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Prometió cambiar el mundo de la medicina. Ahora Elizabeth Holmes enfrenta hasta 20 años de prisión

Holmes, de 37 años, saltó a la fama por supuestamente haber inventado un sistema revolucionario de análisis de sangre en 2003 con el que se convirtió en una estrella en Silicon Valley. Este miércoles comienza su juicio acusada de fraude y conspiración.

Por Ben Popken - NBC News

El juicio de Elizabeth Holmes, fundadora y exdirectora ejecutiva de Theranos, una empresa de teconolgía sanitaria, comienza el miércoles tras una historia que ha dado lugar a un libro, un documental, una miniserie y una película que está en desarrollo. El caso ha puesto a Silicon Valley en tela de juicio.

El auge y caída de la startup que prometió agilizar y abaratar los costes de los análisis de sangre está formado por una serie de piezas de gran cautivación. No es habitual que una directora general -y mucho menos una exdirectora general multimillonaria- se enfrente a un juicio y a 20 años de cárcel.

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El caso ya ha estado marcado por revelaciones y acusaciones de última hora que han dado la vuelta a la tortilla. Y el ascenso meteórico de Holmes hasta convertirse en una empresaria de portada y en la favorita de los medios de comunicación solo tiene parangón con su catastrófica caída en desgracia.

En medio del asunto están los miles de pacientes a los que Holmes y Theranos están acusados de defraudar: una madre engañada sobre su embarazo, una paciente a la que se le dijo que dejara de tomar la medicación para el corazón y pacientes que recibieron resultados falsos de VIH positivo.

Holmes, de 37 años, se enfrenta a cargos de 10 cargos de fraude electrónico y acusaciones de conspiración para cometer fraude electrónico junto a Ramesh Sunny Balwani, un exnovio que llegó a ser presidente de Theranos. Ambos se han declarado inocentes.

Pero, en última instancia, el caso trata de historias. La que el jurado crea decidirá el resultado.

En 2003, Holmes, que entonces tenía 19 años, siguió los contornos de un camino trillado hacia el estrellato de las empresas de Silicon Valley, abandonando Stanford para dedicarse a una idea singular: revolucionar los análisis de sangre realizando una rápida batería de pruebas con un solo pinchazo en el dedo.

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Siguiendo el modelo de su héroe, el cofundador de Apple Steve Jobs, adoptó un cuello vuelto negro como vestimenta, una dieta vegana estricta y una mirada de láser para hipnotizar a los inversores y eliminar a los escépticos en su búsqueda de la disrupción, hacer el mundo mejor y ganar mucho dinero mientras lo hacía.

"Yo diría que Winston Churchill sabía muy bien de lo que hablaba cuando dijo: 'Nunca te rindas'. Nunca te rindas. Nunca, nunca, nunca", explicó Holmes a Glamour en 2015 en un ejemplo típico de la cobertura elogiosa que recibieron ella y su empresa en ese momento. "Y diría que soy la prueba viviente de que es cierto que si puedes imaginarlo, puedes lograrlo", añadió.

En el camino, Holmes trató de alcanzar sus sueños atajando los controles y equilibrios diseñados para proteger a los inversores y a los pacientes. En un principio, Theranos no publicó su "innovadora" tecnología en revistas revisadas por expertos, ni compartió los datos con la comunidad científica. Tampoco obtuvo la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) para sus dispositivos.

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En su lugar, Holmes llevó la historia de su empresa directamente a las portadas de las revistas de moda, dio charlas de Tecnología, Entretenimiento, Diseño (TED, por su sigla en inglés) para crear expectación, afirmó que sus dispositivos estaban siendo utilizados por el ejército estadounidense en el campo de batalla y presionó para cambiar las leyes estatales y permitir a los pacientes obtener sus análisis de sangre directamente, en lugar de a través de sus médicos.

Elizabeth Holmes, fundadora y directora ejecutiva de Theranos, habla en el Fortune Global Forum en San Francisco, California, el 2 de noviembre de 2015.AP Photo/Jeff Chiu

En lugar de recaudar fondos de los habituales grupos de capital riesgo de la Costa Oeste -que exigían la publicación de estudios revisados por pares que demostraran que su biotecnología funcionaba-, Holmes recaudó más de 700 millones de dólares de inversores privados y fondos de cobertura de la Costa Este, lo que supuso una valoración de la empresa de 9,000 millones de dólares, y una fortuna para ella de unos 4,500 millones de dólares, lo que la convirtió en la mujer multimillonaria más joven del mundo hecha a sí misma.

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Holmes dijo a los inversores que la empresa estaba en camino de obtener 100 millones de dólares de ingresos en 2014, pero en realidad solo generaba unos 100,000 dólares.

La empresa creó una impresionante lista de dignatarios y asesores militares en su consejo de Administración, entre ellos el exsecretario de Defensa James Mattis y el exsecretario de Estado Henry Kissinger. El magnate editorial Rupert Murdoch, el multimillonario mexicano Carlos Slim y la exsecretaria de Educación Betsy DeVos estaban entre su grupo de inversores.

Pero la tecnología tenía problemas, que los profesionales médicos y una serie de artículos de investigación publicados por el diario The Wall Street Journal sacaron a la luz en 2015 y 2016. El reportero John Carreyrou publicó la noticia de que, aunque la empresa afirmaba que sus máquinas de análisis de sangre podían realizar más de 1,000 pruebas de diagnóstico distintas, su tecnología clave solo podía realizar una prueba de pinchazo en el dedo. El escepticismo también aumentó entre comunidad médica.

Todo terminó en junio de 2018, cuando la compañía fue acusada de fraude por la Comisión de Valores y Bolsa y de fraude electrónico y conspiración por el fiscal de Estados Unidos para el norte de California.

Los fiscales alegan que "a pesar de su conocimiento de la precisión y confiabilidad de Theranos, Holmes y Balwani utilizaron cables electrónicos interestatales para comprar anuncios destinados a inducir a las personas a comprar los análisis de sangre de Theranos", según la acusación, a pesar de que sabían que las pruebas podrían arrojar "resultados inexactos y poco confiables" que habían sido ajustados incorrectamente y generados a partir de "ensayos incorrectamente validados".

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El juicio de Holmes estaba programado originalmente para comenzar en agosto de 2020, pero se retrasó repetidamente por la pandemia de coronavirus, el nacimiento de su hijo en julio y los abogados de Holmes, que han tratado de excluir pruebas y argumentado con éxito para que su juicio sea separado del de Balwani.

Según los documentos judiciales recientemente desvelados, Holmes culpará a Balwani, argumentando que era un compañero abusivo que controlaba sus acciones.

Holmes está dispuesta a describir cómo Balwani controlaba su forma de comer y vestir y con quién hablaba, vigilando sus llamadas, textos y correos electrónicos, y a decir que le lanzaba "objetos duros y afilados".

Las acciones de Balwani equivalían a "dominarla y borrar su capacidad de decisión", incluso a obstaculizar su capacidad de "engañar a sus víctimas", según los documentos judiciales.

Los abogados de Balwani alegaron que las acusaciones son "salaces e incendiarias" y "profundamente ofensivas y devastadoras para Balwani".

Como parte de la selección del jurado la semana pasada, un grupo de 240 posibles personas tuvo que responder a un cuestionario de 28 páginas que analizaba su consumo de medios de comunicación y cuánto sabían sobre el caso. También se preguntaba por sus propios historiales médicos.

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No incluía preguntas sobre abusos sexuales o violencia doméstica, pero algunos jurados fueron descartados tras recordar experiencias de abuso doméstico. Después de tres días, el grupo de jurados se redujo a siete hombres y cinco mujeres.

El tribunal ha reservado hasta diciembre para el juicio, que se espera que dure los cuatro meses, lo que indica que habrá muchos capítulos e hilos narrativos que seguir.