1,237 delegados que se requieren para ganar la nominación presidencial.

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Si este fuera el caso, es decir si Trump llega a la convención republicana con mayor número de delegados pero sin el número requerido para ser el candidato, se dará una situación que no se ha dado en el partido republicano desde 1976 cuando el candidato Gerald Ford llegó primero, pero igual que Trump sin los delegados que se requerían para ser declarado el candidato. Ford sin embargo, ganó fácilmente en la primera votación en la convención.

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Con Trump no se espera que esto suceda. Debido a que el empresario es rechazado por buena parte del partido, pero en especial por el llamado “establishment” o liderazgo partidario, que se prevé hará todo lo posible por convencer a los delegados de que voten o bien por alguno de los otros candidatos -Cruz o Kasich- o incluso, alguien más que pudiera surgir luego como un candidato alterno.

Hay un par de razones por las cuales Trump se encuentra arriba en el número de delegados, pero sin que aparentemente pueda conseguir los que se necesitan para ser el candidato presidencial. 

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Es cierto, el empresario ha ganado la mayoría de primarias y “caucus”, pero el problema es que en la gran mayoría de esas elecciones los delegados se repartieron entre los tres o cuatro primeros lugares con lo que la ventaja de Trump en delegados fue menor. Trump además, casi nunca ha ganado más del 40% o 45% del voto lo cual, en cierto sentido, también ha limitado el número de delegados.

Más allá de lo sucedido en Ohio, la noche fue buena para Trump. Ahí, en la Florida, Trump literalmente aplastó a Rubio -en el propio estado del senador- con lo que hizo que este diera por terminada su campaña presidencial. Trump, igualmente ganó en Illinois, Missouri y Carolina del Norte.

Con lo sucedido en Ohio, además de la actitud del “establishment” del partido y lo que señaló mucha gente entrevistada en las llamadas “encuestas de salida” luego de votar el martes, podría complicarse la campaña de Trump. 

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En estas encuestas, los votante republicanos señalaron apenas por una ligera mayoría que estarían satisfechos con la candidatura de Trump. Aún ganando, es claro que el empresario encuentra resistencia tanto entre la élite del partido, como entre buena parte de las bases. 

En favor de Trump, sin embargo, está el hecho de que el ganador de Ohio, Kasich, no tiene tampoco un camino fácil hacia la nominación. Ohio ha sido apenas el primer triunfo de Kasich y no queda claro cómo puede conseguir un número significativo de delegados que le dé legitimidad para que en la convención sea el escogido en lugar de Trump.

Cuesta pensar, por ejemplo, cómo con unos 400 ó 500 delegados (asumiendo que gane tantos más), Kasich pueda reclamar el lugar de nominado cuando habrá un Trump con más de mil delegados.

Además de Kasich, por supuesto, Cruz también sigue en la pelea. Actualmente es segundo por detrás de Trump. El problema de Cruz es similar al de Kasich en el sentido de que no queda claro en qué otros estados pueda ganar.

La gente que supuestamente es más cercana a la oferta electoral de Cruz son los evangélicos y los más conservadores del partido republicano, los cuales, en muchas ocasiones han optado por irse por Trump.

Las primarias y “caucus” que faltan son en su gran mayoría en estados donde hay menos de estos evangélicos y gente más conservadora, lo cual hace que el camino para Cruz sea complicado.

Lo de Illinois es igualmente positivo para Trump, no sólo por lo obvio de que ganó la primaria, sino porque ahí se dieron los incidentes de la semana pasada con miles de personas protestando por su presencia en Chicago y que obligó a que se cancelara el mitin de Trump.

El punto es que el empresario demuestra que más allá de los ataques del “establishment” y los grupos que se oponen a él (republicanos y activistas cercanos al partido demócrata), o de lo negativo que la prensa lo presente, hay un grupo de republicanos que votan por él sin importarle nada.

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Todo esto significa que el escenario de una convención republicana en la que se niegue el triunfo a Trump, a menos que llegue con el mayor número de delegados, será potencialmente explosiva. Habrá un bloque de gente pro Trump de alrededor de 40% y 45% de la base del partido y un bloque anti Trump compuesto por el resto del partido (bases y ‘establishment’).

Esta jornada, sin embargo, ha sido el momento de celebración tanto para Trump como para Kasich. Trump sigue adelante demostrando que por más que se le ataque o las controversias que genere, continúa ganando primarias. Kasich, obtiene oxígeno para seguir un día más con vida. Pero un día también de funeral para Rubio. La gran esperanza del liderazgo republicano no pudo ni siquiera en su propio estado. 

Ya habrá tiempo para escribir el obituario político del senador cubano-americano, por hoy valga traer a cuento lo que en su momento muchos señalaron: ¿No será que era muy temprano para el senador? ¿Qué necesidad había de hacer volar en pedazos su prometedora carrera política con una candidatura que no tenía mucha sentido?

Rubio, además, se tiró al ruedo en un momento histórico único: mucha gente del partido republicano está enojada y no quiere a nadie del “establishment”.