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Más de 2.5 millones de armas han cruzado la frontera sur en la última década: "EE.UU. tiene una gran responsabilidad en la violencia en México"

Días después de que el Gobierno mexicano presentara una demanda contra los principales fabricantes y distribuidores de armas de Estados Unidos ante un tribunal federal de Boston, conversamos con el investigador Ioan Grillo para analizar las consecuencias del tráfico ilegal de armas, en el que profundiza en su libro más reciente.
/ Source: Telemundo

En los últimos cuatro años, Ioan Grillo viajó miles de kilómetros en travesías que lo llevaron de México a Estados Unidos, Alemania, Rumania, Serbia, Bulgaria y Colombia, mientras seguía un rastro de hierro y sangre. Más allá de las cifras multimillonarias y las estadísticas escalofriantes, el escritor buscaba respuestas para un dilema ético.

“¿Te preocupa que las armas que vendes, de manera legal, después puedan caer en manos de delincuentes o terroristas?”, le preguntó a un vendedor de armamento en Bulgaria. El hombre lo miró fijamente y le dijo que no.

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El complejo mundo del tráfico de armas y su íntima relación con el auge de la violencia en países como México es el tema central de Blood Gun Money: How America Arms Gangs and Cartels, una investigación exhaustiva que llevó a Grillo por medio mundo mientras perseguía a diseñadores, fabricantes, distribuidores, traficantes y delincuentes unidos por un solo producto: el armamento.

“La industria de las armas, como la de las drogas, es fascinante porque mueven sus productos con la lógica del capitalismo globalizado y las conexiones de sus productos. La gran diferencia es que el armamento tiene números de serie y se puede rastrear”, explica Grillo, escritor y periodista inglés que desde hace más de 20 años se ha centrado en la cobertura y el análisis del tráfico de drogas, la violencia y el crimen organizado en América Latina.

Durante su más reciente investigación pudo reconstruir la historia de un fusil AK-47 desde la fábrica que lo hizo en Rumania, pasando por su exportación hacia Estados Unidos, la venta y su introducción a México donde fue usado para asesinar a un agente del orden público.  

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Los fabricantes hacen un gran esfuerzo para esconder los datos de rastreo al público, porque no les conviene que vinculen a las tiendas que venden las armas con las muertes de las personas. Les da vergüenza”, explica Grillo.

El Gobierno mexicano presentó en días recientes una demanda contra los principales fabricantes y distribuidores de armas de Estados Unidos ante un tribunal federal de Boston, argumentando que sus prácticas comerciales negligentes han desatado el derramamiento de sangre en México.

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Según la Secretaría de Relaciones Exteriores, el 70% de las armas que se trafican a México provienen de Estados Unidos, y solo en 2019, al menos 17,000 homicidios estuvieron vinculados al tráfico de armamento. Las autoridades calculan que más de 2.5 millones de armas han cruzado la frontera sur de Estados Unidos en la última década.

Los trabajos de Grillo fueron citados en la demanda interpuesta por las autoridades mexicanas.

—Muchos expertos creen que esta demanda es un gesto simbólico por el blindaje legal que la industria armamentística tiene en Estados Unidos, ¿piensa que tendrá alguna consecuencia práctica?

—La demanda de México es una iniciativa diferente y muy interesante porque en Estados Unidos muchos cambios en diversas industrias, como la farmacéutica y las tabacaleras, han comenzado en las cortes. Es importante porque son 11 empresas muy grandes que tendrán que llevar a sus abogados y someterse a un proceso judicial.

Además, hay precedentes como la demanda contra Century Arms por el tiroteo sucedido en 2019 en Gilroy, California, y el acuerdo de 33 millones de dólares logrado por algunas familias del tiroteo masivo perpetrado en la escuela Sandy Hook con Remington. El hecho de que se hable de esto en las noticias y que la gente lo comente, ya es una reacción positiva.

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—La Asociación Industrial del Comercio de Armas (NSSF) y la Asociación Nacional del Rifle (NRA) respondieron a la demanda diciendo que el Gobierno mexicano es el responsable del auge criminal en el país, ¿qué opina al respecto?

—Estados Unidos sí tiene una gran responsabilidad en el tráfico de armas y la violencia en México, aunque el Gobierno mexicano debe mejorar mucho, no se puede negar la influencia del armamento que llega por la frontera. Imaginemos que Rusia le envíe dos millones de armas de fuego a Alemania y eso genere una ola de violencia con 200,000 muertos, sería inconcebible, ¿no? Los fabricantes tienen que asumir la responsabilidad y ver por qué sus productos están llegando a las manos de los cárteles.

No es normal que alguien entre a una tienda y compre 85 armas de fuego. No es posible que alguien en Florida adquiera mil armas para delincuentes que terminan en Colombia o Puerto Rico y se usan en asesinatos. Eso demuestra que no se hace un intento básico por frenar o reducir este tráfico. Y, al final, las empresas están ganando mucho dinero porque son millones de armas de fuego.

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—¿En qué año sus investigaciones detectaron el incremento del flujo de armamento a México?

—De 1994 a 2004 hubo una prohibición que redujo bastante la venta de armas de guerra. Cuando la levantaron se comenzaron a registrar compras enormes y empieza la guerra en México, fue antes del gobierno de Felipe Calderón. Entre 2004 y 2006 comienzan a conseguirse armas de asalto, cuando estallan las peleas entre Los Zetas y el cartel de Sinaloa. Después todo empeoró.

—¿Qué opinan de la violencia desatada por el armamento los diseñadores, fabricantes y traficantes de armas que entrevistó para su libro?

—Suelen decir que la gente siempre ha usado armas y las ven como unas herramientas que tienen una demanda. Y ellos la satisfacen. Mientras cumplan con la legalidad de sus países, no lo ven como algo raro. Por eso es que los gobiernos deben actuar con otras medidas para controlar esa actividad.

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—En muchos países de Europa, el control de armas ha dado buenos resultados…

—Cuando se controla la cantidad de armas de fuego que hay en las calles, se reduce la cantidad de muertos. En Francia, por ejemplo, luego de los ataques terroristas se intensificaron las restricciones y eso ha disminuido los ataques, de hecho, muchos son con cuchillos porque se cerraron las oportunidades para que los terroristas y delincuentes consiguieran armas de fuego.

—¿Cuál es la principal diferencia con Estados Unidos y América Latina?

—La explosión de tiroteos masivos en Estados Unidos es una de las consecuencias de que no existan controles para el armamento. Pero hay una paradoja porque, así como hay muchos delincuentes armados, también tiene policías entrenados y muchas cárceles por lo que hay cierto orden para atacar al crimen organizado.

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En cambio, los países latinoamericanos tienen miles de delincuentes con armas de fuego, en su mayoría provenientes de Estados Unidos, pero no tienen buenos cuerpos de seguridad ni las instituciones para controlar la escalada de violencia. En algunos países, como Venezuela y Brasil, las bandas roban el armamento de la policía todo el tiempo.

—¿Qué es el conflicto armado híbrido que se menciona varias veces en su libro más reciente?

—Es un concepto que manejan varios académicos y yo lo retomo. Cuando tienes 700 sicarios enfrentando al ejército es algo distinto al crimen organizado, es algo que supera el comportamiento de las bandas delictivas normales.

Sin embargo, no llega a ser una guerra civil como la que se vivió en El Salvador durante los años ochenta, entonces ser trata de un conflicto constante en el que estás en una sociedad aparentemente normal y, al mismo tiempo, puedes tener grupos paramilitares con 200 tipos entrando a un pueblo en camiones y dejando fosas con 300 cuerpos de víctimas. Y todo eso pasa al mismo tiempo, como vemos en México.