IE 11 is not supported. For an optimal experience visit our site on another browser.

Rigoberta Menchú Tum: "Hay que animar para que esa violencia, racismo y discriminación no se queden en el olvido"

La Premio Nobel de la Paz explica su esperanza en Guatemala pese a la actual represión del Gobierno contra fiscales y periodistas, y anima a dejar "una huella positiva" en el planeta.

La ganadora del Premio Nobel de la Paz y activista por los derechos indígenas Rigoberta Menchú Tum asegura que ve señales de esperanza en su Guatemala natal, aún cuando el Gobierno actual ha aumentado su persecución de la sociedad civil.

Guatemala “hoy es la cuna de muchas personas valientes”, dijo Menchú. “Creo que hay una nueva era”, con mujeres saliendo adelante y “una juventud guatemalteca que es muy fuerte”, agregó en una conversación con Noticias Telemundo la semana pasada.

Este año hubo una victoria legal para un grupo de mujeres maya achí, que demandaron a hombres que abusaron sexualmente de ellas en 1982 cuando ellos eran parte de patrullas vinculadas al régimen de Efraín Ríos Montt. Cada uno de los hombres fue condenado a 30 años de prisión este enero.

La vida misma nos interpela todos los días para seguir sentando bases en contra de la impunidad, en contra de la violencia, la matanza, el feminicidio".

Ese tipo de decisiones legales genera esperanza, dijo, al igual que casos similares como el fallo por violencia sexual en Sepur Zarco y una sentencia por genocidio durante la guerra civil que Menchú ayudó a impulsar en su larga lucha a favor de los pueblos indígenas en Latinoamérica y de las mujeres.

“Es una bendición que nos tocó protagonizar una era de mucha violencia y que estamos vivos. Creo que la vida misma nos interpela todos los días para seguir sentando bases en contra de la impunidad, en contra de la violencia, la matanza, el feminicidio”, dijo la activista durante una cumbre de la empresa Ebanx sobre innovación digital en Ciudad de México.

Agregó que “hay que animar para que no se quede esa violencia, racismo, discriminación en el olvido” en todo el continente, “porque la verdad que nos han costado mucho”.

Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz en 1992, usa la indumentaria típica de su pueblo maya kʼicheʼ en una foto viendo a la cámara
Ilustración fotográfica: Annelise Capossela/Axios / Foto: Horacio Villalobos/Corbis via Getty Images

El Gobierno de Alejandro Giammattei ha acusado con cargos criminales o encarcelado a fiscales de casos anticorrupción. En los dos años de su mandato ha habido más casos de agresiones contra personas de ONG, periodistas y activistas que en toda la presidencia previa de Jimmy Morales, según un informe del grupo Udefegua.

En los últimos años han sido acusados jueces y procuradores, varios de los cuales se han exiliado, la mayoría a Estados Unidos.

Menchú dijo que eso le recuerda las políticas de contrainsurgencia en Guatemala cuando ella tuvo que huir en 1981.

De 1960 a 1996, durante la guerra civil, más de 200,000 personas fueron asesinadas o desaparecieron. Más del 80% eran mayas, según el reporte de una comisión de la verdad respaldada por la ONU que fue establecida después de la firma de los acuerdos de paz.

La comisión de la verdad encontró que más del 90% de las agresiones fueron cometidas por el Gobierno, que tenía una campaña de supuesta contrainsurgencia con la que atentó contra los pueblos indígenas y cualquier persona considerada un “enemigo doméstico subversivo”.

El bienestar con un futuro tecnológico

Menchú también se dijo esperanzada sobre cómo la juventud guatemalteca y latinoamericana, en particular la indígena, está aprovechando los avances tecnológicos. Es un mecanismo, dijo, para que “se expresen, se den a conocer, se incluyan más la creatividad de los pueblos indígenas en la música, en el arte".

“Nos falta dotar a los pueblos indígenas de tecnología, pero no solo la tecnología tiene que llegar a todos y a todas. Sino nosotros, los humanos, podemos aprovechar esa nueva era para evolucionar los sistemas que no han funcionado por muchos años”, dijo Menchú. 

Podemos aprovechar esa nueva era tecnológica para evolucionar los sistemas que no han funcionado por muchos años”

La activista saludó a las comunidades latinas en Estados Unidos, "con una raíz compartida" en todo el continente, y en especial. a los migrantes: “Los admiro porque es impresionante su apuesta por un futuro mejor, de aquella familia latina que un día emprendió un viaje a Estados Unidos y allá demostró todo lo que sabía para tener éxito propio, para sacar adelante su familia y para seguir apoyando su familia que quedó en el país de origen”.

Una vida de lucha

Menchú nació en 1959, un año antes de que estallara la guerra civil de Guatemala, en una comunidad remota de mayoría maya k’iche’.

Su padre, su madre y su hermano menor fueron asesinados a fines de la década de 1970 y en 1980 como parte de la campaña militar del Gobierno y por grupos como las Patrullas de Autodefensa Civil .

Integrantes de las PAC fueron los responsables de las vejaciones contra las mujeres achí que ganaron su caso en tribunales este año.

Menchú se vio obligada a huir hacia México en 1981 por su activismo. Desde fuera se volvió una luchadora todavía más vocal sobre la necesidad de justicia, del reconocimiento de los derechos de personas indígenas y de igualdad de las mujeres en el continente.

Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992. Actualmente la activista, que aprendió español de forma autodidacta, tiene casi una docena de doctorados honoris causa y da clases de derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Su participación en foros internacionales también fue abriendo camino para la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2017.

"Todos tenemos un ciclo de tiempo. El día que llega nuestra partida nos vamos, entonces dejemos al planeta una huella positiva", dijo, "hay que valorar los días que toca vivir en este mundo".