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“No se lo desearía ni a mi peor enemigo”: las represalias contra los migrantes que iniciaron huelgas de hambre en centros de ICE

Celdas de confinamiento en solitario, amenazas de deportación y represalias ilegales, alimentación e hidratación forzadas, estas son algunas de las medidas que se toman contra los migrantes que protestan por las condiciones en los centros de detención, según un informe de la ACLU.

El Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés) empleó tácticas consideradas inhumanas y degradantes para lidiar con migrantes en centros de detención que recurrieron a huelgas de hambre para protestar por las condiciones de su encierro, según un reporte presentado este miércoles.

El personal de los centros de detención privados que ICE contrata alrededor del país incurrió en prácticas como la alimentación e hidratación forzadas -que están catalogadas por la ONU como prácticas inherentemente inhumanas y degradantes- el confinamiento en solitario, las amenazas de deportación y represalias ilegales para frenar las protestas de los migrantes detenidos.

El informe de la Asociación Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, en inglés) detalla el abuso y las represalias que sufrieron más de 1,370 huelguistas de hambre en 62 centros en 24 estados durante las Administraciones de Obama y Trump. Se basa en más de 10,000 páginas de registros, directivas y documentos judiciales, así como entrevistas a personas que estuvieron detenidas.

John Otieno en la casa de un amigo suyo en Philadelphia, Pennsylvania.James Matthew Daniel

“Me pusieron en una cama y me esposaron a una camilla médica. Ataron mi pecho, cintura, piernas [con] ataduras fuertes… no tenía sentido intentar defenderme pues había seis oficiales varones fuertes y tres enfermeras, y no hay nada que uno pueda hacer”, cuenta a la organización defensora de los derechos civiles John Otieno, un solicitante de asilo de África del Este que fue alimentado a la fuerza.

Otieno decidió iniciar una huelga de hambre en marzo de 2020 para salir del centro de detención de Pine Praire, una prisión privada operada por el grupo GEO.

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Otieno, quien usa un pseudónimo por temor a que su caso de asilo resulte perjudicado si habla en público, decidió a principios de ese año que prefería solicitar asilo en otro país a seguir detenido en Pine Praire, un centro con un amplio historial de denuncias por maltrato.

Para ser liberados, los migrantes en centros de detención deben esperar a que una corte les conceda el derecho de seguir su caso desde afuera o lo concluya con una deportación u otorgándoles el asilo. A menudo ellos pasan meses o incluso años esperando una resolución en las cortes atestadas.

Por ello, ideó un plan que creyó podría permitirle terminar con ese calvario: iniciaría una huelga de hambre para llamar la atención de las autoridades.

“La decisión de comenzar una huelga de hambre en un centro de detención migratoria no es algo que se tome a la ligera”, se lee en el reporte. “El rehusarse a comer puede ser la última opción disponible de un detenido para expresar sus quejas, después de que todos los otros métodos de petición ya han fallado”, agrega.

Otieno esperó en vano una respuesta a sus solicitudes de liberación, incluso se ofreció a pagar el costo de su salida, pero nadie parecía escucharlo. Entonces se enteró de que el personal del centro estaba obligado a notificarle a las autoridades si un interno dejaba de comer durante tres días seguidos. Pensó que de esta forma podría llamar su atención.

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Era la única opción que me quedaba. Necesitaba mi libertad. Necesitaba continuar con mi vida, porque en ese momento estaba atascado en ese lugar, sin ninguna esperanza”, dijo Otieno en entrevista con el portal de noticias Buzzfeed News.

Los detenidos abandonan la cafetería bajo la vigilancia de los guardias durante una gira de prensa en el Centro Correccional de Winn en Winnfield, Louisiana, el jueves 26 de septiembre de 2019.AP Photo / Gerald Herbert

Al cuarto día de su huelga de hambre, fue enviado a una celda de confinamiento en solitario, donde se priva a los internos del contacto humano, el aire fresco y la luz del sol. A los 12 días un funcionario el dijo que revisaría su caso si accedía a comer de nuevo. Así que aceptó el trato.

Sin embargo, al ver que nada cambiaba, decidió iniciar una segunda huelga de hambre. Esta vez junto con otros 28 detenidos. Al décimo día comenzaron a alimentarlo por la fuerza. Media docena de uniformados lo inmovilizaron y le insertaron una sonda por la nariz que bajaba por su esófago hasta el estómago. Un proceso sumamente doloroso.

“Es una experiencia que no se la desearía ni a mi peor enemigo”, contó Otieno a la ACLU.

Con información de Buzzfeed News.