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Los indocumentados de Florida “forzados” al exilio por la ley migratoria de DeSantis: “Nos ha tocado salir como ratas”

Un destierro silencioso y difícil de contabilizar se gesta en Florida desde mucho antes que entre en vigor el 1 de julio la Ley SB 1718, descrita como la norma migratoria más dura de EE.UU. Desde los estados a los que huyeron con pocas pertenencias, estos inmigrantes relatan cómo ha sido comenzar de nuevo.

Cuando David Guerra y su numerosa familia huyeron en mayo de Florida dejaron atrás camas, colchones, muebles, las herramientas con las que se ganaban la vida y los juguetes de los niños. De todo lo que Guerra no pudo llevarse, es por los juguetes que se le parte la voz.

“Eso es lo que más me ha dolido: mis niñas que ahorita ya no tienen juguetes”, asegura este salvadoreño que hasta hace unos días tenía un hogar, un patio y un negocio con su familia en Tampa.

Esa vida como la conocían cambió cuando el gobernador del estado, el republicano Ron DeSantis, firmó la Ley SB 1718, la dura norma migratoria que entra en vigor el 1 de julio e impone graves castigos a los indocumentados, sus familias y sus empleadores.

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De las diez personas que habitaban la casa de Guerra, solo tres niños son ciudadanos estadounidenses: los demás no tienen documentos. Salieron de Tampa el 30 de mayo por la misma calle en la que, un mes antes, habían visto las pertenencias de otros vecinos indocumentados como ellos, que no alcanzaron a llevárselo todo cuando huyeron a Kentucky.

David Guerra junto a su familia.
David Guerra junto a su familia.Cortesía

“El próximo voy a ser yo en el vecindario”, anunció Guerra bromeando en un video que publicó el 29 de abril en la plataforma TikTok y que alcanzó casi 3 millones de reproducciones.

“Y cabal, fui el próximo del vecindario. Al mes me tocó salir”, cuenta a Noticias Telemundo desde Maryland, adonde se mudó con su familia.

Su caso no es el único. En distintas ciudades del estado, como la comunidad agrícola de Immokalee —donde muchos trabajan en el campo sin documentos— los inmigrantes dicen que tienen al menos un conocido, un amigo o un vecino al que la ley de DeSantis ha ahuyentado. En redes sociales circulan videos y fotos de usuarios que documentan su exilio de Florida, para aventurarse en busca de refugio en otros sitios.

Algunos como Guerra no piensan volver, pero otros como Berta, una guatemalteca que vive en Immokalee y ahora trabaja en sembradíos de Georgia y Carolina de Sur, dicen que seguirán pagando la renta desde lejos, con la esperanza de que la ley sea derogada o retada en las cortes. Ella ansía poder regresar a su pequeño cuarto en el estado del sol antes de octubre, cuando toca recoger las cosechas y hay oportunidad de ganar algo de dinero.

“No nos quieren acá”

Guerra, un obrero de la construcción, llegó a Estados Unidos hace más de 20 años. Junto a su pareja, su cuñada y su hijastra —beneficiaria del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA)— trabajaban puliendo y dando los toques finales a paredes y techos de casas en Tampa.

Hace seis años se mudó a esa ciudad del noroeste de Miami donde construyó una clientela y compró sus herramientas. Dejar algunas al irse de Florida le costó más de 2,000 dólares en pérdidas. En Maryland, dice, ni él ni su familia han podido conseguir empleo.

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“Yo estaba bien, bien, bien ubicado en Florida. Estaba bien económicamente, estable con el trabajo. No había ningún problema. Ahora es todo lo contrario”, lamenta.

Unos 2.7 millones de inmigrantes representaban el 26% de la fuerza laboral en Florida en 2018, de acuerdo a un análisis del Censo. Más de 300,000 trabajaban en el sector de la construcción, como Guerra y su familia.

En fotos y videos se les ve llenos de polvo blanco, como cubiertos de harina, cargando materiales y herramientas, o encima de andamios para trabajar en el cielorraso de las viviendas. “En ningún momento han valorado el trabajo que nosotros hacemos”, reclama Guerra sobre la legislación, considerada la más severa de Estados Unidos en materia de inmigración en la última década.

Primero oyó los rumores sobre la ley. Poco después, sus vecinos se fueron del estado. Para cuando fue aprobada por el Congreso estatal ya no había obreros en uno de los proyectos en los que trabajaba. En 2016, el Censo estimó que un 6% de la mano de obra de Florida era indocumentada.

Un análisis del Censo de 2018 arrojó que uno de cada cuatro trabajadores de Florida era inmigrante en ese momento. Un 6% de la mano de obra, se calcula, la ponen personas indocumentadas.
Un análisis del Censo de 2018 arrojó que uno de cada cuatro trabajadores de Florida era inmigrante en ese momento. Un 6% de la mano de obra, se calcula, la ponen personas indocumentadas.Lynne Sladky / AP

“En el momento que yo fui a entregar la última casa, allí no había ningún alma, solo un señor que al parecer tenía papeles”, afirma. Así llegó el momento de tomar una decisión: “Le dije a mi señora ‘ni modo, va a tocar irlos porque no nos quieren acá’”.

Vidas rotas

Guerra empacó lo que le alcanzó en dos camionetas y un carro. Solo se llevó ropa, herramientas esenciales de trabajo y un televisor. De las diez personas que vivían en la casa, cinco se fueron con él a Maryland y otras cinco a Nueva Jersey: Allá tampoco han conseguido empleo.

En Maryland viven con un familiar y se han acomodado como han podido. Sus dos hijas, de 3 y 8 años, duermen con los adultos. “Allá (en Florida) ellas tenían su camita, en forma de casita, sus cuartos y ahora, pues imagínese”, lamenta.

“Yo me he sentido bastante triste de que los (sic.) ha tocado salir, como dijéramos, como ratas porque no nos quieren pues. Y ya es difícil estar así en esa situación”.

David Guerra, inmigrante indocumentado

La menor le pide: “Vámonos pa’ la casa”, y llora por sus juguetes, asegura. “No tenemos nada, nada, nada. Solo la muy ropita que nos trajimos, pero bueno, saldremos adelante, primero Dios”.

A casi 100 millas de Tampa, donde Guerra vivía con su familia, una inmigrante indocumentada de 25 años, rentaba un apartamento con su novio en la ciudad de Ocala.

Llegó con visa hace cuatro años desde Colombia, en un viaje temporal que se extendió por la pandemia de COVID-19. “Yo pensaba quedarme en Florida”, cuenta a Noticias Telemundo desde Nueva York, a donde se mudó tras aceptar una oferta laboral.

“Yo dije: ‘No quiero pasar ese miedo o esa necesidad de ver un policía y que me puedan deportar o que me puedan parar o pedirme mis documentos’”, asegura.

Florida era para María Fernanda “uno de mis estados favoritos”, hasta que le dio miedo. Su novio también es indocumentado y, antes que se aprobara la ley de DeSantis, decidieron emprender un viaje por carretera a Nueva York a finales de abril. Se fueron sin despedirse de sus conocidos y dejando atrás sus pertenencias, pero no a sus gatos: Loki y Alicia.

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“La verdad sí me dio tristeza”, afirma la joven, quien se había mudado hace solo seis meses a Ocala tras vivir en Tampa por más de dos años. “Me encantó ese lugar, ya quería establecerme más tiempo ahí”.

Dice que la decisión de irse de un estado donde ya tienes raíces es más dolorosa para las familias. “Gracias a Dios pues éramos solo mi pareja, yo y los gatos, pero hay personas que tienen a sus hijos, bebés, abuelos. Entonces, sí, me siento un poco afortunada”. 

A finales de abril, María Fernanda se mudó de Florida a Nueva York.
A finales de abril, María Fernanda se mudó de Florida a Nueva York.Cortesía

Documentó su viaje en una serie de videos que compartió en TikTok. En uno de ellos, con más de 2 millones de reproducciones, se ve a sus gatos, un cubo de arena, unas botas, agua y la ropa que alcanzó a meter en su estrecho vehículo. La mayoría de comentarios, dice, han sido agradeciéndole por no abandonar a sus mascotas.

“Es una responsabilidad que uno tiene, un animal no es cualquier cosa como un mueble que tú vienes y lo dejas ahí tirado en la calle”, cuenta. “Adonde yo vaya, ellos van, y adonde yo tenga techo, ellos tendrán techo”.

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Su novio consiguió empleo en Delaware y ella se quedó en Nueva York. Esa separación, dice, le ha dolido. Deben manejar más de cuatro horas para verse y dividirse el tiempo con sus gatos.

“Es triste que se separen parejas, familias, que a veces abandonen animales en la calle por no poderlos llevar, que dejen sus cosas tiradas, sus casas abandonadas. Eso es triste porque es dejar tu vida”, lamenta. 

Un éxodo involuntario y silencioso que nadie contabiliza

Es difícil precisar la cifra de cuántos inmigrantes se han ido del estado empujados por la ley: muchos viajan en silencio y sin despedirse, como María Fernanda. Las comunidades y líderes locales solo contabilizan lo que escuchan de boca en boca: un vecino que abandonó su casa, un obrero que no llegó más a trabajar.

Guerra no creía que las personas estaban abandonando Florida hasta que vio la obra vacía. Los vecinos de María Pérez, una inmigrante latina que vive en Immokalee, también se fueron, afirma.

“Esto está pasando a tal nivel rápido que no tenemos un número concreto”, explica a Noticias Telemundo Rosa Elera, estratega digital de política de la Coalición de Inmigrantes en Florida (FLIC, en inglés).

Entre 150,000 y 200,000 inmigrantes trabajan en viveros y cultivos agrícolas en Florida a lo largo del año, según cifras del Departamento de Salud de Florida.
Entre 150,000 y 200,000 inmigrantes trabajan en viveros y cultivos agrícolas en Florida a lo largo del año, según cifras del Departamento de Salud de Florida.Lynne Sladky / AP

Elera dice que la ley de DeSantis es “vaga en sus términos”, lo cual confunde y atemoriza a los inmigrantes, y que eso “es lo que está causando que los floridianos decidan irse del estado”, apunta la activista, quien como múltiples expertos vaticina un severo impacto emocional, comunitario y económico por este éxodo silencioso.

“No solamente estamos perdiendo nuestros vecinos y nuestras amistades, también vamos a tener un impacto masivo económico porque estamos perdiendo a los que manejan y cargan la economía de la Florida”, asevera.

El Florida Policy Institute ha cuantificado ese impacto: la legislación podría costar a la economía de Florida 12,600 millones de dólares en un año. Seis industrias, entre ellas construcción, agricultura y servicios, emplean 391,000 trabajadores indocumentados que representan cerca del 10% de su fuerza laboral.

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La Ley SB 1718, aprobada por la Legislatura de mayoría republicana y firmada por el gobernador a inicios de mayo, es considerada “peligrosa” por su ambigüedad y criticada por usurpar facultades del Gobierno federal, que es a quien le compete decidir en materia de inmigración. La norma podría ser desafiada legalmente tras entrar en vigencia, adelantaron a Noticias Telemundo organizaciones como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) y FLIC.

Cómo se implementará la legislación es uno de sus temores. FLIC ya ha recibido denuncias de clínicas preguntando a pacientes sobre su estatus migratorio, pese a que la ley no ha entrado en vigor y estipula que aplica a hospitales que aceptan Medicaid y que será opcional responder, advierte Elera.

“Doctores primarios o clínicas o centros de urgencia que no reciben Medicaid no tienen por qué estar preguntando el estatus migratorio de un paciente”, alerta.

Katie Blankenship, directora jurídica en Florida de ACLU, apunta que esa aplicación ciudadana de la ley demuestra que “el mensaje de DeSantis ha sido comunicado clara y efectivamente: los inmigrantes no son bienvenidos aquí, no son valorados en esta comunidad y si tomas el lado de los inmigrantes te expones a que el estado te persiga”.

Entre otros puntos, la ley prohíbe que un empleador contrate a un inmigrante indocumentado e impone sanciones penales a quienes transporten hacia el estado a personas que entraron al país de forma irregular y sin inspección del Gobierno federal, sin aclarar a qué se refieren con “inspección”.

El mensaje de DeSantis ha sido comunicado clara y efectivamente: los inmigrantes no son bienvenidos aquí”

Katie Blankenship,  DIRECTORA JURÍDICA EN FLORIDA DE ACLU

Para Blankenship, la ambigüedad de la medida es intencional. “Es para que haya una aplicación excesiva de la ley que transmita al estado el mensaje muy claro de que estos individuos no son bienvenidos aquí”, dice.

El objetivo, es “hacer todo lo posible para atacarlos, atizar el miedo y promover una cultura de discriminación racial”, apunta. “Sí, las personas se están yendo y es comprensible por qué”.

Guerra, trabajador indocumentado de la construcción, dice que él sintió que el ambiente cambió tras la aprobación de la norma. “Muchos americanos ya ni lo saludaban a uno, lo miraban como de menos, por decirlo así”, afirma. “Eso fue lo que más me llevó a tomar la decisión de venirme (a Maryland)”, confiesa.

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Políticos, activistas, líderes comunitarios y organizaciones de derechos humanos han advertido que la ley impactará desde los campos y las obras de construcción, hasta los restaurantes y otros negocios en el sector de los servicios. Tras su aprobación, miles de inmigrantes han protagonizado marchas masivas en rechazo a la legislación.

“Todos los floridianos, desde Tallahassee hasta Homestead, hasta los Cayos, van a sentir el impacto económico que va a causar este proyecto de ley”, alerta Elera.

Miedo a salir de Florida y no poder regresar

Berta, una madre guatemalteca sin documentos, está acostumbrada al sol de Florida mordiéndole las mejillas. A ella, dice, no le asusta el calor que a veces pica a más de 100 grados Fahrenheit. Prefiere eso que el frío.

Trabaja desde el amanecer recogiendo tomates, chiles, calabazas y berenjenas en los sembradíos de Immokalee, donde cada temporada alrededor de 40,000 trabajadores agrícolas, muchos de ellos indocumentados, cosechan distintas frutas y verduras. Lo ha hecho durante los ocho años que lleva en esa pequeña comunidad, cuyo nombre en lengua indígena significa “Mi hogar”. Por primera vez en más de 18 años, Berta dice sentir miedo de vivir en Estados Unidos.

“Estamos acostumbrados a trabajar aquí sin que nadie nos echara miedo”, cuenta la inmigrante de 52 años. Ahora “cuando veo policías me da miedo que nos paren, nos detienen y llamen a las migraciones”. Muchos de sus conocidos, señala, se han ido a Delaware, Maryland, Virginia y Washington.

Berta es una trabajadora agrícola indocumentada en Immokalee, Florida.
Berta es una trabajadora agrícola indocumentada en Immokalee, Florida.Anagilmara Vílchez / Noticias Telemundo

Cuando se termina la cosecha en Florida, Berta viaja a otros estados a recoger cultivos, pero este año es distinto: teme no poder volver cuando caiga el inverno.

Hace unos días fue a la lavandería, empacó su ropa de trabajo y dijo estar lista para viajar a Georgia y Carolina del Norte. Pero cuando regrese en octubre o noviembre —con la Ley SB 1718 ya en vigencia— quien la traiga podría ser castigado con cárcel por transportar al estado a una persona indocumentada.

“Los agricultores viajan dependiendo de qué temporada es de fruta o de vegetales a diferentes estados a cultivar”, explica Elera de FLIC. “El temor es que si salen del estado de la Florida para hacer sus cultivos, digamos en Georgia, y quieren ingresar de nuevo a la Florida, que es su residencia, no vayan a poder ingresar o que estén perjudicando a otra persona que los esté trayendo”, lamenta.

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Berta vive sola en Immokalee. Renta un cuarto por 600 dólares al mes y se despidió de su hijo, que vive en la ciudad vecina de Naples. “Me siento triste y a la vez enojada porque el gobernador de Florida nos está tratando mal”, afirma.

Tiene esperanza de que algo pase —que DeSantis cambie de opinión, que se derogue la ley o se interponga una demanda contra la norma— que le permita volver, por eso seguirá pagando su renta durante los próximos meses.

“En el mes de noviembre cuando todos vienen pa’cá no se consigue nada de renta y, si Dios quiere y nos dejan pasar en octubre, vengo para acá”, asegura, aunque sabe es posible que no pueda regresar. La incertidumbre la asusta: “me quisiera quedar (en Georgia o Carolina del Norte) pero ¿dónde voy a trabajar?”.

No todos los que temen a la ley pueden huir del estado. Rosa Bartolo tiene 22 años y es solicitante de asilo. Aunque obtuvo un permiso de trabajo, su esposo y otros 15 familiares que viven en Florida son indocumentados.

“Uno se acostumbra a vivir aquí”, cuenta. Pese a que han valorado irse, no lo hacen por los niños y el idioma. Bartolo y su familia son agricultores. Huyeron de una comunidad indígena de Guatemala y algunos no hablan español, mucho menos inglés, solo su lengua: akateko maya.

Empezar de cero en otro estado para ellos “es más difícil porque uno no habla español, no habla el inglés, es mucho más difícil. La gente te ve mal, como una cosa rara”, reconoce.

El pago diario y en efectivo que ganan en el campo, dice, es su única opción mientras no tengan documentos. Se estima que los trabajadores indocumentados representan el 47% de la fuerza laboral del sector Agricultura, Silvicultura, Pesca y Caza, una de las principales industrias del estado, según el Florida Policy Institute.

“Están jugando con nuestros sentimientos”

Tras las protestas masivas, las críticas y el temor a un éxodo de la mano de obra que sostiene los principales rubros del estado, algunos legisladores republicanos pidieron a inicios de junio a líderes religiosos que intercedan y convenzan a los inmigrantes de que no abandonen Florida, alegando que la norma es meramente “una ley con fines políticos”.

Miles acudieron a una marcha en Immokalee, Florida, el 1 de junio en repudio a la Ley SB 1718.
Miles acudieron a una marcha en Immokalee, Florida, el 1 de junio en repudio a la Ley SB 1718.Rebecca Blackwell / AP

Para Guerra, el obrero de la construcción que se marchó a Maryland, los políticos “están jugando con nuestros sentimientos y los quieren seguir humillando más”. 

A él, dice, nadie le regaló nada: “Yo pagaba hasta el Sunpass (cargos de peaje) para pasar por las calles”. 

—¿Regresaría?

—No está en mis planes regresar porque me siento bien... ¿cómo le diré? Dañado, porque me dolió, me dolió mucho tener que botar todo. Los humillaron bastante, bastante. Es una humillación que a uno le hacen, sacarlo así como, como rata.

En Maryland, relata, lo tratan distinto. Mejor. Hace siete años tramitó su licencia de conducir en ese estado y en Florida, cuando entre en vigencia la legislación, no podrá manejar. “Gracias a Dios aquí se respira paz y tranquilidad”, afirma.

María Fernanda no siente miedo en Nueva York. “No siento que cualquier persona por verme y verme latina me vaya a parar y me diga: ‘Oye, muéstrame tus documentos’. Acá en el lugar donde estoy no me siento como perseguida por mi raza”.

Cada temporada, en Immokalee, alrededor de 40,000 trabajadores agrícolas cosechan tomates, cítricos y otras frutas y verduras.
Cada temporada, en Immokalee, alrededor de 40,000 trabajadores agrícolas cosechan tomates, cítricos y otras frutas y verduras.Wilfredo Lee / AP

Mientras tanto, a Guerra le consuela saber que antes de irse de Florida pudo regalar algunas de sus cosas a otros inmigrantes que las necesitaban. Un joven cubano recién llegado al país, dice, se quedó con casi todo.

“‘Gracias a Dios’, me dijo (el joven), ‘yo estaba durmiendo en el suelo y mira, ahora llevo camas’”, recuerda Guerra. “Empezar de cero es bien triste”.

Lourdes Hurtado colaboró en este reporte.