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Secuestros de $3,000, coyotes que se aprovechan y violaciones: los traficantes abusan de los migrantes expulsados por Biden

Las expulsiones rápidas de familias migrantes a México alimentan a las redes de tráfico humano, quienes abusan de los retornados y les piden más dinero para volverlos a cruzar a Estados Unidos.
/ Source: Telemundo

REYNOSA, México.– Los miles de dólares que pagaron para viajar a la frontera con Estados Unidos se desvanecieron al llegar, y su camino se torció en esta tierra de calor húmedo y viento terroso. 

Diana denuncia que el dueño de una casa de seguridad la violó. Maribel recuerda cómo la encerraron con decenas de migrantes para obtener un rescate de 3,000 dólares. Y a Yulissa, le exigen ahora 1,600 dólares si quiere cruzar de nuevo a Estados Unidos.

Todas comparten un nexo en común: tras detenerlas en Estados Unidos, el Gobierno de Joe Biden las retornó a México en cuestión de horas.

[In English: Central Americans returned to Mexico are targets for abuse, violence]

Escudada en la pandemia, la Administración de Donald Trump empezó a aplicar el año pasado una medida conocida como Título 42 para expulsar de manera inmediata a migrantes de todas las edades. Ahora, con Biden en la Casa Blanca, esos retornos siguen aplicándose a adultos solos y a la mayoría de familias migrantes.

Sólo en abril, el Gobierno demócrata realizó casi 112,000 expulsiones, según datos oficiales. Miles de ellos a Reynosa, una de las ciudades más peligrosas de México.

La guatemalteca Florida Alma, de 26 años, y su hija, de 8. "Nos quitaron todo al cruzar", dice.Damià Bonmatí

Diana, Maribel y Yulissa malviven en un improvisado campamento en una céntrica plaza de Reynosa, en el estado mexicano de Tamaulipas, a solo unos pies de la frontera. Las autoridades locales calculan que más de 400 migrantes, muchos de ellos menores, pasan horas en carpas y bancos, bajo la atenta vigilancia de los traficantes de personas.

"Se tiró encima de mí"

"Yo creía que era diferente. Nunca me imaginé todo esto de la pasada. Es bien difícil", cuenta Diana, salvadoreña de 45 años, bajo el sol abrumador del mediodía en la plaza de las Américas de Reynosa. Eligió presentarse con el nombre de Diana para evitar ser reconocida en su país.

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Su familia le pagó casi 12,000 dólares para que huyera de la violencia machista en su casa: "Mi esposo me ha hecho la vida imposible y, todavía, sigue haciéndomela".

Durante casi un mes viajó en microbús y carro rumbo hacia el norte, cruzando Centroamérica y México, hasta que llegó en una camioneta a la frontera con Estados Unidos, apretada junto a unos 45 migrantes más.

Diana, en un banco de la plaza en Reynosa, no sabe qué hacer con su futuro.Damià Bonmatí

Cruzaron el río Grande y, ya en Estados Unidos, caminaron tres horas hasta conseguir otro aventón: un vehículo les condujo a una casa de seguridad donde esconderse. La describe como una casa tráiler en un lugar cercano a Roma, en el sur de Texas.

El escondite se fue vaciando con el paso de las jornadas, hasta que un día, cuando sólo quedaban tres hombres migrantes más, el dueño de la casa, que aparentaba menos de 30 años, la violó, según su relato.

"Él llegó por atrás y tuvo relación conmigo. Después se levantó, se fue a quitar la ropa y se tiró encima de mí otra vez", relata. La mirada se le pierde en el vaivén de la plaza y esconde sus facciones tras la mascarilla.

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Su encierro se alargó unas dos semanas hasta que las autoridades estadounidenses la detuvieron. Pasó a custodia de la Patrulla Fronteriza.

"Yo hablé allá con la Migra. Y les dije lo que me había pasado. Entonces ellos me dijeron que era mentira, que no había pasado nada”, lamenta.

En esta glorieta empezaron a concentrarse familias en primavera, pero el campamento se ha ido expandiendo a toda la plaza. Autoridades locales prevén construir una instalación provisional para acogerlos en las próximas semanas.Damià Bonmatí

Un enfermero la atendió y avisó a las autoridades locales. Dos agentes de policía –no recuerda de qué condado o municipio– la entrevistaron por separado, la grabaron con una cámara, y le pidieron datos de lo ocurrido. Ninguna de las personas que la atendieron era una mujer. Debido a un dolor que seguía teniendo, le dijeron que la trasladarían a un hospital, pero nunca llegó a ir.

"Ya lo había denunciado. Y supuestamente creía que me iban a dejar allá, en Estados Unidos... Pero no pasó nada. Me tiraron para acá" dice.

"Acá" es México, donde las autoridades de Estados Unidos envían a miles de migrantes al día sin escuchar sus alegaciones para pedir asilo, alegando razones sanitarias.

Noticias Telemundo contactó con la Patrulla Fronteriza, pero un portavoz dijo que están trabajando para dar una respuesta sobre los protocolos.

En Reynosa, a Diana le hicieron la prueba del VIH, que salió negativa, y le recetaron profilácticos por si se había contagiado de alguna enfermedad de transmisión sexual. Ahora pasa las horas en el campamento, temerosa de volver a cruzar a Estados Unidos y aterrorizada de ser deportada a El Salvador.

“Nos tiraron al río con un rescate de 3,000 dólares”

Maribel, también salvadoreña y de 47 años, se refugia en la misma plaza junto a su hijo adolescente. Comparten una carpa con otras 10 personas.

Salió de El Salvador para evitar que su hijo fuera reclutado por las pandillas criminales. Pero su pesadilla la alcanzó cuando estaban en un hotel de la misma ciudad, Reynosa, unas semanas atrás. "Fuimos secuestrados durante cinco días. Nos quitaron los teléfonos y el dinero que llevábamos", asegura.

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Los encerraron en una casa de un barrio humilde de Reynosa, junto a unos 90 migrantes más, todos centroamericanos.

Autoridades locales y organizaciones humanitarias calculan que más de 400 migrantes viven en esta plaza de Reynosa, México.Damià Bonmatí

A través de su coyote, los secuestradores contactaron a la familia de esta salvadoreña y le pidieron un rescate de 3,000 dólares para liberarlos directamente en el río que separa México de Estados Unidos. 

"Igual nos tiraron al río para nada, porque allá, pum, la migración nos mandó para atrás. Y aquí nos quedamos", cuenta. Abre los brazos para mostrar que ahí está, a la intemperie, en una plaza abarrotada, con lo que lleva con ella, ropa donada por parte de organizaciones caritativas y poco más.

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Jennifer Castro habla con una compañera del campamento con la que comparte carpa en Reynosa, México.Damià Bonmatí

"Tenía que pagar 1,600 dólares para poder sacarme de aquí"

Hace más de una semana que la Patrulla Fronteriza dejó a la hondureña Jennifer Castro y a su hija de 11 años en el puente internacional para que volvieran a México.

"No me lo esperaba para nada", explica. Se encontró sentada a las puertas de Estados Unidos sin nada. "“Le hablé al señor ese que nos llevaba y me dijo 'no, no puedo'. Tengo que hablar primero con tu familia. No te puedo recoger. Y yo me sentía sin conocer nada aquí", agrega.

Pese a los 8,000 dólares pagados para llevarlas a Estados Unidos, se quedó sin opción de volver a cruzar el río fronterizo tras ser expulsada. Durante el viaje, los traficantes les dicen que está bien fácil pasar la frontera. "Pero el trato de él era pasarnos el río nomás… y de ahí terminaba el trato", cuenta.

Perdida, se encontró a unas compatriotas centroamericanas que le dijeron que tenían espacio para acogerlas en su tienda de campaña de la plaza. Ahora viven ahí cuatro madres con sus cuatro hijos. Se levantan de madrugada para ir a rezar, obtienen comida de organizaciones religiosas, cargan sus celulares por cinco pesos mexicanos (0.25 dólares) en una improvisada tienda, y pagan 10 más para ducharse en una improvisada ducha en la parte trasera de una taquería.

En el techo de la carpa de estas cuatro madres, está escrito en rotulador "Jesucristo, rey de gloria".

La hondureña Yulissa Esquivel, de 31 años, varada en México, dice que su principal razón para emigrar es reencontrarse con su hija. Lleva tres años son verla.Damià Bonmatí

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Su compatriota Yulissa Esquivel, de 31 años, es una de las mujeres que la acogió. Pagó 7,000 dólares por su camino al norte, pero el dinero es ya papel mojado.

"El dinero ya está perdido. El pollero desde que nos tiró al río ya no responde más. Hablé con él, mi familia habló con él, pero tenía que pagar 1,600 dólares más para sacarme de aquí. Toca esperar", dice resignada.

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A su compañera Florida Alma, una guatemalteca de 26 años, su coyote tampoco le responde las llamadas. Pagó 8,000 dólares para llegar a Estados Unidos con su hija de 8 años. Su última conversación con el traficante, que se encuentra en el sur de México, es que tocaba esperar.

"Él dice que me va a pasar pero cuando abran la frontera, pero quién sabe", comenta.

Una migrante centroamericana escucha a un pastor de Reynosa que les provee información sobre la situación del campamento. A sus pies, un ejemplar del Nuevo Testamento que alguien perdió. Los textos bíblicos suelen formar parte del equipaje de quienes hacen el camino.Damià Bonmatí

En el campamento, se rumorean fechas, supuestas nuevas políticas, esperados cambios que alimentan la esperanza que tanto necesitan. Pero todas las especulaciones quedan lejos del mensaje del Gobierno de Biden de que la frontera, para la mayoría de peticionarios de asilo, está y seguirá cerrada.

Unos a otros se lo repiten: toca tener paciencia, rezarle a su Dios y esperar.

Los periodistas Jairo Gallego y Juan Anzaldúa, de Telemundo 40, colaboraron en el reporteo de esta nota.