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“Vamos a comenzar a cortar deditos”. Los secuestradores de migrantes envían videos terroríficos a los familiares para cobrar rescates

Los migrantes secuestrados aparecen arrodillados y con varias armas apuntándoles a la cabeza. Algunos grupos criminales usan a mujeres como prestanombres para no levantar sospechas en el cobro de las extorsiones.

Denis Sanabria llevaba cinco días sin dormir bien y sentía que el vacío en su estómago le auguraba una mala noticia. Ese día de abril de 2021 trabajaba en su puesto de carpintero en Nashville, Tennessee, serrucho en mano, cuando sonó el teléfono. Era un número de México. 

Del otro lado de la línea, unos hombres le dijeron que tenían retenidos a su hermano David, de 32 años, y a su sobrina Ximena, de 4. Si quería volver a verlos con vida debía enviarles 7,500 dólares en un plazo de ocho días.

-¿Quiénes son ustedes?, preguntó Denis.

-Aquí las preguntas no las haces tú, hijo de tu madre. Consigue el dinero, respondió uno de los secuestradores.

Denis quedó mudo. Desde hacía una semana había perdido comunicación con su hermano, y el coyote que traía a David y a Ximena desde Honduras no contestaba sus llamadas.

Dos horas después, volvió a sonar el teléfono. Era su hermano David suplicándole que hiciera lo posible para conseguir el dinero del rescate. Pero Denis no tenía de dónde. Hacía un mes había logrado vender un auto y sacar todos sus ahorros para pagar 8,000 dólares al coyote. Su familia en Honduras lo había perdido todo con los huracanes Iota y Eta en noviembre de 2020. Los cultivos de fríjol y maíz con los que subsistían en su natal Cortés habían quedado destrozados.

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Después de los huracanes del año pasado y la difícil situación política que vive Honduras, él éxodo de sus ciudadanos hacia Estados Unidos ha aumentado dramáticamente, según lo revelan las cifras de detenciones del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.

Migrantes centroamericanos viajan sobre un tren de carga en Ixtepec, Oaxaca, con rumbo hacia la frontera con EE.UU. Eduardo Verdugo / AP

Según esta oficina federal, en 2020 detuvieron a 40,091 hondureños intentando entrar de forma irregular a Estados Unidos. Y en lo que va de este año, el número asciende ya a 98,554 aprehensiones de hondureños, más del doble del año anterior.  

El compromiso del coyote de David era dejarlos en la frontera con Texas para que se entregara con su hija a las autoridades de inmigración estadounidenses. Pero cuando llegaron a Reynosa, Tamaulipas, el coyote los entregó a un grupo armado. Según su hermano Denis, el coyote los engañó, porque la cuota que pagó debía incluir el derecho de piso que cobran los criminales en algunos territorios de México. 

[Así secuestran a los migrantes: capturas masivas, mujeres violadas y muerte a balazos si no pagan]

Un campamento de secuestrados en el desierto

Durante un mes en el camino, David y Ximena durmieron en casas abandonadas, a la orilla de las vías del tren y debajo de árboles. Comían lo que les regalaban en los albergues de migrantes en su ruta hacia el norte de México. Nada se parecía a lo que había prometido el coyote. 

David Sanabria y su hija Ximena en Honduras, antes de emprender el viaje hacia Estados Unidos en enero de 2021.Cedida a Noticias Telemundo Investiga

Cuando llegaron a Monterrey, en Nuevo León, los metieron en la parte de atrás de un camión con otros ocho migrantes camino a Reynosa, Tamaulipas. A las puertas de la ciudad, el vehículo paró por orden de un grupo de hombres armados. Bajaron a todos los migrantes y los inspeccionaron uno a uno.

“Me registraron, me quitaron la mochila que traía, me tiraron boca abajo”, relata David.

Se los llevaron a una bodega, les pidieron los teléfonos celulares y les preguntaron quién era el familiar en Estados Unidos que les estaba costeando el viaje. Estaban secuestrados, les dijeron y, para ser liberados, sus parientes debían pagar el derecho de transitar por esa zona. 

“Me dijeron que eran los que comandaban la frontera del río y Reynosa, que eran del Cártel del Golfo”, asegura David.

Me dijeron que eran los que comandaban la frontera del río y Reynosa, que eran del Cártel del Golfo”

David Sanabria, migrante hondureño

Estuvieron en la bodega dos días, y de ahí los trasladaron al desierto, según su relato. Allí había unas carpas de color verde instaladas debajo de unos arbustos para camuflar el campamento de secuestrados. David estima que había unos 50 migrantes, en su mayoría hondureños.

“Nos ponían a aguantar hambre y sed, sólo nos daban de comer una vez al día. Casi siempre era arroz, fríjoles y un vaso de agua”, cuenta David, que prefería darle su comida a Ximena para que ella estuviera bien alimentada.

Con el paso de los días, la salud de David comenzó a deteriorarse. Tenía debilidad, fatiga, dolor de cabeza, síntomas de deshidratación. Cada vez que los secuestradores llegaban con su teléfono celular, sabía que era momento de llamar a su hermano para presionarlo y pedirle que pagara.

Ximena comiendo en el albergue Iglesia Embajadores de Jesús en Tijuana, Baja California, Julio 2021Osvaldo Samaniego / Noticias Telemundo Investiga

“Yo les explicaba que no tenía dinero, pero ellos no me aceptaron nada, me decían que tenía que lavar carros, vender chicles, pedir en las calles, pero que el dinero tenía que pagarse si quería verlos con vida”, cuenta su hermano Denis. 

“A puro machete los desmembraban”

Cada vez que Denis decía que no tenía dinero, David se ganaba una golpiza. La niña, según el papá, lloraba al verle sangrando en el piso. David cuenta que cuando se cumplía el plazo y nadie pagaba los rescates de sus compañeros migrantes, los asesinaban ahí mismo, a un lado del campamento.

“A puro machete los desmembraban, los mataban… y lo único que yo podía hacer era taparle los ojos y los oídos a mi niña para que no supiera qué estaba pasando, ni tuviera esos recuerdos para toda su vida”, relata David.

Cuando esto sucedía, David asegura que les servían carne humana en los platos de comida, y no había derecho a protestar, “para que no hubiera rastro de nada, tocaba que le dieran a uno de eso para que se lo comiera”.

David asegura que les obligaban a comer carne humana: "Para que no hubiera rastro de nada, tocaba que le dieran a uno de eso para que se lo comiera”

Una de las cosas que más le impactó a David fue ver los rituales satánicos que hacían los secuestradores en las noches, “se hincaban, tenían imágenes del diablo, de la Santa Muerte, les pedían, les hacían ofrendas, era algo horroroso”. Este culto de los secuestradores a la muerte es algo que han referido algunos de los 32 migrantes entrevistados por Noticias Telemundo Investiga.

David estaba enfermo y ya se había resignado a morir, pero le preocupaba que Ximena quedara viva y en manos de los criminales. Por eso les pedía que si lo iban a matar, que también mataran a su hija.

Tenía temor que mi hija creciera en manos de ellos, por eso yo estaba decidido a perder mi vida, pero con mi niña”

DAVID SANABRIA, MIGRANTE HONDUREÑO

Mientras David y Ximena pasaban por este infierno, su hermano Denis vivía el suyo. Había pedido dinero prestado a sus compañeros de trabajo, a sus amigos con los que juega en una liga de fútbol aficionado en Nashville, y a unos parientes que tiene en Carolina del Norte. En total pudo juntar 4,000 dólares. Pero cuando habló con los secuestradores, estos le insistieron que debía pagar la cuota completa si quería ver a sus familiares con vida.

Denis Sanabria muestra los recibos de los pagos que hizo a los secuestradores de su hermano David.Rich Scott / Noticias Telemundo Investiga

Ese día los secuestradores le volvieron a pasar a su hermano al teléfono: “Hermano, si usted no lo puede hacer, ya pues, aquí déjeme que me hagan pedazos. Si no puedes conseguir el dinero déjame acá y que Dios se haga cargo de mí”, le dijo David.

Denis dice que fue como una despedida: “Él sabía que yo estaba agotado aquí, que no tenía nada de dinero, porque todo me lo habían comido ya”.

David Sanabria y su hija Ximena en Tijuana, Baja California. Julio 2021Osvaldo Samaniego / Noticias Telemundo Investiga

“Ya sabes que nosotros no jugamos”

Daniel —nombre ficticio para proteger su identidad—  salió de Honduras en febrero de 2021 rumbo al norte con 15 familiares más. Cruzaron Guatemala y llegaron a Tabasco, en el sur de México. En la capital, Villahermosa, el coyote los llevó a un hostal donde debían esperar ocho días para obtener una visa humanitaria mexicana para que pudieran seguir viajando por el país sin tener problemas con las autoridades.

Pero al tercer día de estar en el hostal, la administradora les dijo que el coyote se había ido sin pagarle a ella o al grupo que cobra el derecho de piso en esa ciudad sureña de México. A las dos horas, llegaron tres camionetas con hombres armados y se los llevaron del hostal hacia una bodega donde había al menos unos 100 migrantes más, según los cálculos de Daniel.

“Necesito que mandes el dinero, son 25,000 dólares por todos ellos. Ya sabes que nosotros no jugamos”.

secuestradores de migrantes,  EN VIDEO

Ahí les dijeron que estaban secuestrados y que sus familiares debían pagar 25,000 dólares por el rescate de los 15, entre los que había mujeres y niños. A los hombres los pasaron a una habitación aparte y comenzaron a golpearlos y a grabar videos para los familiares.

“Necesito que mandes el dinero, son 25,000 dólares por todos ellos. Ya sabes que nosotros no jugamos”, se escucha en uno de los videos obtenido por Noticias Telemundo Investiga.

“Empezaron a golpearnos con el AR-15  [un rifle semiautomático] en la cabeza, nos decían que si no pagaban nuestras familias, nos iban a matar”, recuerda Daniel.

A medida que los secuestradores recibían el dinero del secuestro, les mejoraban las condiciones a los migrantes. Les daban más comida y les ponían aire acondicionado.


Daniel, con camiseta roja, arrodillado con sus primos, mientras sus secuestradores graban un video para enviárselo a sus familiares en Texas. Villahermosa, Tabasco. Abril de 2021Cedido a Noticias Telemundo Investiga

“Para que veas que están bien atendidos, siempre y cuando me deposites hoy, hasta clima hay”, se escucha en otro video.

Pero cuando el dinero dejaba de llegar a tiempo, los secuestradores se desesperaban. “Ve carnal, ya tenemos a los niños aparte de sus papás y la neta no queremos tomar otras acciones. Ya vamos a empezar, ahora sí que a cortar deditos, ¡ya necesitamos el dinero, ya!”, se escucha en otro video.

A los 20 días de estar secuestrado, Daniel se escapó de sus captores en un cambio de casa, y viajó durante una semana hasta llegar a una ciudad fronteriza con Estados Unidos, donde aún espera su petición de asilo humanitario. Dice no saber qué pasó con sus familiares secuestrados.

Algunos de los migrantes con quienes compartió cautiverio y que fueron liberados, asegura, quisieron regresar inmediatamente a Honduras. Otros siguieron su camino hacia Estados Unidos. 

Transferencias camufladas en remesas recibidas por mujeres 

Un familiar de Daniel que vive en Texas pero no quiso responder a las preguntas de Noticias Telemundo Investiga negoció el rescate con los secuestradores, según Daniel. Esta persona solo dijo que para reunir los 25,000 dólares, varios familiares más vendieron sus autos en Estados Unidos y una finca que tenían en Honduras. 

Todas las transferencias se hicieron a mujeres, por los mismos métodos de envío que se utilizan para enviar remesas a México. Denis Sanabria conserva las siete transferencias que envió a los captores de su hermano. Es un método que utilizan los criminales para engañar a las autoridades y recibir el dinero de las extorsiones a través de prestanombres. 

Daniel, quien teme mostrar su rostro, vive en una ciudad mexicana fronteriza con EE.UU. mientras espera por su petición de asilo. Agosto de 2021. Osvaldo Samaniego / Noticias Telemundo Investiga

Creen que las mujeres son menos sospechosas porque son ellas quienes suelen recibir las remesas de los inmigrantes desde Estados Unidos. Eso es lo que decían los secuestradores a los familiares de algunas víctimas, según los testimonios recabados por Noticias Telemundo Investiga. 

Guadalupe Correa-Cabrera, profesora de la Universidad George Mason, que lleva décadas estudiando el tráfico de personas y todas las actividades delictivas relacionadas, asegura que tanto en Estados Unidos como en México hay una falta de voluntad política y de cooperación para combatir la extorsión y el secuestro de migrantes.

“Muchas de estas sumas de dinero, tanto del tráfico humano como de la extorsión y del secuestro, se lava no solamente en México, sino también en Estados Unidos. La mayor parte del dinero [de las extorsiones] se paga desde Estados Unidos”, explica la investigadora. 

La mayor parte del dinero de las extorsiones se paga desde Estados Unidos”

Guadalupe Correa-Cabrera,  profesora de la Universidad George Mason

Noticias Telemundo Investiga entrevistó a 32 migrantes secuestrados entre 2019 y 2021 en México y Estados Unidos. Sus familiares pagaron entre 1,500 y 5,000 dólares por el rescate de cada uno de ellos a distintos cárteles y bandas criminales. Para conseguir esas sumas de dinero, tuvieron que vender vehículos, propiedades, sacar sus ahorros del banco, endeudarse con familiares y amigos, e incluso salir a la calle a pedir dinero a sus vecinos. 

Villahermosa, Tabasco, es un lugar de paso para miles de migrantes que cruzan desde Guatemala con la ilusión de llegar a la frontera con EE.UU. En esta ciudad secuestraron a Daniel y a sus 15 familiares.Felix Marquez / AP

Liberados en Reynosa y deportados a Tijuana

Denis Sanabria fue uno de los que se vio obligado a perder la vergüenza para pedir dinero en las calles de Nashville, su ciudad. Preparó carteles explicando su situación y la de su hermano secuestrado y varios botes de plástico para recaudar el dinero. En una semana reunió los 3,500 dólares que necesitaba para que liberaran a su hermano y a su sobrina.

David y Ximena fueron liberados a mediados de abril de 2021 a las afueras de Reynosa, después de 25 días de cautiverio. Los secuestradores los dejaron en una carretera de terracería, y le dijeron a David que caminara en línea recta media hora hasta encontrar el Río Grande, y al cruzarlo ahí estaría en territorio estadounidense.

“Yo estaba enfermo, deprimido, golpeado. Monté a mi niña a mis espaldas, le dije que se agarrara fuerte de mí, y así logramos cruzar nadando el río”, cuenta David.

A los cinco minutos de haber cruzado, llegó una camioneta de la Patrulla Fronteriza, y los procesaron. Los llevaron a un centro de detención de inmigración cerca de la frontera. David les suplicó a los oficiales que, si los iban a deportar, que fuera a Honduras, porque a México no quería regresar jamás.

Yo estaba enfermo, deprimido, golpeado. Monté a mi niña a mis espaldas, le dije que se agarrara fuerte de mí, y así logramos cruzar nadando el río”

Estuvieron tres días detenidos en uno de estos centros a los que los migrantes llaman hieleras por el frío intenso del aire acondicionado. “Mi niña llegó con el pecho tapado, tenía mucha tos, y estaba toda picada por los insectos del desierto, y ese frío le hizo mucho daño”, recuerda David.

Al tercer día de estar detenidos, sin darles una explicación, dice, los montaron a un avión y los regresaron a México, pero esta vez por Tijuana, Baja California. Allí los recibió el personal del Instituto Nacional de Migración de México, que los ubicó en uno de los albergues de esta ciudad fronteriza.

Bajo el llamado Título 42, que el gobierno de Estados Unidos ha esgrimido durante la pandemia como arma para proteger al país de contagios masivos de COVID-19,  todos los migrantes que son detenidos en la frontera son regresados a México, para que tramiten sus peticiones de asilo en suelo mexicano. 

David Sanabria y su hija Ximena, durante su estadía en el albergue Iglesia Embajadores de Jesús en Tijuana, Baja California. Julio de 2021.Osvaldo Samaniego / Noticias Telemundo Investiga

En lo que va del 2021, en promedio 100,000 migrantes como David y Ximena son retornados a México mensualmente para seguir allí su caso, según las cifras publicadas por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. 

David llegó asustado a Tijuana, temiendo que allí lo volverían a secuestrar, pero el pastor Gustavo Banda, que lo recibió en su albergue donde aloja a 3,000 migrantes, le aseguró que allí no habría peligro.

Según el licenciado Antonio Carpio, fiscal antisecuestros de Baja California, en ese estado los secuestros a migrantes no son tan comunes como en otros lugares fronterizos del norte de México, principalmente porque “los grupos delictivos que operan allí no están interesados en ese negocio”, y buscan otras maneras de financiarse como el narcotráfico. 

Explica que sí ha habido secuestros a migrantes en los últimos años en Tecate y Mexicali, pero cree que la ciudad de Tijuana es un lugar seguro para los extranjeros que viven en los albergues y en los campamentos como El Chaparral, donde están asentados unos 1,500 migrantes.  

Por un momento sentimos que ya todo estaba acabado, que no se iba a lograr el objetivo que teníamos”

En mayo, la organización Al Otro Lado, que presta asistencia jurídica gratuita a los migrantes de Baja California, ayudó a David y a Ximena a llenar su solicitud de asilo. Después de muchas oraciones, llegó lo que tanto ansiaban.

En agosto de este año, el gobierno de Estados Unidos otorgó a David y Ximena un parole humanitario para que pudieran entrar al país y vivir con su hermano Denis en Tennessee, mientras un juez de inmigración los llama a corte y se tramita su asilo.

“Por un momento sentimos que ya todo estaba acabado, que no se iba a lograr el objetivo que teníamos, que era estar juntos acá, pero siempre hay un Dios grande que todo puede”, asegura Denis desde el aeropuerto de Nashville, con lágrimas en sus ojos pero esta vez de felicidad, porque pudo abrazar a su hermano después de seis años. Noticias Telemundo Investiga fue testigo del reencuentro. 

“A los migrantes quiero decirles que anden con mucho cuidado porque esos caminos son de espinas, son caminos de muerte, de sombras malignas, porque México no es un país seguro para nosotros para cruzar para arriba”, advierte David.

David y Ximena tienen la fortuna de estar vivos, y esperan que su nueva vida en Estados Unidos compense cada día de hambre, angustia, insomnio y terror que vivieron en su camino hacia el sueño americano.

Los periodistas de Noticias Telemundo Investiga Juan Cooper, Damià Bonmatí, Aldo Meza y Belisa Morillo investigaron y produjeron esta serie de tres reportajes. Albinson Linares y Caleb Olvera colaboraron en la investigación. Puede contactar al autor de este reportaje aquí:  juan.cooper@nbcuni.com