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Aislado en una prisión con solo 16 años: la odisea de un menor que fue separado de sus papás en la frontera

Encadenado de manos y pies, las autoridades migratorias enviaron a un menor de 16 años a dos centros de detención para adultos. Noticias Telemundo Investiga revela en exclusiva esta separación de una familia en la frontera bajo la Administración Biden.

MINNEAPOLIS, Minnesota.– “Me sentí aterrorizado de estar solo, en otro país, sin mamá y sin papá. Cuando vinimos acá no pensé que iba a pasar por esto”, dice Ángel, un inmigrante nicaragüense de 16 años, cuya llegada a Estados Unidos en búsqueda de asilo se convirtió en una dolorosa odisea.

La Administración de Joe Biden separó a este menor de edad de sus padres en la frontera en septiembre, lo procesó como un adulto y lo encerró en dos centros de detención del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) por varias semanas. En uno de ellos, Pine Prairie Processing Center, en Louisiana, permaneció 18 días en una celda de aislamiento, sin ver la luz del sol y sin interacción social.

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“Sentí que perdí a mi mamá, mi papá, hermanos, amigos, todo. Sentía que no iba a salir nunca del lugar. Miraba aquella puerta cerrada y me entraba una depresión, el cuerpo me temblaba todito y no se me quitaba. Ya no podía ni llorar. Quería morirme en ese momento”, recuerda el menor en una entrevista exclusiva con Noticias Telemundo Investiga.

"Se vino una tormenta de arena que nos aplastó", dice el menor, de 16 años, al recordar el momento en que lo separaron de sus padres en la frontera.Damià Bonmatí

Ángel, que prefiere no dar su nombre real por si perjudica su caso de asilo, llegó a la frontera de Texas con sus papás huyendo de la represión policial en Nicaragua. Por ley, la Patrulla Fronteriza debe procesar a los progenitores y sus hijos conjuntamente. Y si hay menores que quedan solos, deben ser enviados a un sistema de albergues del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), nunca a las prisiones contratadas por ICE.

“Me dijeron que me iban a deportar” 

El conflicto empezó en la estación de la Patrulla Fronteriza en Eagle Pass, Texas, según el relato de la familia. Una noche de mediados de septiembre de 2021 lograron cruzar el río casi seco junto a otros nicaragüenses, rezaron para celebrar que habían llegado a Estados Unidos y se entregaron a las autoridades fronterizas al amanecer. Pero, al dar el acta de nacimiento del menor, un agente de la Patrulla Fronteriza separó a la unidad familiar: madre, padre e hijo fueron alejados.

Ponían en duda que fueran una familia. El hijo rompió en llanto, según relata él mismo. “Comenzaron a decirme ‘dinos tu edad verdadera’. Y como por veinte veces le repetí lo mismo: 16 años, 16 años. Se enojaron conmigo y me dijeron que me iban a agarrar diez años preso a mí y a mi familia, y que me iban a deportar”.

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Ángel dice que firmó una hoja de papel rudimentaria e improvisada que los agentes le entregaron, en el que tan solo escribieron su nombre y que tenía 18 años. Asegura que se sintió intimidado y forzado a hacerlo por los gritos y las amenazas de dos agentes.

Preguntada por Noticias Telemundo Investiga, la Patrulla Fronteriza dijo que recolecta información biométrica, biográfica y documentos oficiales para determinar la edad y la relación familiar de los migrantes, pero también observa “las interacciones entre el adulto y el niño para establecer que existe la relación”. La agencia no contestó sobre este caso concreto.

“Ya no lo volvimos a ver”

La madre, Luz Zelaya, dice que a ella, mientras tanto, le rompieron el acta de nacimiento de su hijo. Es un documento impreso que afirma que el menor nació en un municipio del norte de Nicaragua en 2005, expedido por las autoridades locales días antes de su partida, a finales de agosto de 2021.

“Esto no sirve’. Y ra, ra, la hizo pedacitos y la puso en la basura. ‘Me estás mintiendo. Yo no soy bobo’, me dice”, recuerda Zelaya, una madre de 29 años que tuvo a su hijo casi siendo una niña y lleva más de una década con su actual marido, que no es el padre biológico de Ángel. “Ya no lo volvimos a ver”.

La mamá del menor, Luz Zelaya, tuvo a su hijo muy joven. Ángel dice que nunca se habían separado ni una sola noche en Nicaragua.Damià Bonmatí

El menor estuvo detenido por unos días en custodia de la Patrulla Fronteriza en Texas, junto con unos 80 hombres adultos, en una sala en la que “uno tenía que estar parado, no podía ni dormir agachado”, según describe él. De allí, lo encadenaron de manos, pies y cintura para subirlo a un avión rumbo a un centro de detención de ICE para adultos solos, Adams County Detention Center, en Mississippi.

Lo encadenaron de manos y pies para subirlo a un avión rumbo a un centro de detención para adultos solos.

Un portavoz de Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, de la que dependen los agentes fronterizos, respondió en un email que “los migrantes en custodia que afirman o parecen ser menores no acompañados son tratados como tales hasta que se demuestre lo contrario. Por ejemplo, más tarde se puede determinar que son adultos o parte de una unidad familiar”. Pero en este caso, no fue así: Ángel no fue procesado como menor solo, sino como adulto.

“Pasar las 24 horas ahí era terrible”

Tras el paso por el centro de detención en Mississippi, el menor fue trasladado a Pine Prairie Processing Center, en Louisiana, donde para su sorpresa lo llevaron directamente a una celda de aislamiento.

Una celda de aislamiento en un centro de detención de ICE en Texas.Oficina del Inspector General de DHS

La celda la formaba una cama, un inodoro y una ducha que casi se topaban. Pasaba la mayor parte de las horas con su cara tapada por la cobija para no ver dónde estaba y forzaba al máximo sus horas de sueño para reducir su tiempo de consciencia. 

“No había nada que hacer. Pasar las 24 horas ahí metido, encerrado, con las puertas enllavadas, sin salir. Era terrible. No había ninguna esperanza de salir de ese lugar”, dijo Ángel en una de las entrevistas con Noticias Telemundo Investiga.

Al llegar a ese centro, dice que interactuó con otro supuesto menor de edad, de 17 años, también nicaragüense, que estuvo unos cinco días en aislamiento. Noticias Telemundo Investiga no ha podido contactar a este otro joven para verificar su edad.

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“Mientras que ICE se ha encontrado con casos de adultos que aseguran ser menores, y menores que inicialmente fueron procesados como adultos, instancias como esas son excepcionales”, dijo una portavoz de ICE a Noticias Telemundo Investiga.

La familia nicaragüense minutos después de cruzar la frontera entre México y Texas a mediados de septiembre: "¡Gracias a Dios, ya estamos en Estados Unidos!"Cedida a Noticias Telemundo

La misma Administración federal, a través del inspector general, ha admitido que ICE ha abusado por años del uso del confinamiento en solitario.

ICE se ha encontrado con casos de menores que inicialmente fueron procesados como adultos. Instancias como esas son excepcionales”

vocera de ice

Las celdas de aislamiento llevan años en la mira de las organizaciones proderechos humanos. La organización Robert F. Kennedy Human Rights, junto con 16 grupos más, presentó en junio de 2021 una queja formal al gobierno por “las condiciones horribles, las violaciones de derechos humanos y el uso inhumano del confinamiento solitario” en el mismo centro de detención donde Ángel fue puesto en aislamiento.

Naciones Unidas dijo en 2020 que su uso prolongado en adultos es una “tortura psicológica”. Con “prolongado” se referían a más de dos semanas.

Ángel, de 16 años, estuvo en aislamiento durante 18 días y sólo los cuatro últimos logró salir a un patio vacío para ver la luz del sol. Sus padres, también detenidos por ICE, lograron ser liberados antes que el menor para seguir en libertad sus procesos de asilo.

Una vez fuera, contactaron a una abogada y emprendieron una ardua tarea para demostrar que su hijo es menor de edad. Enviaron a ICE cartas de su maestra en Nicaragua, fotos recientes en la escuela secundaria y el acta de nacimiento. Pero el chico seguía en la celda de Louisiana.

“Fue detenido ilegalmente con adultos cuando ICE ya tenía evidencia de que era menor. Hubo falta de transparencia durante todo ese proceso”, asegura Meredith Soniat du Fossat, una abogada de American Gateways, una organización en defensa de los inmigrantes.

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A la abogada, en sus comunicaciones con ICE, nunca le dieron una explicación formal de por qué el chico estaba en aislamiento, asegura. A Ángel, su guardia, a través de un intérprete, le dijo que era porque decía que era menor.

ICE, que no comenta casos concretos, contestó a Noticias Telemundo Investiga que a los migrantes que aseguran ser menores los “sitúa en un entorno de detención apropiado y los separa de la población general hasta que la verificación toma lugar”. La portavoz no abordó si el aislamiento forma parte de esas medidas de protección.

Fue el documento nacional de identidad del menor, que la familia consiguió en Nicaragua, desde la distancia y con dificultades, lo que cambió la situación. El guardia le dijo a Ángel que ya habían comprobado que sí, que era menor.

Tras cerca de un mes y medio en detención con adultos, Ángel fue transferido en cuestión de horas bajo custodia de HHS, que se ocupa de los migrantes menores solos, y enviado a un albergue en la frontera de Texas donde pasaría unas dos semanas.

Imágenes que tomó el chico en el avión, al ser liberado por parte del gobierno de Estados Unidos.Cedidas a Noticias Telemundo

“¡Por fin!”

El 23 de noviembre, más de dos meses después de ser separado de sus padres, el joven tomó un avión en McAllen, Texas, rumbo al nuevo hogar de su familia. En el avión se tomó una selfie de recuerdo, y todo él parece mayor, más corpulento, más cansado también, que en las imágenes de su cruce en septiembre. 

En los tres aeropuertos por los que pasó ese día, miraba extrañado a su alrededor. No entendía los anuncios en inglés de que su vuelo iba con retraso y el acompañante de la aerolínea, que no hablaba español, le dijo con éxito “¿baño?” y él asintió. Cargando una bolsa negra en el hombro derecho, recorrió varios pasillos vacíos del destino final hasta que los encontró pasada la medianoche.

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En ese último aeropuerto, en Minnesota, al norte del país, le esperaban sus padres.

— ¡Qué barbaro! ¡Vuelta, y vuelta, tras vuelta! — gritó, acelerando el paso, a unos metros de sus papás. Y se abrazaron los tres, balanceándose de un lado al otro, como si quisieran comprobar que eso que estaba pasando era real.

La familia estuvo alejada más de dos meses después de ser separada en la frontera.Damià Bonmatí

— ¡Por fin! — dijeron los padres casi al unísono. El padre cerró los ojos unos segundos y la madre dejó caer algunas lágrimas. Llevaba en la mano un archivador con documentos sobre su hijo por si alguna autoridad se los pedía.

— Gracias a Dios, todo se resolvió — dijo la mamá–. Demostramos que todo fue un malentendido.

Se subieron al viejo carro de un inmigrante que los padres recién conocieron en Estados Unidos y los llevó al aeropuerto. Estaban los tres apretados en la parte de atrás, abrasados por la calefacción del coche en el que la temperatura ya no se podía ajustar, y viendo en la oscuridad el esbozo de pequeñas ciudades rurales donde los migrantes son tan necesarios para la industria que da de comer al país. 

Y poco a poco, cada uno de los tres fue cayendo dormido, apoyando la cabeza en el hombro de al lado. Parecían una familia exhausta.