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Las fallas del sistema de inmigración tienen “presos en libertad” a más de un millón de solicitantes de asilo

José escapó de Nicaragua y solicitó asilo en EE.UU. hace cinco años: su caso es solo uno de los 1.6 millones de solicitudes pendientes en un sistema que tarda años en darles respuesta, y que tiene escépticos a los abogados sobre si deben o no representar a los inmigrantes.

Aunque es libre, José a veces se siente en una prisión.

Desde hace cinco años se exilió en Estados Unidos e inició un proceso de asilo político que no avanza ni le permite sanar. Sus miedos y traumas, asegura, son claves para ganar su caso.

“El día de mañana que tengas una cita con migración tienes que tener tan en vivo esas cosas. Es como estar escribiendo en un cuaderno todo lo que te hizo daño y todas las cosas que no quieres recordar”, afirma el nicaragüense de 26 años que pidió no usar su nombre real por seguridad.

La suya es una de las 778,084 solicitudes de asilo afirmativo pendientes de una entrevista con el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS, en inglés), según datos de 2022 del centro de investigación TRAC de la Universidad de Syracuse en Nueva York.

“Es preocupante, el tiempo va pasando y ves que no has hecho nada, que no estás avanzando”, cuenta José a Noticias Telemundo desde Miami, Florida. “Te tienen atado de manos”. 

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En 2018 José presentó su solicitud sin abogado y sabe que el día que le den una cita deberá conseguir uno, pero los retrasos en el sistema de inmigración no sólo lo abruman a él.

Abogados con prácticas privadas y pro bono también están sobrecargados de casos sin resultado durante años, un problema que los cohíbe de tomar nuevos clientes y que perjudica a los que ya tienen, explicaron expertas a Noticias Telemundo, quienes aseguran que el sistema de inmigración no ha sabido adaptarse al flujo migratorio actual.

Migrantes bajan de un autobús en El Paso, Texas, el 16 de mayo de 2023.
Migrantes bajan de un autobús en El Paso, Texas, el 16 de mayo de 2023.Bloomberg / Bloomberg via Getty Images

“Es difícil para nosotros expandir nuestros servicios y tomar más clientes porque no podemos cerrar ninguno de nuestros casos”, reconoce Rachel Kafele, directora de programas de Oasis Legal Services, una organización sin fines de lucro que ofrece asesoría y acompañamiento legal gratuito a inmigrantes de la comunidad LGBTIQ en el estado de California y algunas partes de Nevada, Oregon y Washington.

Oasis tiene una lista de espera de tres meses para casos nuevos porque más de 800 clientes suyos siguen sin recibir una cita con USCIS. “Tenemos clientes que solicitaron asilo en 2014 y todavía están esperando su entrevista”. 

Pero, ¿cómo llegamos aquí?

Más de 1 millón de solicitudes de asilo atoradas en un sistema “ineficiente”

“El sistema de (inmigración de) Estados Unidos se diseñó en 1965 y no se ha reformado desde entonces”, explica a Noticias Telemundo Raquel Aldana, abogada y profesora de Derecho de la Universidad de California en Davis.

“Hablamos de asilo y cómo está el sistema abrumado, pero cada año apenas otorgamos entre 20,000 a 25,000 solicitudes de asilo a personas en todo el mundo. Eso no es nada”, resalta Aldana. “El problema quizás no es el flujo migratorio. Es que la ley en sí no responde a la realidad que se vive”.

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“Y todo va a seguir empeorando mientras no haya una reforma migratoria, una que de verdad cambie todo el sistema”, advierte a Noticias Telemundo Tahimí Rengifo, abogada de inmigración que ejerce en Miami. “(El sistema) está diseñado para las necesidades de ese tiempo, no para las del tiempo de ahora y las situaciones actuales”.

El retraso en cifras

  • Cerca de 1.6 millones de solicitantes de asilo esperan una audiencia para defender sus casos, según datos de TRAC.
  • De estos, 787,882 lo harán ante un juez de inmigración del Departamento de Justicia; y otros 778,084 ante funcionarios de USCIS. Muchos inmigrantes aún no han podido comenzar su solicitud.
  • Aunque en Estados Unidos hay personas de al menos 219 países distintos y 418 lenguas que han solicitado asilo, un 59%, casi seis de cada diez casos en cortes, son originarios de cinco países: Guatemala (111,184); Honduras (101,195); El Salvador (97,260); México (82,837) y Venezuela.

Estas cifras “representan el mayor número total de solicitudes de asilo pendientes registrado”, subraya TRAC. Históricamente el número de casos “ha superado la capacidad de los organismos gubernamentales para tramitar las peticiones de forma rápida y justa”, indica la unidad de investigación.

Para Amy Grenier, asesora de Políticas y Prácticas de la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración (AILA, en inglés), se trata de una combinación de factores, como “ineficiencias burocráticas”, políticas de la Administración del expresidente Donald Trump –entre ellas “incentivar denegaciones innecesarias y la congelación de la contratación” de personal– y retrasos arrastrados desde la pandemia, cuando oficinas y tribunales cerraron durante varios meses.

“Las agencias de inmigración son realmente malas a la hora de comunicarse y coordinarse”, apunta Grenier. Trámites que deberían ser sencillos, dice, como un cambio de dirección son engorrosos al tener que realizarse por separado en cada instancia.

El camino hacia la ciudadanía es largo para un solicitante de asilo y puede postergarse indefinidamente mientras las personas no obtengan su primera audiencia.
El camino hacia la ciudadanía para un solicitante de asilo puede retrasarse indefinidamente mientras las personas no obtengan su primera audiencia.Robert Nickelsberg / Getty Images

Y es que un asilo puede ser defensivo o afirmativo, dependiendo de cómo se presentó la solicitud. Los “defensivos” surgen en respuesta a un proceso de deportación ante una Corte de Inmigración tras emitirse un Aviso de Comparecencia o NTA, en inglés, que suele darse a quienes se entregan en la frontera sur, por ejemplo, estableciendo una fecha y lugar para presentarse ante un juez.

Aquellos inmigrantes que llegan de forma regular al país e inician su proceso voluntariamente ante USCIS tienen casos “afirmativos” y la decisión recae sobre un funcionario de asilo que los entrevista sobre el miedo y persecución sufridos en su país de origen y por qué no pueden regresar. Si la solicitud no es aprobada, se remite a un juez de inmigración, sumándose al atasco en las cortes.

“¿Quién quiere vivir con esta incertidumbre durante años?”

El número de solicitantes también supera al de abogados de inmigración, quienes se han vuelto más selectivos con sus clientes debido a los años que les toma resolver una solicitud. Esto aplica a prácticas privadas y servicios pro bono por igual.

Oasis Legal Services solo representa casos afirmativos porque solían ser más rápidos, dice Kafele, pero desde hace casi un año no les programan ni una entrevista en la Oficina de Asilo en la ciudad de San Francisco, que atiende a varios condados de California y Nevada. Antes “conseguíamos entre cinco y diez entrevistas al mes, entre 60 y 100 entrevistas al año. Y ahora es prácticamente cero”.

El cliente siente que el abogado no puede resolverle nada, no puede apresurar el proceso”

Tahimí rengifo abogada de inmigración

Cada caso, además, conlleva otros trámites, como la renovación de permisos de trabajo y cambios de dirección, que se extienden indefinidamente. “Nos limita en el sentido económico”, señala Rengifo, socia de una práctica privada en Miami. “Lo que se te cobró es por una representación que estaba supuesta a demorarse unos meses”, pero que se alarga por años, precisa.

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También les afecta en el servicio a sus clientes y la percepción que tienen sobre su desempeño: “El cliente siente como que el abogado no puede resolverle nada, no puede apresurar el proceso”.

El tiempo promedio de espera de un caso ante una corte de inmigración es de 1,572 días, es decir 4.3 años, desde que el proceso llega al tribunal y hasta que recibe una audiencia, detalla TRAC.

“Creo que es duro para los abogados de inmigración tener que preparar un caso varias veces”, asegura Grenier. Primero para presentar la solicitud de asilo, después para la audiencia —que suele cancelarse y reprogramarse al último minuto— y finalmente cuando se asigna una nueva fecha. “También es duro para el solicitante de asilo: ¿quién quiere vivir con esta incertidumbre durante años?.

Grenier ha escuchado dos razones por las que abogados están declinando tomar casos: “Porque el plazo es demasiado rápido, como en la expulsión acelerada, y porque es demasiado lento en los tribunales de inmigración”.

“El último que llega, el primero que se va”

La medida conocida como Last in, First Out (“el último que llega, el primero que se va”) aplicada por la Administración Trump y que sigue en pie, establece que quienes acaban de entrar al país tendrán prioridad para ser escuchados, algo que no beneficia a los recién llegados ni a los que llevan años esperando.

Las citas para una audiencia se otorgan tan rápido que los inmigrantes tienen muy poco tiempo para conseguir pruebas o un abogado que les represente, indica Rengifo. “Ellos no tienen suficiente tiempo y el abogado no tiene ningún control” sobre cuándo se programa una cita, dice.

Lorena Duarte también es abogada de inmigración en Miami y cuenta que desde que fundó su bufete hace casi tres años “todos mis casos han sido de personas que han llegado recién y esos casos se han movido más rápido. Tengo ciertos casos que quieren ser adjudicados ya al año o a los dos años”.

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Ella también ha atendido consultas de personas que llegaron al país con visa y “llevan cinco, seis, siete años esperando (una cita) y la única solución es demandar al Gobierno en la corte federal, pero mucha gente no lo quiere hacer”, asegura, refiriéndose al Writ of Mandamus, un recurso extraordinario que, según el Fiscal General de Estados Unidos, “debe utilizarse en circunstancias excepcionales de peculiar emergencia o importancia pública” y sirve para corregir faltas o fallas de funcionarios gubernamentales.

Duarte y Rengifo coinciden en que éste es una salida para casos sólidos de asilo, con bastante evidencia. “Te van a dar la entrevista pero, ¿bajo qué circunstancias? Ya tú vas siendo la persona que los demandó federalmente, es una espada de doble filo”, advierte Rengifo.

José, el solicitante de asilo de Nicaragua, cuenta que ha visto amigos, familiares y conocidos llegar después que él y conseguir citas, entrevistas, residencias, mientras él sigue atorado en un limbo migratorio del que no sabe cuándo saldrá.

“Me alegro por ellos porque no tuvieron que sufrir lo que uno sufre, la incertidumbre, pero sí hay que decir la verdad: es una injusticia, pero no una injusticia que las personas tienen culpa, es injusticia de parte del sistema”, afirma.

Un “preso” en “libertad”

“Vine, se supone, huyendo de inseguridad y para tratar de vivir una vida en paz, pero en realidad no estoy viviendo una vida en paz”, dice José. Aunque tiene permiso de trabajo y un número de seguro social vive con incertidumbre. “No estás siendo ni feliz porque no tenés los derechos. Estás preso en un país: tenés libertad, pero no podés salir de él”. “No te ayuda en realidad a sanarte”.

Su estatus de “solicitante de asilo”, que no es lo mismo que asilado, le limita además para acceder a préstamos públicos para continuar estudiando, por ejemplo.

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Kafele, directora de programas de Oasis Legal Services, afirma que “el limbo es muy doloroso y causa mucha ansiedad”. Sus clientes, lamenta, “sienten que no pueden seguir adelante con su vida porque están atrapados esperando, sin una respuesta, sin una decisión”.

Estás preso en un país: tenés libertad, pero no podés salir de él”

josé solicitante de asilo de nicaragua

Para Grenier, asesora de Políticas y Prácticas de AILA, el trauma “es inherente al asilo y la ansiedad y la incertidumbre del proceso” pueden agravarlo.

Con el paso del tiempo, acecha otra posibilidad: que las circunstancias en el país de origen del solicitante cambien y “¿qué te va a decir un juez? ‘El mal que experimentaste, lo que viviste, ya cambió, así que puedes volver a tu país ahora’ y ¿qué pasa?: perdiste años tratando de construir tu vida en Estados Unidos, cuando en realidad te van a hacer regresar”, apunta Rengifo.

“Hacen falta más abogados de inmigración”

Muchos inmigrantes completan su papeleo sin la asesoría de un abogado. Uno de cada diez solicitantes de asilo carecía de representación en los casos resueltos en el año fiscal 2022 y, entre los casos de asilo pendientes, “uno de cada cinco (21%) está registrado como no representado”, según TRAC.

“Definitivamente hacen falta más abogados de inmigración y abogados voluntarios calificados”, afirma Grenier. Aunque, incluso consiguiéndolos, es posible que por “la forma en que está configurado el sistema actual” sea muy difícil que los inmigrantes accedan a ellos.

En casos de asilo no existe el equivalente a un abogado de oficio pagado por el Estado, como sí ocurre en casos penales, apunta Grenier.

“Es un completo desconocimiento de las consecuencias de la inmigración” por parte del Gobierno, resalta Kafele. “Para alguien que busca asilo y se enfrenta a la muerte si regresa a su país, lo que está en juego es igual de importante”.

Inmigración es un ámbito jurídico “desafortunadamente muy complejo”, con leyes y políticas en constante cambio, advierte Duarte. Perderse una cita o fallar en entregar evidencia puede resultar una orden de deportación, por ejemplo.

“El retraso va a seguir creciendo”

Mientras el Gobierno y funcionarios de ambos partidos insisten en destinar fondos públicos para el manejo de casos en la frontera, las expertas consultadas por Noticias Telemundo apuntan que hay otras áreas en el que el dinero puede resultar tan o más efectivo.

Para Aldana, hay un problema de diseño en el sistema: “Le damos un montón de plata, billones de dólares a centros de detenciones, a la privatización de la detención y los sistemas de servicios también los dejamos en escasez”. 

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Para destrabar el sistema se necesitan soluciones integrales y “considerar el sistema de inmigración en su conjunto”, asevera Grenier de AILA. “Ya es hora de dejar de plantear la frontera sur como una emergencia. Si siempre es una emergencia, nunca es una emergencia”, subraya.

Si hay retrasos en el Departamento de Estado o en el Departamento de Trabajo, explica, eso podría impactar el flujo en la frontera sur. Lo mismo el programa de refugiados o trabajadores temporales.

Además de contratar más funcionarios de asilo, se deben establecer “políticas uniformes, sistemas centralizados e intercambio de información entre las agencias de inmigración”, sostiene.

Rengifo reconoce que hay medidas que ya se están aplicando con éxito para aliviar el retraso, pero se quedarán cortas mientras no aprueben una reforma migratoria que ataque las deficiencias de raíz.

Las audiencias se programan tan rápido para inmigrantes recién llegados que éstos tienen muy poco tiempo para conseguir pruebas o un abogado que les represente, opinan expertas.
Las audiencias se programan tan rápido para inmigrantes recién llegados que éstos tienen muy poco tiempo para conseguir pruebas o un abogado que les represente, opinan expertas.New York Daily News / NY Daily News via Getty Images

Si todos los funcionarios de asilo se quedan en la frontera y no se asignan más citas en las oficinas dentro de los estados, “el retraso va a seguir creciendo”, advierte Kafele. “Y creo que pasarán 10 o 20 años antes de que la gente reciba una decisión sobre su caso de asilo”.

José, por su parte, dice que trata de no pensar en las injusticias del sistema. Su padre murió en 2020 por complicaciones relacionadas al COVID-19 en Nicaragua y él no pudo despedirse. Tampoco apoyar a su familia en el país centroamericano que vive una profunda crisis económica, política y de derechos humanos.

Sabe que está solo, pero también que no puede regresar a su país: “Sí, existe esa inseguridad, esa tristeza, esa melancolía, pero al final de cabo dices ‘esta es la mejor opción que tuve por mi bien, por el bien de mi familia’ y es lo único que te queda como recompensa”.